Crítica: El desafío (The Walk)

1271033 - THE WALK

El desafío (The Walk) está basada en la historia real de Philippe Petit, juglar moderno que comenzó su carrera en las calles de París en 1968 y se hizo mundialmente famoso gracias a sus arriesgados espectáculos de funambulismo por todo el mundo, caminando sobre un cable a lo alto de la Catedral de Notre Dame, la Torre Eiffel, el Louisiana Superdome o el puente del puerto de Sídney. Pero sin duda, la hazaña por la que Petit sería inmortalizado definitivamente fue su “paseo” recorriendo la distancia que separaba las torres Gemelas de Nueva York, cuando su construcción aun no había acabado. Petit fue el sujeto de la película Man on Wire, en la que se nos acercaba a la vida del equilibrista desde el prisma documental, y ahora Robert Zemeckis lleva su historia al cine de otra manera, convirtiendo su aventura en Nueva York en una superproducción de Hollywood con aire a fábula de Jean-Pierre Jeunet, y, por encima de todo, en un acontecimiento cinematográfico de la era 3D.

Siguiendo los pasos de Gravity y más recientemente Everest, el siempre complaciente Zemeckis elabora un film-espectáculo para todos los públicos que ofrece una experiencia inmersiva en la que el espectador sentirá que está junto a Petit a lo alto del World Trade Center. Restando algún que otro plano en el que se nota demasiado el corta-pega digital de la cara de Joseph Gordon-Levitt cuando está realizando números complicados en la cuerda floja, El desafío está cuidada al máximo en el aspecto visual, con unas secuencias en las alturas que provocarán mareos y sudores fríos hasta a los que no sufran de acrofobia (los que sí tengan miedo a las alturas que entren bajo su propia responsabilidad). La pieza más destacada de la 68x98cm_CartelTeaser EL DESAFIOpelícula es sin duda el “acto” final, en el que Petit realiza su sueño de caminar sobre las nubes ante la atónita mirada de los neoyorquinos más madrugadores. El gran momento tarda en llegar, pero la espera merece la pena. Zemeckis se recrea en la secuencia estrella durante unos interminablemente tensos minutos (es difícil calcular cuántos a ojo) en los que Gordon-Levitt se entrega por completo, coronando de la mejor manera posible una película que hasta ese momento no ha alcanzado las alturas que se proponía.

Y es que El desafío no ofrece demasiados alicientes más allá de la experiencia en tres dimensiones (más aun si ya se ha visto el documental de James Marsh). La primera hora y media del film es una fusión de biopic aspiracional y heist movie en la que asistimos a la evolución de Petit como artista y lo acompañamos junto a su pandilla de cómplices mientras trazan el plan para colarse en el World Trade Center. Gordon-Levitt desprende encanto por los cuatro costados, pero sus esfuerzos (y su francés) se ven menoscabados por un guion rutinario, formulaico y más bien plano que se pasa la mitad del tiempo intentando justificar (pobremente) que todo el mundo hable inglés. Por otro lado, la película hace gala de un humor excesivamente simplón, con chistes fallidos y secundarios sin gracia que no aportan la chispa que la película necesita. Por todo ello, El desafío no pasará a la historia del cine, aunque nos quedemos con dos cosas que sí hace muy bien: aprovechar la tecnología 3D para dejarnos excelentes planos en las alturas y rendir un bonito (si bien discreto) homenaje a las Torres Gemelas.

Valoración: ★★★

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