Crítica: Vulcania

Vulcania 1

Vulcania es el primer largometraje de José Skaf, experimentado director de cortometrajes, videoclips o spots de televisión, que ha elegido el género fantástico para su ópera prima. La película se podría adscribir a ese sub-género del cine de misterio sobre pequeñas y endogámicas comunidades que esconden mil y un secretos. Vulcania transcurre en un pequeño pueblo de montaña, un lugar aislado del resto del mundo cuyos habitantes viven divididos en dos bandos y dedican su vida a la fundición, industria que mantiene a flote el pueblo y dispone sus estratos sociales. Los líderes forman un gobierno de élite que se encarga de mantener a toda costa el statu quo del lugar y prevenir que los vecinos desarrollen la curiosidad por el exterior. Jonás (Miquel Fernández), un joven con extraños poderes que le permiten manipular el metal, decide investigar lo que ocultan los líderes y se propone salir del pueblo en busca de “la ciudad“, con la ayuda de Marta (Aura Garrido), una muchacha del bando contrario que también guarda un secreto.

Si el argumento os suena a El bosque, es porque Vulcania bebe mucho del cine de M. Night Shyamalan, y en concreto de su (incomprendida) película de 2004. La premisa del film no es precisamente original, pero cuenta con potencial de sobra para llevar a cabo un relato interesante. Desafortunadamente, Vulcania es una oportunidad perdida, una promesa que nunca llega a hacerse realidad. La primera mitad de la película transcurre como si fuera un trailer, con retales de información y tópicos del género (cumple con todos los preceptos del relato distópico) que se van acumulando vulcaniasin apenas cohesión o solidez narrativa, que ponen la miel en los labios para luego no ofrecer el tarro. El problema es que Skaf no sabe muy bien cómo estructurar la historia, ni cómo dosificar o desvelar la información. Quizá con la idea en mente de que es mejor sugerir que mostrar o sobre-explicar, el director cae en el error opuesto: quedarse corto. Vulcania parece que va a mejorar en cada escena, pero nunca llega a hacerlo, y termina de la forma más anticlimática, dejándonos a medias, con las ganas de ver lo que podía haber dado de sí la historia y su universo de ficción.

Lo mejor de Vulcania es su excelente factura técnica y su sólido reparto (formado por Miquel Fernández, Aura Garrido, Ginés García Millán, Jose Sacristán, Ana Wagener, Silvia Abril, Jaime Olías, Rubén Ochandiano y Jordi Gràcia). Sin embargo, en ambos departamentos ocurre lo mismo, las piezas por separado brillan (a excepción de Sacristán, que ni siquiera se molesta en actuar), pero juntas no forman el todo que deberían, resultando así en inevitable decepción. La película nunca alcanza su verdadero potencial por culpa de un guion sin pies ni cabeza y un sentido atrofiado del suspense, y se pierde en deus ex machina absurdos (atención al punzón durante el desenlace) y una mitología derivada y sin gancho. Por todo esto, Vulcania acaba siendo una obra monótona y acartonada que no cumple las expectativas, lo cual es una auténtica pena teniendo en cuenta el juego que podría haber dado.

Valoración: ★★½

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