Capitán Kóblic: Ricardo Darín como subgénero cinematográfico

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Ricardo Darín ha conseguido una hazaña que no muchos han logrado. Puede que no tenga tantos galardones o miles de seguidores más en Twitter que otros, pero el argentino ha logrado que su nombre eclipse el de todas y cada una de las películas que estrena y eso es algo excepcional. “Vamos a ver la de Darín” sustituyó el título de candidatas al Oscar como Relatos salvajes o eclipsó a intérpretes como Javier Cámara, Truman pasó a la historia como “la de Darín y el perro”. Pero ese fenómeno no es debido únicamente a su supuesto magnetismo cinematográfico, sino que gracias a una serie de decisiones a la hora de elegir sus proyectos, ha logrado cultivar un ‘personaje tipo’ cercano al rol de vividor pero con un corazón de oro que no le cabe en el pecho. Esa identificación trae consigo que se pueda citar a Darín como un subgénero cinematográfico propio.

Cuando se entra en una sala de cine a ver “la de Darín”, no solo se tiene que estar preparado para ver una película en la que el argentino vaya a robar todos los planos en los que aparezca, sino que se tiene que ser consciente que se va a vivir también una aventura tipo, propia de una “película de Darín”. Sus historias muestran un personaje masculino fuerte, siempre jodido, pero nunca vencido, ya que tiene la mirada fija en un horizonte de esperanza. A su lado, una mujer que escucha y se deja engatusar, un perro, una vaca o Javier Cámara. Ese hombre Darín luchará contra las adversidades hasta el final, sin importar nada ni nadie, ya sea como defensor de la libertad individual (Truman), mutando en Liam Neeson (Séptimo), en representante de la fe (Elefante blanco), o ante las resacas de la dictadura chilena (El baile de la Victoria) o argentina (Kamchatka, El secreto de sus ojos o el estreno que nos ocupa hoy). Siendo consciente de todo ello, de su capacidad como babosa cerebral que obnubila, así como su apetencia por repetir papeles, ¿por qué me sorprende que no me guste nada esta Capitán Kóblic?

Fiel a los anteriores razonamientos, Capitán Kóblic es una película que podemos catalogar a la perfección dentro de ese subgénero de películas de Ricardo Darín. En esta ocasión, se mete en la piel de un comandante de la Armada Argentina que horrorizado tras su participación en un vuelo de la muerte, decide dar carpetazo a su vida militar y huir a un pequeño pueblo en el que sobrevive como piloto fumigador. Aunque en un primer momento esta huída recuerde a la que en su día emprendió junto a Cecilia Roth en Kamchatka, esta nueva entrega de Darín contra el régimen no es un solvente ejercicio de recogimiento y ternura como sí lo era la cinta de Piñeyro. Capitán Kóblic bebe de estereotipos, pero lejos de lograr un producto con un mínimo que cumpliese y encontrase su hueco en el nicho de este tipo de películas removedoras de conciencia a través de un acto de memoria histórica, se deja arrastrar por esos lugares comunes e incurre en uno de los mayores errores que pueden cometerse en este tipo de dramas: no emocionar lo más mínimo.

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Los gestos, las miradas, los personajes sufrientes, las situaciones potencialmente lacrimógenas… todo en Capitán Kóblic parece de cartón piedra. Pido perdón por la broma fácil, pero Darín parece estar con el piloto automático durante todo el metraje. Su interpretación podría considerarse correcta pero al no aportar ni una sola gota de sangre en la misma, es insuficiente, haciendo que todo se desmorone. Porque como buena película de Darín, todo el peso de la misma recae sobre él, por lo que si no es capaz de aguantarlo, nadie es capaz de maquillar el resultado. En este desbarajuste, ¿quién podría acudir a su ayuda? ¿Acaso el caricaturesco cacique local que interpreta Óscar Martínez, sorprendentemente premiado en Málaga, o una desorientada Inma Cuesta? El caso de Cuesta es uno de los mayores crímenes de Capitán Kóblic. ¿Cómo es posible escribir un papel femenino tan plano y misógino a estas alturas de partida? Se podría aceptar cierta sumisión teniendo en cuenta el contexto del film (mujer abusada que vive en un pueblo durante la dictadura), pero lo que no se pasar por alto es la nula profundidad de su personaje. Sus minutos de presencia en la película se encuentran supeditados únicamente al número de calentones que tenga a lo largo del día el personaje interpretado por Darín. Una comparsa de personaje que duele ver en pantalla en 2016, especialmente si en ello se está desperdiciando una de las intérpretes más en forma de los últimos años.

Capitán Kóblic debería ser la primera película de este subgénero que molestase a los fans de Darín y que pusiese las pilas al intérprete, obligándole a salir de ese espacio de seguridad en el que se encuentra tan acomodado.

David Lastra

Nota: ★★

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