Easy: Reflexiones fáciles para la vida moderna

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Puede que el estreno de Easy en Netflix el pasado 22 de septiembre os haya pasado desapercibido entre tanta nueva incorporación a su catálogo y el aluvión de nuevas series que nos arrolla todos los otoños. También es posible que no hayáis oído hablar de ella antes del estreno porque la campaña publicitaria ha sido prácticamente inexistente y el hype, por tanto, nulo. Yo la descubrí pocos días antes de su lanzamiento y decidí echarle un vistazo, porque a priori, su premisa era muy cercana a uno de los tipos de serie que suelo disfrutar más: las comedias dramáticas que te hablan de tú a tú.

Easy es una comedia antológica creada por el actor, guionista, productor y director indie Joe Swanberg. Su primera temporada consta de ocho episodios de aproximadamente media hora, cada uno de ellos dedicado a un grupo de personajes distintos, “vidas cruzadas” que protagonizan historias más o menos autoconclusivas. Ambientada en ChicagoEasy ofrece un vistazo muy personal a las vidas de gente de diversas procedencias, edades, razas, orientaciones sexuales y poder adquisitivo, y se propone hablarnos sobre cómo navegamos (o mejor dicho, cómo nos hundimos o salimos a flote) en la sociedad moderna. Relaciones interpersonales, amistad, romance, familia, redes sociales, apps de citas, y por encima de todo, sexo. Estos son algunos de los temas que Easy aborda a lo largo de sus primeros ocho capítulos, con los que trata de componer un fresco de la vida en la gran ciudad en el siglo XXI.

Y cuando digo “se propone” o “trata” no lo estoy haciendo de forma accidental, sino muy intencionadamente: Easy lo intenta, pero la mayor parte del tiempo falla a la hora de hacer reflexiones profundas sobre el mundo en el que muchos de nosotros vivimos. La base no es mala y afortunadamente no hay demasiada pretensión, pero Swanberg no logra decirnos nada realmente interesante con sus personajes, nada que no sepamos ya, o con lo que no se haya hecho ficción hasta la saciedad en la última década.

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Al tratarse de una serie antológica, la calidad fluctúa considerablemente a lo largo de los ocho capítulos. La cosa empieza bastante mal con “The Fucking Study” (relato sobre el sexo monógamo después de muchos años que recurre a los topicazos más hastiados), promete con el muy millennial “Vegan Cinderella” (vería una serie centrada en el adorable personaje de Kiersey Clemons), parece afianzarse con “Brewery Brothers” (nada mal Dave Franco). Pero se va al traste con los siguientes: el disperso “Controlada” (hablado casi íntegramente en español, pero menos accesible que el resto), “Art and Life” (capítulo vacío donde los haya), “Utopia” (unos desatados y despelotados Malin Akerman y Orlando Bloom descubren Tinder y se montan un trío con Kate Micucci que da para buenos gifs pero poco más) y el completamente olvidable “Chemistry Read” (en serio, no me acuerdo de qué va), para concluir regresando al personaje de Dave Franco en “Hop Dreams” y cerrar la temporada con un encore innecesario.

El problema es que Easy llega en plena burbuja de la comedia urbana sin saber muy bien qué quiere contarnos o qué intenta aportar al género. La de Swanberg es una serie (y una película) que ya hemos visto muchas veces en los últimos años, y casi siempre mejor. GirlsMaster of None You’re the Worst hacen que Easy parezca hueca e innecesaria. Incluso la malograda Togetherness, que era blanda y mediocre a más no poder, tenía más personalidad. Y por si fuera poco, 2016 está levantando el listón en lo que se refiere a heterogeneidad de voces en televisión, con cosas tan interesantes como AtlantaBetter ThingsOne MississippiFleabag, lo cual hace que esta palidezca en comparación. Aunque técnicamente no sea su intención, Easy quiere ser todas estas series en una, fusionarlas de forma sencilla en un único discurso (plural pero que refleje una misma realidad), pero no lo consigue (High Maintenance, una propuesta muy similar, lleva mucho mejor camino en este sentido). Resulta insustancial, le falta naturalidad (qué incómodo es ver improvisar a Akerman y Bloom), parece rozar por momentos la trascendencia pero siempre acaba quedándose en la superficie (con excepción de algún capítulo, como “Vegan Cinderella”, que ya hemos quedado en que es uno de los mejores) y no tiene nada verdaderamente valioso, novedoso o revelador que decir.

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A pesar de un par de destellos de lucidez y un buen reparto coral, Easy es mumblecore sin sustancia, una serie mucho más trivial de lo que se cree y una oportunidad perdida. Puede que su estreno os haya pasado desapercibido, pero quizá sea el destino intentando deciros algo: no se nos ha perdido nada en ella.

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