Crítica: Cuando tienes 17 años

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“Los que se pelean, se desean”. Verdad absoluta (o idiotez supina) convertida en cántico universal que resonaba, y seguro sigue resonando de vez en cuando, en los patios de los colegios de media España cuando dos zagales la emprendían a vaciles, insultos, empujones y/o guantadas. Una respuesta violenta, más o menos controlada, ante los calentones adolescentes… y es que a los trece, catorce, quince, dieciséis y diecisiete años, no puedes ser formal. André Téchiné (Los juncos salvajes, Alice y Martin) realiza la adaptación cinematográfica de semejante consigna en Cuando tienes 17 años (Quand on a 17 ans). La historia de amor entre Damien y Thomas. Un año de hostias, vergüenzas y algún que otro beso.

Dos familias nucleares que viven en una población del sudeste francés. La primera acomodada, formada por una madre doctora, un padre militar ausente y un hijo buen estudiante, aunque un pelín malcriado. La otra, más modesta, con una madre embarazada y un padre dedicados a las labores del campo y un hijo adoptado, educado en casa y un cafre fuera de ella. El choque entre los dos adolescentes surge tras un cruce de miradas en clase. El uno se pavonea y el otro golpea. La estupidez humana en estado puro. El odio a lo amado, aunque todavía ninguno de los dos sea consciente de su aprecio. Ese aprecio (y ese odio) se disparará cuando, tras una surrealista decisión de la madre de Damien, acaban viviendo bajo el mismo techo.

cuando-tienes-17-anos-poster-espanolTéchiné logra captar de manera acertada la evolución de la relación entre ambos personajes gracias a pequeños gestos, desde lo más ingenuos a los más violentos y físicos. El desarrollo de la película se articula en base a la cotidianeidad del curso escolar en que ambos se descubren. Si bien es verdad que algunas de esas repeticiones lastran el tempo, es en esa normalidad donde Cuando tienes 17 años mejor funciona. El único reproche que se debe hacer es el error del realizador a la hora de gestionar los grandes momentos dramáticos externos a la historia de Damien y Thomas. Ese ansia por interrumpir su historia y ver cómo reaccionan ante las adversidades no es para nada beneficiosa para el desarrollo del film. Bastantes problemas tienen ambos con su aceptación personal… y la del uno al otro.

Pese a no estar a la altura de films coetáneos como La vida de Adèle, Eisenstein en Guanajuato o Laurence Anyways, Cuando tienes 17 años es un buen ejemplo del cine por la visibilidad LGBTQ que se está realizando en estos últimos años… aunque caiga en algún que otro tópico a la hora de representar la homosexualidad de sus protagonistas (como son esos pósters en la habitación de Damien).

David Lastra

Nota: ★★★½

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