Crítica: Kung Fu Panda 3

Kung Fu Panda 3

En los últimos años, Dreamworks Animation nos ha dado unas cuantas alegrías a los aficionados al cine de animación, como las dos entregas de Cómo entrenar a tu dragón o la joya de culto El origen de los guardianes. Pero también ha seguido cultivando esa vertiente suya menos “exigente”, con películas de usar y tirar que no han hecho mucho por su imagen de marca. La franquicia Kung Fu Panda se encontraría en un punto intermedio, con sus dos primeras películas más bien cerca del primer grupo, y la tercera, que ahora se estrena, retrocediendo un par de pasos hacia el segundo. Kung Fu Panda 3, primer largometraje que sale de Oriental Dreamworks, supone el regreso al exuberante y colorido universo oriental que nos conquistó y sorprendió en la primera película, pero baja considerablemente el listón a nivel narrativo y cómico, con una historia más convencional y reiterativa que se hace difícil justificar más allá de su razón de ser comercial.

Volvemos a la aldea de Po para saber qué es del simpático y atolondrado oso panda y sus Cinco Furiosos, los guerreros kung fu Tigresa, Grulla, Mono, Mantis y Víbora. La vida de Po transcurre con normalidad (básicamente artes marciales, trastadas y dumplings todo el día) hasta que reaparece inesperadamente su padre, Li Shan, después de mucho tiempo perdido. Po viaja con él y un polizón, el Sr. Ping (el pato que crió al protagonista como su hijo y está celoso de Li Shan), a la aldea secreta de los Pandas, donde conocerá a toda una comunidad de espíritus afines, dados a la vida osa y el buen comer. Sin embargo, la amenaza del villano Kai, que regresa del Más Allá para robar el chi a todos los maestros kung fu y conquistar el mundo, llevará a Po a entrenar a la aldea para convertirlos en una manada de Kung Fu Pandas que se enfrente al ejército de ánimas de jade del malvado, a la vez que él busca su fuerza interior para cumplir la leyenda del Guerrero del Dragón.

Kung Fu Panda 3_PosterKung Fu Panda 3 continúa la historia del rechoncho personaje blanquinegro, pero en cierto modo hace borrón y cuenta nueva. En esta película, Po debe volver a demostrar que es digno de ser llamado maestro en artes marciales y encontrar al héroe que lleva dentro, un conflicto más propio de una primera entrega que de una tercera. Por eso, Kung Fu Panda 3 supone un retroceso, o un impasse en la historia. Tampoco ayuda que los personajes secundarios (los Cinco Furiosos concretamente) sigan siendo personajes tan planos, o que el humor haya perdido frescura (aunque algunos chistes funcionen, la mayoría son muy típicos y el humor se puede hacer demasiado insistente y pesado). Afortunadamente, la película tiene atractivos de sobra para compensar la poca originalidad y repetición en la que cae: el conflicto paterno-filial entre Po, el Sr. Ping y Li Shan nos deja los momentos más emotivos de la cinta, los nuevos personajes (la aldea de pandas principalmente) son muy simpáticos, y por su puesto la espectacularidad de sus imágenes es su mayor baza.

Como sus predecesoras, Kung Fu Panda 3 es una obra de gran exuberancia visual, un energético estallido de luz y color con el que la antigua China cobra vida a través de preciosos fondos, impresionante animación y texturas digitales, y hermosas secuencias realizadas en animación tradicional para simular las acuarelas chinas. En definitiva, aunque no llegue al nivel de las anteriores entregas de la franquicia, tampoco sería justo situarla junto a las películas “de relleno” de la casa Dreamworks, aunque solo sea por la excelencia técnica que alcanza. Kung Fu Panda 3 está hecha para volver locos a los más pequeños de la casa, pero los adultos, y concretamente los fans del cine de animación encontrarán más de un motivo para disfrutarla.

Valoración: ★★★

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