Crítica: La correspondencia

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Mantener una correspondencia es uno de los actos más íntimos que un ser humano puede establecer con otro. Una acción más privada que un DM por Twitter, más perdurable que una conversación por WhatsApp protegida por una buena copia de seguridad y casi tan bonita como un mensaje por Facebook a lo largo de los años. Este intercambio de misivas une emocionalmente a sus dos interlocutores, haciendo que el desconocimiento y la complementación inicial se convierta en una concordancia total y completa entre ambos. Para este tipo de evolución, no importa si las personas se hayan conocido a priori o no se hayan desvirtualizado, esta correspondencia hace que ambos, valga la redundancia, se correspondan, es decir, se pertenezcan y se conviertan en inseparables. Esa acción une a los dos protagonistas de La correspondencia (La corrispondenza) más que todos los polvos que han echado durante sus años como amantes.

Antes que director, Giuseppe Tornatore es un cuentacuentos. Desde su carta de amor cinematográfico Cinema Paradiso a ese pastiche de ladrones de arte con el que disfrutamos tanto hace un par de temporadas, La mejor oferta, pasando por sus cuentos costumbristas Malèna o Baaria, Tornatore siempre ha sabido cómo contar (con mayor o menor tino) una historia que emocione y que como toda buena fábula, tenga cierto toque moralizante. En esta ocasión se centra en la relación amorosa entre una estudiante y su profesor, interpretados por Olga Kurylenko (Quantum of Solace, Un día perfecto) y Jeremy Irons (Inseparables, High-Rise), y la correspondencia que surge tras la bomba de humo y posterior huida de este último. Cartas, flores, archivos de vídeo en CD-R, cualquier medio es bueno si así logra mantenerse la comunicación. El problema es cuando no se sabe dónde enviar la respuesta. La solución a ese problema la ofrece Tornatore al final del primer acto. Al no guardarse ese giro para el final, el cineasta italiano acierta y dota a la historia de un interés renovado e inesperado, aunque no resulte tan sorprendente como Tornatore se cree.

la_correspondencia_52667Como resultado de esta desaparición, las apariciones de Irons resultan casi anecdóticas, haciendo que la verdadera triunfadora de La correspondencia sea Olga Kurylenko. La actriz ucraniana logra captar la fragilidad y la fortaleza de su personaje, mostrando de manera loable la evolución de sus sentimientos a medida que va descubriendo los entresijos del sistema epistolar. Ante lo que no puede hacer nada la actriz es ante cierto tufillo machista que desprende su personaje. Aspecto que podríamos considerar como marca de autor del propio Tornatore o más bien parte intrínseca de la cultura de su país de origen. Si bien es una novedad que a la parte femenina de la pareja se le permita no solo tener inquietudes sino ser toda una investigadora en astrofísica, la relación de La correspodencia no es sino puramente conservadora. Aunque no se dude en ningún momento del amor sapiosexual entre ambos (gracias a la citada labor de Kurylenko), no es sino el enésimo romance entre hombre maduro y mujer arrebatadoramente bella a la que casi dobla en edad (36 Kurylenko y 62 Irons). ¿Acaso alguien se atrevería a preparar un remake de esta misma historia con Glenn Close (69) y Jake Gyllenhaal (35) invirtiendo los géneros de los personajes?

La correspondencia es una fábula aleccionadora que entretiene, pero no enamora, ni sorprende, aunque por lo menos no chirría tanto como la partitura que Ennio Morricone ha ¿escrito? para ella.

David Lastra

Nota: ★★★

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