Crítica: Legend

Legend

Texto escrito por David Lastra

Lindsay Lohan (Tú a Londres y yo a California), Nicolas Cage (Adaptation. El ladrón de orquídeas), Hayley Mills (Tú a Boston y yo a California), Jeremy Irons (Inseparables),… pocos han sido los intérpretes que han salido airosos de la experiencia de interpretar a dos gemelos en pantalla grande. Llevar a cabo un doble papel en una misma película es una tarea harto difícil, recordemos sin ir más lejos el resultado fallido de la orgía de cast y roles de El atlas de las nubes de los Wachowski. Ante ese tipo de interpretaciones, suele ser común caer en manierismos y/o rozar el ridículo más espantoso… o como es en el caso de los actores anteriormente citados, lograr algún que otro premio o candidatura y el aplauso unánime de la crítica y el público. En cualquiera de los dos casos, nunca el experimento será visto con indiferencia. En el caso de Legend, podíamos estar más o menos tranquilos ya que el encargado de dar vida a los gemelos Reggie y Ronnie Kray no era otro que Tom Hardy. Uno de los intérpretes de moda gracias a su Max Rockatansky en el reboot de Max Max y que acaba de conseguir su primera candidatura a los Oscar por su papel en El renacido. A priori, Legend pintaba muy pero que muy bien…

… pero la realidad es otra mucho más aterradora. Legend es un epic fail en toda regla. Como es lógico, la película se sostiene sobre los fornidos hombros de Hardy y, sorprendentemente, él no esta a la altura en ningún momento. Podríamos haber justificado la labor de Hardy si hubiese cometido el error de no saber hacernos diferenciar a los dos personajes que encarna. Realmente no son más que un Zipi y un Zape, dos caras de una misma moneda… pero eso es lo único que el intérprete realiza con éxito: la diferenciación entre ambos personajes. Uno es el cerebro, machote y malote a más no poder. El otro es el enajenado, homosexual y con un comportamiento infantil. El primero es el arquetipo al que más se ha acercado Hardy a lo largo de su carrera. El segundo, la razón por la que aceptó hacer la película. Este reto interpretativo se asemeja al portento actoral que realizó hace años con el esquizoide Bronson en el film homónimo de Nicolas Winding Refn. Si bien en esa película, él era lo más destacable del film, en esta Legend, él es uno de los puntos más bajos del film. Hardy naufraga en un sinfín de ticks y mohines, inauditos en su carrera, superando con creces su sonrojante acento ruso de El niño 44, y llegando a caer en el terreno chusco de la caricatura homosexual en gran parte de su interpretación de Ronnie. Todo un desastroso trabajo para una de las interpretaciones que a priori  debería haber sonado para los premios de la Academia de este año.

Cartel_LEGENDPero sería injusto señalar a Hardy como único culpable de este desatino, porque si hay que identificar a un culpable máximo, ese no es otro que Brian Helgeland (PaybackDestino de caballero). Para su retorno a la dirección, Helgeland quiso contar la vida de los Kray, dos hermanos que instauraron su régimen del terror sobre los bajos fondos del East End londinense durante los sesenta. Sobre el papel, una materia prima de primera para crear una gran película de gángsters que revitalizase el géneroPara apoyar su dirección, decidió contar con uno de los mejores actores del momento (aspecto que ya hemos comentado que le salió rana) y un guionista premiado (él mismo; no olvidemos que posee un Oscar por L.A. Confidential y que optó a otro por Mystic River). Pero he aquí el gran problema de Helgeland: él no es el Martin Scorsese de Uno de los nuestros Casino. Ni mucho menos es el Sergio Leone de Érase una vez América, o el Coppola de El padrino, por no ser, ni es el Ben Affleck de (la sobrevaloradísima) The Town. Ciudad de ladrones. Su narratividad es excesivamente torpe y repetitiva, con un ritmo desacompasado y unos recursos estilísticos extremadamente pasados de moda. Debido al toque British de la historia, echamos en falta en todo momento al irregular Guy Ritchie o incluso a Danny Boyle (al de sus inicios, no al mercenario actual) y no podemos parar de preguntarnos qué hubiesen hecho ellos con una historia como esta. Realmente, dado el interminable metraje, nuestra cabeza comienza a elucubrar cómo sería esta historia si sustituyésemos a los gemelos Kray por los Benedict (Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito, en Los gemelos golpean dos veces). Únicamente logramos tener algo de interés cuando Emily Browning (God Help the Girl, Sucker Punch) aparece en escena, ya que, a pesar de repetir el mismo papel de siempre, aporta un poco de luz al resultado final.

Como Legend está a años luz de ser tan legendaria como su título, podríamos hacer la broma fácil y decir que su título debería ser Fail. De acuerdo que no es una broma graciosa, pero tampoco es injusta.

Valoración: ★½

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