Crítica: The Neon Demon

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– Vogue, Vanity Fair y Nylon, decidme una cosa: ¿qué mujer de este reino es la más hermosa?
– Muy admirada es su belleza, majestad. Pero, ¡oh!, hay una joven que es más bella. Sus ojos tienen algo especial: la limpieza de un alma pura. El alimento preferido de los dioses caníbales del papel cuché. ¡Majestad, exigimos un sacrificio de sangre! El diablo de neón necesita saciar su apetito.

The Neon Demon es la nueva polémica cinematográfica de Nicolas Winding Refn (o NWR como a él le gusta aparecer). Al acercarse a este director, no se puede hablar de simples películas u obras artísticas, sino de polémicas. Maestro de la violencia estilizada que sorprendió con la (sobrevalorada) Bronson (con un Tom Hardy ultradesbocado), encandiló a crítica y público con las desventuras de un silencioso conductor de Uber (Drive) y horrorizó a los mismos que le aplaudieron (salvo al que aquí escribe, que le parece su film más consistente) con su siguiente obra, Solo Dios perdona, se presenta una vez más ante el espectador con una propuesta aún más arriesgada. Aunque sobre el papel, la premisa de The Neon Demon parezca la más anodina de su repertorio, esta es su película más marciana hasta la fecha. Ensoñaciones al más puro estilo Jodorowsky, puestas de escena 100% Argento y un tono excesivo a medio camino entre los universos de Gloria Swanson y Cristal Connors.

Jesse es una adolescente que pisa Los Ángeles con la esperanza de ver cumplido su sueño: ser la nueva Gigi Hadid. Jesse es una más entre las miles de aspirantes a ser un ángel de Victoria’s Secret. Jesse es una más entre las miles de aspirantes a ser un maniquí de primera. Jesse es una más entre las miles de aspirantes que viven en un hostal de mala muerte, de esos donde ocurren los crímenes en las películas. Pero realmente Jesse no es una más entre las miles de aspirantes. Ella tiene algo. Ese no sé qué que lo cambia todo. Si nos ponemos ténicos, Jesse está hecha de la materia de la que están hechos los sueños. Su presencia lo llena todo, nadie puede apartar su mirada de su figura… y solo tiene 16 años. Ruborícense. Ella es la Lolita definitiva. El sumun de la sexualización de la infancia. La perdición con piernas infinitas. Tal es su magnetismo y belleza, que las demás brujas no pueden sino acercarse a ella y bailar a su alrededor.

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La Jesse de NWR es Elle Fanning. Una mujer que vivió su transición a la vida adulta durante el proceso de creación de The Neon Demon. Desde los 16 años con que comenzó el rodaje a los 18 con los que fue abucheada junto a sus compañeros de reparto en Cannes. Fanning logra transmitir a la perfección la falsa inocencia de Jesse, siendo esta su mejor interpretación hasta la fecha. Fanning-Jesse domina su mundo, o por lo menos cree dominarlo. Ella(s) es consciente del poder de la belleza, de su belleza. The Neon Demon no es el típico cuento de joven inocente devorada por una industria despiadada. The Neon Demon es la fábula terrorífica de una millennial sobradamente preparada que es devorada por una industria despiadada.

Las amigas/enemigas de Jesse son tres mujeres del mundo de la moda. Una maquilladora profesional, una top-model en alza y una it-girl que conoció tiempos mejores. Estas tres mujeres forman un aquelarre haute couture que pretende conseguir detener el tiempo. Un presente infinito en el que la belleza se expande, la edad no existe y la virginidad se regenera tras cada penetración. Bella Heathcote (Orgullo + prejuicio + zombies), la supermodelo Abbey Lee y Jena Malone (Donnie Darko, saga Los juegos del hambre) interpretan a estas brujas del siglo XXI. Las caras de palo y la desgana vitriólica de Heathcote y Lee son el retrato perfecto de la generación actual, la de tantos likes tienes, tanto vales. La ironía y el sarcasmo virginal de la generación X ha dejado paso a la desidia sexualmente asexuada de los millennials más evolucionados. Ellas buscan que la belleza sea absoluta, pero no hay que confundirse ante esta afirmación, lo que ellas persiguen realmente es que su belleza, la de ellas mismas, sea absoluta e indiscutible. La bruja Malone es una mujer mayor, ya que en Hollywood, los treinta son los nuevos cincuenta. Malone es la bruja Suprema, la que mueve todos los hilos. Ella aspira a recuperar la pureza del amor y el sexo. Como si el sangrado producto de un himen quebrado tuviese efectos rejuvenecedores.

NWR construye su propio High-Rise en las salas de casting, los baños de las discotecas y las mansiones acristaladas. Pero esta cinta no es una crítica a la sociedad actual como sí lo son distopías como Snowpiercer o la citada obra de Ben WheatleyNWR prefiere recrearse en lo estético antes que en la denuncia, como buen hijo daltónico del cinéma du look que es. Al igual que sus obras anteriores, The Neon Demon es una orgía visual. Desde el neón del título a la oscuridad sin fondo de la habitación de Jesse, la belleza visual del film es incontestable. El feísmo no tiene cabida, realmente en sus momentos más truculentos, es cuando The Neon Demon alcanza sus momentos más arrebatadoramente bellos. Como es habitual, Cliff Martinez se encarga de ambientar a la perfección la siniestra y agobiante hermosura del film. La sorpresa llega en los títulos de crédito, cuando una cantante pop de renombre toma protagonismo: Sia. Su ‘Waving Goodbye’ junto a Diplo es un tema(zo) pop que descoloca, especialmente por el cariz turbio del tramo final del film.

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Aunque como buen genio/niñato no quiera admitir sus hurtos, la cinta de NWR rebosa de influencias cinematográficas y es gracias a esa mezcolanza que roza el pastiche que logra conectar mejor con los espectadores, ya que The Neon Demon no es un film sobre la moda real, sino sobre la imagen que tenemos de la moda y la belleza a través del cine. Las ensoñaciones psicomágicas a lo Alejandro Jodorowsky (que aparece una vez más en los agradecimientos finales), el sinsentido lógico lynchiano (la recepción y asentamiento de Jesse recuerda al de Betty en Mulholland Drive), el mundo aséptico de Cronenberg (tanto a David como al Antiviral de Brandon), algún recurso estilístico cercano a Gaspar Noé (tampoco es la primera vez)… y cierto mamarrachismo (buscado o no) con ecos de Verhoeven (“Siempre hay alguien más joven y hambriento bajando la escalera detrás de ti” podría haber sido la frase promocional de The Neon Demon.

¿Es The Neon Demon una mierda sin terminar o una obra maestra? ¿Es NWR un idiota supremo o el mesías ansiado? The Neon Demon es una obra maestra de mierda realizada por un genio cinematográfico que se cree el mesías ansiado y que está hecha para sacarnos de nuestras casillas. Que NWR se vuelva cada vez más raruno (jodorowskyano sería el término más correcto) es algo que se debe agradecer y, por qué no decirlo, rendir culto… o un buen sabbat.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Crisis in Six Scenes: Woody Allen, ¿en qué líos te metes?

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Desde hace ya años, la televisión está acogiendo a cada vez a más directores de cine de renombre, cineastas que ya no tienen miedo a que su reputación se vea perjudicada por “rebajarse” a trabajar en la mal llamada pequeña pantalla. Uno de los últimos en probar suerte con la ficción serial es el prolífico e incombustible Woody Allen, que además de cumplir con su cita anual en los cines con la efímera Café Society, se ha aventurado este año en televisión con su primera serie originalCrisis in Six Scenes, una comedia de (obviamente) seis capítulos que ha realizado para la plataforma de vídeo online de Amazon.

Últimamente, Allen no suele ponerse delante de la cámara en sus películas, sino que son otros actores los que dan vida a sus neuróticos alter-egos en el cine. Sin embargo, para Crisis in Six Scenes, el director vuelve a actuar, interpretando a un escritor en horas bajas, Sidney J. Musinger (es decir, haciendo de sí mismo una vez más). Ya en el primer capítulo, Allen se permite hacer un comentario meta sobre su propia experiencia haciendo televisión. Sidney cuenta a su mujer, Kay (Elaine May), que se está planteando escribir una sitcom, pero no está seguro de querer meterse en tal berenjenal, ya que la televisión es “baja cultura” (acaba descartando esa “estúpida idea” para escribir otro libro). Los improperios a la tele que Allen lanza a través de Sidney están hechos con mucha guasa y autoconsciencia, pero nos desvelan una realidad que el propio director ya ha confirmado en entrevistas: Allen se arrepintió de aceptar el proyecto y hacer la serie fue un suplicio para él.

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No creemos que su opinión (clasista y snob) sobre las series haya cambiado después de hacer Crisis in Six Scenes (si acaso habrá empeorado), pero al menos Allen la ha llevado hasta su final (aunque lo haya hecho deprisa y corriendo, como demuestran sus constantes errores de raccord y el hecho de que está formada evidentemente por primeras tomas, da igual cuánto se patine con los diálogos, o que en algunas escenas salte a la vista que los actores la están grabando por separado). Más que una serie, Crisis es una película de dos horas dividida en seis partes, una screwball comedy 100% alleniana que tiene lugar en los convulsos años 60 (aunque por la más bien pobre ambientación a veces no lo parezca). Allen realiza un ligero y divertido retrato de esta época de cambio y revolución, reflejando el cargado ambiente político del momento y echando en la Thermomix temas como el comunismo, la guerra de Vietnam, los Black Panthers, el movimiento hippie o el feminismo. Ese es el sobrecargado telón de fondo sobre el que se desarrolla la típica comedia de enredos del director, una obra que, sin importar el medio en el que discurre, acaba incluyendo todos los ingredientes de su cine: el satírico discurso político, la autocrítica, las referencias a la literatura, la disección de las relaciones entre hombres y mujeres, la reflexión sobre las clases sociales, su desenlace anticlimático

Crisis in Six Scenes no ha tenido mucha suerte tras su estreno. La serie o bien ha sido completamente ignorada o se ha llevado muy malas críticas. La verdad es que se nota que Allen no se ha esforzado demasiado y que se ha movido dejándose llevar por la inercia incluso más que en sus últimos trabajos menores para el cine. Pero aun con todo, no es ni de lejos tan mala como la pintan. Es cierto que la elección de casting de Miley Cyrus no podría haber sido menos acertada (la actriz y cantante está muy artificial y desubicada) y también que la serie comienza con mal pie, con un par de episodios completamente anodinos y sin gracia que hacen que nos preguntemos si va a alguna parte. Pero a medida que avanza, va tomando forma, se va soltando y volviendo cada vez más alocada, y por consiguiente más divertida. Su trayectoria ascendente hace que nos quedemos con buen sabor de boca, gracias sobre todo a escenas cómicas como el accidentado viaje a Manhattan de los Musinger (Allen y May protagonizando su propia película de espionaje y acción), buenas ideas como el desternillante club de lectura de Kay y sobre todo a un fantástico último episodio en el que todos los personajes y tramas convergen en casa de los Musinger, al más puro estilo del camarote de los Hermanos Marx.

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Crisis in Six Scenes es básicamente una película de Woody Allen que todo fan completista del director neoyorquino debería ver. Es más bien corriente y olvidable, pero a la vez supone un pasatiempo agradable, una serie rápida de ver y fácil de digerir. Como casi todo lo que el director hace últimamente.

Pedro J. García

Crítica: Aliados

No hay publicidad mala. Y si no que se lo digan a Paramount Pictures, que gracias al polémico divorcio de Brad Pitt y Angelina Jolie han visto cómo Aliados (Allied) de Robert Zemeckis ha pasado de no despertar demasiado interés a estar en boca de todos y aparecer destacada en los medios. Las malas (y sexistas) lenguas han señalado a un posible affair entre Pitt y su co-protagonista, Marion Cotillard, como causa del mediático divorcio, y aunque esto haya sido desmentido con creces, ha servido para que aumente la expectación y el morbo por verlos enamorándose en pantalla.

Aliados es un regreso nostálgico a la Edad de Oro de Hollywood, un thriller romántico de espías protagonizado por dos glamourosas estrellas que se nutre directamente de las grandes obras maestras del género en los años 40 y 50, principalmente de Casablanca. La película nos presenta al oficial de inteligencia norteamericano Max Vatan (Pitt) y a la luchadora francesa de la Resistencia Marianne Beausejour (Cotillard), dos espías que, sin conocerse previamente y con apenas un minuto de preparación, se deben hacer pasar por marido y mujer para llevar a cabo una misión suicida desde las líneas enemigas. Tras el éxito del ataque contra los nazis, Max y Marianne se enamoran y se van a vivir a Londres, sin embargo, su relación se ve amenazada por las presiones de la guerra y la sospecha de que uno de ellos podría estar trabajando para el enemigo.

Efectivamente, Aliados recuerda inevitable y muy convenientemente a Sr. y Sra. Smith, la película que dio origen al romance entre Pitt y Angelina Jolie. Pero está ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, lo que le da esa atmósfera retro que Zemeckis sabe recrear con suma elegancia. El enfoque clásico que el director da a la película compensa el hecho de que su historia no sea demasiado original o especialmente profunda (y eso que al guión está el estimable Steven Knight). El primer acto de Aliados pone énfasis en la acción y el romance, y su muy cinematográfico paso por Casablanca nos deja imágenes de indudable buen gusto (gracias tanto al diseño de producción como al fabuloso vestuario de sus estrellas), pero el film no ofrece demasiados alicientes más allá de su lustrosa superficie. Por suerte, a medida que la trama avanza y se nos introduce en el nudo del conflicto, Aliados empieza a resultar más interesante. La intriga y el juego de sospechas en el que se ven envueltos los protagonistas proporciona uno de los ganchos más infalibles del cine de espías: ¿Estarán fingiendo su amor para llevar a cabo una misión o su enamoramiento será real? Esta es la idea que bombea la película y que nos deja los mejores momentos.

No obstante, en Aliados falla lo más importante: la afinidad entre la pareja protagonista. Cotillard está al 100% (por suerte el guion descansa bastante en su personaje), y es quien más destaca interpretativamente (su porte, su fuerza magética, su expresividad, su mirada, todo lo que ha convertido a la francesa en una de las mejores actrices de su generación está ahí), mientras que Pitt no está a lo que hay que estar. Su nivel de compromiso con la película es distinto, lo que hace que salte más a la vista la falta de química que hay entre los dos, un error imperdonable en una película donde deberían saltar chispas de la pantalla. Sus besos se antojan desapasionados, más allá del homenaje al arrumaco con boca cerrada del Hollywood clásico, y su vaporosa escena de sexo resulta extraña y excesivamente artificial (no ayuda el inconsistente montaje que a veces lastra el film).

A pesar de ser más bien superficialAliados es un thriller muy correcto y eficaz con buenos momentos de tensión y glamour para parar un avión de guerra, un trabajo decididamente clásico hecho para agradar al público general, que está llamado a disfrutar de una vida muy fértil en las sobremesas televisivas. Lo de Pitt y Cotillard al final, en vez de perjudicar a la película, en cierto modo la beneficia. ¿Qué sería de un clásico de la Edad Dorada sin los rumores tras las cámaras y las habladurías sobre la relación entre los protagonistas? Dudamos que Aliados vaya a pasar a la historia del cine por algo más que por el tumultuoso contexto “rosa” en el que se ha estrenado, pero quizá eso fuera lo mejor que le podía pasar a la película.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Vaiana

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Como una de las proveedoras de entretenimiento para toda la familia más importantes (quizá la que más), Disney siempre ha estado en el punto de mira de todo el mundo, para bien y para mal. Por eso, a partir de los 90, la compañía se esforzó en aumentar la diversidad en sus historias y renovar los mensajes que sostenían sus películas. Así, a las princesas europeas de toda la vida se sumaron una árabe, una nativa americana, una china, una negra… Y a esta lista se incorpora ahora la primera princesa Disney de la Polinesia, Vaiana (en inglés conocida como Moana), protagonista del nuevo clásico animado que nos lleva al mundo antiguo de las islas del Pacífico sur para deleitarnos con un musical de aventuras en la tradición de la Casa de Mickey Mouse.

La historia de Vaiana comienza 3.000 años atrás, en un prólogo reminiscente de HérculesLa Bella y la Bestia con el que se nos introduce en el hermoso mundo y folclore del inmenso Océano Pacífico y las islas de Oceanía, donde los grandes navegantes recorrieron las aguas que los dioses de la naturaleza custodiaban. Sin embargo, desde hace un milenio, la tierra se muere y los viajes a través del mar han cesado, sin que nadie sepa por qué. Vaiana (Auli’i Cravalho) forma parte de una comunidad muy ordenada que se mantiene alejada de los peligros del océano profundo, hasta que la inquieta muchacha decide romper las reglas y aventurarse en las aguas en busca de una isla legendaria junto a Maui (Dwayne Johnson), poderoso semidiós con su propia misión que la ayuda a convertirse en una navegante de primera. Junto surcarán los mares en un viaje lleno de monstruos y peligros que llevará a Vaiana a intentar completar la labor de sus antepasados, salvar a su pueblo y encontrarse a sí misma.

Vaiana es puro Disney. Tanto el clásico como el moderno. Después del pelotazo absoluto de Frozen: El reino del hielo y de la genial Zootrópolis, la compañía se reafirma en sus intenciones de seguir renovándose sin dejar de ser fiel a lo que la convirtió en un referente en el cine familiarVaiana es un producto de su tiempo, una cinta que continúa la labor reformuladora que Disney está llevando a cabo con sus últimos títulos cinematográficos, desmontando estereotipos, prescindiendo del elemento romántico (o de la idea de que la única vía para la felicidad es encontrar el amor) y apostando por una narración más cercana a la actualidad, utilizando el metahumor (divertidos guiños a otros films Disney), la autocrítica amable y la autoparodia (“Si llevas vestido y tienes un amigo animal, eres una princesa”, “Si empiezas a cantar, vomito”) para conectar con el público del siglo XXI (los guionistas hasta se las arreglan para colar una referencia a Twitter).

Pero como decíamos, lo está haciendo sin sacrificar su sello personal, sin dejar de contar las mismas historias intemporales o lanzar el mismo mensaje de superación de siempre (persigue tu sueño, si te lo propones serás cualquier cosa que desees). Vaiana es quizá la película del Renacimiento de Disney en la que más claro se ve lo que estamos señalando. A la dirección se encuentran nada más y nada menos que Ron Clements y John Musker, los responsables de La SirenitaAladdin (además de Tiana y el sapo, con la que ya intentaron revivir el Disney clásico en 2009), dos veteranos del cine de animación que se han encargado de que en ella no falte nada de lo que constituye un Clásico Disney: la princesa (aunque Vaiana insiste en que no lo es), su monísima versión infantil, el sidekick animal (según Maui, el mayor indicio de que sí lo es), el deseo (Vaiana sueña con entrar en el mar, al contrario que Ariel), la prohibición ignorada, la aventura para restaurar el orden junto a un compañero incordio que acaba siendo un gran amigo, la muerte de un familiar en el primer acto para impulsar esa aventura, los números musicales… Pero además de esto, Vaiana tiene ese refrescante toque contemporáneo gracias a una protagonista decidida que toma las riendas de la aventura, a su énfasis en la amistad y la búsqueda de la identidad propia como eje narrativo, y a su distanciamiento, mediante una protagonista con proporciones más reales, del canon físico imposible que, con alguna excepción (Lilo & StitchAtlantis), se ha impuesto hasta hace bien poco.

Como ocurre con los recientes títulos de Marvel, que vive bajo el techo de la Disney, el mayor reproche que se le puede hacer a Vaiana es que juega demasiado sobre seguro. Su historia, aunque eficaz y llena de buenos momentos, resulta excesivamente convencional (incluso superficial), a lo que no ayuda el hecho de que su duración sea superior a la media de los Clásicos Disney (lo que hace que el ritmo se resienta en su segunda mitad). Sus diálogos son buenos, pero no extraordinarios, sus gags divertidos, pero no desternillantes (aunque atención a las transformaciones de Maui, sucesor directo del Genio, y que me perdone Robin Williams, y a la cachonda escena post-créditos), y en general da la sensación de estar viendo algo que ya hemos visto, con una nueva capa de barniz. Claro que, si lo miramos de otra manera, eso es exactamente lo que se busca, lo familiar, lo reconfortante, el regreso a lo conocido, algo en lo que Vaiana no falla. Quien busque algo más, quizá no lo encuentre.

Más que los simpáticos personajes o los animales adorables (un cerdito, Pua, que no sale tanto como querríamos, y una gallina turuleta, Hei Hei), lo que hace de Vaiana un espectáculo que merece la pena (sobre todo en cine) es su aspecto visual y su banda sonora. Que Disney está a la vanguardia de la animación y usa las técnicas más punteras es algo que sabemos de sobra, y que salta a la vista. Pero es que, aunque suene a tópico, en Vaiana alcanza un nuevo nivel de excelencia, con escenarios naturales de una belleza sobrecogedora, un apabullante dominio del movimiento, trepidantes secuencias de acción (una en concreto sorprendentemente inspirada en Mad Max) y unas texturas increíblemente tangibles (la piel más real que hemos visto en unos “dibujos animados” y una nitidez que asusta, por no hablar del cabello…). Y por último, y en este caso por ello quizá más importante, están las canciones. Temas compuestos por Opetaia Foa’i y el incombustible Lin-Manuel Miranda (creador del fenómeno de Broadway Hamilton), que son sencillamente de lo mejor que nos ha dado la Disney hasta ahora, composiciones muy creativas y melodías pegadizas que compensan con creces las carencias narrativas que pueda tener el film.

En definitiva, Vaiana toma los ingredientes de la segunda era dorada de Disney y los combina matemáticamente con los de su Renacimiento para realizar una película prudente pero infalible, un cuento de los de siempre que nos devuelve, envueltos en algodón y arrullados por las mejores canciones, a la época de La Sirenita Aladdin a la vez que continúa el acertado camino de la Disney actual.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Good Girls Revolt: La tele debería dejar de buscar la próxima Mad Men

Sabes que un producto ha hecho mella en la cultura popular cuando, además de recibir multitud de premios y servir de objeto de estudio académico en todo el mundo, genera mil y una copias. Que Mad Men ha sido y es una de las series más aclamadas y más importantes de la televisión es un hecho objetivo y contrastado. Por eso, prácticamente desde su inicio, y más de un año después de su final, las cadenas siguen intentando encontrar “la próxima Mad Men. Una búsqueda en vano que se ha saldado con numerosos fracasos y decepciones.

Y es que el problema es que la mayoría de cadenas, productores o guionistas creen que lo que hace de Mad Men una pieza de televisión tan rica y cautivadora es la década en la que está ambientada, los 60. Por eso se empeñan en estrenar series que transcurren durante estos años de cambio y revolución social, pensando que con eso basta. No, lo que hace de Mad Men algo extraordinario no es su ambientación (aunque esta juega un papel muy importante, claro), sino cómo utiliza el contexto para trazar un relato sobre Norteamérica con muchas capas de significado y personajes apasionantemente escritos, es decir, su trascendencia y calidad narrativa. Algo a lo que ninguna serie que la ha imitado se ha acercado ni remotamente. Y han sido muchas.

Cuando Mad Men estaba en la cima de su popularidad, llegaban los clones de las networksPan Am y The Playboy Club. Si no las recordáis es lógico. La primera duró una temporada (de 13 episodios) y la segunda fue cancelada después de tres episodios con índices de audiencia estrepitosamente malos. En 2013, Showtime apostó fuerte por Masters of Sex, y lo cierto es que no le fue mal al principio, cosechando premios y buenas críticas. Sin embargo, su estrella se apagó muy pronto, saltando a la vista que la serie no tenía un rumbo muy marcado. El verano pasado, ABC regresó a los 60 con The Astronaut Wives Club, una suerte de fusión entre Mad MenMujeres desesperadas con la factura más bien pobre de las series de esta cadena, que no vio casi nadie (yo sí, y puedo asegurar que no os perdisteis nada).

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Por eso, cuando este otoño llega lo nuevo de Amazon, Good Girls Revolt, uno se acerca con curiosidad, pero inevitable recelo. Dana Calvo (productora y guionista de Narcos y fracasos como Made in JerseyStudio 60) es la creadora de este drama histórico basado en el libro The Good Girls Revolt, escrito a partir de hechos reales por Lynn Povich. La serie se centra en un grupo de mujeres que trabajan como documentalistas en una revista de noticias, la ficticia News of the Week. Estamos en 1969, la Ley de Derechos Civiles fue promulgada cinco años antes, pero las mujeres siguen relegadas a trabajos secundarios, a pesar de que muchas de ellas tienen claramente más talento que sus superiores masculinos, y continúan recibiendo un salario injusto, mientras ellos se llevan todo el dinero y las palmaditas en la espalda por un trabajo que no sería la mitad de bueno si no fuera por las “buenas chicas” a la sombra. Por esto, las trabajadoras de News of the Week organizan en secreto una queja oficial contra la empresa, amparadas por el movimiento Feminista que supone una de las piernas de la marcha revolucionaria del final de la década.

Es decir, Good Girls Revolt retoma la historia de Estados Unidos justo donde la dejó Mad Men, en el umbral de los bulliciosos 70. Pero eso no quiere decir que la serie de Amazon se vaya a desmarcar demasiado de la de AMC. Al contrario. Sobre todo durante sus primeros tres o cuatro episodios, Good Girls Revolt se esfuerza tanto por parecer Mad Men que puede llegar a resultar hasta embarazoso. Y no estamos hablando solo de los temas que trata, del tipo de personajes (hombres elegantes y seguros de sí mismos whisky en mano, secretarias resignadas, jóvenes deseosas de ascender profesionalmente y romper cadenas), sino también de la puesta en escena y el diseño de producción (esas escaleras en medio de la oficina, esos despachos en los que los protagonistas juegan a ser Cooper y Sterling…). Que sí, que está retratando la misma época, y si quiere ser fiel al entorno laboral de los 60, tendrá que mostrarnos lo mismo que Mad Men (conocida por su rigor a la hora de recrear la década hasta el más mínimo detalle), pero es inevitable que nos distraiga, además de que salta a la vista que el presupuesto es más ajustado, lo que da como resultado ya no solo una copia, sino una copia mala de Mad Men.

Pero eso no es lo peor de Good Girls Revolt. Lo peor es su total y absoluta falta de sutileza. Sus diálogos son obvios hasta decir basta, el subtexto es algo completamente desconocido por los guionistas, que lo ponen todo en las narices del espectador por si se les ha escapado alguna de sus facilonas reflexiones, busca ser más osada y sexualmente provocadora, pero se queda a medias, y los personajes son clichés mal dibujados (no me hagáis hablar de Finn Woodhouse, ese Don Draper de Hacendado interpretado patéticamente por Chris Diamantopoulos).

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Por el lado bueno, el tema es apasionante por sí mismo (¿Una serie sobre el movimiento feminista de los 60-70? Sí, por favor), y es cierto que, como ocurre la mayoría de veces, la serie mejora conforme avanza la temporada. Hay que esperar un poco para que los personajes empiecen a asentarse y la historia tome forma (el 1×07, sexo, drogas, puñetazos y psicodelia mediante, es cuando la serie despega). Cuando esto ocurre, empiezan a manifestarse de verdad sus virtudes, principalmente la amistad entre las protagonistas y en concreto el personaje de Anna Camp, que ofrece el arco de transformación más interesante y la mejor interpretación de la serie. Todo esto hace que la serie se deje ver, pero no es suficiente, falta algo que nos ayude a verla como algo más que un sucedáneo, falta profundidad, faltan buenos guiones, y falta que no nos lo den todo mascado.

En resumen, no tiene sentido buscar la próxima Mad Men simplemente copiándola y quedándose en su superficie. De hecho, la próxima Mad Men no tiene por qué estar ambientada en los 60. Es más, quizá para buscar otra Mad Men sea más apropiado viajar al pasado y ver (o rever) Los SopranoO puede que ni siquiera haga falta buscarla, porque solo hay y solo habrá una. Además, si la búsqueda nos va a dejar series tan insípidas y descafeinadas como Good Girls Revolt, mejor dejarla.

Crítica: Animales fantásticos y cómo encontrarlos

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Ocho largometrajes, una secuela en forma de obra de teatro, parques temáticos, una web que mantiene al día sobre los asuntos de Hogwarts… El universo de Harry Potter más allá de los libros sigue tan vivo como nunca, incluso más. Sin embargo, desde el final en 2011 de la saga protagonizada por Daniel Radcliffe, nos ha faltado algo, concretamente esa emoción de esperar una nueva película perteneciente a este universo. J.K. Rowling ha decidido devolver la magia a los cines con Animales fantásticos y cómo encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them), nueva saga nacida a partir del manual homónimo publicado en 2001, un breve libro no narrativo que cataloga las diferentes especies de criaturas del mundo mágico. Pero no temáis, esto no es El hobbitEsto es algo infinitamente mejor.

Con guion escrito por la propia Rowling en solitario, Animales fantásticos nos lleva de Inglaterra a Nueva York para expandir el Potterverso presentándonos los entresijos del mundo mágico en Estados Unidos durante los años 20 del siglo pasado. Allí conocemos a Newt Scamander (Eddie Redmayne), mago británico y empleado del Ministerio de Magia que viaja a la Gran Manzana por un motivo desconocido, junto a su “inseparable” maletín mágico, una suerte de bolso de Mary Poppins llevado hasta sus últimas consecuencias, donde oculta y protege a diferentes especies de “bestias” fantásticas. En Nueva York, Newt se topa con un muggle (allí conocidos como “nomaj“), Jacob (Dan Fogler), una trabajadora del MACUSA (Mágico Congreso de USA), Tina Goldstein (Katherine Waterson), y su seductora hermana, Queenie (Alison Sudol), que tiene el poder de leer la mente. Mientras Newt trata de recuperar con la ayuda de sus nuevos amigos a los animales que ha perdido en la ciudad, este se meterá en problemas con la ley, ya que las reglas de la comunidad mágica en Nueva York son distintas a las del Reino Unido. En última instancia, sus encontronazos con el MACUSA y uno de sus mandamases, Percival Graves (Colin Farrell), le llevarán a destapar un misterio mayor que pondrá en peligro a la ciudad y el secreto de la comunidad mágica.

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Con Animales fantásticos y cómo encontrarnos, Rowling da una lección sobre cómo hacer una precuela, una primera entrega de una saga (en este caso de cinco partes) y una buena película de aventuras. Poniendo los cimientos de una nueva parcela del Potterverso y estableciendo férreamente su mitología -relacionada directamente con Harry Potter, pero con sus propias reglas y fundamentos-, Animales fantásticos desvela una razón de ser más allá del interés lucrativo. Claramente, Rowling ama su creación y se ha encargado de hacerle justicia con una historia completamente nueva en la que evita moverse por inercia. La película está dirigida por David Yates, lo que aporta consistencia tonal y estética con respecto a la saga Harry Potter, cuyas cuatro últimas partes fueron realizadas por él. Y es que desde que aparece el logo de Warner Bros., con una sintonía muy conocida de fondo, nos sentimos de nuevo en casa. Pero como decía, Animales fantásticos no opta por repetir la jugada, sino que se preocupa por construir algo nuevo, algo distinto, algo verdaderamente emocionante.

Animales fantásticos continúa el espíritu de Harry Potter, pero a la vez halla el suyo propio. El pequeño detalle de las edades de los personajes es en realidad enorme. Newt, Tina, Queenie y Jacob son adultos, lo que en esencia presenta una perspectiva completamente nueva en oposición al entorno infantil y posteriormente adolescente de Harry Potter. Pero no solo eso, el nuevo emplazamiento (una Nueva York de los años 20 recreada con suma belleza y elegancia) proporciona un escenario lleno de posibilidades que Rowling aprovecha para empezar a contar una historia diferente. Animales fantásticos tiene su corazón propio, lo que hace que pueda ser disfrutada por cualquiera, sea Potterhead o no, pero los fans de Harry Potter se sentirán especialmente arropados gracias a sus conexiones con el mundo mágico de Hogwarts (hechizos conocidos, referencias), detalles bien dosificados y guiños que emocionan sin distraer del propósito actual, y que apuntan a una mayor conexión en el futuro con la saga anterior.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

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Como decía al principio, Animales fantásticos no es El hobbit. Estamos ante una película que funciona perfectamente como pieza individual y a la vez como primer capítulo de una historia mayor. Rowling se estrena como guionista cinematográfica con un libreto consistente y equilibrado, lo que da como resultado una película de aventuras ejemplar, un blockbuster eficaz y con almaAnimales fantásticos conserva todas las características de la escritura de Rowling, su ingenio y sentido del humor, el cariño en el tratamiento de los personajes, la creatividad e imaginación desbordante a la hora de inventar criaturas y diseñar una mitología extensísima, ese gusto por el misterio, los secretos que impulsan la historia y los giros sorpresa y revelaciones que la ponen patas arriba. Después de Animales fantásticos nos quedamos con ganas de más, pero no porque sintamos que la película se haya quedado incompleta o la percibamos negativamente como el fragmento de un todo (hay final, y además es precioso), sino porque nos ha dado suficientes alicientes para que queramos seguir explorando su universo más allá de este primer episodio. Asuntos pendientes que en ningún momento lastran la historia, sino que la enriquecen y nos dejan ver el enorme potencial de esta nueva franquicia.

Pero no todo va a ser positivo. El eslabón más débil de Animales fantásticos, y no es uno pequeño, es su protagonista, Eddie Redmayne. El oscarizado actor británico ha demostrado con creces su talento, pero también que es propenso a que sus personajes se le vayan de las manos. En este caso, su Newt Scamander puede llegar a resultar bastante irritante por culpa de los mohínes de Redmayne, su pose constantemente encorvada, su voz exageradamente temblorosa… Su interpretación se corresponde con el carácter del personaje, dañado, frágil y retraído, pero Redmayne sobreactúa esa timidez e introspección hasta el punto de distraer demasiado. Con suerte, el actor se hará con el personaje a medida que este evolucione y salga de su cascarón en las siguientes cuatro películas. Le daremos por tanto el beneficio de la duda.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Por lo demás, Animales fantásticos es un espectáculo cinematográfico de primera, una película que, lejos de seguir el camino de la sobre-explotación fácil de algo que se vende solo, se esfuerza por crear algo con sustancia y estilo propio. Los nuevos personajes son una delicia (qué detalle que el muggle más destacado del film y claro representante del fandom de Harry Potter, el entrañable Jacob, tenga tanto protagonismo y cumpla nuestro sueño de vivir una aventura en el mundo mágico), las criaturas son muy ocurrentes y adorables, los efectos digitales hacen que las imágenes salten de la pantalla aunque no estemos viendo la película en 3D, el ritmo no decae y hay un equilibrio perfecto entre acción y desarrollo narrativo, la música de James Newton Howard es simplemente grandiosa… En definitiva, Animales fantásticos es una auténtica gozada, divertida, ingeniosa, con encanto a raudales y el asombro propio del mejor cine de fantasía. Gracias, J.K., por renovar nuestro sueño de ser magos en este mundo gris.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: La llegada (Arrival)

El canadiense Denis Villeneuve se ha convertido por méritos propios y en poco tiempo en uno de los realizadores más destacados y de mayor proyección en Hollywood. Tras las aclamadas (en grados diferentes) Incendies, Prisioneros Enemy, el director se consolidó como un valor seguro con Sicario. Su nueva película, La llegada (Arrival), confirma el talento imparable y prolífico de Villeneuve, un cineasta tremendamente personal que está sabiendo aunar su sensibilidad idiosincrásica con un tipo de cine más accesible. La llegada es una de esas películas de ciencia ficción que llegan cada ciertos años para demostrar que este puede ser uno de los géneros más estimulantes y reveladores, un trabajo excelente en todos los aspectos que se presta como pocos al debate, y que supone una experiencia cinematográfica imprescindible.

La llegada aborda un tema muy familiar en la ciencia ficción, la visita de una raza alienígena a la Tierra y lo que esto supone a nivel estratégico, político y humano. Mientras el cine suele contar este tipo de historias apoyándose en la acción y el espectáculo del blockbuster, Villeneuve se aproxima al tema desde una perspectiva menos frecuente en Hollywood, la del sci-fi cerebral y el drama introspectivo, más interesado en el realismo y la reflexión que se pueda extraer de la historia que en los rayos láser o los edificios saltando por los aires. En La llegada, doce misteriosas naves aterrizan a lo largo y ancho del mundo y permanecen estáticas, mientras la Tierra se pregunta para qué están ahí y a qué están esperando. La particularidad más destacable de La llegada en relación al resto de cintas que tocan el mismo tema es que esta arroja en el centro del conflicto a una experta lingüista, Louise Banks (Amy Adams), encargada de investigar junto al físico teórico Ian Donnelly (Jeremy Renner) las intenciones de los visitantes a la Tierra.

De esta manera, Villeneuve se centra especialmente en desarrollar, a contrarreloj pero con paciencia, el diálogo entre especies, mientras construye en segundo plano un trasfondo sociopolítico (percibido sobre todo a través de las noticias, mientras apenas nos separamos de Louise) en el que la especie humana se encuentra al borde de una nueva guerra mundialLa llegada gira en torno a la mediación entre humanos y extraterrestres que determinará si la Tierra acabará sumida en una devastadora contienda en la que claramente no posee la superioridad estratégica, mostrándonos brillantemente la enorme fragilidad que conlleva el intento de arbitraje con una especie desconocida. Louise es la elegida para contactar con los extraterrestres dentro de una de las naves, claustrofóbico y aturdidor espacio diplomático donde se desarrolla una fascinante relación en la que, con la ayuda de Ian, la lingüista tratará de descifrar la compleja lengua de los alienígenas mientras les enseña su propio idioma.

Claramente, La llegada es un relato sobre la comunicación, a pequeña y gran escala, sobre la importancia del diálogo y el esfuerzo por llegar al entendimiento para evitar un mal mayor. Es sin duda una situación fácilmente extrapolable a nuestra realidad, a este mundo en el que los malentendidos o las negativas a emprender una conversación resultan en problemas que se podrían evitar usando únicamente el poder de las palabras. O al menos intentándolo. La llegada entiende y explica el lenguaje (y concretamente la lengua inglesa) como el código a través del cual vivimos y compartimos experiencias, el vehículo sobre el que percibimos y entendemos el mundo a nuestro alrededor. Llegar a un punto en común, es decir, traducir correctamente esa experiencia, decidirá el destino desde una pequeña interacción social hasta un conflicto de proporciones intergalácticas. Es decir, “la lengua puede ser un arma o una herramienta”, y La llegada nos habla de cómo usarla para que sea lo segundo.

Y además lo hace sin excederse en las sobre-explicaciones y sin subestimar al espectador, trazando un relato inteligente, sobrecogedor y delicadamente construido para facilitar la inmersión en la experiencia que propone y vivirla en continua tensión; un puzle abstracto “sin principio ni final”, tan sencillo como complejo, en el que Villeneuve estructura la narración de forma que esta refleje su discurso y las potentes revelaciones que dan forma al magnífico personaje de Amy Adams. Todo en La llegada, empezando por su protagonista (Adams está inconmensurable) y continuando con su envolvente atmósfera, la acertada intensidad y afectación de su narración, la elegante puesta en escena o la sublime música de Jóhann Jóhannsson (más una preciosa pieza de Max Richter), dan lugar a una obra cinematográfica superlativa, un trabajo bellísimo, profundamente magnético y emocionalmente desbordante que ha llegado para quedarse entre nosotros.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: El editor de libros (Genius)

Michael Grandage, director artístico del prestigioso Teatro Donmar Warehouse de Londres y a quien muchos ya proclaman sucesor de Sam Mendes, debuta en la dirección de cine con El editor de libros (Genius), film basado en la biografía Max Perkins: El editor de libros, de A. Scott Berg. La ópera prima de Grandage nos cuenta la relación del famoso autor norteamericano Thomas Wolfe y su editor, Max Perkins, la persona que descubrió a otros importantes novelistas como F. Scott Fitzgerald, John Steinbeck o Ernest Hemingway.

Mostrándonos el trabajo de Perkins en la editorial neoyorquina Scribner y cómo este afecta a su vida privada, la película supone un apasionado recorrido por el arte de la creación literaria y el mundo editorial en la Norteamérica de los años 30. Colin Firth se pone en la piel del editor, un hombre sereno, intuitivo y analítico que ve cómo su mundo se tambalea con la irrupción de un torbellino creativo, Thomas Wolfe, interpretado por Jude Law (que está viviendo recientemente un resurgimiento profesional). Wolfe es un diamante en bruto, un artista de ingenio desbordante y tendencia al exceso que necesita ser pulido antes de presentarse al gran público. Ese es el trabajo de Perkins, y la labor del editor de libros, un profesional que debe gestionar la creatividad del autor para que la obra alcance la forma perfecta.

El editor de libros nos habla de una tumultuosa pero preciosa relación profesional convertida con el tiempo en amistosa y familiar, en la que el joven Wolfe desempeña hasta cierto punto el papel de hijo de Perkins (quien solo tuvo hijas). Colin Firth (Perkins) vuelve a dejar constancia de su enorme talento y presencia con una interpretación equilibrada, contenida y llena de matices (la película es suya, no cabe duda), mientras que Jude Law (Wolfe) es todo histrionismo, vehemencia y entusiasmo infantil, un trabajo entregado, pero también más irritante que carismático. Firth y Law son secundados por Laura Linney, que interpreta a la sufrida esposa de Perkins, y una magnética Nicole Kidman, cuyo personaje es esencial a la hora de dibujar el carácter impetuoso e irresistible de Wolfe, un hombre incapaz de corresponder la profunda dependencia emocional que genera.

Pero además de constituir un melancólico drama de promesas y decepciones, El editor de libros es una oda a la labor profesional del editor, pieza clave en la formación de muchos de los grandes genios literarios del siglo XX, que debe permanecer en la sombra mientras el autor se lleva la gloria y la fama (como Perkins reconoce en la película, dedicar un libro al editor está mal visto, pues este debe ser invisible).

Aunque El editor de libros no es más que otro biopic al uso que no será especialmente recordado, la excelente puesta en escenaambientación, así como el entusiasmo y la pasión con la que Grandage aborda el proceso creativo de Wolfe y su editor/ángel de la guarda, hacen que la película suponga un homenaje inspirado y convincente, además de especialmente idóneo, incluso imprescindible, para los amantes de la literatura, y en concreto de los grandes autores estadounidenses del siglo pasado.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Trolls

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Trolls es la nueva marca de juguetes/moda nostálgica que se convierte en película de animación en Hollywood. Los simpáticos y omnipresentes muñequitos con puntiagudos pelos de colores de los 90 se convierten en protagonistas de su propia aventura animada gracias a DreamWorks y 20th Century Fox, que trasladan el imaginado universo de estas dicharacheras criaturas a la gran pantalla. A primera vista, Trolls parece la enésima cinta de dibujos de Happy Meal, y hasta cierto punto es exactamente eso, pero si miramos más de cerca nos daremos cuenta de que es un producto mucho más cuidado de lo que parece, y definitivamente mejor de lo que debería haber sido.

La película dirigida por Walt Dohrn (Bob Esponja) y Mike Mitchell (Sky HighShrek, felices para siempre) crea toda una mitología alrededor de estos personajes, que reciben un moderno lavado de cara a base de purpurina y pieles multicolor a juego con su pelo. La historia de los Trolls se asemeja a la de Los Pitufos, una comunidad muy unida que vive en armonía hasta que una amenaza exterior rompe su pacífica existencia. La diferencia es que la historia comienza con los Trolls ya en manos de sus antagonistas, los Bergens, una raza de ogros que creen que la única manera de hallar la felicidad es alimentándose de estos pequeños seres. De esta manera, todos los años celebran la festividad que conocen como el “Trollsticio”, donde eligen a varios Trolls del árbol donde viven (enjaulado y custodiado por ellos en el reino) para zampárselos en una gran comilona ritualística. Hasta que un día los Trolls se escapan a través de un túnel y rehacen su vida en el bosque. Allí permanecen ocultos hasta que una de las macro-fiestas de la troll más feliz del mundo, Poppy (Anna Kendrick), atrae la atención de sus captores, que encuentran el nuevo emplazamiento de la aldea y raptan a la mitad de su población. A partir de ahí, Poppy se embarcará en una odisea para rescatar a su amigos, con la ayuda a regañadientes del cascarrabias Branch (Justin Timberlake).

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Trolls sigue los dictados del cine de dibujos diseñado para reventar la taquilla y vender juguetes. Pero no hay que comérsela de vista. O mejor dicho, no hay que comérsela solo de vista. La película es todo un estallido de luz y color técnicamente sobresaliente y repleto de imágenes golosas y acción hiperactiva, pero también es una aventura infalible y con muy buen ritmo (nunca mejor dicho), una relectura del cuento clásico de superación y compañerismo convertido en cuento de hadas moderno inyectado de música y distracciones continuas para la generación EDM. Esto último puede sonar mal, lo sé, pero Trolls no llega a empachar o a convertirse en el despropósito que estaba llamada a ser gracias a un humor muy afinado y a una actitud desenfadada y autoconsciente que hace que, cuanto más tonta es, más encantadora y adorable se vuelve. El humor espídico que recorre la película está, salvando las distancias, en la línea de lo que vimos en La LEGO Película, y sus chistes y gags, en especial los musicales, son sorprendentemente ingeniosos.

Efectivamente, Trolls es también, y quizá por encima de todo, un musical. La película incluye versiones de clásicos del pop y el rock desde los 80 hasta nuestros días, imbuidos de ese sonido dance y electropop que domina las listas de éxitos, e interpretados por unos más que eficientes Justin Timberlake y Anna Kendrick, que se encuentran como pez en el agua durante toda la película (acompañados de un reparto de voces que incluye a Gwen Stefani, James Corden o Zooey Deschanel). Los números musicales (incluido el pegadizo “Can’t Stop the Feeling” de Timberlake, aquí interpretado a dueto durante el fantástico clímax) son la estrella de la función, ágiles, divertidos, bien interpretados y usados con inteligencia para avanzar la historia o complementar las caracterizaciones de sus personajes; como el otro tema original, la muy BroadwayGet Back Up Again“, donde Kendrick nos convence de que nos dejemos llevar por la película, o la preciosa cover de “True Colors” de Cyndi Lauper, con la que el film se vuelve oportunamente emotivo.

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Y ahí está la clave, en entregarse a la propuesta, abandonarse a su irresistible optimismo y su contagioso sentido del humorTrolls no es comparable a Pixar, ni incluso a los mejores títulos de DreamWorks, pero es que no tiene por qué serlo. No debemos subestimar el poder de una película como esta, que, en primer lugar, es un espectáculo mucho más calibrado y digno de lo que parece, y en segundo, está hecha para divertir y poner de buen humor, sin más. El problema es cuando una cinta de estas características menoscaba o se olvida de la inteligencia de sus espectadores, y afortunadamente, Trolls no lo hace, sino que se preocupa en conectar con ellos, y hacerles reír con algo más que el típico humor para pre-escolares. Con su bonito discurso sobre la búsqueda de la felicidad, algo con lo que tanto niños y mayores pueden conectar personalmente, Trolls acaba conquistando su propósito y nos invita a soltarnos el pelo y menear las piernas. Cuidado, imposible resistirse.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Sully

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Después de adentrarse en la mente de Chris Kyle en El francotirador, Clint Eastwood vuelve a reflexionar sobre qué es lo que convierte a un hombre “normal” en un héroe con Sullyla fascinante historia real del Capitán Chesley Sullenberger, el veterano piloto norteamericano que hace siete años conmovió a todo el mundo llevando a cabo la hazaña que se dio a conocer como “El milagro del Hudson”.

El 15 de enero de 2009, Sully, que es como se conoce cariñosamente a este piloto con más de cuarenta años de experiencia de vuelo a sus espaldas, hizo amerizar su avión, averiado tras el impacto de una bandada de pájaros en los motores, sobre las gélidas aguas del río Hudson, en Nueva York, salvando la vida de las 155 personas a bordo. Sully se convirtió inmediatamente en un héroe para el público y recibió un tratamiento digno de este título en los medios. Sin embargo, mientras el piloto era aclamado popularmente por una hazaña nunca vista, estaba teniendo lugar una investigación que ponía en duda su decisión de aterrizar en el agua supuestamente poniendo en peligro a los pasajeros, y amenazaba con destruir su reputación y su situación económica a las puertas de su merecida jubilación.

Con Sully, Eastwood realiza una convencida y conservadora oda a la profesionalidad, así como también el intenso retrato de un hombre atormentado por una arriesgada decisión, por el maldito “y si…”, magnificado por un tribunal que pone en duda su reacción ante una situación a la que ningún piloto se había enfrentado antes. En este sentido, Tom Hanks vuelve a realizar una interpretación ejemplar como Sully, un trabajo firme y contenido con el que demuestra una vez más que es uno de los mejores actores vivos. Sin llegar a estar tan sublime como en Capitán Phillips, Hanks, epítome del buen hombre, insiste en bordar al protagonista caracterizado por su bondad intrínseca y rectitud moral que se convierte en el gran héroe humano (o americano, que para los realizadores que lo dirigen últimamente es lo mismo).

es-one-sheet-sullyPero Sully no es solo Hanks, también es Aaron Eckhart (fantástico como el otro héroe, el co-piloto de Sully), y sobre todo es Clint Eastwood, un director que, a sus 86 años, y a pesar de algún que otro traspiés (ejem, Jersey Boys) y de sus chocheantes declaraciones recientes, sigue en plena forma como cineastaSully es una película de una fuerza indudable, además de un trabajo narrativo sobresaliente. Eastwood dosifica muy bien la información y dota al film de la mejor estructura posible, alternando la calma tensa de los días posteriores al “accidente” con la recreación del mismo, que se nos ofrece por partes atendiendo a las necesidades de la historia. Sin duda, lo mejor de Sully son las escenas en el aire y la reconstrucción del aterrizaje forzoso, tramos impecablemente filmados (aprovechando bien las posibilidades del IMAX) que nos dejan con el corazón en un puño. Es difícil permanecer impasible ante las sobrecogedoras imágenes del “milagro” o durante los terroríficos 208 segundos entre el impacto inicial y el amerizaje.

Desafortunadamente, Eastwood descarrila al final, entregándose al “Hollywood ending” en un desenlace excesivamente moralizador y almibarado. Sully concluye de la forma más cursi, con un discurso exaltado y facilón (“los héroes somos todos”), un chiste anticlimático (a pesar de ser bueno), la presencia del Sully real y los pasajeros del 1549 de US Airways, y una melosa utilización de la música que culmina en una canción “de Oscar” que roza la parodia. Sin embargo, se trata de un mal menor que no empaña la gran labor narrativa y técnica que Eastwood ha realizado hasta ese momento, un trabajo tan experto y eficiente que ni el momento más patriótico o hagiográfico puede estropearlo.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Nuevas series 2016: Parte V

Dejamos octubre atrás y nos acercamos a la primera temporada alta de la televisión norteamericana, lo que llaman el November Sweeps. A estas alturas, la mayoría de estrenos de la temporada otoñal ya han tenido lugar, por lo que, a la espera de la mid-season, podemos hacernos una idea del aspecto que tendrá el resto del año en cuanto a ficción televisiva se refiere. Algunas series de nuevo cuño ya van por su quinta o sexta semana, y muchos empezamos a tachar de nuestros calendarios las que no nos han convencido después de este decisivo periodo. Esta va tomando forma, y la temporada 2016-17 no ha empezado nada mal.

La quinta parte de mi especial sobre pilotos 2016 está formada exclusivamente por comedias, aunque ya sabéis cómo es esto de la división de géneros en la televisión actual. Muchos dramas nos hacen reír a carcajadas, y cada vez hay más comedias que nos hacen llorar y nos joden la cabeza. A continuación os cuento mis primeras impresiones sobre la divertida comedia de HBO Insecure, la co-producción de BBC America Dirk Gently’s Holistic Detective Agency y la nueva trastada de los productores Phil Lord y Christopher Miller (21 Jump Street) para Fox, Son of Zorn. Me quedo con las dos primeras, y la otra, después de ver el quinto episodio, está en la cuerda floja.

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Son of Zorn

Fox sigue comprometida con las comedias gamberras y la animación orientada principalmente a los adultos. Su parrilla, en la que conviven entre otros los Simpson, los Griffin y el “único hombre de la Tierra”, da la bienvenida a una nueva familia de raritos en Son of Zorn, que combina acción real y animación para contarnos la historia de Zorn, un rudo guerrero de la tierra mágica de Zephyria que decide mudarse al barrio residencial de su ex-mujer para involucrarse más en la vida de su hijo adolescente. En su nueva vida, Zorn (un musculoso bárbaro al estilo de He-Man realizado en animación tradicional y con la voz de Jason Sudeikis) debe aprender a adaptarse a la sociedad “civilizada” (vivienda, trabajo, vida social) y reprimir sus instintos sanguinarios y destructores, mientras trata de cultivar una relación positiva con su familia.

Son of Zorn es una propuesta cuanto menos curiosa. Homenaje a las series de animación de los 80 y la fantasía pulp fusionada con la sitcom de familia disfuncional que tanto gusta a las cadenas, pero con ese punto marciano e incómodo de las series de Fox. Phil Lord y Christopher Miller están detrás de esta excentricidad, y se nota, sobre todo por su parecido tonal con su otra comedia para la cadena, The Last Man on Earth. Con la serie de Will Forte tiene en común a un protagonista insoportable que no es consciente de lo difícil que hace las cosas (aunque nadie supera a Phil/Tandy en capacidad para irritar) y un humor más bien crudo. Ese es su mayor problema, su dificultad para conectar con la audiencia debido a que sus personajes no parecen de carne y hueso (pun intended), sino que son, como ocurre en Last Man, caricaturas desagradables, antipáticas y emocionalmente desconectadas.

En definitiva, buena idea, pero mala ejecución (tanto en los guiones como en la integración del personaje animado). Con el paso de las semanas, parece que la serie se asienta un poco y los personajes se van humanizando. Además, la contaminación de Zephyria en la vida suburbana (artefactos mágicos y criaturas mitológicas también “dibujadas”) da para tramas e imágenes simpáticas. Pero sigue habiendo algo que falla. No sé si son los chistes (más bien pobres), las situaciones (ni lo suficientemente estrambóticas, ni lo suficientemente cercanas) o los personajes (ásperos recortes de papel), pero Son of Zorn no cuaja.

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Insecure

Está más que demostrado que la comedia de autor vive una época de esplendor en la televisión. LouieGirls abrieron la veda para que las nuevas (y no tan nuevas) voces de la comedia buscasen un hueco en la ficción serial para verter sus anécdotas, neuras, obsesiones y depresiones varias. Broad CityYou’re the WorstPlease Like Me, Master of None… La comedia millennial y la sitcom de auteur se han ido volviendo cada vez más diversas, las voces femeninas han ganado mucho terreno, y el género alcanza su época de mayor expresión en 2016, con cosas tan buenas como One MississipiBetter ThingsFleabagAtlanta. Sin embargo, hay una nueva comedia que entra en esta categoría y de la que nadie está hablando, Insecure, creada por la humorista Issa Rae, un torbellino de energía, ingenio y talento para hacer reír que ha llegado a HBO para realizar una de las mejores series que no estás viendo.

Insecure se adscribe indudablemente a la corriente de comedia millennial que Lena Dunham ayudó a impulsar desde la misma cadena, y hasta cierto punto tiene bastantes cosas en común con su serie, pero la voz de Issa Rae se suma sobre todo a la de Donald Glover para hablarnos de los mismos temas (la amistad, la familia, las relaciones en la era de las apps, las políticas de la oficina, la sensación de desconexión, la desmotivación de la generación perdida) desde la perspectiva de la comunidad negra y con el rap como principal herramienta de expresión (Issa, la protagonista, mantiene la calma ante las injusticias y decepciones cotidianas y se desahoga rapeando ante el espejo).

Al igual que AtlantaInsecure convierte en comedia los micro-racismos del día a día, los estereotipos y las dificultades añadidas que las personas negras se encuentran navegando las aguas de la vida moderna. Sin embargo, mientras Atlanta es más reflexiva, melancólica y surrealista, Insecure posee una cualidad más luminosa y divertida. Esto se debe a Rae, y a la maravillosa Yvonne Orji, que da vida a su mejor amiga, Molly. Lo mejor de la serie son sus descacharrantes conversaciones (la química traspasa la pantalla), que garantizan las carcajadas en cada episodio. Pero Insecure es una comedia mucho más profunda de lo que parece, un retrato millennial afilado, sutil y reivindicativo que debería convertirse en una de las imprescindibles del momento.

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Dirk Gently’s Holistic Detective Agency

De la mano del solicitado y desigual Max Landis (ChronicleMr. Right) nos llega la nueva rareza protagonizada por Elijah Wood, que se ha especializado en historias sobre personajes peculiares con trasfondo fantástico. Dirk Gently’s Holistic Detective Agency es una co-producción británico-estadounidense basada en la serie de novelas escritas por Douglas Adams (el autor de la popular Guía del autoestopista galático), que llega para hacer las delicias de los fans de la comedia fantástica, concretamente de la British.

Partiendo de un crimen cometido en un hotel, la serie nos presenta a Todd (Wood), botones reservado y con problemas familiares convertido en uno de los sospechosos, y Dirk Gently (Samuel Barnett), un detective paranormal que se especializa en la investigación “holística”, la que sostiene que todo está conectado y nada sucede al azar, sino que forma parte de un esquema de causa-efecto que da forma al universo. Muy a pesar de Todd, que no está interesado en ser un sidekick (o “el Watson” de Dirk, o su companion), este se embarca junto al extravagante detective en una aventura para descifrar la gran trama que se esconde tras el asesinato (en cierto modo, Wood está repitiendo lo que hizo en la recomendable Wilfred).

Dirk Gently, que ya tuvo una adaptación televisiva en BBC hace seis años, es un producto hecho para encantar a los fans de Adams, de la literatura de Terry Pratchet y autores similares, o de Doctor Who (Dirk Gently es básicamente un Señor del Tiempo)El primer episodio supone una carta de presentación impecable, 50 minutos que establecen un tono muy definido (un divertido cruce de comedia fantástica, surrealismo y noir, más oscuro y con más drama de lo que esperaba) y disponen las piezas (un “elegido”, una asesina con machete, viajeros en el tiempo…) de un puzle con muchas ramificaciones, que atrapa enseguida y apunta a una trama interconectada a gran escala. Habrá que seguir para ver si Dirk Gently nos acaba descubriendo el sentido de la vida y el universo, aunque yo con el 42 ya me daba por satisfecho.

(Los 8 episodios de la primera temporada estarán disponibles en Netflix a partir del 11 de diciembre, con el título Dirk Gently Agencia de Investigaciones Holísticas).