“Soy lo que soy gracias a vosotros”: Un análisis de ‘The Girlfriend Experience’

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The Girlfriend Experience es desde luego toda una experiencia televisiva. Pero cuidado, no es una experiencia para todo el mundo. La serie, que se emite semanalmente en Starz (la atrevida cadena de OutlanderSpartacus) y se ha ofrecido completa en su servicio de VOD, nos sumerge en el mundo de las escorts de lujo, pero no esperéis un producto similar a Secret Diary of a Call GirlTGE es una serie difícil, poco amable, y no porque sea dura desde el punto de vista dramático, sino por su carácter frío y analítico, por su forma absolutamente libre de artificios y prejuicios de aproximarse al tema y a la protagonista. A priori, esto puede sonar atractivo (y lo es), pero obliga a que nos adentremos en la historia dispuestos a dejar a un lado nuestras preconcepciones sobre el (desconocido y difícil de documentar) mundo que retrata, y también sobre cómo deben o no deben ser los personajes televisivos, concretamente los femeninos. Algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer.

Creada por la actriz y cortometrajista Amy Seimetz (esta es su primera serie como showrunner) y el director Lodge Kerrigan (responsable de la muy interesante Keane y realizador de Homeland, The Killing The Americans), The Girlfriend Experience está inspirada en la película del mismo título de Steven Soderbergh. El estilo del director de Contagio está presente en la serie, cuya estética, ritmo y atmósfera tensa e inquietante sin duda atraparán a los que disfrutan de un producto como The Knick (también de Soderbergh), drama aséptico, sin apenas concesiones o rastros de humor, que cala casi sin que uno se dé cuenta de cómo lo está haciendo. La primera temporada de TGE nos cuenta a través de 13 episodios la historia de Christine Reade (Riley Keough), una ambiciosa estudiante de derecho que descubre a través de una amiga el negocio de las escorts de lujo y decide formar parte de él, compaginándolo con sus prácticas en un importante bufete de Nueva York. A medida que se va a adentrando más y más en la prostitución, las barreras que levanta para mantener separadas sus dos facetas profesionales y su vida personal van derrumbándose.

The Girlfriend Experience está desprovista de excesos o afectación dramática, como reflejo de la protagonista, una mujer asocial, fría y decidida que puede ser percibida por los demás, tanto dentro como fuera del relato, como una persona egoísta y calculadora (seguramente porque lo es). Este es el mayor atractivo de la serie, el excelente estudio de personajes que realiza con Christine, una chica que, como la Hannah de GIRLS o la Selina Meyer de VEEP, se aleja del prototipo de protagonista femenina de series, y con la que se continúa llevando la televisión hacia un nuevo terreno en el que las mujeres de la ficción no están ahí para agradar a la audiencia, para convertirse obligatoriamente en modelos aspiracionales o servir un ideal. Como decía, Christine no es juzgada por la cámara, por la narración, deja que el espectador saque sus conclusiones, pero no da pie a que la sentenciemos, sino más bien a que la conozcamos y aceptemos, a ella y sus decisiones, porque son suyas y de nadie más. En el magnífico episodio “Home” (1×12), su hermana le pregunta “¿Cómo eres capaz de hacer algo tan estúpido?”, a lo que Christine responde en un poco frecuente y revelador estallido de ira: “¡Porque me gusta!”

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Eso es lo que hace The Girlfriend Experience, desmitificar el mundo de la prostitución de lujo tal y como nos lo lleva presentando años el cine y la televisión, negándose a presentarlo como algo potencialmente romántico (la puta que se enamora y deja su trabajo por él), un cuento moral trágico (aunque puede ser pronto para sacar conclusiones de este tipo, claro) o un complemento a la historia de un hombre poderoso. Para dibujar esta visión, TGE hace gala de una dirección muy inteligente y un excelente uso de la cámara. El encuadre y la puesta en escena sirven en todo momento para reflejar el estado de ánimo de los personajes, para desvelar la naturaleza temática de las escenas y explicar el tipo de relación que tienen los personajes que nos muestra. Llaman la atención los numerosos planos generales en interiores, que a menudo no nos dejan ver los rostros de los personajes mientras dialogan: hoteles, restaurantes, el bufete donde Christine trabaja, espacios enormes y diáfanos pero curiosamente sombríos, que transmiten sensación de frialdad en un mundo impersonal y distancia emocional. Asimismo, las (abundantes) escenas de sexo están grabadas de manera muy significativa, recurriendo a los mecanismos del cine erótico, pero empleándolos para mostrarnos una realidad semi-construida (esa “girlfriend experience” que no solo viven los clientes, sino ella también). En estas secuencias, Christine forma parte de un juego de ficción, por eso están rodadas de forma que la mayor parte del tiempo veamos que está actuando (en muchos momentos disfrutando de ese papel, en otros, como en el extraño y brillante final de temporada, no tanto, pero siempre haciendo ‘role play’, con el control de la situación). Todo esto hace del The Girlfriend Experience uno de los trabajos de dirección más estimulantes y refinados que hay actualmente en televisión.

“¿Nunca has tenido novio?”
“No. Supongo que no tengo las mismas reacciones a las cosas o sentimientos sobre cómo las cosas deberían ser”.

Un párrafo aparte merece la soberbia interpretación de Riley Keough. Lo suyo es un trabajo de una afinación absoluta. Desapasionada, distante, fascinante, y profundamente elegante y sensual. Keough compone a un personaje muy complejo, y lo hace con una contención magistral, haciendo de la mirada su mayor aliada. El contraste entre Christine y Chelsea (su nombre de escort) nos deja ver los dos rostros del personaje, uno directo e impermeable (“Supongo que simplemente no disfruto pasando tiempo con gente, lo encuentro una pérdida de tiempo y me hace sentir ansiedad”), y otro seductor y narcisista, ambos esenciales al personaje y constituyentes de su personalidad. Pero que tenga el control emocional sobre su doble vida (no tanto sobre las consecuencias que de ella se desprenden) no quiere decir que Christine sea un robot. A lo largo de la temporada se nos muestra al personaje dudando de sí misma (“¿Soy una sociópata?”) y en situaciones vulnerables, como la escena en la que, tras un encuentro con la mujer de uno de sus clientes, se lleva una copa a la boca y su mano temblorosa está a punto de derramarla, o el impresionante ataque de ansiedad (¿completamente? fingido) con el que corona el mejor episodio de la temporada, “Blindsided” (1×09). Son detalles perfectamente dosificados a lo largo de los capítulos para hacer de Christine un personaje más humano, con más capas, y Keough los interpreta de forma impecable.

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The Girlfriend Experience es una serie interesante entre otras cosas por cómo retrata el sexo (y las políticas sexuales en la privacidad y en el entorno laboral), en una era de la televisión en la que las cadenas de cable tienen libertad para mostrar cualquier cosa. Keough se desnuda en todos los capítulos, y esto es imprescindible para construir al personaje. TGE nos presenta a una mujer joven que goza y domina su sexualidad, que desea vivirla al máximo sin que esto se interponga en las demás facetas de su vida o afecte a la manera en la que la ven los demás (“Es imposible que una mujer sea percibida como un ser sexual y tenga éxito profesional”, se queja). Las escenas de sexo de TGE invitan al voyeurismo (la propia Christine participa de él junto a nosotros y se masturba observándose a sí misma en una grabación) y son excitantes, pero no buscan exclusivamente la mirada masculina, nunca son gratuitas o un recurso barato, sino que forman parte esencial del relato. Un relato oscuro que, de forma desafiante, provocadora, y extremadamente inteligente, se propone romper moldes y dinamitar las expectativas sobre lo que una mujer debe o no debe ser en la ficción.

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