Crítica: Eddie el Águila

028A4319.CR2

Hay vidas que son dignas de contar en el cine porque se han dedicado a una causa que ha cambiado el mundo o han contribuido a algún avance histórico. Y después hay historias más sencillas que merece la pena conocer porque nos enseñan algo esencial sobre el espíritu humano, aunque no provenga necesariamente de un genio o un campeón. Este sería el caso de Eddie el Águila, biopic del tenaz saltador de esquí Eddie Edwards, que conquistó al mundo tras convertirse en el primer representante de Gran Bretaña en esta categoría durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 1988. La particularidad de Edwards no era ser un atleta prodigioso, sino que se negó a rendirse a pesar de no tenerlas todas consigo, y halló la gloria en el triunfo personal en lugar de la excelencia deportiva.

Eddie, apodado ‘El Águila’ de forma irónica y cariñosa durante la competición en Canadá, era un underdog, es decir, un deportista muy por debajo de la media que no tenía ninguna posibilidad de ganar, pero aun así se presentó a los Juegos para cumplir su sueño de toda la vida y conseguir el récord de salto para su país. Todo un ejemplo de perseverancia y optimismo que ha inspirado una película altamente motivadora e irresistiblemente buenrollistaEddie el Águila está dirigida por Dexter Fletcher, actor visto en Kick-Ass, y producida por Matthew Vaughn, director de Kingsman. Pero que el curriculum de sus responsables no os engañe. Eddie el Águila no es la comedia que cabría esperar del productor de esas dos irreverentes películas, sino un amable biopic de manual.

La historia de Edwards es sin duda peculiar y extraordinaria, pero no se puede decir lo mismo sobre la película que la ha inspirado, ya que esta sigue las reglas del género biográfico al pie de la letra. Hasta el punto de resultar quizá excesivamente convencional y rutinaria. La excentricidad de Eddie no se traduce en una película excéntrica (como podría ser el caso de la reciente Foxcatcher), sino en un auténtico ‘crowd-pleaser’, es decir, una cinta diseñada para agradar y complacer al público (más cercana a la comedia británica reciente que a Hollywood). Para ello, Flecther echa mano de todos los lugares comunes del cine deportivo: los tiras y aflojas para llegar a la competición, los fracasos antes del triunfo, el mensaje sobre la importancia de participar por encima de ganar (un lema que engloba el espíritu de las Olimpiadas y que la Eddie El Águila_Posterpelícula celebra con contagioso convencimiento), sin olvidar por supuesto el obligado montaje musical de entrenamiento -la excelente banda sonora a base de sintetizadores ochenteros y temas rock brillantemente escogidos es uno de los puntos fuertes de la película. Todos estos elementos predecibles pueden hacer que el film resulte demasiado mecánico, pero afortunadamente sabe compensarlo con grandes dosis de encanto.

Y este encanto proviene principalmente de su pareja protagonista, Taron Egerton como Edwards, y Hugh Jackman interpretando a su entrenador, Bronson Peary, personaje ficticio creado para la película, que precisamente contribuye a que los tópicos del cine deportivo (y concretamente los de la relación entrenador-deportista) se multipliquen exponencialmente. Jackman ya ha demostrado en muchas ocasiones que es un actor de talento, y en Eddie el Águila es fácilmente el intérprete más destacado. Y es que, aunque Egerton esté entrañable y derroche simpatía a raudales, lo cierto es que compone una interpretación que se apoya demasiado en la caricatura y los mohínes (por otro lado comprensible, ya que no le queda más remedio que hacerlo para afearse y ser lo más fiel posible al Edwards verdadero). Por suerte, la fantástica química que hay entre los dos actores hace que esto acabe importando menos. Al final, no puedes sino rendirte a la irresistible energía de Egerton, de la misma manera que el público se entrega a Eddie en las Olimpiadas y acaba celebrando su discreta victoria como el gran logro personal y la gran lección de superación y humildad que supone. Eddie el Águila es una película ‘feel good’ libre de ambición (como su protagonista), una que no dejará huella en el tiempo, pero sí una sonrisa de oreja a oreja al verla.

Nota: ★★★

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Get Adobe Flash player
Abrir la barra de herramientas