Crítica: Hello, My Name Is Doris

Doris Sally Field

Hay veces que una sola interpretación sostiene una película entera. Ese es el caso de Hello, My Name Is Doriscomedia con tintes dramáticos de Michael Showalter (guionista y director de series como Wet Hot American SummerLoveGrace and Frankie) que está protagonizada por una inconmensurable Sally Field, esa gran actriz que, a pesar de sus dos Oscar, no suele recibir el reconocimiento que merece. No es que Hello, My Name Is Doris sea una mala película y ella sea lo único bueno, es que es una película bastante aceptable que ella sola eleva de categoría hasta convertirla en un visionado altamente recomendable.

Con aire Sundance y reparto casi enteramente televisivo, Hello, My Name Is Doris nos cuenta la historia de Doris Miller, una entrañable señora de más de 60 que ha dedicado toda su vida al cuidado de su madre, con la que ha compartido una vieja casa y un síndrome de Diógenes al más puro estilo Grey Gardens (pero light). Doris, que luce un aspecto muy peculiar (gafas estilo 60s, alto moño postizo, lazo enorme y colorido vestuario) y es de carácter retraído y algo lunático (vive entre ensoñaciones y parece sufrir ansiedad social), viaja todos los días a Manhattan para acudir a su trabajo en una empresa que la mantiene en su puesto solo por su veteranía. Allí, Doris es la compañera que nadie conoce, la señora rara escondida en su cubículo con la que nadie habla. Hasta que un día su vida da un vuelco con la llegada de su nuevo jefe, John Freemont (acertado Max Greenfield), un treintañero atractivo y moderno que desde su primer mágico encuentro en el ascensor, la trata de forma distinta a los demás.

Cual adolescente que anota en su diario cada movimiento del chico que le rozó el brazo en el pasillo, Doris se enamora locamente de John, y, motivada por un seminario de autoayuda, pide consejo para conquistarlo a la nieta de su mejor amiga, Roz (maravillosa Tyne Daly), que le abre un perfil falso en Facebook para investigar su vida. Haciendo caso omiso a sus familiares y amigos, que le instan a comportarse como una señora de su edad, Doris se propone enamorar a John, a pesar de sacarle más de treinta años. El plan de Doris la acerca cada vez más a John y le hace integrarse en el universo hipster de Williamsburg, al que él pertenece. Con su llamativo estilo (adaptado a los gustos de John que aparecen en su perfil) y sus renovadas energías, Doris se convierte en una musa para los modernos, y mientras socializa con ellos acaba conociendo mejor a su príncipe azul, que parece genuinamente interesado en conocerla a ella. Pero como no podía ser de otra manera, las cosas se complican y la verdad acaba saliendo a la luz, provocando el inevitable punto de inflexión en la relación.

Como veis, técnicamente Hello, My Name Is Doris es una comedia romántica prototípica de los pies a la cabeza. Solo que el hecho de que su pareja protagonista esté compuesta por una mujer de 60 y un hombre de 30 la convierte en una de las más transgresoras que hemos visto en los últimos años (aunque suene triste, es así). Podía haber ido un paso más allá y haberse convertido directamente en una revolución, pero nos conformamos con lo que consigue (aplausos a ese ingenioso y esperanzador final) y lo celebramos como se merece. Además, como decía al principio, Field logra que sus defectos queden en segundo plano, que su inconsistencia tonal no importe tanto, o que los tópicos no sean un problema. La actriz lo vuelve a dar todo y brilla espectacularmente tanto en comedia como en drama, componiendo un personaje tan cinematográfico como humano y real. Field protagoniza situaciones y gags físicos muy divertidos, pone su expresividad al servicio de la comedia para hacernos reír con el gesto adecuado en el mejor momento (qué guapa está, además), y hace que hasta los momentos más ridículos funcionen perfectamente. Pero es que también se deja la piel en las escenas más dramáticas y conmueve al desvelar la tristeza y la frustración que se esconde bajo su adorable fachada. En definitiva, una interpretación portentosa en todos los sentidos.

Hello, My Name Is Doris es una comedia que aborda temas importantes de forma ligera. Además de hablarnos de cómo afecta paso del tiempo a la familia y la amistad, su parodia del mundo hipster esconde ideas interesantes sobre la vacuidad de nuestros días (en la línea de Noah Baumbach) que Showalter utiliza para complementar su oportuna reflexión sobre la madurez en tiempos modernos y el lastre del edadismo. Además de ser una película bonita y simpática, My Name Is Doris demuestra no solo que se puede contar una historia romántica en el cine con una mujer considerablemente mayor que el hombre, sino también que nos hace falta ver más películas así para que el mundo deje de verlo como algo tan extraño.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

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