Crítica: La chica danesa

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Lili Elbe nació en Dinamarca en 1882. Identificada como varón, recibió el nombre de Einar Mogens Wegener, con el que tuvo que vivir gran parte de su vida, dedicada con éxito a la pintura y la ilustración. Antes de adoptar su nueva identidad, Einar conoció a Gerda Wegener en la Escuela de Arte de Copenhague, y se casó con ella en 1904. Einar desarrolló su gusto por la ropa femenina al posar para Gerda reemplazando a una modelo ausente. A partir de ahí, Gerda ganó notoriedad en los círculos artísticos por los retratos de una bella figura femenina que no era otra que Lili, que comenzaba a vestirse de mujer asiduamente, se paseaba por las calles sin que la gente supiera que era una persona transgénero e incluso aparecía en sociedad como la prima de su esposa. Con Gerda siempre a su lado apoyándola en su transición, Einar fue desapareciendo gradualmente para dar lugar a Lili, la mujer que siempre había vivido dentro de él.

La historia de Lili Elbe resuena con fuerza en nuestros días, en los que la lucha por los derechos de las personas LGTBQ se encuentra en uno de sus momentos más decisivos, en general, y particularmente en lo que se refiere a la comunidad transgénero. Elbe fue una pionera en la cirugía de cambio de sexo, al ser la primera persona conocida que se sometió a una operación de reasignación genital, en 1930. Tom Hooper, el director de El discurso del rey Los miserables, es el encargado de contarnos esa historia y otorgarle la universalidad e inmortalidad que proporciona el cine, con La chica danesa, inspirada en la novela homónima de David Ebershoff, que a su vez relata libremente la vida de Lili. La chica danesa es una cinta biográfica de corte clásico que sin embargo aborda con osadía (me sorprende que la mayoría de la crítica opine lo contrario), respeto y suma delicadeza un tema que aun a día de hoy puede resultar incómodo o polémico para el gran público, un film que se desnuda por completo, exponiéndose tanto a los que comparten su causa como a los que no la entienden o se burlan de ella. Y es que la ocasión lo merece, si una sola de esas mentes cerradas consigue abrirse entre las risas de otros gracias a esta película, ya habrá servido para algo.

La chica danesa pósterDespués de lograr (merecidamente) el Oscar por interpretar a Stephen Hawking en La teoría del todo, Eddie Redmayne vuelve a llevar a cabo una impresionante transformación física y emocional para convertirse en Lili Elbe. El actor británico realiza un trabajo absolutamente conmovedor, un recital lírico de gestos y matices con una finura quebradiza en consonancia con el resto de la película (atención a la sobrecogedora escena en la cabina del “peep show”). Pero no sería lo mismo de no ser por la talentosa Alicia Vikander haciendo de contrapunto, de la misma manera que Felicity Jones ejercía de sufrida partenaire en La teoría del todo. Si La chica danesa trasciende el mero biopic -evidentemente confeccionado para los Oscar- es sobre todo por la labor interpretativa de estos dos portentos escénicos, tan jóvenes y tan llenos de vida, que nos regalan los más hermosos primeros planos, imágenes ahogadas en lágrimas de una fuerza dramática arrebatadora. Gracias a ellos, La chica danesa constituye una experiencia profundamente íntima y reveladora, algo similar a ser observado en tu momento más desnudo y vulnerable, y salir reforzado de ello.

Pero no debemos pasar por alto la labor de Hooper, que ha convertido una historia introspectiva y furtiva en una obra llena de luz, que se debe mirar y admirar (y escuchar, porque el omnipresente Alexandre Desplat vuelve a firmar una partitura digna de mención). A esos poderosos primeros planos a los que me refería se añade una composición y puesta en escena exquisita, con la que el director encuadra a sus personajes en lo que sin duda son pinturas fílmicas. En interiores, cuadros llenos de capas y profundidad gracias a la meticulosa disposición de los personajes, el aire a su alrededor y el juego de marcos de puertas que se establece junto a ellos, y en exteriores, pasteles de aspecto brumoso con los que Hooper nos presenta un idílico paisaje europeo de los años 20, en contraste con el tumulto interior de sus protagonistas. Así, el emocionante viaje y la historia de amor incondicional de Lili y Gerda dan lugar a una película abiertamente preciosista que no se queda en la superficie del lienzo, una obra frágil, transformadora y, por encima de todo, necesaria.

Valoración: ★★★★

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Comentarios (1)

 

  1. triplerre96 dice:

    Buenas!

    Estoy muy de acuerdo contigo en todo lo que dices, sobre todo en lo relativo a las opiniones de la crítica.

    Me parece que la película aborda con bastante respeto un tema que dista de estar todo lo normalizado que debería (tú mismo lo dijiste en Twitter, si no me equivoco, ha habido risas en numerosas salas ante determinadas escenas) pero leyendo opiniones en letterbox (ej: http://letterboxd.com/glazomaniac/film/the-danish-girl/) me he encontrado con mucha oposición al punto de vista de la película, sobre todo en lo relativo a pronombres y demás.

    ¿Qué piensas de todo ello? Personalmente, puedo entender hasta cierto punto el mosqueo, pero me parece que la película ya lleva a cabo un gran trabajo en cuanto a intentar abrir mentes y no creo que esos aspectos le hagan perder valor (aunque pudieran haber sido mejor abordados).

    Gracias de antemano, me encanta tu blog! 🙂

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