Expediente X: Nunca fuiste “solo” una serie para nosotros

My Struggle 1

Mi relación con Expediente X es la misma que la de muchos otros miles de seguidores de la serie de Chris Carter. Siempre he estado seguro de ser el mayor fan y me pondré a la defensiva con cualquiera que crea lo mismo, pienso que sé más que nadie sobre ella (soy consciente del autoengaño, porque de hecho conozco a la persona que realmente sabe más de ella), que es mía. A veces una conversación sobre el pasado se convierte en una competición, en la que yo enumero mi colección de figuras de Sideshow Toys, insisto en que yo me compré las primeras temporadas en DVD cuando costaban ¡120€ cada una! o cuento que aun conservo como oro en paño los números de Teleindiscreta o Semanal TV con Mulder y Scully en portada (incluso aquella mítica Vale con los desnudos de David Duchovny en sus supuestas películas eróticas pre-X-Files).

En efecto, Expediente X definió en gran medida mis primeros años de formación como cinéfilo y seriéfilo, y también como persona. Cuando empezó a emitirse en España, se puede decir que yo aun era un niño. Como muchos de vosotros. La apasionante historia de Mulder y Scully, sus conspiraciones alienígenas, sus monstruos de la semana, la dialéctica crédulo-escéptica, y esa inigualable tensión sexual no resuelta me tenían completamente obsesionado. No había nada más estimulante que la conversación del día después en el patio del colegio (en la que siempre me hacía el mayor, a pesar de que muchas veces dejaba de ver el capítulo por miedo). Si hablamos de historia de la televisión, Expediente X definió junto a Twin Peaks una etapa crucial para el medio, caracterizada entre otras cosas por la “appointment television” (todo el mundo veía Expediente X), pero si hablamos a un nivel más personal, Expediente X me definió a mí: mis terrores nocturnos incorporaban imágenes de la legendaria cabecera de la serie (yo cerraba los ojos cuando aparecía la cara que se estiraba grotescamente), mi amor por la ciencia ficción aumentaba exponencialmente con cada episodio, la serie me hacía empezar a entender las posibilidades de Internet (en casa de mi mejor amiga, donde nos íbamos a merendar mientras esperábamos a que se cargase una foto de los agentes), mis gustos empezaban a ser más maduros y sofisticados (o eso creía yo) y, por último, pero no por ello menos importante, Expediente X potenciaba mi despertar sexual.

My Struggle 2

Me consta que, por mucho que quiera hacer de esta experiencia algo único e intransferible, lo mío con Expediente X es lo de mucha gente con Expediente X. Con el paso del tiempo, y como ha ocurrido con otras ficciones de los 90, Expediente X se asentó en la cultura popular como mucho más que una serie. Es parte de nosotros, y como tal, se ha negado a desvanecerse por completo. Por eso, el regreso de Mulder y Scully a la televisión después de 14 años (ignoremos la segunda película, aunque yo no creo que fuera tan mala para nada), ha sido recibido por (casi) todos nosotros como un regalo personal, entregado en mano por los propios Duchovny, Anderson y Carter. No pasaba año sin que rogáramos que los agentes especiales del FBI volvieran, porque había asuntos pendientes y sentíamos que su historia no había acabado. Expediente X no llegó a tiempo a su cita de 2012, pero al menos fijó una nueva para 2016, en plena eclosión del reboot y la nostalgia. La expectación era enorme, la campaña publicitaria omnipresente (que ni una de Marvel, vamos), y la espera insoportable. Entonces llegó el momento y el futuro se convirtió en pasado en un abrir y cerrar de ojos. Expediente X había vuelto. De verdad. Y la sensación al ver comenzar el primer episodio del revival era emocionante, exaltada, pero también extraña, agridulce. ¿Ha cambiado Expediente X? ¿Hemos cambiado nosotros? ¿Ha cambiado la televisión y es imposible reproducir lo que fue esta serie hace veinte años? A grandes rasgos, la respuesta a todas estas preguntas es “sí”.

My Struggle” (10.01) no ha sido recibido con el fervor que se esperaba. Crítica y gran parte del fandom lo han puesto de vuelta y media. Y con razón. Es cierto que la sensación de ver de nuevo el opening de la serie intacto, rodeados de nuestra vida y nuestros aparatos tecnológicos de 2016, es indescriptible, mágica, seguramente lo más parecido a viajar en el tiempo. Pero más allá de la cabecera, la cosa cambia. El primer episodio de la nueva Expediente X hace aguas por todos los lados, y no se debe solo a un problema de expectativas o de contacto con la realidad después de embriagarse de nostalgia, sino simplemente a un guion que deja mucho que desear. Quizá pensando en las nuevas generaciones de espectadores que se iban a enganchar porque era el acontecimiento seriéfilo del año, “My Struggle” intenta condensar nueve temporadas de historia en 45 minutos, e inevitablemente fracasa. Para enmendar el error de X-Files: Creer es la clave, el episodio empieza resumiendo (y respetando) la continuidad y la mitología de la serie, para después pulverizarla con una nueva premisa salida de la nada. La nueva teoría conspiranoica de Mulder pasa de puntillas por “lo de 2012” y reiventa la historia a modo de retcon, con la posibilidad de que el gobierno haya estado siempre detrás de las abducciones y las fecundaciones alienígenas. No fueron los extraterrestres los que embarazaron a Scully y a tantas otras mujeres, fueron los hombres trajeados del presidente. Interesante (?).

Founder's Mutation

Veamos, es una idea arriesgada que, a pesar de todo, puede funcionar, y además supone regresar de algún modo al arco central de la serie, a la vez que lo renueva para adaptar su potente imaginario a la era de la paranoia post-11S. Pero la manera en la que está presentada es torpe, forzada y apresurada, como la propia reapertura de los expedientes X. “My Struggle” está repleto de pobres diálogos sobre-explicativos que solo tienen la función de servir como recaps (exposición narrativa por un tubo), exceso de información (repetitiva y atropellada), una tendencia a mostrar demasiado (aunque vimos muchos alienígenas, monstruos y platillos volantes en la serie original, Expediente X se caracterizaba más por lo que ocultaba que por lo que enseñaba, y en “My Struggle” todo esto se lo pasa por el forro), aburridos nuevos personajes (sobre todo el de Joel McHale), incluso simplonas proclamas políticas (a Carter le debe haber encantado Mr. Robot). Y lo peor de todo es que para compensar sus carencias abusa del fan service (sí, soy consciente de la ironía del fan que, después de recibir lo que lleva años pidiendo, se queja porque es demasiado; la culpa es nuestra, por ser tan intensos con la serie). Expediente X siempre ha incluido a sus espectadores en el relato (alguna vez literalmente), y los guiños a las nueve temporadas anteriores eran obligados, pero seguro que había una manera menos tosca y evidente de hacerlos que repetir una y otra vez variaciones de las frases más famosas de la serie (“I want to believe” o “The truth is out there“) hasta que estas pierden su significado o devolvernos al Fumador (otra vez) de entre los muertos. Nos conformábamos con poco, el público fan es fácil, hasta que se le da por sentado y se cree que con un par de cucamonas basta.

Y luego están los actores. Bueno, en realidad no están ahí. Todavía no. Vale que el tiempo ha pasado por los agentes, que David Duchovny y Gillian Anderson nunca destacaron por realizar grandes aspavientos dramáticos (de vez en cuando estallaban, pero solían mantener la calma), y que sus personajes siempre tuvieron ese aire desapasionado e intelectual, pero en “My Struggle”, los actores simplemente no se han reencontrado con Mulder y Scully, no están en sus personajes, y se nota. Ambos deambulan por el episodio como carcasas vacías, apáticos, con miradas que antes lo decían todo y ahora parecen perdidas. Él pronunciando sus diálogos como si los estuviera leyendo en un teleprompter, y ella todavía metida en sus papeles de Hannibal The Fall, con una afectación somnolienta y hablando tan bajito y vocalizando tan poco que hay que subir el volumen de la tele (Bedelia du Maurier, ¡sal de Scully!). Un ejemplo perfecto de lo poco entregados que están sería la escena final en el porche, un momento que podría haber sido muy bonito (aquí al menos las alusiones a la tormentosa pero preciosa relación de los personajes/actores están mejor encajadas y son algo más emocionantes), pero que los actores desaprovechan con su interpretación desganada. Ojalá David y Gillian hubieran puesto el mismo afán en los episodios que en su tour promocional por las televisiones. Ahí sí parecen entusiasmados por volver a ser Mulder y Scully, y sobre todo por volver a estar juntos (pillines), no como en la serie, donde han perdido parte de la química que tienen fuera y han dejado de estar tan vivos como antes.

Founder's Mutation X Files

Afortunadamente, todo esto cambia en el segundo episodio “Founder’s Mutation“, un caso clásico y paradigmático de “Monster of the Week” con interesantes pinceladas de arco de personajes (concretamente sobre el hijo de Mulder y Scully, William). Esto ya sí es la Expediente X que conocíamos. El argumento episódico (confuso y retorcido, como los de antaño) evoca a las primeras temporadas de la serie, en las que no sabíamos muy bien qué estaba pasando pero nos daba igual porque nos encantaba, los guiños cómicos y meta son más acertados (“Soy pre-Google”, la significativa conversación sobre el monolito de 2001), y Duchovny y Anderson están algo más metidos en sus personajes (aunque siguen medio adormecidos, sobre todo Anderson, hierática de más hasta para Scully). Pero atención, porque Fox (la cadena) está emitiendo los capítulos de caso de la semana desordenados (las malas costumbres nunca mueren), y “Founder’s Mutation” es en realidad el quinto episodio en orden de producción. Es decir, el penúltimo de la temporada. Esto quiere decir dos cosas: que después de todo Expediente X sigue siendo Expediente X y podemos ver estos episodios desordenados (aunque ver a Mulder con traje de repente y a los dos en full mode “agentes del FBI” dé la sensación de que nos hemos saltado algo), y que quizá sea recomendable no esperar demasiado de Duchovny y Anderson, porque simplemente no hay tiempo. Crucemos los dedos para que se hayan quedado con buen sabor de boca a pesar de todo, y las desorbitadas cifras de audiencia de los nuevos episodios les animen a hacer más, y hacerlo mejor, en cuanto se queden libres.

Porque sí, a pesar de las quejas, quiero (queremos) más. Sabéis perfectamente que podríamos seguir a Mulder y Scully hasta el geriátrico y más allá. Forman parte de nuestras vidas, y nos negamos a renunciar a ellos, aunque el sentido común nos diga que es mejor dejarlos donde estaban y no remover el pasado (nostalgia mala). Pero es que Expediente X “nunca fue solo” una serie para nosotros, nunca fue un “solo” nada. Nuestra relación con ella es más especial de lo normal. Y al final el mero hecho de volver a este universo y reencontrarnos con estos personajes compensa todo lo demás. Quiero pensar que todo volverá a su sitio y habrá merecido la pena molestar a Mulder y Scully en su apacible retiro. Quiero que esta entrada me haya servido para desquitarme, para ajustar mis expectativas y a partir de ahora hacer la vista gorda a los errores y centrarme únicamente en lo que hace de Expediente X una serie tan importante para mí, para poder así volver a disfrutarla de verdad (aunque sé que no depende solo de mí). En definitiva, quiero creer. (¿Ves, Carter? Yo también sé hacer guiños facilones).

¡CONCURSO! Consigue un Ludo o un Firey de ‘Dentro del Laberinto’ con Fuertecito y Peludos S.A.

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

labyrinth

Hoy tengo un concurso muy especial para vosotros. En homenaje a David BowiePeludos S.A. fuertecito no ve la tele nos hemos juntado de nuevo para ofreceros no uno, sino dos regalos relacionados con una de nuestras películas favoritas, Dentro del Laberinto (Labyrinth).

Dentro de Laberinto es sin duda uno de los clásicos de culto más queridos de los 80, y Jareth, el Rey de los Goblins, interpretado por Bowie, es todo un icono del cine fantástico. Por eso hemos decidido sortear dos muñecos de peluche hechos a mano inspirados en dos de las “marionetas” de Jim Henson que aparecen en la película, el adorable Ludo y uno de los traviesos Fireys.

Aquí los tenéis. ¿A que son geniales?

Ludo

Firey

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder en esta entrada a la siguiente pregunta:

¿CUÁL ES VUESTRO MEJOR RECUERDO DE DAVID BOWIE?*

*Puede ser una experiencia personal, una canción favorita, un papel en el cine o la TV, una actuación, una portada de un disco, un videoclip, un momento histórico de su carrera, o cualquier cosa que se os ocurra relacionada con él. La idea es hacer un homenaje a Bowie entre todos 🙂

¡Pero eso no es todo! Al margen del concurso, Peludos S.A. ha creado un descuento especial para los lectores de fuertecito. Si queréis aprovecharlo, lo único que tenéis que hacer es introducir el código FNVLT al realizar un pedido en su tienda de Etsy. De esta manera recibiréis un descuento del 10% en vuestra compra. El cupón estará activo hasta el 29 de febrero.

BASES DEL CONCURSO

– De entre todos los participantes elegiremos DOS ganadores (via Sortea2) que se llevarán totalmente gratis 1 peluche de Dentro del Laberinto cada uno (se asignará a cada uno un Firey o un Ludo al azar).  Los ganadores lo recibirán en su casa sin ningún gasto por su parte.

– Los participantes deben incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido/s para facilitar la comunicación (los pseudónimos son válidos).

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. 

– El plazo para participar en el concurso finaliza el sábado 13 de febrero de 2016 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

Peludos S.A. es una pequeña compañía online dirigida por Lucía Vargas, que hace “muñecos a mano de fieltro y fur inspirados en la cultura pop“. Echando un vistazo a su catálogo de peluches y otros tipos de productos artesanales, salta a la vista la afinidad total que estos pequeños peludos tienen con fnvlt.

En la tienda de etsy de Peludos podéis encontrar muñecos de peluche y fieltro y bordadores inspirados en Star Wars, Dentro del Laberinto, Hora de aventuras, las películas del Estudio Ghibli, Doctor Who, El mago de Oz o Donde viven los monstruos. También podéis seguir Peludos S.A. en Facebook, donde estaréis al tanto de todos los nuevos peluches que se van incorporando a la familia. ¡Algunos por tiempo muy limitado!

Peludos SA

Crítica: Pesadillas (Goosebumps)

Props; Sets

En cuanto a series, mis amigos, mi hermano y yo éramos más de El club de Medianoche, pero en lo que se refiere a libros de consumo rápido, nada hacía sombra a Pesadillas en los 90. Entre 1992 y 1997, R.L. Stine publicó la friolera de 62 libros de su colección de novelas de terror para niños y adolescentes titulada originalmente Goosebumps, alcanzando ventas estratosféricas sobre todo en los primeros años. En medio mundo no había casa con niños en la que no hubiera al menos un libro de Pesadillas. El concepto de terror para los más pequeños era más o menos novedoso y revolucionario, y aunque la producción en cadena de Stine no garantizaba precisamente la mejor calidad (a la mayoría eso nos daba igual), estos libros nos proporcionaban horas y horas de escapismo, y lo que para nosotros entonces eran emociones fuertes.

En esta era del reboot y la nostalgia como imprescindible arma (de doble filo) de Hollywood, una nueva versión de Pesadillas era inevitable. Bajo la batuta de Rob Letterman (director de dos de las peores películas de Dreamworks, El Espantatiburones y Monstruos contra alienígenas) y con guion de Darren Lemke (Shrek, felices para siempre), la adaptación cinematográfica de Pesadillas propone una actualización del material original que funciona como aventura contemporánea a la vez que ejerce de homenaje nostálgico. Para conseguir este equilibrio, la película cuenta con una premisa muy ingeniosa y rematadamente meta: Zach Cooper (Dylan Minnette) se muda a un barrio residencial (similar a todos los que aparecían en la serie), donde conoce a la preciosa “chica de al lado”, Hannah (Odeya Rush) y al geek mayor del instituto, Champ (Ryan Lee). La joven resulta ser la hija del legendario autor R.L. Stine, vecino huraño que oculta un oscuro secreto en su casa: Las criaturas de sus libros son reales, y Stine las mantiene encerradas bajo llave en sus manuscritos originales. Creyendo que la chica corre peligro, Zach se cuela en la casa de Stine y libera accidentalmente a los monstruos. Con la ayuda del propio Stine, Zach y sus nuevos amigos deben hacer que todos estos personajes regresen a sus páginas antes de que acaben con el pueblo.

Pesadillas propone un ocurrente juego metalingüístico y referencial. No solo se mantiene fiel a las historias originales, incluyendo incontables creaciones salidas de la imaginación de Stine (de las que destacan los gnomos, el hombre lobo, la mantis religiosa gigante, y por supuesto, el muñeco Slappy, alter ego del autor), sino que también se divierte reconfigurando la fórmula de los libros, reproduciendo sus triquiñuelas narrativas (“¡no hay una historia de Pesadillas sin un giro en el último momento!”) y recuperando el espíritu de la serie con un toque guasón. El resultado es una película de aventuras de ritmo endiablado, con un gran sentido del humor (la comedia destaca sobre todo en las escenas familiares y en los momentos de calma), y excelentes secuencias de acción hiperactiva (qué grandes los gnomos) -no es de extrañar encontrar a Neil H. Mortiz en la producción, su experiencia en la comedia de acción, con Fast & Furious21 Jump Street en su haber, se filtra en la película. Por otro lado, los actores no podían estar mejor elegidos. Minnette es todo un leading man adolescente, Odeya Rush (mini-Mila Kunis) es un encanto, y el graciosísimo Ryan Lee se erige como el robaescenas oficial de la película. En el frente adulto, nos alegra que Jack Black no solo no se cargue la película, sino que dé vida a una versión muy simpática de Stine, y Jillian Bell (22 Jump StreetThe Night Before) vuelve a destacar por su excelente manejo del humor awkward (la tía Lorraine es genial).

Dylan Minnette; Jack Black; Odeya Rush

Remitiéndonos al mejor Chris Columbus, Pesadillas ha resultado ser un producto juvenil muy digno, una película que maneja la nostalgia y la autoconsciencia con acierto (al contrario que, por ejemplo, la reciente Pixels, de la misma casa), y ante todo sabe divertir de principio a fin. Además, no podemos pasar por alto otros aspectos igualmente afinados del film, como la radiante fotografía de Javier Aguirresarobe (atención a las preciosas escenas en la feria abandonada) o la evocadora banda sonora de Danny Elfman, su mejor trabajo en mucho tiempo (para contrarrestar, el aspecto que más cojea es el CGI, con algunas criaturas excesivamente cartoon). En definitiva, Pesadillas es una cinta al más puro estilo de Jumanji y otros títulos similares de los 90, una aventura muy americana (el clímax coincide con el baile del instituto) sin un minuto de aburrimiento, que hará las delicias tanto de la generación que devoraba los libros de Stine como la de los niños que no tienen ni idea de quién es el autor y por qué es tan importante para nosotros. Y lo mejor de todo es que esos niños quizá se animen a coger un libro después de ver la película.

Valoración: ★★★½

Por qué ‘Jem and the Holograms’ merece ser película de culto

Jem & The Holograms

La burbuja de la nostalgia está a punto de explotar. De acuerdo, en los últimos años hemos tenido sorpresas como It Follows o The Guest, que han sabido jugar bien la carta del homenaje al pasado, o hemos regresado entusiasmados a los universos de Mad Max Star Wars, que se han saldado con éxitos de crítica y público. Pero esta no es la tónica general. Por el contrario, el público empieza a cansarse de que la industria del cine recurra tanto al pasado (en muchos casos, reciente) para dar forma a su futuro. Y en este sentido, la década de los 80 es protegida con especial recelo por la generación de treintañeros que se niegan a ver cómo sus series y películas favoritas pasan por el quirófano para dar lugar al enésimo reboot en Hollywood.

Jem and the Holograms fue una serie de dibujos animados creada a mediados de los 80 para vender una nueva línea de muñecas de Hasbro. La serie tuvo un gran éxito al principio, pero duró tan solo tres años en antena. Con su combinación de glam rock, moda juvenil, romance y aventuras, Jem se convirtió en un icono para una generación, pero el paso del tiempo hizo que quedara relegada a un pie de página en la historia de la cultura popular. Hasta que hace un par de años, Jon M. Chu (director de clásicos modernos como Step Up 3D, G.I. JoeLa venganza y dos documentales sobre Justin Bieber) anunció que estaba preparando junto a Jason Blum (fundador de la exitosa productora de terror Blumhouse Productions) un remake en acción real de la serie. Entonces los fans de Jem salieron de debajo de las piedras para demostrar su desconfianza ante la película.

Jem and the Holograms era un proyecto muy personal para Chu, uno en el que llevaba trabajando casi diez años. Y había dos maneras de sacarlo adelante: respetar el material original y hacer un homenaje 100% ochentero que solo apelase a los fans nostálgicos o intentar llevar la “leyenda” de Jem al presente y buscar a un público nuevo. Como es lógico, Chu y Blum optaron por lo segundo. Y así, la nueva Jem y los Hologramas se planteaba como una reinvención, una especie de origin story al estilo de las películas de superhéroes (según el propio Chu), confeccionada para atraer a las nuevas generaciones. Cuando se empezó a desvelar el aspecto de sus protagonistas y surgieron datos de la historia, se pensó que, a pesar de claros guiños en la estética, la nueva Jem and the Holograms poco tenía que ver con la Jem de los 80 (prácticamente lo único que parecía conservarse de la original eran los nombres y un par de detalles, como los pendientes de estrella), lo que hizo que los fans de Jem montaran en cólera. Indignación, pataleta, insultos al director, amenazas de muerte por mail…

Y entonces llegó la película. Y nadie la vio. Casi literalmente. El estreno de Jem and the Holograms en Estados Unidos se convirtió en el menos taquillero de una película distribuida por un gran estudio en más de 2.000 salas. En su primer fin de semana apenas superó un millón de dólares de recaudación, y fue retirada de la cartelera a la siguiente, con un desastroso total recaudado de dos millones. Esto no iba a suponer la ruina para Universal o Blumhouse, ya que costó tan solo cinco millones de dólares (ni Universal se gastó mucho en la campaña de marketing, ni Blumhouse iba a notar el fracaso en su cartera después de tantos exitazos de bajo presupuesto), pero aun así, el batacazo fue épico.

Jem y los Hologramas cartel¿Se merecía Jem and the Holograms esta suerte? Si preguntáis a cualquier fan de la serie original os dirá que sí, aunque no haya visto la película. Si me preguntáis a mí, que recuerdo con cariño los dibujos pero no considero un sacrilegio que se haya hecho un remake ni que se haya cambiado la original (me sorprende tanto esta vena protectora tan apasionada… ni que Jem fuera Blade Runner), os diré que no. Jem and the Holograms es una película muy tonta, pero también muy inofensiva en el mejor de los sentidos y sobre todo, simpática y bienintencionada. Además, si lo pensamos bien, Chu ha hecho lo posible por conservar el espíritu original de la serie, a pesar de las (necesarias) modificaciones que ha experimentado (hacer un calco habría sido más arriesgado e innecesario aun). Definitivamente, Jem no es el desastre fílmico que tanto crítica como público (en total, cuatro gatos) dicen. Es más, me atrevería a decir que, si no fuera por el mal de ojo que le ha caído, podría haberse convertido en una película querida por niños y adolescentes. Eso es lo que seguramente pretendía Chu, pero el experimento no le salió como esperaba. El público adulto le dio la espalda y el joven no se interesó ni lo más mínimo.

Sin embargo, Jem and the Holograms tiene madera de película de culto (no, no he fumado nada). Quizá el haberse convertido en el mayor fracaso de la historia cree con el tiempo una leyenda a su alrededor como ha ocurrido con otros films malogrados. O puede que directamente sea olvidada por completo y sea como si nunca hubiera existido. Pase lo que pase, os animo a descubrirla y juzgar por vosotros mismos. Abstenerse cínicos y puristas de los 80. Esto no es para vosotros. Los demás, no seáis rancios y dejaos llevar, si se le da una oportunidad y se mira con otros ojos, Jem and the Holograms tiene muchas virtudes que la convierten en un clásico semi-trash en potencia (y va con un poco de ironía, pero sobre todo totalmente en serio):

El acabado de la película

Como adelantaba antes, Jem and the Holograms costó cinco millones de dólares, un presupuesto ridículo que, sin embargo, Blumhouse suele convertir en ganancias desorbitadas en taquilla con sus títulos de terror (Paranormal ActivityInsidious). Teniendo en cuenta lo barata que fue, nos llama la atención el acabado tan pulido que tiene. Chu no es precisamente el colmo de la consistencia como director, pero aquí ha logrado una estética muy uniforme y atractiva, mezclando imágenes de grabaciones caseras con escenas de auténtica sensibilidad teen y ágiles actuaciones sobre el escenario que llenan la película de luz de neón (rosa y violeta) y nos dejan imágenes mucho más bonitas (y más 80s) de lo que cabía esperar. Es decir, Jem no es un trabajo visualmente cutre o de aspecto inacabado, y eso es todo un logro. Mención aparte merece el robot Synergy, que a pesar de su simpleza, también destaca por ser una creación CGI muy bien ejecutada.

Jem

Las canciones

Olvidaos de escuchar cualquier tema ochentero en la película. El glam rock de las Jem y los Hologramas originales da paso al sonido del pop prefabricado del presente. Las Holograms se visten según la moda de los 80 (saneada para los 2010s), pero las nuevas canciones recogen las tendencias actuales de la música popular. Selección musical con gente como Serebro o Hailee Steinfeld, y temas originales compuestos para la ocasión, que recuerdan inconfundiblemente a Taylor Swift, Icona Pop, Sia o Kesha. Si sois de los que apreciáis la ciencia de un buen temazo pop de radiofórmula, la banda sonora de Jem and the Holograms os satisfará enormemente. Las canciones son pegadizas, están bien producidas, y Aubrey Peeples (Jerrica/Jem), conocida por su participación en Nashville, y sus chicas las cantan muy bien. En general, el sonido es homogéneo y temas como la pegajosa pieza central “Youngblood” o el emocionante número final “I’m Still Here” son grandes hits que nunca llegarán a serlo.

La historia

Las cosas claras desde el principio. Jem and the Holograms es una película muy ligera, con un argumento y un desarrollo bastante risibles. A los personajes les falta sangre (Peeples es adorable, pero tanto ella como sus Hologramas son completamente unidimensionales), la premisa es absurda y el guion tiene más agujeros que un gruyer (Jem se convierte en estrella de la noche a la mañana con un solo vídeo de YouTube, todo lo que tiene que ver con la discográfica y su gestión de Jem es ridículo…)  ¿Por qué destaco entonces la historia como una de sus virtudes? Porque aquí es donde Chu ha realizado el mayor homenaje a los 80, construyendo un argumento directamente sacado de una cinta de aventuras de esa década. De hecho, Jem tiene más en común con Los Goonies (la escena del puerto de Santa Mónica es análoga a la prueba final de Andy en el órgano) que con la propia serie original o con Hannah Montana (con la que ha sido comparada comprensiblemente). Búsqueda del tesoro en pandilla, amor adolescente, ¡y un robot mascota! A pesar de hablarnos de la generación YouTube y darle mucha importancia a Internet y los dispositivos móviles (que las chicas no sueltan ni un segundo), en esencia, resulta que Jem and the Holograms  es una película completamente ochentera después de todo.

Juliette Lewis

Juliette Lewis

La “princesa” de los 80, Molly Ringwald, tiene un papel secundario, como la tía de Jem y sus “hermanas”, pero su presencia no va más allá del guiño cómplice a los 80, ya que su personaje no tiene realmente un arco argumental. Ella aporta el punto de partida del conflicto -necesita dinero para no perder su casa, en la que se han criado las niñas (mira, como en Los Goonies)- y se retira hasta el final, cediendo el foco a Juliette Lewis, que da vida a la mala de la película, Erica Raymond, presidenta de la discográfica de Jem. Lewis no tiene miedo a hacer el ridículo e interpreta al personaje como a una villana over-the-top de cine infantil, lo que da lugar a momentos muy divertidos en los que uno no sabe si la actriz está haciéndolo tan mal sin querer o a propósito. Sea como fuere, Lewis está muy graciosa como caricatura y es todo un aliciente para ver y disfrutar la película. Ella y su “minion” Zipper (Nathan Moore). Jem no destaca por su sentido del humor (ni para bien ni para mal, su comedia es inofensiva y nunca llega a provocar vergüenza ajena), pero Zipper es un crack. Zipper merecía más escenas.

La escena de los créditos finales

Y así llegamos al final. ¿Os acordáis de la adaptación al cine de Super Mario Bros que se hizo en los 90? ¿Recordáis su escena post-créditos? Pues en Jem and the Holograms hay algo parecido. (Spoiler a partir de aquí). Después de ser destituida de su papel como CEO por su propio hijo (el galán romántico para Jem y eye-candy para todos Ryan Guzman), Erica acude sedienta de venganza a la guarida de ¡las Misfits! y les pide que vuelvan para acabar con Jem y su banda. Chu decidió guardarse ese as en la manga para el final, y dejó a la banda rival de Jem fuera del argumento para darles protagonismo en una supuesta secuela. Así, de entre las sombras vemos aparecer a los miembros del grupo: Hanna Mae Lee (Pitch Perfect) como Roxy, Katie Findlay (The Carrie Diaries) como Stormer, y, atención, la cantante Kesha como la líder de la banda, Pizazz. Es una secuencia breve, pero es enorme, y nos hace soñar con la gran secuela que nunca veremos.

Jem & The Holograms

Actualmente, Jem y los Hologramas es prácticamente invisible. Su repercusión ha sido inexistente, y la poca que ha tenido ha sido para ponerla a caldo. Es comprensible que su argumento, que Chu ha extraído evidentemente de su experiencia con Justin Bieber, eche para atrás a más de uno. Pero si logramos pasar por alto todo el tema de la romantización de la fama (instantánea) como vía para la autorrealización y la obsesión por la imagen proyectada en las redes sociales (temas que se manejan muy a la ligera y quedan desaprovechados, pero al menos no llegan a resultar nocivos), nos queda un mensaje muy bonito de aceptación y celebración de la diferencia… ¡y la peluca! (el film está recorrido por muchos vídeos de fans reales hablando de cómo Jem les ha proporcionado una voz para decir al mundo que están orgullosos de cómo son y de lo que les gusta). Chu tenía una tarea muy complicada a la hora de trasladar el universo de Jem a la acción real y al presente, y teniendo esto en cuenta, ha salido más bien airoso, reinventando a Jem en una aventura autoconsciente y referencial que contagia con estupendas canciones, brochazos de purpurina y maquillaje rosa, luces de neón y buenas intenciones. Me da igual que se rían de mí o dejen de tomarme en serio, soy fan de la nueva Jem and the Holograms y para mí ya es una película de culto.

Crítica: Creed (La leyenda de Rocky)

Creed Michael B Jordan

Adonis Johnson (Michael B. Jordan) pasa su infancia en un correccional de menores hasta que una mujer le hace una visita para contarle quién es su verdadero padre: Adonis es hijo del legendario boxeador Apollo Creed (Carl Weathers), que falleció antes de que el niño naciera. A pesar de que Adonis simboliza una infidelidad, un bache personal en la carrera de Creed, su mujer lo acoge en su mansión de Los Ángeles y le ofrece una educación y oportunidades de trabajo para llevar a una vida acomodada. Pero la verdadera pasión de Adonis es el boxeo, ya que, sin lugar a dudas, lleva este deporte en la sangre. Por eso, el muchacho deja su trabajo y se dirige a Filadelfia, el lugar en el que se celebró el mítico combate entre Apollo Creed y Rocky Balboa (Sylvester Stallone).

Una vez en Filadelfia, Adonis busca al “Potro italiano” y le pide que sea su entrenador. Rocky, que supuestamente se ha retirado para siempre del mundo del boxeo, ve en Adonis las cualidades que hacían de Apollo un boxeador extraordinario, un gran rival que acabó convirtiéndose en su mejor amigo, y termina cediendo. Con el objetivo de librar su primer gran combate con un rival invicto de fama mundial y hacerse un nombre por sí solo, Adonis se entrena a fondo, ajeno a la propia lucha que Rocky está librando por su cuenta después de descubrir que sufre una enfermedad muy grave. El ex boxeador encuentra en el muchacho un apoyo incondicional y la bonita amistad que se desarrolla entre los dos será la clave para que ambos salgan victoriosos de sus respectivos combates.

Este es el argumento de Creed (La leyenda de Rocky), el spin-off/secuela/reboot/legacyquel de Rocky, en la que el actor en boga Michael B. Jordan recoge el testigo de Sylvester Stallone para revitalizar y rejuvenecer la saga, que ya contaba con seis entregas anteriores (parece mentira, pero la última, Rocky Balboa, tiene ya diez años). El director Ryan Coogler ha elaborado con Creed lo que llaman un “crowdpleaser“, es decir, un film diseñado minuciosamente para agradar al público, ávido de experimentar el placer del regreso a un lugar conocido. Porque Creed es una película hecha para fans de Rocky, y también para incondicionales del género de boxeo. No falta ninguno de los ingredientes básicos de este tipo de cine, y de esta saga en concreto: los leitmotivs de superación personal y familia, la historia de amor (aquí con la prometedora Tessa Thompson interpretando a una estrella de pop en ciernes creada muy evidentemente a imagen y semejanza de FKA Twigs), los montajes de entrenamiento a ritmo de rock clásico (tema central de Rocky incluido), el indispensable componente de melodrama, y el impresionante combate final.

Creed Sylvester Stallone

Creed está repleta de guiños y referencias a la continuidad y la mitología de Rocky, pero su historia es nueva, y consigue no ser fagocitada por la necesidad de conectar todo con el pasado. Es decir, que la película encuentra el equilibro entre el homenaje y la renovación, haciendo que sea fácil de seguir para los que no han visto una Rocken su vida, pero a la vez constituyendo una experiencia nostálgica satisfactoria para los seguidores de la saga. Claro que, si obviamos el factor personal, lo que nos queda es una película de boxeo de manual, una cinta deportiva que sigue los dictados del género al pie de la letra y recurre a todos sus tópicos con la voluntad de llevar a cabo un trabajo clásico, y por tanto, infalible. Efectivamente, Creed no arriesga, y su relato descansa en demasiados lugares comunes, pero esto es una película de boxeo, una película de Rocky, y eso es justo lo que se espera de ella.

Jordan y Stallone son los encargados de que el film no se pierda en estos tópicos. El primero destaca gracias a una entrega absoluta a la historia de Creed y a una presencia física imponente que, sin embargo, no eclipsa su trabajo dramático, y el segundo se siente más cómodo que nunca en su personaje. Stallone está simpático y entrañable (aunque no de Oscar, todo hay que decirlo) y representa el atinado uso de la comedia en la película. Pero si ha nacido una estrella gracias a Creed ese es Ryan Coogler, responsable de que la película desprenda una enorme fuerza y fisicalidad, gracias a su excelente trabajo de dirección en secuencias brutales como el combate final, que por momentos parece estar ocurriendo en tres dimensiones. Su impetuosa e inteligente manera de mover la cámara nos indica que Black Panther de Marvel está en buenas manos.

Valoración: ★★★½

Aclarando lo de la nueva película de ‘Dentro del Laberinto’

LabyrinthBallroomscene

Hace dos días, The Hollywood Reporter publicó una exclusiva en la que decía que Sony Pictures preparaba un reboot del clásico de 1986 Labyrinth con la guionista de Guardianes de la Galaxia, Nicole Perlman. Hoy, Perlman ha entrado en Twitter para aclarar que la nueva película de Dentro del Laberinto NO es un reboot. Pero hay matices.

La palabra “reboot” fue tomada por muchos medios en el sentido de “remake”, y la noticia de que se nos venía encima una nueva versión de Labyrinth corrió como la pólvora. Como decía, hoy Perlman ha publicado una serie de tweets para aclarar estos rumores y ya de paso manifestar su desagrado por la poca sensibilidad a la hora de publicar la noticia, teniendo tan reciente la muerte de David Bowie, hecho que provocó una ola de críticas en contra de ella misma y el estudio por su supuesto oportunismo.

Perlman dice en la red social: “No vamos a hacer reboot de nada, chicos”. Y continúa, “Henson Co y yo empezamos a discutir el proyecto a finales de 2014, así que este rumor es muy desagradable. Yo nunca sacaría provecho de la muerte de Bowie así. Labyrinth es una de mis películas de la infancia favoritas, así que comparto vuestra preocupación por que cualquier continuación de ese universo se trate con amor y respeto”. Para rematar, horas después dijo “Chicos, no caigáis en el clickbait, por favor. Nadie va a hacer un remake de Labyrinth. Esa película es perfecta tal y como es”.

Por supuesto, porque los medios se apresuran a sacar conclusiones antes de leer detenidamente y contrastar, ya hay muchas webs hablando de que el rumor de nueva película es falso, es decir, que no están preparando susodicha película en ningún caso, citando a Perlman como fuente del desmentido. Pero si nos paramos a leer sus tweets, en ningún momento la guionista desmiente que se esté preparando la película. Al contrario, confirma que empezó a trabajar en el proyecto en 2014, y especifica que no será un remake, pidiendo entre líneas al público que confíe en que este se tratará con el respeto que merece.

Como EW aclaró poco después de la exclusiva de THR, esta nueva película sería entonces una SECUELA (una que, además lleva mucho tiempo en desarrollo y Lisa Henson confirmó que se estaba haciendo precisamente en 2014, pero ya sabemos que la memoria en los medios de comunicación y redes sociales es muy a corto plazo).

En resumen, toda esta confusión viene del uso de la palabra “reboot”, que muchos (probablemente incluida la propia Perlman) entienden como sinónimo de “remake”. Sin embargo, en este caso, reboot implicaría un relanzamiento del universo original con una continuación oficial orientada a las nuevas generaciones, sin que esto quiera decir que se vaya a rehacer la película.

Aun no sabemos qué grado de continuidad tendrá la secuela, si repetirán personajes de la original, y de ser así, si el papel de David Bowie recaerá en un nuevo actor o Jareth directamente no saldrá en ella. Por ahora son todo especulaciones y (comprensible) recelo ante el proyecto. Esperemos que cuando se vayan desvelando más detalles descubramos que Perlman tiene razón y están tratando el material con el respeto que sus muchos fans se merecen.

¿Ha quedado todo claro?

Fuente: EW

Crítica: Legend

Legend

Texto escrito por David Lastra

Lindsay Lohan (Tú a Londres y yo a California), Nicolas Cage (Adaptation. El ladrón de orquídeas), Hayley Mills (Tú a Boston y yo a California), Jeremy Irons (Inseparables),… pocos han sido los intérpretes que han salido airosos de la experiencia de interpretar a dos gemelos en pantalla grande. Llevar a cabo un doble papel en una misma película es una tarea harto difícil, recordemos sin ir más lejos el resultado fallido de la orgía de cast y roles de El atlas de las nubes de los Wachowski. Ante ese tipo de interpretaciones, suele ser común caer en manierismos y/o rozar el ridículo más espantoso… o como es en el caso de los actores anteriormente citados, lograr algún que otro premio o candidatura y el aplauso unánime de la crítica y el público. En cualquiera de los dos casos, nunca el experimento será visto con indiferencia. En el caso de Legend, podíamos estar más o menos tranquilos ya que el encargado de dar vida a los gemelos Reggie y Ronnie Kray no era otro que Tom Hardy. Uno de los intérpretes de moda gracias a su Max Rockatansky en el reboot de Max Max y que acaba de conseguir su primera candidatura a los Oscar por su papel en El renacido. A priori, Legend pintaba muy pero que muy bien…

… pero la realidad es otra mucho más aterradora. Legend es un epic fail en toda regla. Como es lógico, la película se sostiene sobre los fornidos hombros de Hardy y, sorprendentemente, él no esta a la altura en ningún momento. Podríamos haber justificado la labor de Hardy si hubiese cometido el error de no saber hacernos diferenciar a los dos personajes que encarna. Realmente no son más que un Zipi y un Zape, dos caras de una misma moneda… pero eso es lo único que el intérprete realiza con éxito: la diferenciación entre ambos personajes. Uno es el cerebro, machote y malote a más no poder. El otro es el enajenado, homosexual y con un comportamiento infantil. El primero es el arquetipo al que más se ha acercado Hardy a lo largo de su carrera. El segundo, la razón por la que aceptó hacer la película. Este reto interpretativo se asemeja al portento actoral que realizó hace años con el esquizoide Bronson en el film homónimo de Nicolas Winding Refn. Si bien en esa película, él era lo más destacable del film, en esta Legend, él es uno de los puntos más bajos del film. Hardy naufraga en un sinfín de ticks y mohines, inauditos en su carrera, superando con creces su sonrojante acento ruso de El niño 44, y llegando a caer en el terreno chusco de la caricatura homosexual en gran parte de su interpretación de Ronnie. Todo un desastroso trabajo para una de las interpretaciones que a priori  debería haber sonado para los premios de la Academia de este año.

Cartel_LEGENDPero sería injusto señalar a Hardy como único culpable de este desatino, porque si hay que identificar a un culpable máximo, ese no es otro que Brian Helgeland (PaybackDestino de caballero). Para su retorno a la dirección, Helgeland quiso contar la vida de los Kray, dos hermanos que instauraron su régimen del terror sobre los bajos fondos del East End londinense durante los sesenta. Sobre el papel, una materia prima de primera para crear una gran película de gángsters que revitalizase el géneroPara apoyar su dirección, decidió contar con uno de los mejores actores del momento (aspecto que ya hemos comentado que le salió rana) y un guionista premiado (él mismo; no olvidemos que posee un Oscar por L.A. Confidential y que optó a otro por Mystic River). Pero he aquí el gran problema de Helgeland: él no es el Martin Scorsese de Uno de los nuestros Casino. Ni mucho menos es el Sergio Leone de Érase una vez América, o el Coppola de El padrino, por no ser, ni es el Ben Affleck de (la sobrevaloradísima) The Town. Ciudad de ladrones. Su narratividad es excesivamente torpe y repetitiva, con un ritmo desacompasado y unos recursos estilísticos extremadamente pasados de moda. Debido al toque British de la historia, echamos en falta en todo momento al irregular Guy Ritchie o incluso a Danny Boyle (al de sus inicios, no al mercenario actual) y no podemos parar de preguntarnos qué hubiesen hecho ellos con una historia como esta. Realmente, dado el interminable metraje, nuestra cabeza comienza a elucubrar cómo sería esta historia si sustituyésemos a los gemelos Kray por los Benedict (Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito, en Los gemelos golpean dos veces). Únicamente logramos tener algo de interés cuando Emily Browning (God Help the Girl, Sucker Punch) aparece en escena, ya que, a pesar de repetir el mismo papel de siempre, aporta un poco de luz al resultado final.

Como Legend está a años luz de ser tan legendaria como su título, podríamos hacer la broma fácil y decir que su título debería ser Fail. De acuerdo que no es una broma graciosa, pero tampoco es injusta.

Valoración: ★½

Magic Mike XXL es mucho mejor de lo que parece (en serio)

Magic Mike XXL Channing Tatum Matt Bomer

En 2012 vi Magic Mike (¡en el cine!), motivado por la curiosidad y sobre todo por la entrepierna. A juzgar por la picante campaña promocional, la película prometía un espectáculo de striptease masculino orientado sobre todo a pandillas de mujeres con ganas de fiesta y cachondeo. Pero su director, Steven Soderbergh, no concibió la película como una despedida de soltera cinematográfica, sino que sus intenciones eran algo más serias. Bajo la apariencia de producto ligero para una noche loca de verano, Magic Mike escondía voluntad de melodrama social de personajes. Y ahí es donde Soderbergh cometió el primer errorUna película de estas características pedía menos drama, menos intensidad, y más diversión, y el inconsistente acabado final lo confirmaba. Afortunadamente, esto sirvió para reajustar el tono de la imprevisible secuela (donde Soderbergh delega la dirección en uno de sus productores y guionistas habituales Gregory Jacobs) y hacer reset con la intención de ofrecer, esta vez sí, lo que la primera película había prometido sin cumplir.

Por eso, Magic Mike XXL constituye una muy grata sorpresa, una película que mejora la fórmula considerablemente, deshaciéndose del desubicado aire de autoimportancia y drama independiente de autor de la primera entrega para convertirse en una simple comedia de colegas con un único objetivo: divertir al respetable. Sin un solo minuto de aburrimiento, Magic Mike XXL se estructura como una road movie a lo Little Miss Sunshine o Priscilla, reina del desierto, en la que Mike (Channing Tatum), retirado desde hace tres años del mundo del baile, reúne a los Reyes de Tampa (su grupo de strippers, o mejor dicho, “male entertainers”, que es el término menos ofensivo) para una última performance en Myrtle Beach. En un principio dispuestos a tirar la toalla, el grupo de amigos (menos Matthew McConaughey, que se desentendió del proyecto, y Alex Pettyfer, que tuvo un encontronazo con Tatum y no repite) acaba subiéndose a bordo de la autocaravana con Mike, para jubilarse con un último espectáculo legendario en la mayor de las convenciones de strippers. En el camino, los chicos de Mike hacen paradas en varios lugares, donde se reencontrarán con viejas amistades, forjarán nuevas relaciones y examinarán sus frustraciones personales y sueños de futuro más allá del mundo del baile erótico.

10.22_ 2977.tiff

Como decía, sin más pretensión que la de hacer reír y propagar buen rollo, Magic Mike XXL es una fiesta continua, una celebración a la que es imposible resistirse. Su aire relajado y desenfadado es contagioso, e invita a emular a sus intérpretes y dejarse llevar. Los actores se lo están pasando bien y se nota, no hay drama en el ambiente y no hay mucho en juego, de ahí que la película acabe resultando tan fresca y natural. Pero es que además, Magic Mike XXL puede presumir de otros aciertos: principalmente el mensaje de positividad del cuerpo que recorre todo el film, de respeto y compañerismo (sin moñadas), una mayor integración y diversidad (más mujeres con un espectro mayor de edades, razas y físicos, una escena en un club gay), y la práctica ausencia de sexismo o mal gusto. Teniendo en cuenta el tipo de película que es, tiene más mérito todavía.

Ni que decir tiene que, a pesar de todas estas virtudes, lo que el público va a ver principalmente en esta película es a los actores meneando trasero y delantera, y contorsionando sus cuerpazos depilados ante los gritos extasiados de hordas de damas desatadas. Y en ese sentido, Magic Mike XXL tampoco decepciona, claro está. Imposible hacerlo cuando vuelve a contar con las mismas “armas” que ya fueron infalibles en la primera parte (con excepción de los dos desertores mencionados, que tampoco se echan de menos). Nos alegra ver nuevas incorporaciones como la de Donald Glover (en su fase de autobúsqueda artística, dando vida a un DJ/cantante/animador/stripper?), nos divierten las escenas en las que aparecen Andy McDowell (hilarante encuentro entre generaciones) y Jada Pinkett Smith (no por ella, que es muy mala actriz, sino porque sus escenas en el club de Rome son de una exuberancia embriagadora), y nos gusta ver a la omnipresente Elizabeth Banks y a la cada vez más destacable Amber Heard, que por suerte sustituye a aquel palo de una sola expresión que era Cody Horn. Pero aquí el centro del escenario lo sigue ocupando muy merecidamente Channing Tatum, que desprende su habitual carisma de andar por casa y sigue moviendo el cuerpo como nadie (lo suyo es hipnótico). Tatum inaugura la película por todo lo alto, protagonizando una cómplice secuencia de baile espontáneo en su taller que destaca por lo exquisitamente ridícula y autoconsciente que es. Al igual que la (larguísima) traca final, un agotador espectáculo camp que de nuevo, hace que nos preguntemos en qué estaban pensando para no estrenar la película en 3D.

JoeManganielloMagicMikeXXL3

Mención aparte merece el robaescenas oficial del film, Joe Manganiello, cuya imponente presencia da para momentos de impresión con los que se lleva la película de calle, especialmente la descacharrante secuencia que tiene lugar en la gasolinera a ritmo de los Backstreet Boys, sin duda la más divertida y memorable de la película. De hecho, cuando la vi en el cine, esta escena provocó aplausos y risas como nunca había oído en una sala, y lo mismo ocurrió con otros momentos de humor, que fueron celebrados con carcajadas y vítores. Y ojo, creo que no eran solo las hormonas desatadas del público (con el pavo) al ver los cuerpazos en movimiento o el primer plano de Tatum que abre la película (que desató un suspiro colectivo con el que aun me estoy riendo, por cierto), sino también un sentimiento genuino de diversión, generado por un tipo de comedia muy simple pero efectiva, y una acertada camaradería entre personajes que resulta muy orgánica (con la excepción quizá del personaje de Matt Bomer, arruinado al ser convertido en algo completamente irritante y caricaturesco, tanto que no queda más remedio que acabar riéndose).

Magic Mike XXL es un pasatiempo estupendo, hace gracia, rebosa encanto y, lo mejor de todo, tiene corazón. No es tan fácil hacer una comedia para adultos así (mirad si no el 90% de las que se estrenan al año), y es injusto que su impopularidad default o su naturaleza de producto ligero le reste mérito. Os recomiendo liberaros de prejuicios y darle una oportunidad. Da igual si sois hombre o mujer, o cuál es vuestra orientación sexual. El buen rato está garantizado. Y por si acaso quedaba alguna duda: sí, estoy hablando en serio en todo momento.

Valoración: ★★★★

Crítica: El hijo de Saúl

El hijo de Saúl

Texto escrito por David Lastra

Tras el estreno de la Palma de Oro (este año ha sido la decepcionante Dheepan), he aquí la otra gran cita del cinéfilo de pro: la (futurible) ganadora del premio de la Academia a la película de habla no inglesa. En esta temporada fílmica, esa no es otra que El hijo de Saúl. La ópera prima del realizador húngaro László Nemes ha arrasado en la categoría de película extranjera tanto en los premios de la crítica como en los Globos de Oro. Esta situación dista de la dualidad más o menos equilibrada durante el año pasado entre Ida Leviatán, asemejándose más a la acontecida hace un par de ejercicios con la imparable La gran belleza, cinta de Paolo Sorrentino que terminó haciéndose con el máximo galardón cinematográfico. Si nos atenemos a esta orgía de galardones de la crítica, podemos afirmar sin miedo alguno que el nombre de Saul fia (título original del film) ya está colocado en la base de la estatuilla de este año. Pero, ¿es merecedora El hijo de Sául del aplauso unánime de la crítica y del aluvión de premios? ¿Es mejor que la ninguneada El club? ¿Qué pensábamos al mandar Loreak?  He aquí nuestro veredicto sobre la sensación de la temporada.

Sin introducción alguna posible, nos vemos inmersos en el día a día de un campo de concentración. No hay tiempo para aclimatarnos a esa nueva situación, ni mucho menos una charla de bienvenida o un discurso motivacional para calentar el ambiente. Con un endiablado ritmo, comprobamos el absurdo de la cotidianeidad del comando de la unidad de trabajo de la que forma parte Saúl: acondicimionamiento de las duchas, recepción de los recién llegados y acompañamiento de los mismos a las duchas, pillaje de relojes y cadenas, retirada de cadáveres desnudos y limpieza de las duchas… y vuelta a empezar. Un bucle sin fin que no deja espacio para las dudas existenciales. Cuando la condición humana se suprime, la bestia camina y piensa solo en la supervivencia. Son los estertores del dragón nazi. El exterminio debe ser absoluto y rápido, no sólo por su antisemitismo, sino para no dejar prueba alguna sobre la barbarie llevada a cabo.

Con estos ingredientes, El hijo de Saúl podría considerarse como el enésimo acercamiento al holocausto, otra pequeña historia, pero Nemes quería darnos algo más. Además de un buen guión (firmado por el propio director junto a Clara Royer) y una impecable (de sucia) factura de producción, el realizador húngaro compone una sinfonía extrema de fueras de campo y primeros planos (no necesariamente de rostros, las nucas abundan) mediante cámara en mano que nos coloca en el medio de la acción, creando una especie de experiencia 3D, que provoca no solo la angustia afín propia al estar recluído en un campo de concentración, sino la asfixia propia del protagonista al no saber cómo actuar ante situaciones extremas. En esas ocasiones, la cara de pánico de Saúl (notable interpretación del cuasi debutante Géza Röhrig) es la nuestra al visionar el film. Con tanto movimiento y desesperanza, Nemes triunfa al hastiar y enfermar al espectador, pero flojea durante el tramo final, al intentar culminar la historia con una situación demasiado hollywoodiense, abocando en demasía a los sentimientos del espectador. Una solución no muy acertada y poco coherente con lo visto hasta ese momento.

Además de ser un drama intimista pseudoexperimental de guerra, El hijo de Saúl cuenta con un elemento de género. Una sorpresa que viene introducida ya en el título del film. Hemos hablado de Saúl, nuestro protagonista, pero todavía no hemos hablado del hijo del mismo. ¿Quién es el hijo de Saúl? El hijo de Saúl es un chaval cualquiera que llega al campo de concentración y del que Saúl se encapricha. Un acto para nada enfermizo, es puro amor paterno-filial. El problema es que el chico es purgado y la historia no llega ni a empezar. Ante esa situación, Saúl secuestra el cadáver y comienza a tratarle como su vástago. Saúl se aferra a un cuerpo inerte para sentir el calor (frío) de su hijo desaparecido y decide hacer todo lo que haga falta para enterrarle según el rito religioso, siendo este el motor principal del film (aunque desaparezca en buena parte de la parte central del film). Lo que podría verse como un acto simbólico y ejemplar, de honra a su hijo, no es sino otra muestra de lo extrema que es la situación en el campo: no solo el cadáver no es su hijo, sino que ni siquiera está  seguro de tener un descendiente. El tiempo en el campo de concentración lo destruye todo, especialmente la memoria como construcción de la identidad. Esa es el arma más peligrosa de todo régimen totalitario.

El hijo de Saúl es una fábula moral sin apenas concesiones ambientada en un enclave amoral situado bajo uno de los regímenes más inmorales jamás sufridos… y sí, es la mejor de las películas seleccionadas para los Oscars de esta edición, por lo que el galardón será justo.

Valoración: ★★★½

Crítica: La quinta ola

Chloe Grace Moretz; Nick Robinson

Hemos perdido la cuenta de los intentos fallidos de encontrar la siguiente gran saga cinematográfica para adolescentes, y aun así, Hollywood no escarmienta y los estudios no cejan en su empeño. La búsqueda de la siguiente Harry Potter o Crepúsculo ha dado paso a la de la próxima Los Juegos del Hambre. Pero todos estos años de ensayo y (sobre todo) error se han saldado con incontables fracasos de taquilla, primeros capítulos que se han quedado en eso, en meros principios, historias frustradas que no han podido ir más allá de su planteamiento, porque el público no ha respondido como se esperaba. En este panorama de hastío hacia el género aparece la enésima propuesta young adult basada en una serie de libros para adolescentes, La quinta ola (The 5th Wave), sin duda una de las historias menos originales que van a llegar a las pantallas este año.

Basada en el primer libro de la trilogía de ciencia ficción distópica escrita por Rick YanceyLa quinta ola es un déjà vu constante que nos recuerda a demasiados otros títulos. Sin ningún tipo de reparos, la historia “toma prestados” elementos de AlienIndependence DayEl juego de EnderLa carretera, referentes que son mezclados en un argumento de supervivencia y rebelión adolescente con heroína protagonista que está cortado según el patrón de la saga de Katniss Everdeen. Aquí se nos narra una invasión alienígena a la Tierra, organizada en cuatro oleadas sucesivas de ataques, a cada cual más devastador, que dejan gran parte del planeta diezmado. Ante la inevitabilidad de una quinta ofensiva que acabe con la raza humana definitivamente, el Ejército (estadounidense, claro está) entrena a niños y adolescentes para la guerra contra los invasores. Cassie Sullivan (Chloë Grace Moretz) intenta sobrevivir a los ataques mientras busca a su hermano pequeño, que casualmente se encuentra junto al cuelgue del instituto de la chica, Ben Parish (Nick Robinson). Cuando todo parece perdido, un misterioso campesino, Evan Walker (Alex Roe), aparece de la nada para ayudarla, pero Cassie cree tener motivos para no confiar en el muchacho.

CartelCine LaQuintaOla 68x98.inddLa primera media hora de La quinta ola no está mal del todo, gracias sobre todo a las imágenes apocalípticas de las cuatro primeras olas, que nos dejan notables secuencias de acción y destrucción, y al tono acertado en la narración. Sin embargo, a partir de la irrupción de los militares, el film se precipita cuesta abajo y sin frenos, hasta estrellarse en su recta final, en la que un (supuestamente) sorprendente giro de guion acaba condenándolo al mayor de los ridículos. Es increíble la cantidad de topicazos, sinsentidos y agujeros de guion que caben en una misma película (no nos sorprende ver a Akiva Goldsman en la lista de guionistas, por cierto), pero nada es comparable al bochorno que provoca el triángulo amoroso, forzada trama exenta de química que hace flaco favor al ya de por sí lamentable trabajo de Chloë Grace Moretz.

Moretz es la perfecta metáfora young adult: Hollywood se empeña en venderla, pero no hay nada que vender. La chica no tiene el talento que se esperaba de ella, y en La quinta ola está muy desubicada, demostrando que no es capaz de llevar el peso de una película sobre sus hombros. Su director, J Blakeson (sí, ese es su nombre artístico), no es consciente de ello o no le importa, y la/nos tortura con primeros planos en los que la actriz se deja en evidencia por su ineptitud dramática (por más que lo intenta, no derrama una sola lágrima). Pero Moretz no está sola. Los otros dos miembros del triángulo son incluso más insulsos que ella (Roe sobre todo duerme a las ovejas), Maika Monroe es una mala copia de Jena Malone (Johanna Mason) en Hunger Games, el niño Zackary Arthur es de lo más incompetente e irritante, y de los adultos resultan especialmente patéticos Liev Schreiber y, sobre todo, Maria Bello, en un papel que provoca auténtica vergüenza ajena. Claro que sería injusto echarles la culpa de todo a ellos. Cuando el material es tan estéril, poco se puede hacer para sacar algo bueno de él.

Ocasionalmente, La quinta ola es un producto de entretenimiento eficaz, pero no tarda mucho en desmoronarse por culpa de su guion. Nada tiene sentido en su incoherente y sobre explicativo argumento, todo cuanto ocurre en ella responde a la necesidad de ajustarse a la fórmula del género como sea, y cuanto más en serio se toma a sí misma (que es mucho), más se hunde en el absurdo y más risible resulta. Hasta el punto de convertirse en una de las comedias involuntarias del año. Un epic fail absoluto.

Valoración: ★★

Crítica: La juventud (Youth)

Michael Caine Juventud

Después de dejarnos a (casi) todos boquiabiertos en su recorrido nocturno por las calles de Roma y las terrazas de la alta sociedad de La gran belleza, Paolo Sorrentino se retira a meditar (en voz alta) a la montaña con La juventud. Pero que no nos engañe el radical cambio de escenario, el director italiano recurre de nuevo a las mismas herramientas narrativas y estéticas con las que llevó a cabo aquella felliniana ópera cinemática. Voluptuosidad, afectación, pathos y la búsqueda constante e insistente de la catarsis en cada plano. Por momentos, parece que Sorrentino está haciendo la misma película otra vez, y hasta cierto punto, es así.

La juventud se centra en dos artistas en el crepúsculo de sus carreras, Mick Boyle (Harvey Keitel), un director de cine obsesionado con dejar su testamento cinematográfico a las siguientes generaciones, y Fred Ballinger (Michael Caine), un famoso compositor de música clásica que siempre ha vivido condicionado por su trabajo más sencillo y accesible, “Simple Songs“. Durante un retiro espiritual en un lujoso hotel-balneario alpino que ejerce como limbo para ellos, estos dos amigos y compañeros de viaje se encuentran fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras, así como espectros de belleza siliconada y grotesca (la hija de Mick, interpretada por una gloriosa Rachel Weisz, un pequeño aprendiz de violinista, la supuesta mujer más guapa del mundo e incluso Maradona), con las que Sorrentino elabora una apasionada y a menudo cómica reflexión sobre el arte y paso del tiempo en la que la juventud y la senectud comparten piscina aclimatada.

LA JUVENTUD PÓSTERNo hay duda de que La juventud es una obra visualmente pletórica. Sus elegantes imágenes vuelven a evocar al cine de Fellini, con secuencias de espíritu bucólico y pasajes de trance onírico (atención al increíble sueño “húmedo” de Ballinger), contrarrestadas por el exceso de la carne, cebada, operada o arrugada, y la estética TeleCinco (la italiana). Sin embargo, la película transcurre como una acumulación caprichosa de secuencias de las que es difícil sacar demasiado en claro, a pesar de que sus transparentes diálogos no dejen duda sobre lo que se está hablando en todo momento (el tiempo, el legado, los hijos). En esta ocasión, Sorrentino no es capaz de dotar al film de una coherencia global dentro del caos, y se pierde en su obsesión por descargar frases lapidarias en cada escena. Esta pomposidad y autoindulgencia hacen que lo que parece confeccionado tan evidentemente como revelación o epifanía para el espectador caiga en saco roto y la película quede en mero ejercicio de estilo.

Afortunadamente, los actores añaden parte del peso que falta en los diálogos, dejándonos interpretaciones memorables (no hablaremos de desperdicio, pero habría sido ideal verlas al servicio de una obra mejor). Weisz está perfecta (y preciosa) tanto en su vulnerabilidad neurótica y como en su hermosa calma, Paul Dano encaja en su papel como anillo al dedo, y Keitel y Caine están sencillamente sensacionales, sobre todo el primero. Por último, hay que destacar la participación de Jane Fonda en dos escenas que, a pesar de su brevedad, hacen temblar los cimientos del film (su personaje, la estrella de cine Brenda Morel, nos regala las frases más inspiradas, “El futuro es la televisión. Y el presente” -no en vano, el siguiente proyecto de Sorrentino es una miniserie para HBO).

Este desfile orquestal de personajes atormentados por sus obras pasadas resulta en grandes trabajos dramáticos y el escenario que los envuelve es sin duda exquisito. Pero después de La gran belleza, Sorrentino se repite, y esta vez le falta garra, necesita más fondo, y le sobra presunción. Es decir, como la canción de la película, “Simple Song #3”, promete más de lo que da.

Valoración: ★★★

Crítica: La chica danesa

A171_C001_03123F

Lili Elbe nació en Dinamarca en 1882. Identificada como varón, recibió el nombre de Einar Mogens Wegener, con el que tuvo que vivir gran parte de su vida, dedicada con éxito a la pintura y la ilustración. Antes de adoptar su nueva identidad, Einar conoció a Gerda Wegener en la Escuela de Arte de Copenhague, y se casó con ella en 1904. Einar desarrolló su gusto por la ropa femenina al posar para Gerda reemplazando a una modelo ausente. A partir de ahí, Gerda ganó notoriedad en los círculos artísticos por los retratos de una bella figura femenina que no era otra que Lili, que comenzaba a vestirse de mujer asiduamente, se paseaba por las calles sin que la gente supiera que era una persona transgénero e incluso aparecía en sociedad como la prima de su esposa. Con Gerda siempre a su lado apoyándola en su transición, Einar fue desapareciendo gradualmente para dar lugar a Lili, la mujer que siempre había vivido dentro.

La historia de Lili Elbe resuena con fuerza en nuestros días, en los que la lucha por los derechos de las personas LGTBQ se encuentra en uno de sus momentos más decisivos, en general, y particularmente en lo que se refiere a la comunidad transgénero. Elbe fue una pionera en la cirugía de cambio de sexo, al ser la primera persona conocida que se sometió a una operación de reasignación genital, en 1930. Tom Hooper, el director de El discurso del rey Los miserables, es el encargado de contarnos esa historia y otorgarle la universalidad e inmortalidad que proporciona el cine, con La chica danesa, inspirada en la novela homónima de David Ebershoff, que a su vez relata libremente la vida de Lili. La chica danesa es una cinta biográfica de corte clásico que sin embargo aborda con osadía (me sorprende que la mayoría de la crítica opine lo contrario), respeto y suma delicadeza un tema que aun a día de hoy puede resultar incómodo o polémico para el gran público, un film que se desnuda por completo, exponiéndose tanto a los que comparten su causa como a los que no la entienden o se burlan de ella. Y es que la ocasión lo merece, si una sola de esas mentes cerradas consigue abrirse entre las risas de otros gracias a esta película, ya habrá servido para algo.

La chica danesa pósterDespués de lograr (merecidamente) el Oscar por interpretar a Stephen Hawking en La teoría del todo, Eddie Redmayne vuelve a llevar a cabo una impresionante transformación física y emocional para convertirse en Lili Elbe. El actor británico realiza un trabajo absolutamente conmovedor, un recital lírico de gestos y matices con una finura quebradiza en consonancia con el resto de la película (atención a la sobrecogedora escena en la cabina del “peep show”). Pero no sería lo mismo de no ser por Alicia Vikander haciendo de contrapunto, de la misma manera que Felicity Jones ejercía de sufrida partenaire en La teoría del todo. Si La chica danesa trasciende el mero biopic -evidentemente confeccionado para los Oscar- es sobre todo por la labor interpretativa de estos dos portentos escénicos, tan jóvenes y tan llenos de vida, que nos regalan los más hermosos primeros planos, imágenes ahogadas en lágrimas de una fuerza dramática arrebatadora. Gracias a ellos, La chica danesa constituye una experiencia profundamente íntima y reveladora, algo similar a ser observado en tu momento más desnudo y vulnerable, y salir reforzado de ello.

Pero no debemos pasar por alto la labor de Hooper, que ha convertido una historia introspectiva y furtiva en una obra llena de luz, que se debe mirar y admirar (y escuchar, porque el omnipresente Alexandre Desplat vuelve a firmar una partitura digna de mención). A esos poderosos primeros planos a los que me refería se añade una composición y puesta en escena exquisita, con la que el director encuadra a sus personajes en lo que sin duda son pinturas fílmicas. En interiores, cuadros llenos de capas y profundidad gracias a la meticulosa disposición de los personajes, el aire a su alrededor y el juego de marcos de puertas que se establece junto a ellos, y en exteriores, pasteles de aspecto brumoso con los que Hooper nos presenta un idílico paisaje europeo de los años 20, en contraste con el tumulto interior de sus protagonistas. Así, el emocionante viaje y la historia de amor incondicional de Lili y Gerda dan lugar a una película abiertamente preciosista que no se queda en la superficie del lienzo, una obra frágil, transformadora y, por encima de todo, necesaria.

Valoración: ★★★★

Crítica: Los Odiosos Ocho

THE HATEFUL EIGHT

Hay pocos directores de cine tan seguros de sí mismos y con el control de su estilo y sus universos de ficción como Quentin Tarantino. Lo ha demostrado una y otra vez, elevando el pastiche y el homenaje (o imitación) a un arte cinematográfico que pocos dominan. Tarantino no se sale de su zona de confort, porque ahí dentro es un maestro. Por eso con su octava película, Los Odiosos Ocho (The Hateful Eight), va sobre seguro. Un reparto de actores fetiche para el realizador de Tennessee, diálogos marca de la casa, violencia pasada de rosca, reverencia a uno de sus géneros predilectos, el western (rodado además en nostálgico 70mm), y ese sentido del humor tan particular. Nada de esto falla en Los Odiosos Ocho, sin duda un “lugar feliz” para los incondicionales del director, en el que la novedad más destacable es que el título de la película está formado por tres palabras, en lugar de dos.

Los Odiosos Ocho nos traslada a la época inmediatamente posterior a la Guerra de Secesión en Estados Unidos, al mundo de la Frontera, con sus “Se Busca Vivo o Muerto”, sus forajidos y sus diligencias. Con una variación: estamos ante un western nevado de interiores con espíritu de obra de teatro. El paisaje invernal de Wyoming es el escenario donde se sitúa la acción, concretamente dentro de la Mercería de Minnie, una parada para diligencias en un puerto de montaña, durante un feroz temporal de nieve. Uno de esos coches de caballos arriba en la Mercería llevando cuatro pasajeros, que son recibidos por cuatro hombres. Cuatro y cuatro, ocho (más algún acoplado que no sabe dónde se ha metido). Como siempre, Tarantino cuida al máximo la caracterización y las historias de sus personajes, con el objetivo de convertirlos en iconos desde el primer minuto. Y estos ocho personajes (unos más que otros) son decididamente memorables.

El cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) lleva a su fugitiva, Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), al pueblo de Red Rock, donde Ruth, más conocido como “el Verdugo”, debe llevar a la delincuente a la justicia. Por el camino se encuentran con dos desconocidos: el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), otro cazarrecompensas antiguo soldado negro de la Unión, y el nuevo sheriff de Red Rock, Chris Mannix (Walton Goggins), sureño con pocas luces que se dirige al mismo lugar para ocupar su nuevo puesto. En la Mercería, estos cuatro sospechosos personajes conocen a Bob (Demian Bichir), mexicano a cargo del local mientras Minnie se encuentra ausente, el sofisticado británico Oswaldo Mobray (Tim Roth), el vaquero de voz rasgada y pocas palabras Joe Gage (Michael Madsen) y el general confederado Stanford Smithers (Bruce Dern).

Hateful EightComo si de un “episodio botella” de una serie se tratase, Los Odiosos Ocho transcurre casi íntegramente en el mismo lugar, impulsada por una dialéctica constante entre estos ocho personajes, en la que se van destapando heridas abiertas y el pasado se va apoderando del relato, hasta que lo conquista. Los diálogos tarantinianos son lo que mueve la acción durante una primera hora y media que, no obstante, puede resultar algo pesada, en la que el director no consigue brillar en su escritura como de costumbre. En esta ocasión, las casi tres horas de metraje que dura la película no están justificadas, y lo que se cuenta en la primera sección del film podría haberse reducido a la mitad sin problemas. Pero ya sabemos cómo es Tarantino. My way or the highway. Su cine suele funcionar de esta manera, se va calentando a fuego lento, a su ritmo (por capítulos), sin prisa, y va yendo a más, para culminar en un acto final en el que la sangre llega al río, y lo desbordaLos Odiosos Ocho no es una excepción. Como dice un personaje durante la película, “El nombre del juego es ‘paciencia'”. Efectivamente, si uno escucha atentamente y aguanta con calma la primera parte, le aguarda una gran recompensa en la segunda. Una última hora divertidísima, en la que el humor estalla después de ir a medio fuelle casi todo el tiempo, y donde el juego de misterio que es su historia nos reserva un par de giros y triquiñuelas narrativas que ponen el resto de la película en perspectiva.

Aun con todo, a ratos da la sensación de que el director se mueve por inercia, confiando demasiado en que bastará con desplegar los mismos trucos de siempre, porque tiene a su público en el bolsillo. Por eso en esta película son los demás los que se llevan verdaderamente el gato al agua. Concretamente el legendario Ennio Morricone, que firma una banda sonora que se eleva por encima de la cinta (la música durante los créditos iniciales pone los vellos de punta), el director de fotografía, Robert Richardson (que hace maravillas tanto en interiores como cuando se nos deja ver el impresionante paisaje nevado que sitia a los personajes), y por supuesto el reparto, consistentemente excelente (a excepción quizá de Tim Roth, en un papel sin duda escrito para Christoph Waltz, en el que el británico imita… a Christoph Waltz, y Channing Tatum, que menos mal que sale poco, porque no consigue hacerse con el tono de su personaje). Russell está especialmente inspirado, y si Leigh se ha llevado muchos laureles por su (sobre)interpretación demente y desquiciada, quien está en estado de gracia es Samuel L. Jackson, que merece una nueva nominación al Oscar ya solo por su sádico flashback narrado, uno de los momentos que más serán recordados de la película.

 Los Odiosos Ocho no es el mejor Tarantino, pero es puro Tarantino, lo que debería ser bastante.

Valoración: ★★★½

Lo más fuertecito 2015 (televisión)

mejores-series-20151

Como siempre por estas fechas, llega el momento de hacer balance sobre el año seriéfilo, con lo mejor (y un poco de lo peor) que nos ha dejado la tele en los últimos 12 meses. 2015 se ha caracterizado por la consagración definitiva de las plataformas de video on demand, con el advenimiento de Netflix en España como el gran acontecimiento seriéfilo del año. Por primera vez en la historia de los Globos de Oro, las plataformas de VOD superan en número de nominaciones a HBO, y el binge-watching sigue imponiéndose como la opción favorita del serieadicto.

La tele ha cambiado para siempre, y la oferta de series de calidad se ha multiplicado de tal manera que 2015 también será recordado como el año en el que se han estrenado más series. ¡En Estados Unidos más de 400! Para los que intentamos estar al día de las tendencias televisivas esto complica nuestra “tarea”, por lo que hay que ser más selectivo y/o dormir menos horas al día. También por esa razón, realizar los Top 10 de 2015 ha sido especialmente difícil. Si normalmente me duele dejar muchas cosas fuera, este año podría haber hecho perfectamente Top 20 de casi todas las categorías. Sin embargo, he conseguido controlarme, con unas cuantas honrosas excepciones, en las que me ha sido físicamente imposible sacrificar varios nombres.

Definitivamente, 2015 nos ha dejado un número muy elevado de buenas series. Mientras algunas ficciones consagradas como Juego de Tronos no han tenido su mejor año (aunque haya mantenido su alto nivel), hemos disfrutado de excelentes segundas temporadas de algunos de los mejores estrenos de 2014, como Fargo, The Knick o Penny Dreadful (de lo de True Detective ya no hablamos). Mención aparte merece The Leftovers, uno de los productos que más dividió a la audiencia en 2014, y que se ha convertido en la gran serie de culto de 2015, una experiencia televisiva como ninguna otra, que más que verse como el resto de series, se vive con todos los sentidos a flor de piel.

2015 también ha sido el año de las sorpresas catódicas. El verano pasado pudimos ver dos de las series revelación del año, Mr. Robot UnREAL, dramas de calidad (cada una a su manera) que nos engancharon y fascinaron durante los calurosos meses estivales. Por otro lado, a principios de año nos llegó la serie española definitiva del siglo XXI, El Ministerio del Tiempo, un fenómeno sin precedentes que ha dado lugar a un movimiento fan en Internet (los “ministéricos” y los “cayetaners”) como nunca antes había generado una serie española. Y hablando de fandoms, Outlander ha pasado de ser una promesa a una de las series que más obsesiones despiertan entre la población seriéfila (algo que no me extraña nada), colándose también este año en las nominaciones de los Globos de Oro. Está claro que el género fantástico empieza a ser de todos gracias a la televisión.

Este año también ha sido el de la diversidad en la televisión norteamericana. Aun queda mucho por hacer, pero nunca habíamos tenido tantas series protagonizadas por personas de raza no caucásica. Hay comedias familiares con repartos casi íntegramente negros (blackish) o asiáticos (Fresh Off the Boat, Dr. Ken), dramas con elencos multiétnicos (QuanticoMr. Robot) y series con protagonistas de procedencia india (The Mindy Project, Master of None). Pero no solo eso, 2015 nos ha dejado las primeras series protagonizadas por superheroínas desde Wonder WomanSupergirlJessica Jones, dos propuestas feministas tanto por su contenido como por el hecho de que por fin empieza a haber opciones en un género tradicionalmente masculino. Por último, la comunidad LGTBQ también ha gozado de buena representación en la televisión de 2015, tanto en USA como en UK (aquí vamos en buen camino, pero todavía tenemos que ponernos más las pilas), con series como LookingSense8, Please Like Me, Transparent, London Spy, Cucumber/Banana/TofuOrange Is the New Black, How to Get Away With Murder, etc. Productos cada vez más atrevidos y naturalistas que no solo siguen normalizando lo queer, sino que nos están mostrando la enorme diversidad que existe dentro de esa Q, probablemente la letra más importante del año.

Y por supuesto, 2015 también ha sido un año de despedidas. La que para mí es la mejor serie de la Tercera Edad Dorada de la Televisión, Mad Men, ha tocado a su fin después de siete magníficas temporadas, habiendo ejercido como puente entre la quality television de principio de siglo y la nueva televisión de autorMad Men nos ha dejado huérfanos a muchos seriéfilos, pero, como decía, no nos van a faltar series de calidad precisamente. Y no solo eso, sino que hoy en día tenemos la oferta televisiva más rica, variada y arriesgada que nos ha dado el medio: terror y gore sin cortapisas de la censura (AHSAsh vs. Evil Dead), las mejores historias sobre la generación millennial , que se han convertido en un género en sí mismo (Girls, Please Like Me, Master of None), thrillers apasionantes, dramas históricos, sitcoms de autor, series de superhéroes (hay tantas que ya empezamos a tener “superhero fatigue” también en la tele), y por supuesto placeres culpables (Quantico no ha entrado en ninguna de mis listas, pero es tan mamarracha que había que mencionarla, y Empire se ha desinflado mucho desde su estreno, pero sigue dejándonos grandes momentos). Tanta oferta puede ser abrumadora para muchos, pero también enormemente gratificante.

Al menos para mí lo ha sido. Y para demostrarlo, os dejo ya con mis listas de lo mejor de 2015, 29 categorías que, a pesar de muchas ausencias inevitables, resumen uno de los mejores años catódicos de lo que llevamos de siglo. Que el nivel se mantenga así en este 2016. ¡Feliz Año!

Don-abrazo

Mejor Serie (Drama)

1. Mad Men (Temporada 7B)

 

2. The Leftovers (Temporada 2)

3. Fargo (Temporada 2)

4. The Knick (Temporada 2)

5. House of Cards (Temporada 3)

6. The Affair (Temporada 2)

7. The Americans (Temporada 3)

8. The Good Wife (Temporada 7)

9. Homeland (Temporada 5)

10. Penny Dreadful (Temporada 2)

 

please-like-me-03

Mejor Serie (Comedia)

1. Please Like Me (Temporada 3)

 

2. Girls (Temporada 4)

3. Veep (Temporada 4)

4. Broad City (Temporada 2)

5. Louie (Temporada 5)

6. Transparent (Temporada 2)

7. Silicon Valley (Temporada 2)

8. Episodes (Temporada 4)

9. Community (Temporada 6)

10. It’s Always Sunny in Philadelphia (Temporada 10)

 

Sense8

Mejor Nuevo Drama*

1. Sense8

 

2. UnREAL

3. Show Me A Hero

4. Cucumber

5. Daredevil

6. Better Call Saul

7. Mr. Robot

8. London Spy

9. El Ministerio del Tiempo

10. Jessica Jones

*Incluye miniseries y series limitadas.

 

Master of None

Mejor Nueva Comedia*

1. Master of None

 

2. Catastrophe

3. Unbreakable Kimmy Schmidt

4. Banana

5. Ash vs. Evil Dead

6. Fresh Off the Boat

7. Grace and Frankie

8. Galavant

9. Scream Queens

10. The Muppets

*Incluye miniseries y series limitadas.

 

International Assassin

Mejor Episodio (Drama)*

1. The Leftovers, “International Assassin” (2.08)

 

2. Mad Men, “Lost Horizon” (7.12)

3. Fargo, “The Castle” (2.09)

4. Game of Thrones, “Hardhome” (5.08)

5. Sense8, “What Is Human?” (1.10)

6. House of Cards, “Chapter 37” (3.11)

7. Cucumber, “Episode #1.6” (1.06)

8. Penny Dreadful, “The Nightcomers” (2.03)

9. Agents of S.H.I.E.L.D., “4,722 Hours” (3.05)

10. Jessica Jones, “AKA WWJD?” (1.08)

*Excluye season/series finales, que tienen su propia categoría.

 

Parents

Mejor Episodio (Comedia)*

1. Master of None, “Parents” (1.02)

 

2. Please Like Me, “Coq Au Vin” (3.05)

3. You’re the Worst, “LCD Soundsystem” (2.09)

4. Louie, “Untitled” (2.05)

5. It’s Always Sunny In Philadelphia, “Charlie Work” (10.04)

6. Girls, “Sit-In” (4.05)

7. Broad City, “Coat Check” (2.09)

8. Parks and Recreation, “Leslie and Ron” (7.04)

9. Inside Amy Schumer, “12 Angry Men Inside Amy Schumer” (3.03)

10. Looking, “Looking for a Plot” (2.07)

*Excluye season/series finales, que tienen su propia categoría.

 

Kirsten Dunst

Mejor Actriz (Drama)

1. Kirsten Dunst (Fargo)

 

2. Robin Wright (House of Cards)

3. Elisabeth Moss (Mad Men)

4. Shiri Appleby (UnREAL)

5. Julianna Margulies (The Good Wife)

6. Eva Green (Penny Dreadful)

7. Ruth Wilson (The Affair)

8. Lena Headey (Game of Thrones)

9. Caitriona Balfe (Outlander)

10. Hayley Atwell (Agent Carter)

 

don draper phone

Mejor Actor (Drama)

1. Jon Hamm (Mad Men)

 

2. Ben Whishaw (London Spy)

3. Kevin Spacey (House of Cards)

4. Oscar Isaac (Show Me a Hero)

5. Bob Odenkirk (Better Call Saul)

6. Dominic West (The Affair)

7. Clive Owen (The Knick)

8. Rami Malek (Mr. Robot)

9. Vincent Franklin (Cucumber)

10. Sam Heughan (Outlander)

 

Veep

Mejor Actriz (Comedia)

1. Julia Louis-Dreyfus (Veep)

 

2. Aya Cash (You’re the Worst)

3. Amy Landecker (Transparent)

4. Sharon Horgan (Catastrophe)

5. Ellie Kemper (Unbreakable Kimmy Schmidt)

6. Lena Dunham (Girls)

7. Edie Falco (Nurse Jackie)

8. Lily Tomlin (Grace and Frankie)

9. Amy Poehler (Parks and Recreation)

10. Mindy Kaling (The Mindy Project)

 

Thomas Middleditch

Mejor Actor (Comedia)

1. Thomas Middleditch (Silicon Valley)

 

2. Louis C.K. (Louie)

3. Aziz Ansari (Master of None)

4. Josh Thomas (Please Like Me)

5. Jeffrey Tambor (Transparent)

6. Matt LeBlanc (Episodes)

7. Ty Burrell (Modern Family)

8. Charlie Day (It’s Always Sunny in Philadelphia)

9. Rob Delaney (Catastrophe)

10. Will Forte (The Last Man on Earth)

 

UNTITLED- 618

Mejor Actriz Secundaria (Drama)

1. Christine Baranski (The Good Wife)

 

2. Miranda Otto (Homeland)

3. Maura Tierney (The Affair)

4. Catherine Keener (Show Me a Hero)

5. Joan Smart (Fargo)

6. Christina Hendricks (Mad Men)

7. Kathy Bates (American Horror Story Hotel)

8. Patti Lupone (Penny Dreadful)

9. Ann Dowd (The Leftovers)

10. Mare Winningham (American Horror Story Hotel)

 

Nick Offferman

Mejor Actor Secundario (Drama)

1. Nick Offerman (Fargo)

 

2. Denis O’Hare (American Horror Story Hotel)

3. Alan Cummings (The Good Wife)

4. Jeffrey Donovan (Fargo)

5. Tobias Menzies (Outlander)

6. David Tennant (Jessica Jones)

7. Jim Broadbent (London Spy)

8. Jonathan Banks (Better Call Saul)

9. Toby Huss (Halt and Catch Fire)

10. Michael Kelly (House of Cards)

 

26494FEF00000578-2978022-image-a-33_1425413292913

Mejor Actriz Secundaria (Comedia)

1. Paget Brewster (Community, Another Period)

 

2. Allison Janney (Mom)

3. Merritt Wever (Nurse Jackie)

4. Anna Chlumsky (Veep)

5. Niecy Nash (Scream Queens)

6. Judith Light (Transparent)

7. Gaby Hoffmann (Transparent)

8. Noël Wells (Master of None)

9. Lauren Weedman (Looking)

10. Betty Gilpin (Nurse Jackie)

 

tituss

Mejor Actor Secundario (Comedia)

1. Tituss Burgess (Unbreakable Kimmy Schmidt)

 

2. Tony Hale (Veep)

3. Adam Driver (Girls)

4. Sam Waterson (Grace and Frankie)

5. Jon Hamm (Unbreakable Kimmy Schmidt)

6. Paul Giamatti (Inside Amy Schumer)

7. Glenn Powell (Scream Queens)

8. Timothy Omundson (Galavant)

9. Zach Woods (Silicon Valley)

10. Andre Braugher (Brooklyn Nine-Nine)

 

CLMvfriVEAA22VG

Mejor Interpretación Infantil*

1. Thomas Barbusca (Wet Hot American Summer: First Day of Camp)

 

2. Aubrey Anderson-Emmons (Modern Family)

3. Kiernan Shipka (Mad Men)

4. Ursula Parker (Louie)

5. Hudson Yang (Fresh Off the Boat)

6. Hadley Delany (Louie)

7. Skyler Gaertner (Daredevil)

8. Blake Garrett Rosenthal (Mom)

9. Jeremy Maguire (Modern Family)

10. Lyric Angel (American Horror Story Hotel)

*Menores de 16 años

 

Daryl Hannah, Brian J. Smith, Miguel Angel Silvestre, Tina Desai, Tuppence Middleton, Jamie Clayton, Cindy Holland, Freema Agyeman, Erendira Ibarra, Naveen Andrews, Aml Ameen, Doona Bae, Max Riemelt

Mejor Reparto*

1. Sense8

 

2. Mad Men

3. Fargo

4. Game of Thrones

5. Scream Queens

6. Orange Is the New Black

7. Parks and Recreation

8. The Leftovers

9. Please Like Me

10. UnREAL

*Se reconoce la labor de casting, el talento generalizado de un reparto completo y/o la química entre los miembros de un elenco.

 

sharon-horgan-rob-delaney

Pareja/dúo con más química

1. Sharon Horgan y Rob Delaney (Catastrophe)

 

2. Mads Mikkelsen y Hugh Dancy (Hannibal)

3. Caitriona Balfe y Sam Heughan (Outlander)

4. Jonathan Groff y Russell Tovey (Looking)

5. Elisabeth Moss y Jay R. Ferguson (Mad Men)

6. Iain De Caestecker y Elizabeth Henstridge (Agents of S.H.I.E.L.D.)

7. Shiri Appleby y Constance Zimmer (UnREAL)

8. Ilana Glazer y Abbi Jacobson (Broad City)

9. Miguel Ángel Silvestre y Alfonso Herrera (Sense8)

10. Jamie Clayton y Freema Agyeman (Sense8)

 

unbreakable-kimmy-schmidt-review

Personaje Televisivo de 2015

1. Kimmy Schmidt (Unbreakable Kimmy Schmidt)

 

2. Rachel Goldberg (UnREAL)

3. Claire Underwood (House of Cards)

4. Selina Meyer (Veep)

5. Elliot Alderson (Mr. Robot)

6. Peggy Blumquist (Fargo)

7. Gretchen Cutler (You’re the Worst)

8. Jimmy McGill (Better Call Saul)

9. Amy Schumer (Inside Amy Schumer)

10. BoJack Horseman (BoJack Horseman)

11. Jessica Jones (Jessica Jones)

12. Kara Danvers/Supergirl (Supergirl)

13. Dev (Master of None)

14. Nick Wasicsko (Show Me a Hero)

15. Chanel Oberlin (Scream Queens)

 

Outlander 2014

Villano del año

1. Black Jack Randall (Outlander)

 

2. Kilgrave (Jessica Jones)

3. Frank y Claire Underwood (House of Cards)

4. Wilson Fisk (Daredevil)

5. Allison Carr (Homeland)

6. Madame Kali (Penny Dreadful)

7. Noah Solloway (The Affair)

8. Ramsay Bolton (Game of Thrones)

9. Danny Castellano (The Mindy Project)

10. Louis Canning (The Good Wife)

 

Knick 2

Mejor Dirección

1. The Knick

 

2. Sense8

3. Game of Thrones

4. Mr. Robot

5. Girls

6. The Leftovers

7. Show Me a Hero

8. Better Call Saul

9. The Affair

10. House of Cards

 

BJH

Mejor Serie de Animación

1. BoJack Horseman

 

2. Steven Universe

3. Rick and Morty

4. Adventure Time

5. Bob’s Burgers

6. Archer

7. South Park

8. The Simpsons

9. We Bare Bears

 

Mejor Nuevo Opening

1. Unbreakable Kimmy Schmidt

 

2. El Ministerio del Tiempo

3. Daredevil

4. F Is for Family

5. Sense8

6. The Man in the High Castle

7. Jessica Jones

8. Wayward Pines

9. The Muppets

10. Into the Badlands

 

Fargo-Season-2-Trailer

Mejor Banda Sonora*

1. Fargo

 

2. The Knick

3. Mr. Robot

4. The Leftovers

5. Mad Men

6. Transparent

7. Outlander

8. Sense8

9. Steven Universe

10. Galavant

*Selección musical/Canciones originales/Score original

 

Plm s

Mejor Momento Musical

1. Tom, Josh, Ella, Claire y Arnold cantan “Someone Like You” en “Coq Au Vin” (Please Like Me, 3.05)

 

2. El cluster canta “What’s Up” en “What’s Going On?” (Sense8, 1.04)

3. Garnet canta “Stronger Than  You” en “Jailbreak” (Steven Universe, 1.49)

4. “Peeno Noir” (Unbreakable Kimmy Schmidt, “Kimmy Goes to School!”, 1.06)

5. “Lalala” de Massiel suena en Cucumber, “Episode #1.6”

6. Marceline canta “Everything Stays” en “The Dark Cloud” (Adventure Time: Stakes, 7.13)

7. “Milk Milk Lemonade” (Inside Amy Schumer, “Last Fuckable Day”, 3.01)

8. Tema central de Galavant (“Pilot”, 1.01)

9. Jamal sale del armario cantando “You’re So Beautiful” en “The Lyon’s Roar” (Empire, 1.08)

10. Los Dickie Dollar Scholars se enfrentan al Red Devil al ritmo de “Backstreet’s Back” en “Chainsaw” (Scream Queens, 1.03)

11. Justin Theroux canta “Homeward Bound” de Simon & Garfunkel en el karaoke, en “I Live Here Now” (The Leftovers, 2.10)

12. Matt Bomer baila “Hotline Bling“/Kathy Bates y Denis O’Hare entran disparando a cámara lenta al ritmo de la canción en “She Gets Revenge” (American Horror Story Hotel, 5.10)

13. “I Lived“, último número de Glee (“Dreams Come True”, 6.13)

14. Cameo de Sia en “Man on the Land” (Transparent, 2.09)

 

Don-final1

Mejor Season/Series Finale

1. Mad Men, “Person to Person” (7.14)

 

2. Community, “Emotional Consequences of Broadcast Television” (6.13)

3. The Knick, “This Is All We Are” (2.10)

4. Game of Thrones, “Mother’s Mercy” (5.10)

5. My Mad Fat Diary, “Voodoo” (3.03)

6. Parks and Recreation, “One Last Ride, Parts 1 & 2” (7.13)

7. Sense8, “I Can’t Leave Her” (1.12)

8. Fargo, “Palindrome” (2.10)

9. Please Like Me, “Christmas Trifle” (3.10)

10. Hannibal, “The Wrath of the Lamb” (3.13)

 

Zoo

Peor Season/Series Finale

1. Zoo, “The Great Big Hill of Hope” (1.13)

 

2. The League, “The Great Night of Shiva” (7.13)

3. Hemlock Grove, “Brian’s Song” (3.10)

 

true detective

Peor serie/mayor decepción de 2015

1. True Detective

2. W/ Bob and David

3. Hemlock Grove

4. Broadchurch

5. The League

6. Togetherness

7. Man Seeking Woman

8. Zoo

9. Scream

10. The Strain

Hayley

Guapa de la Tele 2015

1. Hayley Atwell (Agent Carter)

 

2. Rachael Taylor (Jessica Jones)

3. Caitriona Balfe (Outlander)

4. January Jones (Mad Men, The Last Man on Earth)

5. Alison Brie (Mad Men, Community)

6. Freema Agyeman (Sense8)

7. Melissa Benoist (Supergirl)

8. Deborah Ann Woll (Daredevil)

9. Aura Garrido (El Ministerio del Tiempo)

10. Robin Wright (House of Cards)

11. Diane Guerrero (Orange Is the New Black)

12. Alycia Debnam-Carey (Fear the Walking Dead)

13. Kat Dennings (2 Broke Girls)

14. Ilana Glazer (Broad City)

15. Katie Stevens (Faking It)

16. Mackenzie Davis (Halt and Catch Fire)

17. Nathalie Emmanuel (Game of Thrones)

18. Caitlin Stasey (Please Like Me)

19. Sophie Turner (Game of Thrones)

20. Constance Wu (Fresh Off the Boat)

 

nikolaj-coster-waldau-photos-007

Guapo de la Tele 2015

1. Nikolaj Coster-Waldau (Game of Thrones)

 

2. Derek Theler (Baby Daddy)

3. Matt Bomer (American Horror Story Hotel)

4. Jon Hamm (Mad Men, Unbreakable Kimmy Schmidt)

5. Max Riemelt (Sense8)

6. Charlie Cox (Daredevil)

7. Nick Blood (Agents of S.H.I.E.L.D.)

8. Chris Pratt (Parks and Recreation)

9. Chris Zylka (The Leftovers)

10. James Wolk (Zoo)

11. Michiel Huisman (Game of Thrones)

12. Freddie Stroma (UnREAL)

13. Jeffrey Dean Morgan (The Good Wife)

14. Jussie Smollett (Empire)

15. Sam Heughan (Outlander)

16. Keegan Joyce (Please Like Me)

17. Michael Angarano (The Knick)

18. Evan Peters (American Horror Story Hotel)

19. Robert Buckley (iZombie)

20. Justin Theroux (The Leftovers)