Crítica: Dheepan

Dheepan

Texto escrito por David Lastra

El estreno de la Palma de Oro es uno de los pocos acontecimientos ineludibles de la temporada cinematográfica otoñal. Cuando llega el momento, nos acercamos religiosamente a las salas de cine a visionar con ojo crítico y ceño fruncido el largometraje que meses antes encumbró el jurado del festival de festivales. Durante los últimos años, nos hemos llevado gratas sorpresas (La clase, La vida de Adèle), tomaduras de pelo (El árbol de la vidaPulp Fiction), experiencias cinematográficas inolvidables (Bailar en la oscuridadLa cinta blanca) y hasta alguna que otra siesta (Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas). Este año es el turno de Dheepan de Jaques Audiard, título que pegó el campanazo al arrebatarle (eso dicen) el máximo galardón a Carol de Todd Haynes. Vamos a comprobar si la nueva cinta del realizador de De óxido y hueso está a la altura del selecto club de premiados en Cannes.

Dheepan nos acerca a la vida de una familia de pega. Un hombre, una mujer y una niña que han formado una unidad familiar por la única razón de que se parecen a las personas que figuran en los pasaportes que van a utilizar para salir del país. Esta suerte de fraude de identidad es la única opción que tienen para salir de Sri Lanka estos tres refugiados tamiles. Ese poderoso e interesante punto de partida, engancha al espectador, haciendo que nuestro apetito voyeurístico se dispare y quiera saber más sobre el futuro de este hogar de cartón piedra. Su éxodo les lleva a París, pero no a la bella ciudad de las postales, sino a los suburbios. Al mismísimo lugar donde viven los monstruos de la droga y el tráfico de armas. El peor ambiente posible para empezar una nueva vida de cero.

Dheepan

A pesar de volver a contar con un personaje masculino protagonista de empaque (en esta ocasión, un antiguo soldado sanguinario reconvertido a conserje), Audiard vuelve a caer en uno de sus errores más comunes de su obra (¿podemos hablar de marca de autor?): pausar la acción hasta la extenuación. La diletante sucesión de tiempos muertos vuelve a aparecer, la misma que ya hizo que perdiese interés por el pianista chanchullero de De latir mi corazón se ha parado o por su niño salvaje carcelario de Un profeta. En esta ocasión, la repetición de los quehaceres diarios de Dheepan y sus choques, tanto conyugales como con sus convecinos delincuentes, no son sino una mera excusa para rellenar hasta el tan cacareado y comentado final. Hasta ese momento, el hastío y, por qué no decirlo, el aburrimiento dominan al espectador. Es ese estallido tan violento y visceral como previsible y anunciado, el que hace que nos desperecemos de nuestras butacas por un momento. Un clímax que recuerda en demasía a las trazas y al modus operandi del cine de los Coen, justamente los dos hermanos que presidían el jurado que otorgó la Palma de Oro a esta película…

Dheepan es una obra 100% Audiard, pero no llega ni a un 50% de Palma de Oro.

Valoración: ★★½

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