Nuevas series 2016: Parte II

Os traigo mi segunda ronda de reviews de los pilotos de esta temporada 2016-17 (podéis leer la primera aquí). Y os recuerdo que no estoy siguiendo un orden en particular, así como tampoco estoy agrupando las entradas según los tipos de serie, género o cadenas. De hecho, esta selección de estrenos es especialmente diversa. Tenéis dos series de plataforma digital (una comedia y un drama), una sitcom familiar de ABC y un drama de la cadena de Oprah Winfrey. Descarto una y me quedo con tres. A ver si adivináis cuál es la que no pasa la criba.

One Mississippi

¿Recordáis aquella escena de Ghost World (tanto en el cómic como en la película) en la que Enid y Rebecca están viendo en la tele a un humorista híper-deprimente que habla como si se acabara de despertar de la siesta y a ellas les parece lo peor? Era una escena satírica que nos hablaba de cómo la comedia y los gustos estaban cambiando, virando hacia lo excéntrico, lo triste y lo puramente patético, pero vista hoy en día se puede aplicar, sin ironía alguna, al panorama actual de la comedia de autor en Estados Unidos.

One Mississippi es una de las nuevas comedias en primera persona desarrolladas por un/a humorista que nos llegan este año (y ya van unas cuantas). Creada y protagonizada para Amazon por la conocida monologuista y locutora de radio Tig Notaro, producida por Louis C.K. (el actual rey de la comedia deprimente y existencialista, también co-creador de Better Things) y escrita por Diablo Cody. Total ná. Los que han seguido la carrera de Notaro previa a One Mississippi saben perfectamente qué encontrarse en ella, porque incide en los temas y el estilo de su monólogo más famoso, en el que narra su experiencia después de serle diagnosticado un cáncer de mama y habla de la muerte de su madre. Efectivamente, One Mississippi, al igual que Transparent y tantas otras, difícilmente puede catalogarse como comedia. Pero lo es. Una comedia personal, singular, devastadora, con la misma tendencia a irse hacia el lado oscuro que al luminoso, una serie que se enfrenta a la tragedia con humor, para reír llorando. O viceversa.

StartUp

No tengo reparos en admitirlo: empecé a ver StartUp únicamente por dos de sus protagonistas principales, Martin Freeman (SherlockFargo) y Adam Brody (The OC, Jennifer’s Body). Esa era seguramente la intención de Crackle, la Netflix de Sony Pictures, que ha decidido aventurarse en la producción original, empezando por este drama tecnológico de gran pedigrí, y se ha asegurado de contar con nombres que funcionasen como reclamo para el público. Pues bien, vi el primer episodio totalmente predispuesto a que no fuera para mí, preparado para dejarla ipso facto (aunque me doliese despedirme tan pronto de Freeman y Brody), pero qué sorpresa me llevé al verme totalmente enganchado a la serie desde el principio.

StartUp nos lleva a Miami para contarnos la interesante coalición de varios personajes de muy diversas procedencias (un banquero que debe ocultar dinero robado, un “gang lord” que busca la manera de hacer legal su “profesión”, y una hacker que tiene una idea revolucionaria), que se ven forzados a trabajar juntos para fabricar el nuevo sueño americano, un sistema de moneda digital que supone el futuro del dinero y, sin proponérselo, les lleva a crear una nueva versión del crimen organizado. Aunque tenga unos cuantos glitches (como la necesidad de meter con calzador escenas provocativas y sexuales para dejar claro que es una serie adulta, al estilo de Showtime), StartUp es sin duda una ficción de calidad, un prometedor tech-drama que se suma a Mr. Robot Halt and Catch Fire, diferenciándose con un punto de arrogancia a lo House of Lies o Billions (pero sin pasarse, como ellas) y un toque a lo cine de Michael Mann. Un thriller estiloso, elegante, con buenas interpretaciones, y por encima de todo, con una historia y un ritmo que atrapan.

Queen Sugar

A priori, Queen Sugar no me interesaba nada. Pero empecé a leer cosas sobre ella, y a ver posts en Tumblr que me llamaron la atención, y decidí echarle un vistazo. Se trata de un melodrama creado, producido y dirigido por Ava DuVernay (Selma) para la cadena de Oprah Winfrey, OWN. La serie cuenta la historia de tres hermanos que se reencuentran en Nueva Orleans tras la muerte de su padre y nos introduce en las vidas de la comunidad negra de Louisiana para hablarnos de sus luchas personales: trabajo, drogas, amor/desamor y conflictos familiares.

Personalmente, aplaudo cómo la televisión norteamericana está aumentando la representación y la diversidad racial con sus series en estos últimos años, en especial con la nueva hornada de 2016 (después del pelotazo de Empire, las cadenas han despertado), pero Queen Sugar no es para mí. No es más que una telenovela con factura de quality series que se toma demasiado en serio a sí misma (no sé qué esperaba de una serie de Oprah). Ni siquiera conseguí terminar el primer episodio, de ritmo desesperante, diálogos mediocres y un tono de melodrama romántico afectado que me sacó por completo. Por no hablar de la selección musical, canciones mal elegidas y peor utilizadas. Terrible. Sinceramente, no entiendo el prestigio de DuVernay, por ahora no me ha demostrado ese talento del que tanto hablan (ella incluida).

Speechless

ABC sabe lo que le funciona, y no se corta en copiarse a sí misma y repetir la misma fórmula una y otra vez. Desde el éxito de Modern Family, la cadena del alfabeto no ha dejado de producir sitcoms familiares de corte similar, pero desordenando los ingredientes en pos de la diversidad y la inclusiónblackish introdujo a una familia negra a la parrilla de la cadena (ya era hora), Fresh Off the Boat hizo lo propio con la población chino-americana, y The Real O’Neals puso a un adolescente gay como protagonista y punto de vista principal de la historia. Este año, ABC nos presenta a su primera persona discapacitada protagonista con Speechless, comedia sobre una familia con un hijo que vive con parálisis cerebral.

Como adelantaba, Speechless es pura fórmula familiar ABC, pero ya desde su estupendo piloto desprende un encanto absoluto, una química entre personajes y un gran corazón, elementos que la mayoría de sitcoms necesitan unos cuantos capítulos (o una temporada) para perfeccionar. El mérito es principalmente de Minnie Driver, que lo borda como madre excéntrica y sobreprotectora, y de Micah Fowler, el hijo que va en silla de ruedas y se comunica con la ayuda de sus hermanos y de un programa informático (y posteriormente con un asistente contratado). La serie está cargada de clichés, de un buenrollismo a lo Little Miss Sunshine que puede echar para atrás a los más cínicos, y en el fondo no es más que otra propuesta de network en la que uno o varios miembros tienen algo que los diferencia de otros clanes televisivos sin dejar de formar parte de una familia nuclear tradicional (ABC apuesta por la diversidad, pero siempre dentro de un esquema de “normalidad”). Claro que, como decía, Speechless rebosa encanto, sabe tocar la fibra, es divertida, y garantiza buenos momentos. Aun queda mucho por hacer, pero un fuerte aplauso a ABC por un (otro) piloto que da en la diana, y por la importante labor inclusiva que está realizando.

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