Crítica: Espías desde el cielo

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La reciente Objetivo: Londres finalizaba con una escena en la que el gobierno de los Estados Unidos bombardeaba una aldea donde se escondía un grupo de terroristas. La escena en cuestión servía como clímax triunfal, acompañada de música épica y explosiones a cámara lenta con las que se regocijaba patrióticamente en la destrucción del enemigo. El desenlace de Objetivo: Londres es a grandes rasgos la premisa de Espías desde el cielo, el mismo concepto abordado de dos maneras diametralmente opuestas. Firma este impecable thriller moral el irregular Gavin Hood, director de la vapuleada primera película de Lobezno. Hood recupera en cierto modo uno de los temas de otra de sus películas anteriores, la infravalorada El juego de Ender, para introducirnos en la sala de operaciones militares de la inteligencia británica, dirigida por la coronel Katherine Powell (Helen Mirren), donde tiene lugar un dilema imposible.

Un grupo de terroristas se reúnen en su piso franco de Nairobi para preparar una misión suicida en un lugar concurrido de la capital de Kenia. Desde Londres tiene lugar una operación secreta con drones para capturar a los terroristas. Sin embargo, en el transcurso de la misión, Powell descubre que el ataque es inminente, y decide cambiar la operación de ‘capturar’ a ‘matar’. Desde su base de Nevada, el piloto de drones Steve Watts (Aaron Paul) recibe la orden de destruir el piso franco, pero antes de apretar el botón descubre a una niña que se encuentra dentro del radio de mayor peligro, por lo que solicita que se vuelva a realizar una valoración de la operación. Ante un posible daño colateral que no solo acabaría con una vida inocente, sino que podría destruir la imagen del ejército y el gobierno británico y americano, la disyuntiva se vuelve cada vez más compleja, pasando por todos los niveles de una jerarquía formada por abogados, políticos y figuras de poder que siguen la misión desde distintas partes del mundo. Mientras los implicados sopesan las consecuencias del ataque, el tiempo se va agotando y hay que tomar una decisión.

Espías desde el cielo plantea un dilema incómodo y muy delicado, y lo hace sin recurrir a la demagogia, sin buscar salidas fáciles ni heroicidad, sino más bien todo lo contrario. Estamos ante un thriller que encuentra el equilibrio entre reflexión y entretenimiento, que no cae en ningún momento en la frivolización o la pornografía moral. Es muy difícil hacer una película sobre un tema tan sensible como este y salir airoso, y Hood lo ha conseguido. Espías desde el cielo es un trabajo maduro que maneja la tensión con maestría y mantiene pegado al asiento, una película que funciona como tratado sobre los grises morales y las decisiones imposibles de la guerra contra el terror y a la vez como sólido entretenimiento cinematográfico. Y además de navegar con soltura esa línea entre seriedad y espectáculo, consigue encajar toques de humor y sátira política que, lejos de desentonar con la propuesta, la enriquecen aun más. El resultado es un film soberbio, uno de esos raros casos de cine que no solo evade, sino que también informa y hace pensar.

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Por supuesto, en una película que transcurre en su mayor parte en salas de operaciones, despachos y cabinas de mando, es muy importante que el reparto sea capaz de mover la historia de manera que la acción ‘estática’ sustituya con éxito a la acción espectacular. Y en este sentido, Espías desde el cielo tampoco falla en el departamento interpretativo, con un reparto magnífico del que destacan la siempre infalible Helen Mirren, que domina un papel nada complaciente, un estupendo Alan Rickman en la que es su última gran interpretación, Barkhad Abdi desde el campo de guerra confirmando su valía después de Capitán Phillips, y Aaron Paul, que ejerce como baliza moral de la película y punto de vista del espectador demostrando una empatía emocional absoluta y gran fuerza dramática (su rostro resume perfectamente el devenir de la historia). Ellos representan las distintas caras de una misma entidad, esos ojos desde el cielo de los que habla el título original del film (Eye in the Sky), y que no solo se refiere a los drones estratégicos, sino a los ojos que miran y deciden el destino del mundo jugando a ser Dios.

Nota: ★★★★

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