Crítica: Grandma

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Todos sabemos que sobrevivir en Hollywood siendo una actriz de más de 40 es toda una odisea. Llegar a los 50 y seguir estrenando películas todos los años es una hazaña que solo unas pocas logran. Y si las estrellas de cine de más de 60 que forman parte de la “A-List” se pueden contar con los dedos de una mano, imaginaos lo difícil que es haber superado los 75 y seguir trabajando en la meca del cine. Es el caso de Lily Tomlin, veterana actriz y comediante que está viviendo su gran año en 2015, después de 45 de carrera artística. Son pocas las oportunidades que el cine y la televisión dan a las actrices de su edad para encabezar proyectos, y este año Tomlin ha destacado en dos. La serie de Netflix Grace and Frankie, donde comparte protagonismo con otra alegre setentañera, la espléndida Jane Fonda, y la película que hoy nos ocupa, Grandma.

Ambas ficciones sirven para reivindicar y celebrar a la tercera edad en la ficción audiovisual. La serie lo hace en forma de sitcom fresca y picante sobre dos amigas que se enfrentan al capítulo tardío de sus vidas como un nuevo comienzo, y la película como una dramedia independiente sobre los errores y las decisiones que dan forma a nuestra vida, que parecen haberse marchado y vuelven llamando a la puerta. Es decir, mientras Grace and Frankie mira hacia el futuro, Grandma es un recorrido por el pasado. Y en ambos casos, Tomlin es lo más destacable. No en vano, el director de la cinta, Paul Weitz (American PieUn niño grande), prepara el escenario para el total y absoluto lucimiento de la actriz, que acepta el reto con determinación. Tomlin conmueve, hace reír, irrita y fascina con un personaje divertido, imperfecto y profundamente humano, uno sin duda hecho a su medida.

CartelCine GRANDMA.inddPero Grandma no solo da visibilidad a las mujeres de más de 70 años en el cine, sino que aporta su granito de arena para mejorar la representación en el cine de la homosexualidad durante la tercera edad (lo mismo que hace precisamente Grace and Frankie en la tele con los hombres). Aunque nos gustaría no tener que resaltarlo, el hecho de que la protagonista de la película sea una abuela lesbiana y su orientación no sea solo un accesorio supone toda una osadía que agradecemos, y que Weitz trata con total respeto y naturalidad. Pero eso no es todo. Grandma también aborda un tema controvertido como el embarazo adolescente, y lo hace sin atisbo de moralina o adoctrinamiento, con honestidad, inteligencia, incluso frialdad. Veamos. Después de romper con su novia (la omnipresente Judy Greer), Elle (Tomlin) recibe la inesperada visita de su nieta Sage (Julia Garner), que necesita reunir 600 dólares para un aborto antes de que acabe el día. Elle está en bancarrota, así que dedica el día a buscar el dinero junto a Sage, reclamando favores y visitando amigos y amantes del pasado en lo que se convierte en una especie de road movie suburbana. Es una premisa sencilla pero contundente que da como resultado una pequeña gran película.

Conocer, descubrir y acompañar a la excéntrica y volátil Elle en su viaje por el pasado supone una experiencia llena de descubrimientos y secretos desenterrados en la que no se esquiva la amargura y la tristeza que conlleva dicho ejercicio regresivo, pero que por encima de todo constituye una película dulce, amable, y a ratos conmovedora. Grandma es un estupendo retrato generacional que nos habla por encima de todo de lo difícil que es ser madre y ser hija (fantásticas tanto la adolescente Julia Garner como la infalible Marcia Gay Harden) e ilustra con elocuencia el momento en el que el rencor entre generaciones se convierte en perdón.

Valoración: ★★★½

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