LOVE: Adictos al amor

Love Apatow

Love es la nueva comedia de Judd Apatow para Netflix, co-creada por el humorista Paul Rust y Lesley Arfin (guionista de Girls Awkward.). Con una primera temporada de diez episodios, esta serie se suma a la interesante (e incesante) lista de comedias millennial que actualmente despuntan en la televisión USA, historias sobre la amistad y el amor en tiempos modernos que no tienen miedo de mostrar la cara más amarga e incómoda de esta generación. Como GirlsMaster of None You’re the WorstLove nos habla de un tipo de adulto aun estancado en una etapa de transición, personas que están aprendiendo a navegar en la vida para cumplir unas expectativas que ya no son tan fáciles de alcanzar. Es decir, Love es exactamente lo que uno espera de una serie creada por Apatow, una historia sobre adultescentes treintañeros que se niegan o a los que se les impide el acceso definitivo a la isla de los adultos.

Pero por encima de todo, Love es una comedia romántica, o más bien una anti-comedia romántica, como se podría definir en algún momento a las series mencionadas en el primer párrafo -y que es oficialmente la nueva rom-com canónica en televisión. La historia se centra en Mickey (Gillian Jacobs) y Gus (Paul Rust), dos treintañeros atascados en sus respectivos trabajos y recién salidos de sendas relaciones tóxicas, que entablan amistad después de un agitado encuentro fortuito en un supermercado (la secuencia en la que ambos se conocen conversando de camino a casa de Mickey inaugura la serie y plantea la relación de forma inmejorable). Gus es un nerd de manual, feúcho, esmirriado, con gafas, socialmente impedido, (supuestamente) un inútil con las mujeres. Mickey es imprevisible, caótica, narcisista, un desastre natural del que es imposible apartar la vista. Inevitablemente, Gus se enamora de Mickey, pero ella no le va a poner las cosas fáciles. Como toda la obra de Apatow (exceptuando Girls, que sería menos suya), Love está contada en su mayor parte desde la perspectiva masculina (de ahí que cumpla con el lugar común del geek feo que se lleva a la rubia guapa, o incluso, como es el caso, por el que se pelean dos rubias guapas), pero tiene a una de las protagonistas femeninas más interesantes de la temporada televisiva.

Gillian Jacobs Love

Si bien Rust está perfecto como el protagonista cercano, con el que es fácil identificarse y empatizar, Jacobs (la infravalorada Britta de Community) es quien hace que Love pase de ser “otra serie de millennials” a un extraordinario estudio de personajes. Mickey responde al arquetipo ficcional de la chica que todo el mundo admira (contad las veces a lo largo de la serie que alguien dice “Mickey es genial” o “Mickey es la hostia” para reforzar esta idea), de la que todo el mundo desea ser su amigo, pero que nadie conoce en realidad (contad las veces que esas personas que dicen que “Mickey es la hostia” se decepcionan por su comportamiento egoísta e interesado hacia ellas). Con una expresividad pasmosa y una ternura torpe y volátil, Jacobs da multitud de dimensiones al personaje, haciendo que este sea magnético y exasperante a la vez, pero sobre todo divertido e irresistible. Como la troupe de Hannah Horvath, pero sin llegar a sus límites de autoengaño, Mickey es un personaje escrito sin complacencias para el espectador, una chica que no ve el mundo según las mismas normas que los demás (si los espectáculos de magia le parecen ridículos, lo va a decir, aunque hiera los sentimientos de la cita que la ha llevado a uno o la meta en problemas con la comunidad de magos de Los Ángeles), y que no pone fácil la tarea de quererla.

Pero ante todo, Mickey es el paradigma de la personalidad adictiva. Alcohólica, mentirosa, con trazas de depresión, e incapaz de funcionar si no es con un hombre a su lado (o en su defecto, alguien de quien depender, a quien exprimir para su propio beneficio). Gus se convierte en esa persona, pero lo más interesante es que Love no escapa de otorgar responsabilidad a él también. Si Mickey está representada como un personaje manipulador, Gus también la está utilizando en cierto modo, concretamente para mejorar la imagen que proyecta en los demás y dejar de ser un pringao para todo el mundo (se podría decir que él es adicto a Mickey y a la persona que parece gracias a ella). Es un conflicto muy bien planteado a lo largo de la temporada, que concluye con un final engañosamente romántico (saltar al siguiente párrafo si no se ha terminado la temporada): Ella está abriéndose a Gus, contándole sus problemas de adicción y su necesidad de estar sola durante un año para encontrarse a sí misma y así dejar de depender de otras personas para existir, y él la interrumpe plantándole (¿robándole?) un beso, un gesto muy propio del final de cualquier comedia romántica. Y una escena que engloba perfectamente lo que es Love. Puede parecer amor, puede parecer dulce, emocionante, idílico, pero si se mira más detenidamente, es jodidamente tóxico y disfuncional.

Love

Afortunadamente, Love tiene un lado amable muy desarrollado, lo que impide que la serie se vaya por derroteros demasiado amargos o antipáticos. A esto contribuye enormemente el plantel de secundarios de la serie, caras conocidas de Apatow Productions (en el fondo, él siempre seguirá haciendo Freaks and Geeks) o de su propia familia (Iris Apatow aparece como una caprichosa estrella de televisión adolescente, otro caso de nepotismo que podemos perdonar porque clava al personaje). Pero la que sobresale por encima de todos es Bertie (Claudia O’Doherty), la compañera de piso y contrapunto existencial de Mickey, una australiana optimista y bondadosa que se convierte en su otro “soporte” y acaba siendo clave para dar lugar a la epifanía sobre su comportamiento y su naturaleza adictiva. Las interacciones entre estos personajes nos dejan diálogos magníficos, situaciones muy divertidas (genial la escena de los Blu-rays) y episodios sobresalientes (“Party in the Hills” y “Andy” destacan por su perfecta naturaleza independiente, mientras que “The Date”, probablemente el mejor de la temporada, eleva el listón de las citas memorables en cine y televisión con media hora de comedia absolutamente redonda). Pero estas relaciones, ya sean más longevas o de una sola noche, también dan lugar a momentos profundos y reveladores.

Ese es el (no tan) secreto de Apatow, saber contar historias cotidianas que degeneran fácilmente en lo embarazoso y humillante, con las que observa hábilmente el comportamiento humano, examina las (a menudo absurdas) normas por las que se rigen nuestras (a menudo extrañas) interacciones íntimas y sociales -muchas de ellas tienen lugar, de forma muy realista y oportuna, en la pantalla de un smartphone-, y trata de descubrir qué demonios es exactamente eso del amor. Como sus anteriores trabajos, Love nos vuelve a decir que Apatow cree profundamente en el amor, pero también cree que hay que sufrir para llegar a él.

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