Crítica: Trolls

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Trolls es la nueva marca de juguetes/moda nostálgica que se convierte en película de animación en Hollywood. Los simpáticos y omnipresentes muñequitos con puntiagudos pelos de colores de los 90 se convierten en protagonistas de su propia aventura animada gracias a DreamWorks y 20th Century Fox, que trasladan el imaginado universo de estas dicharacheras criaturas a la gran pantalla. A primera vista, Trolls parece la enésima cinta de dibujos de Happy Meal, y hasta cierto punto es exactamente eso, pero si miramos más de cerca nos daremos cuenta de que es un producto mucho más cuidado de lo que parece, y definitivamente mejor de lo que debería haber sido.

La película dirigida por Walt Dohrn (Bob Esponja) y Mike Mitchell (Sky HighShrek, felices para siempre) crea toda una mitología alrededor de estos personajes, que reciben un moderno lavado de cara a base de purpurina y pieles multicolor a juego con su pelo. La historia de los Trolls se asemeja a la de Los Pitufos, una comunidad muy unida que vive en armonía hasta que una amenaza exterior rompe su pacífica existencia. La diferencia es que la historia comienza con los Trolls ya en manos de sus antagonistas, los Bergens, una raza de ogros que creen que la única manera de hallar la felicidad es alimentándose de estos pequeños seres. De esta manera, todos los años celebran la festividad que conocen como el “Trollsticio”, donde eligen a varios Trolls del árbol donde viven (enjaulado y custodiado por ellos en el reino) para zampárselos en una gran comilona ritualística. Hasta que un día los Trolls se escapan a través de un túnel y rehacen su vida en el bosque. Allí permanecen ocultos hasta que una de las macro-fiestas de la troll más feliz del mundo, Poppy (Anna Kendrick), atrae la atención de sus captores, que encuentran el nuevo emplazamiento de la aldea y raptan a la mitad de su población. A partir de ahí, Poppy se embarcará en una odisea para rescatar a su amigos, con la ayuda a regañadientes del cascarrabias Branch (Justin Timberlake).

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Trolls sigue los dictados del cine de dibujos diseñado para reventar la taquilla y vender juguetes. Pero no hay que comérsela de vista. O mejor dicho, no hay que comérsela solo de vista. La película es todo un estallido de luz y color técnicamente sobresaliente y repleto de imágenes golosas y acción hiperactiva, pero también es una aventura infalible y con muy buen ritmo (nunca mejor dicho), una relectura del cuento clásico de superación y compañerismo convertido en cuento de hadas moderno inyectado de música y distracciones continuas para la generación EDM. Esto último puede sonar mal, lo sé, pero Trolls no llega a empachar o a convertirse en el despropósito que estaba llamada a ser gracias a un humor muy afinado y a una actitud desenfadada y autoconsciente que hace que, cuanto más tonta es, más encantadora y adorable se vuelve. El humor espídico que recorre la película está, salvando las distancias, en la línea de lo que vimos en La LEGO Película, y sus chistes y gags, en especial los musicales, son sorprendentemente ingeniosos.

Efectivamente, Trolls es también, y quizá por encima de todo, un musical. La película incluye versiones de clásicos del pop y el rock desde los 80 hasta nuestros días, imbuidos de ese sonido dance y electropop que domina las listas de éxitos, e interpretados por unos más que eficientes Justin Timberlake y Anna Kendrick, que se encuentran como pez en el agua durante toda la película (acompañados de un reparto de voces que incluye a Gwen Stefani, James Corden o Zooey Deschanel). Los números musicales (incluido el pegadizo “Can’t Stop the Feeling” de Timberlake, aquí interpretado a dueto durante el fantástico clímax) son la estrella de la función, ágiles, divertidos, bien interpretados y usados con inteligencia para avanzar la historia o complementar las caracterizaciones de sus personajes; como el otro tema original, la muy BroadwayGet Back Up Again“, donde Kendrick nos convence de que nos dejemos llevar por la película, o la preciosa cover de “True Colors” de Cyndi Lauper, con la que el film se vuelve oportunamente emotivo.

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Y ahí está la clave, en entregarse a la propuesta, abandonarse a su irresistible optimismo y su contagioso sentido del humorTrolls no es comparable a Pixar, ni incluso a los mejores títulos de DreamWorks, pero es que no tiene por qué serlo. No debemos subestimar el poder de una película como esta, que, en primer lugar, es un espectáculo mucho más calibrado y digno de lo que parece, y en segundo, está hecha para divertir y poner de buen humor, sin más. El problema es cuando una cinta de estas características menoscaba o se olvida de la inteligencia de sus espectadores, y afortunadamente, Trolls no lo hace, sino que se preocupa en conectar con ellos, y hacerles reír con algo más que el típico humor para pre-escolares. Con su bonito discurso sobre la búsqueda de la felicidad, algo con lo que tanto niños y mayores pueden conectar personalmente, Trolls acaba conquistando su propósito y nos invita a soltarnos el pelo y menear las piernas. Cuidado, imposible resistirse.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

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