Crítica: Nerve (Un juego sin reglas)

Seguimos buscando la próxima gran saga young adult después del final de Los Juegos del Hambre, el batacazo de Divergente y los mil y un intentos frustrados de iniciar nueva franquicia en los últimos años (Cazadores de SombrasLa Quinta Ola, The Giver, The Host y un largo etcétera). Para la siguiente apuesta, eOne Films (que curiosamente está detrás de muchas de estas películas) cambia de tercio y abandona los universos distópicos abiertamente fantásticos para regresar al mundo real con Nerve (Un juego sin reglas). Pero lo de “mundo real” no hay que tomarlo al pie de la letra, porque la película, protagonizada por Emma Roberts y Dave Franco, se puede considerar igualmente una historia arraigada en la ciencia ficción, solo que es una ciencia ficción digamos más realista, ambientada en nuestra preciosa era de la hiperconectividad y la deriva adolescente (rollo Black Mirror teen), donde la distopía se desarrolla online.

Nerve se basa muy libremente en el libro homónimo de Jeanne Ryan y cuenta la historia de Vee (Roberts), una chica tímida y prudente que sus amigos consideran un muermo por no atreverse a soltarse y declararse al chico que le gusta. Para demostrarles que puede salir de su caparazón, Vee decide concursar en Nerve, un juego anónimo de retos que se retransmite online, y “es como una partida de ‘beso, atrevimiento o verdad’, pero con énfasis en el atrevimiento”. Para participar en él, uno debe escoger entre ser “observador” o “jugador”. Los primeros son espectadores de los segundos, que aceptan retos, se graban en todo momento realizándolos y ganan dinero de una fuente anónima a medida que los superan y van ganando más observadores. Nada más entrar en Nerve, el juego empareja a Vee con Ian (Franco), supuestamente su chico ideal. Ambos empiezan a superar retos juntos y se convierten en la “power couple” del juego, pero los desafíos son cada vez más arriesgados e Ian esconde un secreto que está directamente relacionado con el funcionamiento del juego y la misteriosa organización que hay detrás.

El planteamiento de Nerve no es nada del otro mundo, de hecho es bastante tonto, pero a la vez absolutamente infalible de base, ya que apela directamente y con mucho éxito a ese conformista deseoso de hacer el loco sin importar las consecuencias que casi todos, adolescentes y adultos, llevamos dentro. Convertidos en observadores de Vee, Ian y los demás concursantes de Nerve (Roberts y Franco son muy agradables a la vista, pero aquí la revelación es Emily Meade), aceptamos las condiciones del juego y a partir de ahí es fácil dejarse llevar por la corriente, no importa lo implausible que sea todo (que puestos a pensarlo, no lo es tanto). Porque ante todo, Nerve es un film simple y desenfadado que engancha de principio a fin, que divierte cosa mala, y que maneja con sorprendente eficiencia el suspense y la adrenalina, lo que compensa con creces los defectos y agujeros de un guion al que en este caso tampoco le podemos pedir mucho más. Henry Joost y Ariel Shulman, los directores de la cinta, utilizan con atino la experiencia universal del adolescente -y en muchos casos el adulto- del siglo XXI para hablar de tú a tú a su audiencia y dar forma a la aventura (el narcisismo 2.0, la presión de los amigos, la nuevas formas comunicación y socialización, el voyeurismo de las redes sociales, la fama efímera de Internet, la importancia de la validación de los desconocidos, el camino autodestructivo al que puede llevar todo eso), pero lo diluyen correctamente en un llamativo cóctel de thriller, romance de cuento de hadas moderno y acción.

Además, Nerve viene presentada en un envoltorio muy atractivo visualmente y con una banda sonora perfectamente seleccionada (como no podía ser de otra forma) que recoge el espíritu pasajero de las tendencias actuales. La película se apunta a la moda cinematográfica del neón (DriveThe GuestLost River) y la lleva al terreno young adult para darle la capa de lustre que necesitaba. ¿Original? No demasiado. ¿Irresistible? Un rato. Pero lo mejor de Nerve, lo que acaba reforzando su propuesta, es que la mayor parte del tiempo evita las lecciones manidas sobre la dependencia de los aparatos móviles del adolescente o los peligros de Internet. La razón para huir del tono sermoneador y condescendiente es evidentemente no alienar a su público objetivo a base de moralina, pero haciendo esto acaba beneficiando a la historia, que invita a desconectar (pun intended) y disfrutar sin pensar demasiado. Aunque se construye como una entrega independiente y cierra su historia (algo precipitadamente) en caso de no continuar, la película está claramente hecha para continuar. Si mantiene el mismo tono y estilo, y consigue no convertirse en la enésima saga clónica de adolescentes contra el régimen autoritario de turno, adelante, yo renuevo mi suscripción como observador para la próxima ronda del juego sin pensármelo dos veces.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

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Comentarios (1)

 

  1. herb dice:

    Ayer la vi… realmente no creo que sea una buena pelicula, se le podrian dar palos por todos los sitios, pero aun asi, me lo pase bien viendola, asi que mis sensaciones encajan bastante con lo que dices en la critica.

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