Madres Forzosas: El retorno de la caspa

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Ya está disponible en Netflix la primera temporada de Madres forzosas (Fuller House), la esperada continuación de una de las sitcoms de los 80/90 más queridas de la televisión, Padres forzosos (Full House). La serie original se emitió en Estados Unidos durante ocho temporadas, entre 1987 y 1995, pero nunca ha dejado la tele en su país de origen. Las reposiciones de la serie han estado funcionando durante más de 20 años, con un éxito de audiencia inaudito, lo que indicaba que un reboot quizá sería bienvenido por los fans de la sitcom, que seguía al pie del cañón, y fácil de concebir gracias al panorama televisivo que está construyendo Netflix. Así, en la era de las series resucitadas y las secuelas tardías, nacía Madres forzosas, una serie que retoma el formato original (comedia de situación en estudio con público) para contarnos qué ha sido de la familia Tanner en estos veinte años.

En esta secuela, los “padres forzosos” de la original aparecen para dar el relevo a las chicas de la familia, DJ (Candace Cameron Bure) y Stephanie (Jodie Sweetin), que junto la Urkel original, Kimmie Gibbler (Andrea Barber), ocupan la antigua casa de los Tanner con sus respectivas familias (DJ es viuda y tiene tres hijos, mientras que Kimmie está criando sola a su hija adolescente después de divorciarse, y Stephanie es una DJ de éxito en Londres que se queda para ayudar a su hermana a criar a los niños, como el tío Jesse en su día). La nueva generación Fuller House es un homenaje a la original, pero también tiene un tufillo que nos recuerda demasiado a las comedias de Disney Channel (herederas sin duda de Padres forzosos).

Pues bien, os deseo mucha suerte si vais a devorar los primeros trece episodios este fin de semana, porque por mucho que estéis preparados, Madres forzosas (título que sigue sonando a telefilm de Antena 3 sobre mujeres raptadas por una secta y obligadas a parir como conejas para un líder) puede provocar una úlcera irreparable. Desde luego a mí me la provocaron los tres primeros capítulos, que tuve la “suerte” de ver hace un mes. Queríamos revival noventero de verdad, y eso es lo que la serie nos da, ni más ni menos. El piloto es uno de los episodios de sitcom más chapuceros que he visto en mi vida (y no es que me enorgullezca, pero he visto muchas sitcoms enlatadas chapuceras). Como si fuera un teatrillo barato o una parodia de SNL o Jimmy Kimmel (y estoy siendo muy generoso), “Our Very First Show, Again” nos da la bienvenida de nuevo a ese icónico chalet adosado de San Francisco, donde nos reecontramos con todos los miembros originales de Padres forzosos, el trío de “solteros y un biberón” formado por Danny, Jesse y Joey, la tía Becky, y el ex de DJ, Steve, que aparecen, son recibidos con vítores por parte del público, dejan caer sus catch phrases (tristemente y a destiempo), y nos recuerdan por qué la mayoría no ha encontrado trabajo en la tele en las últimas dos décadas (el único que medio da la talla es John Stamos, aunque está más pendiente del público y de sí mismo que de otra cosa).

Fuller houseSolo falta Michelle (Mary-Kate y Ashley Olsen), pero no os preocupéis, que la serie se encarga de hacer un guiño chirriantemente fuera de lugar con el que rompe la cuarta pared para contarnos dónde está la pequeña de los Tanner, uno de los momentos más ridículos y vergonzosos de un episodio abarrotado de momentos ridículos y vergonzosos. Y la cosa no mejora en los capítulos siguientes, cuando las Tanner junior continúan llevando ellas solas el peso de la serie, junto a su troupe de estrellas infantiles en ciernes/juguetes rotos. Guiones (por llamarlos de alguna manera) famélicos, con tramas rancias, chistes manidos, sobredosis de sensiblería (un abrazo más y estallamos), acumulación absurda de cucamonas sin gracia y frases famosas de la serie (que alguien sacrifique a Dave Coulier), una factura más cutre que la de un plató de película porno, actores desentrenados (para ser justos, al menos Cameron es un encanto, y está bastante bien teniendo en cuenta las circunstancias), innumerables momentos de vergüenza ajena, estrellas invitadas de vidas pasadas (no tengo nada en contra de Macy Gray, al contrario, pero su presencia es un indicio muy elocuente de lo que está pasando). En fin, caspa a tutiplén, la experiencia sitcom noventera al completo. Es como ver Horsin’ Around, la serie que parodia este tipo de sitcoms familiares en BoJack Horseman (también de Netflix), pero sin ironía. Demencial.

Claro que sería injusto pedirle otra cosa, porque es justo lo que nos ofrecía la serie original. Recordamos Padres forzosos con cariño y nostalgia, pero han pasado más de 20 años, y su propuesta ultra-blanca, moralinosa e insoportablemente edulcorada ya no tiene cabida en la tele, a menos que sea en reposiciones. Y ese es el problema de Madres forzosas, que podemos razonar que sea como es alegando que está hecha únicamente para los fans (algo en lo que insisten las actrices tras las críticas destroyer que está recibiendo la serie), pero tenemos que darle un toque de atención, porque estamos en 2016, y da igual el tipo de serie que sea, se espera un mínimo (lo único realmente actualizado es la sintonía de la cabecera, reinterpretada por Carly Rae Jepsen, que también es terrible). Y Madres forzosas no solo no lo cumple, sino que se queda muy por debajo, a dos metros bajo tierra, haciendo difícil la tarea de justificar su existencia. Es cierto que la serie no engaña y es única y exclusivamente para fans (aunque me consta que algunos de ellos ya han desistido), así que si lo sois, y buscáis precisamente lo que he descrito en esta entrada (es decir, lo que nos daba Padres forzosos), adelante, bienvenidos de nuevo, no hagáis caso a mi reseña de crítico amargado y disfrutad (lo digo de corazón). Pero preguntaos una cosa: ¿Os merecéis una serie hecha con tan poco esfuerzo con la única excusa de la nostalgia?

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Comentarios (1)

 

  1. Monica dice:

    Empiezo diciendo que soy fan de la serie y que por lo tanto, no puedo tener una visión ni medianamente objetiva al respecto. Como muchas otras personas, crecí viéndola y me evoca muchísimos recuerdos, solo por los cuales, me merece la pena seguirla. Tratando de verla desde un cierto distanciamientos de los sentimientos que me provoca, no puedo decir que esté en desacuerdo con ciertas cosas dichas aquí. Lo más que más me gustaría recalcar en mi caso es la pesíma traducción y el pésimo doblaje al español. Pésimo es decir poco. Ni siquiera se han informado sobre cómo las catch phrases fueron traducidas en la versión original de la serie. Menos mal que muchos podemos y preferimos verla en inglés!

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