Crítica: Mustang

Mustang 1

Texto escrito por David Lastra

Las tierras, las tierras, las tierras de Turquía…

Tras el último día de colegio, cinco hermanas de diferentes edades deciden no regresar directamente a casa y celebrar la llegada de las vacaciones en la playa con alguno de sus compañeros de clase. Allí aflora el pavo adolescente, traducido en gritos y risas nerviosas, mientras juegan a los caballitos y se pelean a la orilla del Mar Negro. Sus melenas al viento recuerdan a las crines de una manada de caballos salvajes, como una masa de bestias imponentes y poderosas. Una fuerza de la naturaleza de arrebatadora belleza y de una vitalidad pasmosa. La mejor tarde de la historia. El hostión (literal) viene al llegar a casa. Las mujeres son reprendidas por su actitud escandalosa. Su crimen: frotar de manera obscena sus vulvas sobre los cuellos de hombres. Su castigo: abandonar de una vez por todas la infancia y abrazar el mundo adulto.

Esa condena provocará que esas cinco mujeres pasen a vivir (casi) veinticuatro horas al día encerradas en su casa. Un hogar que se convierte por arte y magia en un centro de readaptación social en el que convertir a esas bestias en mujeres de bien. El nuevo programa reeducativo recoge sesiones de cómo cocinar y complacer a un hombre sin perder la sonrisa o cómo vestirse con vestidos color caca y ocultar tus curvas en tres cómodos pasos… Aunque en el día a día tienen cabida pequeñas acciones rebeldes (pequeñas fugas, bailes en sujetador…), estos son rápidamente correspondidos con actos de macromachismo, ya sean de la mano de la abuela, figura tan protectora como subyugadora, o del tío (máxima figura del patriarcado en el hogar).

Para su debut en el largo, Deniz Gamze Ergüven ha construido una contundente tragedia lorquiana ambientada en una pequeña población del norte de Turquía. Los ecos opresivos de los grandes dramas de García Lorca resuenan en cada una de las paredes de la casa de Mustang. Lale, Nur, Selma, Ece y Sonay son Angustias, Magdalena, Amelia, Martirio y Adela. Las mujeres turcas de la obra de Ergüven se encuentran en la primera etapa de clausura de Bernarda Alba: aclimatación al ahogo y la opresión. De ahí que todas se muestren medianamente combativas, ya que todavía queda algún que otro recuerdo en sus mentes de la libertad que poseían unas semanas atrás. Pero los planes del macho cabrío que porta el bastón en este film son diferentes a los de su correspondiente lorquiana (realmente no difieren tanto, la mayor diferencia es la velocidad de llevarlos a cabo): casar a sus cinco sobrinas con cinco machotes concertados.

Mustang es una cinta de terror para el espectador occidental. Este abecé del matrimonio concertado en Turquía le sirve a modo de purga y concienciación ante el peligro de los fundamentalismos religiosos, especialmente sobre sus actos vejatorios sobre las mujeres. Por esa razón, las conversaciones, diatribas, posts y tweets después del revelador visionado están aseguradas. Ese individuo de perfil sociocultural medio-alto, autoconsiderado como progresista y atento a las catástrofes sociales no ha comprendido el verdadero sentido de la película. Mustang no es una película que pone en tela de juicio la situación de la mujer en Turquía, sino un alegato feminista que denuncia la realidad de la mujer en el mundo. No hace falta cruzar el Mediterráneo para encontrarnos con apaños matrimoniales, presión por la conservación de la virginidad, rechazo al desarrollo profesional, abusos sexuales y otros malos tratos. Los crímenes que sufren las mujeres de Mustang no son cuestiones exclusivas producidas por una costumbre o localización geográfica determinada sino que son fácilmente extrapolables a sociedades del llamado Primer Mundo.

Mustang

Aunque oficialmente estemos bajo el amparo de un estado laico, en España se puede hablar de la imposición en la sociedad de un no tan misericorde credo cristiano calado desde tiempos inmemorables que unido a un sistema económico capitalista (que aunque sea un modelo puramente ateo y materialista comparte más de un modus operandi castrante con el cristianismo) estruja a la figura femenina, obligándole a la aceptación del tridente mujer-madre-esposa, siendo acusada, juzgada y condenada públicamente al intentar salirse de ellos. Al igual que en Mustang se muestran dos Turquías (la conservadora de los pueblos y la progresista de Estambul), también podemos hablar de dos realidades en España, ¿verdad? Las mujeres de Mustang buscan la gran ciudad. Aunque se refieran de manera expresa a Estambul, ellas persiguen algo más abstracto: un locus amoenus. Un lugar idílico donde poder crecer, realizarse y ser libres de frotar o no sus vulvas sobre lo que quieran.

Mustang es la gran obra fílmica feminista de la década. Un acto de denuncia osado, crudo, tremendamente bello y muy necesario para mostrar y empujar a los agresores hasta enterrarlos en el mar…

Valoración: ★★★★½

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