Cuatro nuevos dramas televisivos que merecen vuestra atención

No todo en este mundo va a ser Jessica Jones. Este artículo debería haberse titulado “Cinco nuevos dramas…”, pero he preferido dedicarle una entrada aparte al pelotazo de Marvel/Netflix (para la semana que viene, que me quedan unos pocos episodios). Como Jessica Jones ya la habéis visto, la estáis viendo o la conocéis pero no os interesa, hoy os cuento mis primeras impresiones sobre cuatro series dramáticas recientes de las que no se está hablando tanto y que merece la pena descubrir. Cuatro series con premisas muy interesantes, facturas excelentes y potencial para convertirse en dramas muy a tener en cuenta esta temporada. Pasen y lean.

London Spy

London Spy

Se trata de uno de los dramas británicos más destacados del año, una serie que no está haciendo demasiado ruido, pero está generando un fandom muy dedicado y apasionado. Y es que London Spy tiene los dos ingredientes principales para encantar al público fan: es de BBC y tiene un romance gay. Con lo que le gusta a la audiencia más shipper imaginar historias de amor entre sus personajes masculinos favoritos (Will y Hannibal, Sherlock y Watson, Steve y Bucky), aquí el trabajo se da ya hecho, con una de las relaciones entre dos hombres más interesantes y cautivadoras de la televisión actual.

London Spy cuenta la historia de Danny (Ben Whishaw), un muchacho hedonista con pasado atormentado que frecuenta la noche del exceso londinense, y Alex (Edward Holcroft), un joven superdotado y antisocial que trabaja en una banca de inversiones, dos hombres de vidas opuestas que se enamoran y viven una hermosa y ardiente aventura (que experimentamos con toda su pasión y erotismo en el primer episodio). Hasta que un día Alex desaparece sin dejar rastro. En su búsqueda por descubrir qué le ha ocurrido y por qué lo ha abandonado, Danny destapa un secreto que cuestionará todo lo que sabía de su pareja: Alex es en realidad un espía del Servicio de Inteligencia Secreta y su desaparición es solo una pieza de un gran puzle. Sin embargo, lo que Danny nunca cuestionará es el amor de Alex (por mucho que el servicio secreto se empeñe en desacreditarlo), el motor que hará que se adentre cada vez más en el peligroso mundo del espionaje para descrifrar la retorcida conspiración que hay tras la desaparición de Alex.

Con la factura impecable que se espera de un drama de BBC, London Spy es una historia oscura y absorbente en la que el espectador permanece en la sombra junto a su protagonista y vive el complejo enigma poniéndose en su piel. En este sentido, no hay suficientes elogios para Ben Whishaw, que transmite de forma magistral la vulnerabilidad y desorientación del personaje a medida que va destapando capas del misterio en el que se ve envuelto. Una interpretación sublime complementada por el excelente trabajo de Jim Broadbent como Scottie, un ex espía también gay que es el único amigo de Danny. London Spy es una de las series imprescindibles de 2015, una experiencia aturdidora, desconcertante, a ratos sórdida y deprimente, de la que es imposible salir aunque no sepas lo que está ocurriendo.

Duración: 5 episodios de aprox. 60 minutos.

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The Man in the High Castle

Amazon sigue aumentando su oferta de ficción original con el drama The Man in the High Castle, adaptación de la novela El hombre en el castillo (1962) de Philip K. Dick. La serie, producida por Ridley Scott y Frank Spotnitz (Expediente X) es sin duda la más ambiciosa de Amazon hasta la fecha. Forma parte de su programa de pilotos, y el suyo fue el más visto de la temporada pasada, por lo que dio lugar a una primera temporada de diez episodios que acaba de estrenarse en la plataforma. En ella se nos plantea una ucronía fascinante, una historia alternativa que nos sitúa en una década de los 60 en la que Alemania ha ganado la Segunda Guerra Mundial y Estados Unidos ha sido dividida en tres zonas: por un lado, el estado japonés de los Pacific States of America (que comprende el territorio al oeste de las Montañas Rocosas), por otro, el territorio nazi, que ocupa la mitad este del país, y una zona neutral que ejerce como parachoques entre las dos, llamada Rocky Mountain States.

Así, la serie plantea un what if de los gordos, una detallada realidad alternativa en la que Estados Unidos vive una constante opresión por parte de los alemanes (atención al personaje de Rufus Sewell), y las tensiones entre estos y los japoneses generan su propia Guerra Fría dentro del territorio norteamericano. Por su parte, los alemanes atraviesan su propio conflicto interno, ya que Hitler está enfermo y Himmler y Goebbels están empezando a planear sus estrategias para sucederlo en el poder. Este tenebroso nuevo orden mundial (en el que todos los martes se incinera a los inválidos y enfermos terminales de los hospitales para ir purgando la sociedad) se nos da a conocer a través de Julianna (Alexa Davalos), una joven que recoge el testigo de su hermana y se adentra en la zona neutral para llevar a cabo una misión de la resistencia cuyos detalles ni siquiera ella conoce. En Rocky Mountain States conoce a Joe (Luke Kleintank), que se ofrece a acompañarla en su aventura, mientras oculta un secreto: pertenece al partido nazi.

Sin duda una interesante premisa semi-sci-fi que engancha desde el primer capítulo, tanto por lo elaborado de su planteamiento (que puede que no sea más que un pretexto para hablarnos de la historia que sí ocurrió y de cómo funciona nuestra sociedad actual) como por su excelente factura estética y atmósfera opresiva.

Duración: 10 episodios de aprox. 60 minutos.

Into the Badlands

Into the Badlands

Que AMC lleva varios años necesitando otro éxito es algo que sabemos de sobra. Con Breaking BadMad Men finalizadas, la cadena ha intentado encontrar la próxima ficción que le ayude a conservar su prestigio, pero no lo ha conseguido (la excepción sería Better Call Saul, pero esa tenía medio trabajo hecho)Así que les queda confiar en que la audiencia responda a productos más afines a su pelotazo The Walking Dead, series fantásticas y comiqueras para la audiencia más joven y geek. Antes de que Preacher irrumpa en su programación, AMC acaba de estrenar Into the Badlands, drama de acción libremente basado en la popular novela china del siglo XVI Viaje al Oeste.

Into the Badlands propone una curiosa mezcla de géneros. Se podría definir como una serie de aventuras y artes marciales, pero también contiene elementos de noir, fantasía y drama dinástico. Todo envuelto en un paquete muy vistoso. Into the Badlands recuerda a muchas cosas: tiene algo de Sons of Anarchy, algo de Spartacus, una pizca de Juego de Tronos, y mucho de los modernos clásicos chinos de acción. Pero a la vez resulta única en su especie por la hibridación tan particular que hace de los géneros y el universo tan concreto y pormenorizado que levanta desde su piloto.

Un héroe atormentado (llamado Sunny, ojo), un aprendiz adolescente, un villano con complejo de Dios o una misteriosa guerrera perteneciente a la nobleza son algunas de las piezas del tablero; una sociedad feudal fortificada donde se somete a los más jóvenes a un duro entrenamiento para convertirse en asesinos para el barón. Este es el punto de partida de una historia que plantea mil y una ramificaciones y un amplio universo más allá del Fuerte. Desde el primer minuto, Into the Badlands empieza a dibujar una enrevesada mitología que crecerá exponencialmente conforme avanza la historia. Y aunque el trabajo de diseño (narrativo y de producción) es loable, lo más destacable de la serie son sin duda sus escenas de acción, impresionantes luchas de artes marciales con coreografías vertiginosas y violencia pasada de rosca con un punto de comedia y descaro (al estilo Miike). Eso es lo que hace que Into the Badlands sea una de las series más atractivas de este otoño. Esperamos que no se pierda demasiado en el mundo que está creando.

Duración: 6 episodios de aprox. 45 minutos.

Deutschland 83

Deutschland 83

Deutschland 83 no es tan reciente como las tres anteriores, pero está de actualidad en España porque su primera temporada se estrena esta semana en Yomvi. El caso de este thriller de espías es muy especial por varias razones. Ha sido la primera serie alemana en estrenarse en Estados Unidos (en el canal Sundance concretamente) y se proyectó en el pasado Festival de Berlín, que desde hace unos años lleva dedicando un hueco de su programación a la ficción televisiva. Con estas credenciales y habiendo recibido muy buenas críticas, Deutschland 83 aterriza en nuestro país dispuesta a demostrar que Alemania también está interesada en destacar como importadora de series de calidad.

La serie nos traslada a la Alemania de 1983 (lógicamente) y nos presenta a Martin (Jonas Nay), un joven de 24 años nativo de la Alemania del Este, que es reclutado por la Stasi (el Ministerio para la Seguridad del Estado) para infiltrarse como espía en la Alemania Occidental. Reticente al principio, Martin acepta la misión coaccionado por su propia tía (Maria Schrader), que trabaja para el ministerio, desde donde le promete que moverá los hilos para que su madre enferma suba en la lista de espera para transplantes de riñón. A partir de ahí, Martin se somete a un entrenamiento para convertirse en Moritz Stamm, nombre en clave Kolibri.

Al igual que The AmericansDeutschland83 nos traslada a una de las etapas más tensas de la Guerra Fría, en la que un nuevo conflicto mundial amenaza con estallar y las desavenencias entre las dos Alemanias divididas por el muro crecen a diario. Pero mientras que la ficción estadounidense opta por el drama puro y un tono más crudo, la alemana posee bastante humor y hace gala de un ritmo más juvenil y animado (estilo coming-of-age), gracias en parte a la importancia que la música de la época cobra en la serie, éxitos internacionales de David Bowie, New Order o Eurythmics y temas de la “Nueva Ola Alemana” (Neue Deutsche Welle) como el “99 Luftballons” de Nena, cuyo productor, Reinhold Heil, se encarga del score de la serie. Un juego de contrastes cuanto menos llamativo.

Duración: 8 episodios de aprox. 45 minutos.

Crítica: El viaje de Arlo (The Good Dinosaur)

THE GOOD DINOSAUR

Pixar quería hacer una película de dinosaurios. Pero no sabía cómo hacerla. Es raro que el gigante de Emerville no sepa cómo hacer algo, pero el tiempo nos ha demostrado que hasta ellos atraviesan baches creativos. El viaje de Arlo (The Good Dinosaur) es uno de los proyectos más longevos de la compañía, un sueño de John Lasseter que, a pesar de los problemas “tras las cámaras”, el jefazo se negó a abandonar (como sí ocurrió con Newt). En 2009, las riendas del proyecto recaían en Peter Sohn, dibujante del departamento de arte que había dirigido uno de los cortos más queridos de Pixar, Parcialmente nublado. Tras múltiples intentos fallidos de encontrar la historia, el género y el tono, Sohn propuso una simplificación del esquema narrativo de la película y una vuelta a los orígenes: The Good Dinosaur sería la clásica aventura de regreso a casa protagonizada por un niño y un animal que aprenden el uno del otro haciéndose amigos durante su periplo. Con una diferencia, el niño es un dinosaurio, y el animal es un niño. Nada más. Y nada menos.

Sohn y su equipo se emplearon a fondo para sacar adelante una película que se desviaba el sendero habitual de Pixar. El viaje de Arlo no presenta un concepto original o una idea maestra. Se trata de una sencilla película dirigida a los más pequeños, una que además recuerda demasiado a otros clásicos animados como En busca del valle encantado, El Libro de la Selva y sobre todo El Rey León (de la que toma prestadas más de una idea y más de una escena) o maravillas más recientes como Donde viven los monstruos y Cómo entrenar a tu dragón. El viaje de Arlo se puede disfrutar a cualquier edad, claro, pero no plantea un elaborado discurso por capas del que los adultos puedan sacar conclusiones a las que los niños no puedan llegar. El guion es minimalista, cuenta con pocos personajes, su humor es inocente (que no infantiloide, ojo) y el conflicto se desarrolla y se resuelve de la manera más común. Es decir, no se debe medir por el mismo rasero que Inside Out o Up. Ahora bien, la película compensa su falta de originalidad o riesgo con un apartado técnico impresionante y (lo más importante) una fuerza emocional casi primaria que se traduce en algunas de las secuencias más bellas que nos ha dejado el estudio en los últimos años.

Como hemos dicho, El viaje de Arlo plantea una odisea clásica protagonizada por un niño de 12 años que se pierde y ha de regresar con su familia, un viaje de autoconocimiento en el que este debe hallar el valor que lleva dentro. Es una historia que hemos visto en incontables ocasiones en el cine (especialmente en Disney/Pixar, donde además siguen insistiendo en los protagonistas huérfanos de padre, madre o ambos), pero nunca de manera tan visualmente potente. El viaje de Arlo está ambientada en la Frontera, y toma prestados muchos motivos del cine del Oeste, que traslada adecuadamente al infantil. Sohn imprime el film con un aroma a western que se puede respirar sobre todo en el segundo acto, cuando entra en escena el trío de T-Rex que ayudan a Arlo a retomar su camino de baldosas amarillas, y que se traduce en impresionantes puestas de sol e inabarcables paisajes naturales de Norteamérica. Estamos acostumbrados a la excelencia técnica de Pixar, y puede sonar al tópico de siempre, pero El viaje de Arlo se supera en este aspecto, con unos escenarios hiperrealistas que dejan sin aliento -resaltan aun más en contraste con los personajes de diseño completamente cartoon-, una iluminación increíble y unas texturas que prácticamente se pueden tocar.

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En cuanto a la historia, en El viaje de Arlo no hay un gran villano al que derrotar (aunque sí haya personajes malvados de los que escapar). La lucha más importante que se libra en la película es la de Arlo contra la naturaleza. Estamos ante una historia de resistencia y supervivencia donde los peligros son implacables e impredecibles. Arlo debe superar los miedos que le impiden avanzar, literal y figurativamente, y lo hace a base de duros golpes, pruebas y accidentes en los que el pequeño dinosaurio teme por su vida. El niño protagonista es forzado a verse las caras con la muerte, a entenderla, a aprender lo que significa la pérdida y cómo superarla, a no dejarse hundir por la desesperación. Y he aquí la mayor diferencia entre El viaje de Arlo y otros films similares, en que no tiene reparos en mostrar las verdaderas consecuencias de la violencia, algo que no solemos ver en el cine para niños. Arlo sale magullado, amoratado, exhausto, incluso vemos su cuerpo ligeramente enrojecido y ensangrentado. La intensidad de algunas escenas supone un distanciamiento considerable en este tipo de cine, y da lugar a un espectáculo más físico y salvaje, en fuerte contraste con su tono infantil. La naturaleza es bella, pero también peligrosa, y Sohn quería dejar constancia de ambas verdades.

Exceptuando esta particularidad, la de El viaje de Arlo es una historia excesivamente convencional, incluso rutinaria, un relato arquetípico sobre lo que supone hacerse mayor, repleto de tópicos del cine de animación de Hollywood, que nos narra la transformación de un niño (recordemos, en este caso un dinosaurio) que se ve obligado a crecer. Pero El viaje de Arlo también es la historia de una preciosa amistad, la que se forja entre el protagonista y su compañero de viaje, Spot, un niño criado en la naturaleza que se comporta como un animal salvaje (él es uno de los muchos bichos curiosos que desfilan por la pantalla). Spot ejerce de necesario contrapunto al carácter quejica y a ratos irritante de Arlo, protagonizando junto a él las escenas más divertidas, tiernas y conmovedoras del film, magníficas secuencias casi mudas rebosantes de expresividad y comunicación que recogen lo mejor de las películas con niño y amigo no humano (El gigante de hierro –en la que Sohn participó-, El corcel negro, E.T.) y demuestran una gran maestría para narrar sin diálogos.

El viaje de Arlo no es la película de dinosaurios que esperábamos de Pixar, sino un regreso al Disney clásico. Sin embargo, en su largo proceso de metamorfosis, ha logrado convertirse a la vez en algo realmente diferente, en una de las experiencias más viscerales y puramente cinematográficas del cine de animación reciente.

Valoración: ★★★★

Crítica: Los Juegos del Hambre – Sinsajo, Parte 2

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El recorrido de Los Juegos del Hambre ha sido uno de los más interesantes del cine juvenil reciente. Comenzó elevando considerablemente las cotas de tensión, impacto y violencia de este tipo de películas, y se fue poniendo el listón más alto con sus siguientes entregas, con las que construía un oscuro y fascinante universo distópico. A lo largo de cuatro años, la saga ha madurado y ha ganado compromiso y riesgo. Sin descuidar el espectáculo, Los Juegos del Hambre ha elaborado un emocionante e incendiario tratado anti-bélico que culmina en Sinsajo, Parte 2 (Mockingjay, Part 2), la entrega más sombría y osada de la saga.

Contrario a la opinión popular, creo que la decisión de dividir Sinsajo en dos partes -dejando a un lado que se trataba de una estrategia puramente comercial- ha beneficiado a la historia y ha permitido crear necesarios momentos de paz y reflexión. La Parte 1 transcurrió a su propio ritmo, y tomó forma en un thriller político que cocinaba a fuego lento la revolución que culmina en la Parte 2, que es una película bélica con todas las de la ley (Francis Lawrence las rodó a la vez, pero ha sabido darle su tono diferenciado a cada una). Sí, se ha estirado la historia y se nota, pero también ha contado con más tiempo para explorar mejor a los personajes y enriquecer su discurso. Si bien en la anterior película muchos de los secundarios (especialmente los rebeldes que acompañan a Katniss en su campaña) no eran más que rostros intercambiables, en Sinsajo, Parte 2 adquieren mayor entidad, protagonizando breves momentos de sutil caracterización que hacían falta. Por fin nos importan (aunque sea un poco) más allá de Katniss, y eso contribuye a que el desenlace tenga un peso dramático aun mayor.

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Pero sin duda alguna, el núcleo emocional de la saga sigue siendo la visceral interpretación de Jennifer Lawrence como el Sinsajo, la Chica en Llamas, el símbolo de la revolución. Lo que han hecho con este personaje a lo largo de cuatro años es admirable. De heroína romántica adolescente a peón en el juego político de sus mayores, adultos sedientos de poder que han levantado un sistema totalitario que los jóvenes deben derribar. Katniss Everdeen es quizá el personaje mejor escrito en este tipo de cine, una heroína con muchas aristas (casi ninguna suya), cuya caracterización está directamente supeditada al desarrollo de la historia y el discurrir político de Panem. Lawrence ha contribuido sin duda a que Los Juegos del Hambre se convierta en la franquicia juvenil más respetada de los últimos años. La actriz ha rebajado la histeria con la que se aproximó al personaje en las películas anteriores para dar paso a una tensión contenida que la mantiene centrada en su objetivo durante las dos horas finales de la historia y que descarga en una desgarradora escena durante el fragmentado clímax del film.

Sinsajo, Parte 2 se divide en tres actos claramente diferenciados. En el primero quizá es donde más se nota la necesidad de estirar la trama, dedicando demasiado tiempo a explicar la estrategia para la ofensiva final, el ataque al Capitolio. Esto da como resultado una primera hora de ritmo atropellado, necesaria pero algo aburrida, que sin embargo da paso a un segundo acto absolutamente brutal. Aunque ya hemos visto secuencias espectaculares en la primera hora (destaca la entrada a la Ciudad del Capitolio), la película cobra vida cuando los rebeldes se adentran bajo tierra. De la aventura con trampas mortales (pero de verdad) a lo Indiana JonesLos Goonies se da paso a una lúgubre pesadilla en la que entran en escena los “mutos“, monstruos sanguinarios que en realidad son personas genéticamente alteradas por el Capitolio para usar como arma. Las vertiginosas secuencias de acción se encadenan sin dar respiro (la batalla de rebeldes contra mutos es sin duda la pieza de acción central del film), las bajas se acumulan (incluyendo algún personaje muy querido), y en definitiva, todo se va a la mierda. Esto da lugar a un acto final que, lejos de escapar del poso trágico y amargo de la saga, se baña en él.

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Aunque Sinsajo, Parte 2 nos proporciona un final feliz que llega literalmente en los últimos dos minutos y en forma de epílogo (donde se resuelve el irritante triángulo amoroso), la película podría ser considerada como el blockbuster de aventuras más triste y deprimente de los últimos años. Y esto es un cumplido, por supuesto. Los Juegos del Hambre no se ha tomado a la ligera las ideas que maneja y ha sabido conjugar con acierto la pirotecnia con el mensaje (de hecho, a medida que el diseño de producción o los efectos mejoraban, el discurso ganaba empaque). Se ha atrevido a ir donde ninguna otra saga juvenil ha ido antes, y en este final no ha tenido reparos en mostrar las motivaciones y las consecuencias de la guerra que ha vertebrado las dos últimas entregas (el recuento de muertes es sorprendentemente alto). Sinsajo, Parte 2 evita la vía fácil, ahonda en las implicaciones morales del conflicto y busca la manera de que las piezas encajen y sirvan de conclusión para el discurso anti-bélico de la saga. Así, la historia concluye de forma valiente y trascendente, demostrando un nivel de responsabilidad y osadía sin precedentes. Las personas que hay detrás han creído en lo que estaban haciendo, y esto salta a la vista.

De distopía Y.A. a obra de ciencia ficción comprometida, Los Juegos del Hambre ha logrado ofrecer una alternativa digna y más adulta dentro del género, una saga que se ha permitido tomarse en serio, porque ha hecho bien las cosas, porque ha diseñado su historia y su universo con atención al detalle y sentido del propósito. Sinsajo, Parte 2 es un final a la altura de las circunstancias, un broche de oro que lleva este tipo de blockbusters hacia un terreno más reflexivo y espinoso, ofreciendo entretenimiento de primera y acción sofisticada sin sacrificar enjundia o subestimar a su audiencia. Los Juegos del Hambre se ha negado a ser un espectáculo vacío, y se despide haciendo hincapié en ello, proporcionando algo mejor que un final feliz. Un final difícil de digerir que nos invita a pensar.

Valoración: ★★★★

Faking It: La revolución sexual

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Solemos quejarnos de la ola de puritanismo, hipervigilancia y corrección política extrema que desde hace años influye en los productos audiovisuales dirigidos a los más jóvenes (y no tan jóvenes). Cuando echamos la vista atrás a nuestra infancia, nos sorprende descubrir que lo que veíamos entonces era mucho más oscuro y tenía muchas más capas de lo que recordábamos, y es cuando pensamos: “Qué tiempos aquellos, cuando no se nos sobreprotegía tanto. Nosotros veíamos de todo y mirad qué bien hemos salido”. Pero los tiempos han cambiado, y las generaciones han ido creciendo cada vez a un ritmo más acelerado. Por eso, mientras las series para niños son ahora (por lo general) más blancas e inofensivas, las que están protagonizadas por y orientadas a los adolescentes son más atrevidas y revolucionarias que nunca. Ser un adolescente hoy en día no es lo mismo que antes, y la ficción televisiva debe reflejar esa nueva realidad.

Actualmente, son dos las principales cadenas de televisión en Estados Unidos cuyo público objetivo es el adolescente, la CW y la MTV. La primera prefiere centrarse en el drama y la fantasía, mientras que la segunda lleva desde los 90 desarrollando un catálogo de comedias teen muy interesante, con el que han ido plasmando con mayor o menor acierto las tendencias de cada época. De los irreverentes retratos de la generación del grunge y el videoclip, Daria Beavis & Butthead saltamos a la etapa actual de la cadena, inmersa en la realidad de las redes sociales, el narcisismo y la libertad sexualAwkward. inauguraba un nuevo capítulo para MTV, con una propuesta que abordaba temas como el bullying, el sexo, el suicidio adolescente y la presión social de los institutos desde un punto de vista ácido y descarado. Pero el carácter incisivo de la serie se desvaneció pronto para dar paso a un culebrón interminable que perdía de vista su interesante premisa. Es entonces cuando llegaba a la cadena la serie que nos ocupa hoy, Faking It, hermana menor de Awkward. que no tardó en hacerle sombra.

Faking It puede parecer lo mismo que Awkward. en muchos aspectos. Tono, factura, temática, todo recuerda a la serie de la insoportable Ashley Rickards, pero (por ahora) supone un paso adelante con respecto a ella. Para empezar, el nivel interpretativo, sin ser para tirar cohetes, está mucho más alto, sobre todo en las escenas dramáticas. Pero es que además, Faking It lleva mucho más allá la idea del instituto como campo de batalla (con sus estratos sociales y luchas por el poder y la supervivencia), presentando una realidad en la que las fronteras sexuales se difuminan para darnos a conocer todo un abanico de posibilidades y orientaciones. Sin esto, estaríamos ante una serie resultona sin más, pero Faking It sabe jugar muy bien esa carta, partiendo de una premisa clásica de comedia de enredos que adapta con gracia al siglo XXI: Dos mejores amigas, Karma (Katie Stevens) y Amy (Rita Volk), están hartas de ser las parias del instituto e intentan por todos los medios convertirse en populares. Todos sus intentos fracasan, hasta que un compañero, Josh (Michael J. Willett), que cree que son pareja, las saca del armario públicamente. Así, Karma y Amy se convierten en las estudiantes más famosas de Hester High, por lo que deciden seguir fingiendo que son novias para conservar su repentino estrellato. Lo malo es que, mientras Karma es heterosexual, Amy se está cuestionando su sexualidad, y cree sentir algo por su mejor amiga.

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Esto es solo el principio, claro. La trama se ramifica y se enreda una y otra vez a lo largo de las dos temporadas que de momento lleva la serie. La primera, de tan solo 8 episodios, se centra sobre todo en la bonita y complicada amistad entre las dos protagonistas y el recorrido que ambas emprenden para descubrirse a sí mismas. Simpática pero mordaz, con una importante carga reivindicativa y efectivos momentos de ternura, Faking It no tarda en demostrar que posee la frescura que Awkward. perdió hace tiempo. Sin embargo, la duración extendida de su segunda temporada (20 episodios en total) empieza a pasarle factura. Faking It comienza a abusar del recurso del triángulo amoroso, se vuelve repetitiva en su empeño de ser fiel a su título (aunque las protagonistas dejen de “fingir” que son novias, se fuerza en todos los capítulos una trama en la que alguien miente, oculta o saca del armario a otro, o se hace pasar por alguien o algo) y acaba pecando de estiramiento y relleno. Por suerte, la segunda tanda de capítulos de la temporada que acaba de tocar a su fin (del 2×11 al 2×20) remonta el vuelo considerablemente. Y lo hace optando por una mayor coralidad y dando protagonismo al propio instituto y lo que este representa.

Siguiendo los pasos de Glee, Hester High se acaba convirtiendo en un símbolo de la liberación sexual y personal, un lugar en el que “todos te aceptan por como eres”, donde, tras mucho luchar, se rechaza la opresión de las etiquetas y se permite que cada uno busque la identidad propia a su ritmo (no tenerlo claro es normal, la serie retrata precisamente ese periodo de confusión). Faking It es una utopía en la que los adolescentes deben creer, un futuro muy posible que ya estamos construyendo, y que la ficción nos adelanta para ayudarnos a hacerlo. Sin dejar en ningún momento de ser una comedia ligera, a menudo cheesy, y con una importante carga erótica, sobre líos amorosos en secundaria, Faking It se desmarca de las demás series gracias a un variopinto plantel de personajes que contribuyen a normalizar la diferencia en el entorno adolescente (ser diferente es el nuevo negro), luchando contra la homofobia, la bifobia (ya era hora) y todo tipo de prejuicios relacionados con la comunidad LGBT+.

En Hester High y alrededores hay gays y heteros -y estos pueden ser mejores amigos, como es el caso del jock Liam Booker (Gregg Sulkin) y Josh-, lesbianas, bisexuales, bicuriosos, una chica intersexual (también se pasó Laverne Cox por un capítulo). Pero no solo eso, la serie incorpora una estudiante musulmana que viste hijab (la editora del tabloide del instituto), una chica en silla de ruedas y una enana, que, aunque sean personajes muy secundarios y nos recuerden que hace falta algo más de diversidad física y racial, contribuyen a la representación y visibilidad de sus colectivos, y no son definidas por esas características, lo cual es muy importante. Dejando a un lado sus fallos y tópicos (es una serie de MTV, tiene muchos), nos quedamos con esto: Faking It promueve la tolerancia y la aceptación de esta nueva realidad en la que el género binario se ha quedado obsoleto para describir nuestra sociedad, ofreciendo un paraíso queer en el que todo el mundo es bienvenido (sí, ¡los heteros también!) y nadie tiene por qué esconderse en el armario.

Catastrophe: Sobrevivir al amor

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La comedia romántica no es lo que era hace apenas unos años. Mientras Katherine Heigl se hunde en el ostracismo, son las cómicas y las actrices que se no se ajustan a los cánones que impone Hollywood las que se coronan nuevas reinas de la rom-com. Si hasta hace poco se seguía insistiendo en el simplón paradigma de la princesa urbana que solo busca la felicidad en los brazos de un hombre, ahora los personajes femeninos adquieren mayor entidad y reciben un tratamiento más complejo y diverso en cine, y sobre todo en televisión, donde el romance adquiere una capa de realismo, incluso de mugre, que le ha sentado genial. Amy Schumer con su serie Inside Amy Schumer y su exitazo en cine Trainwreck, y antes que ella, Lena Dunham con GIRLS, son algunas de las principales responsables de este cambio. Autoras comprometidas y profundamente feministas que con su trabajo están dignificando un género habitualmente denostado.

La nueva comedia romántica reconfigura los tópicos del género para adaptarlos a nuestro tiempo. Un tiempo de cinismo, egocentrismo, desorientación y soledad hiperconectada. Lo hemos visto en las series ya mencionadas, y también en otras menos diseccionadas, como You’re the WorstHim & Her, romances protagonizados por personajes imperfectos hasta el extremo, vagos, misántropos, neuróticos, que, en última instancia lo único que quieren es no enfrentarse solos a la vida, al mundo real y al futuro. La serie británica Catastrophe se suma a esta tendencia elevando un poco la edad de los protagonistas, con una propuesta irreverente y atrevida, pero también algo más dulce que sus contemporáneas. Producida originalmente para Channel 4 (hogar de algunas de las series británicas más transgresoras de la última década) y emitida en streaming por Amazon Prime y Yomvi en España, Catastrophe está producida, escrita y protagonizada por Sharon Horgan y Rob Delaney, dos humoristas desconocidos por el gran público, pero con una amplia experiencia a sus espaldas.

Ellos dan vida a Sharon Morris y Rob Norris (sí, Morris & Norris), una irlandesa y un estadounidense que mantienen una breve aventura mientras él está de viaje de negocios en Londres que resulta en un embarazo indeseado (como reza el eslogan del póster, “1 semana. 25 veces. 2 condones”, no es difícil hacer la cuenta). La pareja decide seguir adelante con el bebé y Rob se queda a vivir en Londres para empezar una nueva vida con Sharon. Lo cierto es que, aunque el sentido común y sus respectivas familias les digan que su relación está abocada al fracaso, Sharon y Rob se gustan de verdad. Catastrophe nos plantea un emparejamiento poco convencional, pero absolutamente orgánico y coherente. A pesar de que las circunstancias no son las más propicias, a pesar de no conocerse realmente, Sharon y Rob encajan como anillo (bañado en pis) al dedo. La serie viene a decirnos que hay muchas formas de enamorarse, de encontrar a esa persona con la que enfrentarse a la vida, y que, mientras otras parejas que han seguido la vía convencional viven una vida miserable (el contrapunto de Sharon y Rob son sus amigos, Chris y Fran), otros pueden formar una familia y una vida en común saltándose unos cuantos pasos. Y no pasa nada.

Catastrophe 2

Hasta que pasa. Da igual cómo se forme un pareja, tarde o temprano todas tienen que atravesar los mismos obstáculos. Con una gran capacidad observadora, Catastrophe nos habla entre otras cosas de la presión familiar, ahora también a los 40 (qué elocuente esa escena en la que el anciano padre de Sharon se despide de su hija tras hacerle una visita, dándole un billete de 10€ de estrangis), de los miedos e incertidumbres de la maternidad, del choque cultural (siempre como fuente de bromas geniales), y de cómo cambia el sexo en pareja con los años (porque la serie se atreve a saltar en el tiempo para enriquecer su retrato de la pareja). Este concretamente es uno de los sus puntos fuertes, cómo aborda el tema sin tapujos, con una honestidad y naturalidad que deben mucho a las escenas de sexo de GIRLS. En Catastrophe hay abundantes (semi)desnudos y escenas de cama. La mayoría están pensadas para hacer reír, pero también cumplen un propósito más serio: mostrar el sexo de forma realista, sin el glamour falseado del cine, para normalizarlo en busca de la identificación del espectador. Las escenas de cama de Rob y Sharon son brillantes, no solo porque son divertidas y a veces esperpénticas, sino también porque es muy fácil verse reflejados en ellas. Como en el resto de circunstancias cotidianas en las que ellos se ven envueltos: enredos laborales y familiares, incómodos encuentros y desencuentros sociales, situaciones con las que el tándem, con ese punto de lunáticos que tienen, nos hace reír, pero que también utiliza ocasionalmente para conmovernos y hacernos pensar, columpiándose con facilidad entre la comedia ligera y el drama.

Con temporadas cortas de seis episodios (actualmente se está emitiendo la segunda en UK), Catastrophe es perfecta para hacer binge-watching. De hecho, se puede ver entera en una tarde tonta, y lo más probable es que te alegre el día. Desde el principio, la serie halla el equilibrio perfecto entre el humor soez, la introspección y el romanticismo. Sus diálogos suelen ser inteligentes, hasta cuando se vuelven escatológicos, y su incorrección política es refrescante (no llega a ser nunca demasiado ofensiva, pero sí lo justo para que nos riamos reconociéndonos en los personajes, que ven el mundo en sintonía, con el mismo humor negro). Aunque Catastrophe cuenta con un peculiar plantel de secundarios (Carrie Fisher está genial como la hijaputísima madre de Rob), lo que está claro es que Horgan y Delaney son el alma de la serie. Ambos personajes son geniales y carismáticos, tanto juntos como por separado, y los actores forman una pareja artística perfectamente compenetrada delante y detrás de las cámaras. La química que desprenden es contagiosa (como la maravillosa risa de Sharon) y juntos han creado algo a tener muy en cuenta, a pesar de su apariencia liviana. Una serie irresistible que nos ha dado a conocer a dos de los personajes más encantadores y reales que hay ahora mismo en la tele.

¡CONCURSO! Tenemos 4 packs de ‘MAD MEN – TEMPORADA FINAL, PARTE 2’ para vosotros

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

Mad Men 7B

MAD MEN: La Temporada Final, Parte 2 es el fin de una era para la serie más aclamada de la televisión. Ganadora de cuatro premios Emmy® a Mejor Serie Dramática, y de tres Globos de Oro® consecutivos. Creada por Matthew Weiner. La conclusión más esperada, las complejas vidas y las historias de Don (ganador del Globo de Oro® y del Emmy® Jon Hamm), Peggy, Roger, Joan, Betty, y Pete llegan a su fin. La Temporada Final, Parte 2 de Mad Men está disponible en España a partir del 25 de noviembre en formato Blu-ray y DVD, de la mano de Entertainment One Films Spain.

Situada en el fascinante mundo de la década de los 60 en Nueva YorkMad Men sigue la vida de Don Draper, su familia, y los publicistas de la Calle Madison. Esta tanda de episodios, con la que se nos da la bienvenida a los 70 y por la que Jon Hamm por fin consiguió su merecido Emmy, incluye algunos de los momentos más celebrados de la trayectoria de la serie, así como el tan comentado final, “De persona a persona” (analizado en profundidad aquí; para leer el resto de reviews de episodios, visitad la sección Mad Men del blog).

Como ya sabéis, Mad Men es la serie que más ha contribuido a definir este blog, por eso, para celebrar este importante lanzamiento, Entertainment One Films Spain y FNVLT tenemos para vosotros nada más y nada menos que CUATRO PACKS de la Temporada Final, Parte 2. Dos en Blu-ray y Dos en DVD. Queremos celebrar por todo lo alto este fin de una era.

Para participar en el concurso y tener la oportunidad de ganar uno, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL HA SIDO VUESTRO PERSONAJE FAVORITO DE MAD MEN A LO LARGO DE SUS SIETE TEMPORADAS?*

*Si no habéis visto la serie, podéis responder con el personaje que, por lo que habéis visto, os llama más la atención o creéis que os gustará más.

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook
 de fuertecito no ve la tele

Si respondéis en ambos sitios tendréis doble participación, y por tanto más oportunidades de ganar (podéis usar la misma respuesta dos veces).

MUY IMPORTANTE: Con vuestra respuesta, debéis indicar si preferís el pack en Blu-ray o DVD.
Si no se indica el formato que se prefiere, la participación no será válida.

BASES

unnamed-1– De entre todos los participantes elegiremos CUATRO GANADORES (via Sortea2) que se llevarán totalmente gratis 1 pack de Mad Men – Temporada Final, Parte 2 cada uno (2 Blu-ray y 2 DVD), cortesía de Entertainment One Films Spain. El ganador lo recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el lunes 30 de noviembre de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

Información y contenidos de MAD MEN – TEMPORADA FINAL, PARTE 2 en Blu-ray

Mad Men bdREPARTO: Jon Hamm, Elisabeth Moss, Vincent Kartheiser, January Jones, Christina Hendricks, Aaron Staton, Rich Sommer, Kiernan Shipka, Jessica Paré
IDIOMAS: 5.1 DTS HD Castellano e inglés
SUBTÍTULOS: Castellano e inglés
DURACIÓN: 352 minutos
FORMATO DE PANTALLA: 16:9
FORMATO DE LA IMAGEN: 1:1 1.78
BLU-RAY: 2 BD50
HD: 1080p24
EXTRASDía de la Tierra
Laurel Canyon
Hijos del Baby Boom
Mujer profesional soltera 
Galería interactiva 

 

Información y contenidos de MAD MEN – TEMPORADA FINAL, PARTE 2 en DVD

25 novREPARTO: Jon Hamm, Elisabeth Moss, Vincent Kartheiser, January Jones, Christina Hendricks, Aaron Staton, Rich Sommer, Kiernan Shipka, Jessica Paré
IDIOMAS: 5.1 Castellano e inglés
SUBTÍTULOS: Castellano e inglés
DURACIÓN: 352 minutos
FORMATO DE PANTALLA: 16:9
FORMATO DE LA IMAGEN: 1:1 1.78
EXTRASDía de la Tierra
Laurel Canyon
Hijos del Baby Boom
Mujer profesional soltera 

Shia LaBeouf solo quiere caerte bien

Shia Allmymovies

Después de ver su filmografía completa (29 películas en orden cronológico inverso) durante 55 horas ininterrumpidas en su celebrado maratón #ALLMYMOVIESShia LaBeouf ha concedido la primera entrevista (con Newhive, que organizó el streaming, por supuesto) para hablar sobre la experiencia/performance que tantos buenos momentos, reflexiones y capturas/gifs de reacción nos ha dado estos días y que ha hecho en última instancia que mucha gente vea con otros ojos al actor.

¿Hemos asistido en directo a la redención pública de Shia LaBeouf? Os traduzco algunos de los fragmentos más interesantes de la entrevista (via Vulture) para que respondáis vosotros mismos.

Sobre la experiencia de ver la película de Even Stevens acompañado:

“La película de Even Stevens fue interesante, porque forma parte de la infancia de todos nosotros. De la mía y de la tuya. Yo no era el único que sonreía al verla. Si miráis las capturas del streaming veréis que todos están sonriendo, recordando a Beans. Cómo me acordaba de esa estúpida canción. Era como si estuviéramos mirando nuestro anuario juntos y todos estuviéramos en él. Me sentí en familia, fue como estar sentado con mi clase del instituto“.

Sobre cómo consiguió aguantar sus peores películas:

Creo que lo peor empezó después de Lawless. Ahí es cuando las películas empezaron a volverse una mierda. En serio. El público notó que yo estaba sintiendo que eran una mierda, y era como si todos estuviéramos compartiendo un secreto. Y no porque yo salga en las películas. Todos estamos en el mismo barco, yo también era un espectador y para mí también es duro aguantarlas. De hecho, decidí echarme una siesta porque me odié a mí mismo. No porque estuviera cansado, sino porque me estaba muriendo de vergüenza. A nadie le molestó que lo hiciera. Cuando me desperté una hora más tarde y vi Transformers 2 es cuando sentí que me hundía en mi butaca. No estaba haciendo una performance. Era yo atravesando una crisis. Y no era yo solo. Antes de dormirme miré al tipo que estaba a mi lado y también se estaba durmiendo. Puedes vernos sobando a los dos en las capturas. Y al que había detrás también.

Sobre lo que sintió cuando todo terminó y se marchó del cine:

Salí de allí queriéndome a mí mismo. Pero no de forma arrogante, no en plan “eres la puta hostia”, sino como parte de una comunidad. Sentí que formaba parte de algo humano, que yo era humano. Siempre me he sentido como un animal en un mundo de humanos teniendo que jugar al juego de los humanos y llevando una máscara de humano. Pero al salir de ahí sentí que por primera vez formaba parte de esto de verdad. Fue muy humanizador. Salí queriéndome a mí mismo. Y no creo que yo fuera el único que se sintió así.

Y para terminar:

Creo que la gente me odia, y lo único que quiero es caerles bien“.

Aquí podéis leer la extensa entrevista completa: http://blog.newhive.com/allmymovies-interview/

Crítica: Grandma

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Todos sabemos que sobrevivir en Hollywood siendo una actriz de más de 40 es toda una odisea. Llegar a los 50 y seguir estrenando películas todos los años es una hazaña que solo unas pocas logran. Y si las estrellas de cine de más de 60 que forman parte de la “A-List” se pueden contar con los dedos de una mano, imaginaos lo difícil que es haber superado los 75 y seguir trabajando en la meca del cine. Es el caso de Lily Tomlin, veterana actriz y comediante que está viviendo su gran año en 2015, después de 45 de carrera artística. Son pocas las oportunidades que el cine y la televisión dan a las actrices de su edad para encabezar proyectos, y este año Tomlin ha destacado en dos. La serie de Netflix Grace and Frankie, donde comparte protagonismo con otra alegre setentañera, la espléndida Jane Fonda, y la película que hoy nos ocupa, Grandma.

Ambas ficciones sirven para reivindicar y celebrar a la tercera edad en la ficción audiovisual. La serie lo hace en forma de sitcom fresca y picante sobre dos amigas que se enfrentan al capítulo tardío de sus vidas como un nuevo comienzo, y la película como una dramedia independiente sobre los errores y las decisiones que dan forma a nuestra vida, que parecen haberse marchado y vuelven llamando a la puerta. Es decir, mientras Grace and Frankie mira hacia el futuro, Grandma es un recorrido por el pasado. Y en ambos casos, Tomlin es lo más destacable. No en vano, el director de la cinta, Paul Weitz (American PieUn niño grande), prepara el escenario para el total y absoluto lucimiento de la actriz, que acepta el reto con determinación. Tomlin conmueve, hace reír, irrita y fascina con un personaje divertido, imperfecto y profundamente humano, uno sin duda hecho a su medida.

CartelCine GRANDMA.inddPero Grandma no solo da visibilidad a las mujeres de más de 70 años en el cine, sino que aporta su granito de arena para mejorar la representación en el cine de la homosexualidad durante la tercera edad (lo mismo que hace precisamente Grace and Frankie en la tele con los hombres). Aunque nos gustaría no tener que resaltarlo, el hecho de que la protagonista de la película sea una abuela lesbiana y su orientación no sea solo un accesorio supone toda una osadía que agradecemos, y que Weitz trata con total respeto y naturalidad. Pero eso no es todo. Grandma también aborda un tema controvertido como el embarazo adolescente, y lo hace sin atisbo de moralina o adoctrinamiento, con honestidad, inteligencia, incluso frialdad. Veamos. Después de romper con su novia (la omnipresente Judy Greer), Elle (Tomlin) recibe la inesperada visita de su nieta Sage (Julia Garner), que necesita reunir 600 dólares para un aborto antes de que acabe el día. Elle está en bancarrota, así que dedica el día a buscar el dinero junto a Sage, reclamando favores y visitando amigos y amantes del pasado en lo que se convierte en una especie de road movie suburbana. Es una premisa sencilla pero contundente que da como resultado una pequeña gran película.

Conocer, descubrir y acompañar a la excéntrica y volátil Elle en su viaje por el pasado supone una experiencia llena de descubrimientos y secretos desenterrados en la que no se esquiva la amargura y la tristeza que conlleva dicho ejercicio regresivo, pero que por encima de todo constituye una película dulce, amable, y a ratos conmovedora. Grandma es un estupendo retrato generacional que nos habla por encima de todo de lo difícil que es ser madre y ser hija (fantásticas tanto la adolescente Julia Garner como la infalible Marcia Gay Harden) e ilustra con elocuencia el momento en el que el rencor entre generaciones se convierte en perdón.

Valoración: ★★★½

Crítica: Ocho apellidos catalanes

Ocho apellidos catalanes

Es el cuento de siempre. Una película se convierte en éxito sorpresa y hay que sacar adelante una secuela en tiempo récord para aprovechar el tirón mientras dure. Ocho apellidos vascos fue uno de los mayores fenómenos mediáticos del pasado año en nuestro país, un taquillazo tremendo que permaneció meses y meses en cartelera, ganándose el título de película española más taquillera de la historia. La secuela estaba cantada, y no había tiempo que perder. Apenas un año después llega a nuestras pantallas de cine Ocho apellidos catalanes, una segunda parte que, en lugar de aprender de los errores de la primera y aprovechar para pulir la fórmula, se limita a repetir la jugada, pero con más desgana y descuido. Una chapuza nacional que, más que un estreno cinematográfico, parece un episodio extendido de una serie de Tele 5 hecho en dos días y medio.

Lo más triste de todo es que, aun contando con un margen presupuestal mucho más amplio y sabiendo que la película será vista por millones de espectadores, se ha optado por abrazar la ley del mínimo esfuerzo (ese sentimiento tan español). Quizá porque saben (o creen) que el público ya está en el bolsillo y por tanto no hace falta elevar el listón. ¿Para qué esmerarse si la gente se la va a tragar igualmente, no? Con hacer lo mismo otra vez será suficiente, debieron pensar. Y bueno, si fuera solo eso, a lo mejor hasta tendría un pase, pero es que no solo es la misma “historia” (muy entre comillas, porque tampoco hay mucha que digamos) basada en topicazos trillados y clichés regionalistas, los mismos chistes manidos, los mismos gags otra vez… es que además es la misma película, pero peor hecha.

Dani Rovira Clara Lago

Si la primera entrega ya era facilona y tenía ese regusto a caspa telecinquera (no hace falta que os recuerde que la infame cadena está en la producción, ¿verdad?), Ocho apellidos catalanes es todavía más cutre. Repite Emilio Martínez-Lázaro en la silla del realizador, pero aquí se le olvida dirigir. La película está muy mal rodada, y peor montada (el raccord se lo pasan por el forro, con dos cojones). La recalcona música de Roque Baños parece sacada de un banco de sonido online. Hay primeros planos desenfocados, planos generales pixelados (¡No hay tiempo para renderizar, vamos!), caras borrosas entre las multitudes, y un acabado digital lamentable (esos planos aéreos del AVE que parecen un vídeo de YouTube con el HD quitado). Un despropósito que podría colar si fuera una serie (y ni eso, que ya hay muchas ficciones televisivas actuales que tienen mejor factura), pero que defrauda como sucesora del mayor taquillazo español de la historia. Que sabíamos que la película se había hecho deprisa y corriendo, pero no habría estado mal disimularlo o al menos intentar estar a la altura de las circunstancias.

Y sobre el guion, en el que repiten Borja Cobeaga y Diego San José, pues tres cuartos de lo mismo. Rutinario a más no poder, parece escrito sobre la marcha, y no saca provecho al tema tan jugoso que trata, el de la identidad cultural. No pretendemos que una comedia ligera como esta se ponga existencialista o políticamente incendiaria, pero no estaría mal ir más allá del chascarrillo obvio y las observaciones inofensivas y faltas de garra. Ocho apellidos… podría/debería ser la celebración de nuestra riqueza cultural, de las muchas Españas, y también la crónica de la tensión que se vive en nuestro país. Y aunque en teoría parece que quiere serlo, no tarda en achantarse y quedarse en su zona segura para no meterse en demasiados fregaos. Así, esta secuela no es más que una comedia romántica formulaica, que parte de la premisa (rápidamente agotada) de la boda que el ex novio debe detener a toda costa. Pero en realidad no hay una estructura narrativa definida, no hay coherencia ni finalidad, es solo una acumulación de chistes, frases graciosas, gags y situaciones típicas de vodevil sin orden ni concierto. Estaría mintiendo si dijera que no tiene momentos divertidos. Los hay, y bastantes (o suficientes), golpes ocurrentes y momentos de lucidez cómica que ayudan a sobrellevar el resto de la película, aunque en última instancia hagan pensar en lo que esta podría haber sido si el guion se hubiera trabajado un poco más.

Carmen Machi Karra Elejalde

Pero como en la primera entrega, son los actores los que salvan el día, concretamente los veteranos: Carmen Machi demostrando de nuevo su impecable timing cómico, y un (otra vez) divertidísimo y entrañable Karra Elejalde, seguramente el responsable de la mayoría de las carcajadas que se llevará la cinta. Por otro lado, Dani Rovira y Clara Lago han sufrido una involución como personajes (por llamarlos de alguna manera). Rovira se limita a repetir las mismas gracietas, esta vez haciéndose pasar por catalán en lugar de vasco (no llegamos a saber muy bien por qué), soltando palabras inventadas a diestro y siniestro (hasta que pierde la gracia) y navegando entre el encanto y la vergüenza ajena sin atracar en ninguno de los dos puertos. Por su parte, Clara Lago pierde entidad y presencia, funcionando casi exclusivamente como herramienta para desarrollar la historia. Es decir, Amaia aporta la premisa (la boda) y pasa a segundo plano, del que sale un par de veces para protagonizar alguna escena empalagosa con Rovira o para que alguien haga un chiste sobre su flequillo. Y precisamente uno de esos chistes lo deja caer, con la insolencia que la caracteriza, la gran Rosa María Sardá, cuya mera presencia ya eleva la película de categoría. La actriz catalana es uno de los fichajes estrella de Ocho apellidos catalanes, sumándose al reparto junto a Belén Cuesta, a la que deberían haber aprovechado más (quizá se la estén reservando para Ocho apellidos gallegos), y el popular Berto Romero, que contentará a sus muchos fans con un personaje similar al que interpretó en 3 bodas de más, un moderno de mierda que convierte la película en una sátira sobre los hipsters cada vez que aparece en pantalla.

Como hemos visto, Ocho apellidos catalanes no está exenta de sus buenos momentos. Un par de puntazos por escena mantienen en pie una película que sin embargo se desmorona por todos los lados. No es que nos sorprenda el descaro con el que se ha llevado a cabo (insisto, es la “marca España”), pero ¿y lo bien que habría estado que nos hubieran callado la boca con algo digno? En su lugar, hemos de aceptar la realidad: Ocho apellidos catalanes es un producto evidentemente apresurado, de aspecto inacabado, únicamente hecho para volver a llenar salas. Y eso es lo que hay.

Valoración: ★★½

Crítica: Sicario

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Incendies puso a Denis Villeneuve en el mapa. Prisioneros Enemy lo confirmaron como uno de los nombres más a tener en cuenta del actual panorama cinematográfico internacional. Con estas tres películas, el realizador quebequés ha demostrado un pulso muy particular a la hora de hacer cine, haciendo gala de un robusto estilo personal con el que industria, crítica y público no han tenido más remedio que fijarse en él. Tanto es así que, cuando se anunció que sería el encargado de dirigir la secuela tardía de Blade Runner, muchos empezamos a tener esperanza en el temido proyecto de Ridley Scott. Pero antes de seguir contando la historia de Rick Deckard (o eso esperamos), Villeneuve se afianza en Hollywood con el narco-thriller Sicario, una de las cintas que suenan con más fuerza para la próxima temporada de premios. Y con razón.

La película nos pone en la piel de Kate Macer (Emily Blunt), una agente del FBI que es reclutada por un oficial de las fuerzas de élite gubernamentales, Matt Graver (Josh Brolin), para que ayude en la guerra contra las drogas en la zona fronteriza sin ley entre Estados Unidos y México. Kate acepta el puesto sin apenas información sobre la misión clandestina que Graver pretende llevar a cabo, como tampoco sobre el enigmático consultor mexicano que lidera el equipo, Alejandro (Benicio del Toro). Con un fuerte sentido de la justicia y el protocolo, hasta el punto de caer en el idealismo ingenuo, Kate se adentra en el oscuro y violento universo de los carteles de la droga de Ciudad Juárez para descubrir que existe una realidad que no funciona según las normas en las que cree.

cartel final SICARIOVilleneuve compone una descorazonadora reflexión sobre los múltiples rostros del crimen organizado y el mundo de las drogas que toma forma en un viaje cinematográfico intenso y pesadillesco. En Sicario no hay héroes y villanos, solo personas abandonadas en el área gris donde las fronteras que definen la legalidad y la moralidad se difuminan por completo y el horror forma parte de la rutina diaria. Emily Blunt personifica con absoluta maestría emocional y medida contención lo que supone poner un pie en esa zona conflictiva, compartiendo con nosotros su angustia y haciéndonos partícipes directos de sus dilemas internos -hasta que el personaje de Del Toro asume el punto de vista principal durante el desenlace, con el que Villeneuve cambia de registro para darnos un clímax algo más hollywoodiense. Pero a lo que íbamos, la actriz británica construye un interesantísimo personaje, una mujer en un mundo de hombres que el guion de Taylor Sheridan se afana en deconstruir, oponiéndola continuamente a los protagonistas masculinos (magníficamente interpretados por Brolin y Del Toro) y obligándola a poner en duda su percepción de la realidad en una lucha constante por sobrevivir. En definitiva, un soberbio estudio de personajes que permite a Blunt dar rienda suelta a su enorme talento.

El trío de ases que la actriz forma junto a Brolin y Del Toro es la mayor baza de Sicario, pero hay mucho más. La película es un trabajo afinado, profundo y lleno de matices en todos los departamentos (la atmosférica fotografía de Roger Deakins y la magistral banda sonora de Jóhann Johannsson, que merece un estudio aparte, deberían llevarse una buena tajada en los premios). Desde su impactante secuencia inicial, con la que Villeneuve establece sin reservas el tono opresivo del film, Sicario propone un descenso a los infiernos del que es difícil escapar, una experiencia agobiante, cruda y salpicada de brutales momentos de violencia (contenida y explícita) que se erige como una de las películas del año.

Valoración: ★★★★

Crítica: Dheepan

Dheepan

Texto escrito por David Lastra

El estreno de la Palma de Oro es uno de los pocos acontecimientos ineludibles de la temporada cinematográfica otoñal. Cuando llega el momento, nos acercamos religiosamente a las salas de cine a visionar con ojo crítico y ceño fruncido el largometraje que meses antes encumbró el jurado del festival de festivales. Durante los últimos años, nos hemos llevado gratas sorpresas (La clase, La vida de Adèle), tomaduras de pelo (El árbol de la vidaPulp Fiction), experiencias cinematográficas inolvidables (Bailar en la oscuridadLa cinta blanca) y hasta alguna que otra siesta (Uncle Boonmee recuerda sus vidas pasadas). Este año es el turno de Dheepan de Jaques Audiard, título que pegó el campanazo al arrebatarle (eso dicen) el máximo galardón a Carol de Todd Haynes. Vamos a comprobar si la nueva cinta del realizador de De óxido y hueso está a la altura del selecto club de premiados en Cannes.

Dheepan nos acerca a la vida de una familia de pega. Un hombre, una mujer y una niña que han formado una unidad familiar por la única razón de que se parecen a las personas que figuran en los pasaportes que van a utilizar para salir del país. Esta suerte de fraude de identidad es la única opción que tienen para salir de Sri Lanka estos tres refugiados tamiles. Ese poderoso e interesante punto de partida, engancha al espectador, haciendo que nuestro apetito voyeurístico se dispare y quiera saber más sobre el futuro de este hogar de cartón piedra. Su éxodo les lleva a París, pero no a la bella ciudad de las postales, sino a los suburbios. Al mismísimo lugar donde viven los monstruos de la droga y el tráfico de armas. El peor ambiente posible para empezar una nueva vida de cero.

Dheepan

A pesar de volver a contar con un personaje masculino protagonista de empaque (en esta ocasión, un antiguo soldado sanguinario reconvertido a conserje), Audiard vuelve a caer en uno de sus errores más comunes de su obra (¿podemos hablar de marca de autor?): pausar la acción hasta la extenuación. La diletante sucesión de tiempos muertos vuelve a aparecer, la misma que ya hizo que perdiese interés por el pianista chanchullero de De latir mi corazón se ha parado o por su niño salvaje carcelario de Un profeta. En esta ocasión, la repetición de los quehaceres diarios de Dheepan y sus choques, tanto conyugales como con sus convecinos delincuentes, no son sino una mera excusa para rellenar hasta el tan cacareado y comentado final. Hasta ese momento, el hastío y, por qué no decirlo, el aburrimiento dominan al espectador. Es ese estallido tan violento y visceral como previsible y anunciado, el que hace que nos desperecemos de nuestras butacas por un momento. Un clímax que recuerda en demasía a las trazas y al modus operandi del cine de los Coen, justamente los dos hermanos que presidían el jurado que otorgó la Palma de Oro a esta película…

Dheepan es una obra 100% Audiard, pero no llega ni a un 50% de Palma de Oro.

Valoración: ★★½

Crítica: Spectre

Daniel Craig

Daniel Craig vuelve a ponerse en la piel del agente 007, James Bond, después de tres entregas que han agitado la mitología alrededor del famoso personaje creado por Ian Fleming. Cuando da comienzo Spectre, la 24ª entrega de Bond, el personaje ya no trabaja “al servicio de su majestad”, sino que opera de forma independiente, ignorando las órdenes del nuevo M (Ralph Fiennes). Bond siempre se ha caracterizado por hacer las cosas a su manera, y en una época del cine de acción como la actual, en la que se imponen los supergrupos y el trabajo en equipo, él sigue insistiendo en ser un héroe solitario -sin contar la compañía femenina a la que necesita recurrir entre misiones, claro. Da igual el tiempo que pase y las reencarnaciones que experimente, Bond siempre será Bond.

Spectre es una película continuista. El director Sam Mendes y los cuatro (sí, cuatro) guionistas que han escrito el film han decidido convertir la historia en una especie de colofón de la era Craig. Esto no quiere decir que cierren la puerta a una quinta participación del rubio actor (aunque él ya se haya encargado de boicotearla en entrevistas). Es como cuando una serie clausura una temporada con un final lo suficientemente cerrado como para que sirva de conclusión en caso de ser cancelada y lo suficientemente abierto por si recibe una nueva temporada. De lo que no cabe duda es de que “James Bond regresará“, pero no sabemos hasta qué punto la siguiente entrega supondrá un nuevo reboot de la saga. Por eso, Spectre de momento funciona bien como desenlace, ya que en ella convergen las líneas argumentales de las tres anteriores, a través del enfrentamiento definitivo de Bond contra Spectre, la organización criminal detrás de los villanos de sus anteriores aventuras, presidida por el supervillano Franz Oberhauser, un Christoph Waltz en su salsa (eufemismo de “haciendo lo mismo de siempre”) eclipsado por Andrew Scott, que debería haber sido el Big Bad de la película.

Andrew Scott

Como es de esperar, Spectre está repleta de guiños y homenajes al universo Bond, no solo a las películas recientes, sino a sus más de 50 años en el cine. Esto hará las delicias de los fans del agente con licencia para matar, por supuesto, pero más allá de eso, la película ofrece pocos reclamos. Después de la oscuridad y la intensidad emocional de Skyfall, Mendes lleva a cabo una película más fría y mecánica, en la que, paradójicamente, no parece haber tanto en juego. Se trata de dos horas y media de lo mismo de siempre, pero esta vez con menos vida. La repetición de la fórmula no suele ser un problema en una saga tan asentada como esta, pero sí lo es que se ponga en práctica sin pasión. Y aquí falta pasión, falta la energía y el ardor de Casino Royale Skyfall. En ese sentido, Spectre se asemeja más a Quantum of Solace, al ser una historia menos trabajada y más ejecutada por inercia.

Lo que nos encontramos aquí es otra película de estructura episódica, construida a base de set pieces y “fases” de una gran misión que nos lleva de un lado a otro del mundo. De México D.F. durante el Día de los Muertos (fantástica secuencia de apertura de la que se obtiene la estética calaveritas de la campaña de marketing, pero que nada tiene que ver con el resto de la película) a Marruecos, pasando por Roma para una divertida persecución en coche y por supuesto Londres, donde tiene lugar el clímax. La acción es sobresaliente, como siempre, y algunas secuencias, como el prólogo o la brutal pelea de Bond contra Dave Bautista en un tren en marcha, elevan las cotas de adrenalina y espectacularidad. Sin embargo, el guion de Spectre está hecho a base de retales que se mantienen unidos a duras penas por un arco transversal algo confuso. Además, la historia resulta más superficial y previsible de lo que querríamos, dejando siempre a simple vista la tramoya que hay detrás del escenario. Se ven los trucos en todo momento, esa red que está en el sitio exacto para recoger a Bond de una caída mortal, ese coche pasando por la escena en el momento adecuado, esos personajes moviéndose en el tablero de la forma más conveniente. Cuando es para hacer comedia, funciona (Bond cayendo en el sofá), pero como ardid para resolver conflictos se le acaba viendo demasiado el plumero (se confían muchas cosas al azar, y al final no sentimos que haya verdadero peligro).

Daniel Craig;Lea Seydoux

Como decía al principio, Bond es un héroe solitario, deshumanizado, y Mendes ha respetado esta característica del personaje, como tantas otras que definen su universo. Sin embargo, sería interesante ver las reglas del mismo alteradas de verdad alguna vez. En Spectre se intenta explorar el lado vulnerable del agente hurgando en su pasado, pero no llega muy al fondo. Y esto ocurre en cierto modo porque esta vez los vínculos emocionales entre personajes no son tan importantes (uno de los puntos fuertes de Skyfall era la relación Bond-M/Judi Dench) y porque las chicas Bond de esta entrega vuelven a quedarse cortas comparadas con Eva Green. Léa Seydoux cumple con un personaje a medio camino entre la princesa en peligro y la chica de acción, pero cansa ver de nuevo a otro personaje femenino que al final solo está ahí para que Bond se haga el héroe y salve a la enésima mujer de su vida. Y no me hagáis hablar del papel de Monica Bellucci, que apenas sale en pantalla dos minutos para hacer de trozo de carne. La actriz italiana ha calificado a su personaje de “revolucionario”, porque, atención, esta vez Bond no se acuesta con una jovencita, sino con una mujer madura (casi de su edad, vamos). Qué triste. Vale que la misoginia, el edadismo y el carácter mujeriego forman parte de la personalidad y la leyenda del personaje, pero estaría bien que esto empezara a compensarse de verdad, escribiendo mejor a los personajes femeninos de la saga (Naomie Harris tampoco hace mucho) y rebajando el machismo redomado de Bond, que en Spectre alcanza cotas inaceptables para 2015.

En definitiva, Spectre ofrece todo lo que cabe esperar de una película de James Bond (elegancia, distinción y acción contundente por encima de todo) pero en esta ocasión hay menos cohesión en la historia y resulta todo demasiado rutinario, y en consecuencia, aburrido. Diálogos, desarrollo de personajes, giros argumentales, todo deja entrever cierto agotamiento y desgana, lo que pone de manifiesto la necesidad de renovarse una vez más. Craig ha sido (es) un gran Bond, pero ya es hora de pasar el testigo y darle un giro a la saga. Propongo un spin-off de Q, el (desaprovechado) personaje de Ben Whishaw, para hacer tiempo hasta que se dé con la forma de rescatar a Bond de las garras del cansancio.

Valoración: ★★★

Ash vs Evil Dead: Homenaje infernal

Ash vs Evil Dead Bruce Campbell

Sam Raimi es uno de los directores más personales y reconocibles del cine y la televisión. Aun cuando se atreve con un proyecto de la envergadura de Spider-Man no puede esconder del todo su raimismo (de Oz ya nos hemos olvidado, menos mal). Sin embargo, el anuncio de la serie de Posesión infernal nos hizo disparar las alarmas a pesar del entusiasmo. Ya sabemos lo que pasa con la mayoría de reboots y remakes televisivos actuales. Pocos conservan lo que hacía especial a la película o serie original, la mayoría pasan por un proceso de homogenización que hace que al final acaben pareciéndose a las mismas series de siempre (lo que le ha pasado a Minority Report o 12 monos). Afortunadamente, los trailers de Ahs vs Evil Dead nos tranquilizaban. Parecía que el espíritu de Evil Dead estaba ahí y no se había cometido ningún sacrilegio (como convertirla en AHS por ejemplo). Después de ver el piloto podemos confirmarlo: Sam Raimi, familia y amigos (Rob Tapert, Ivan Raimi…) han realizado una secuela directa de Posesión infernal, y lo han hecho respetando el tono y el estilo de la trilogía cinematográfica. Un auténtico regalo para sus fieles.

Porque dejémoslo claro desde el principio, Ash vs. Evil Dead no es para todo el mundo. No se trata de una serie obligada para el seriéfilo completista, sino que está hecha pensando en los fans de Ash y el universo creado por Raimi. Por eso quizá han decidido no hacer referencia (de momento) al brutal remake de Fede Alvarez (¿recordáis que había planes de secuela y crossover en cine? Os podéis ir olvidando), que tenía un tono mucho más serio y macabro que las anteriores entregas de la saga y no contentó demasiado a los puristas (yo me excluyo, porque me encantó). De hecho, la serie comienza evitando embrollos en la continuidad, con un simple “recap” narrado por Ash (clips sobreimpresionados incluidos) que ignora por completo los asombrosos acontecimientos de El ejército de las tinieblas (1992). Por ahora, Ash vs. Evil Dead es una continuación directa de Terroríficamente muertos (Evil Dead II, 1987), un “30 años después” que nos devuelve al emblemático personaje de Bruce Campbell estancado en el pasado a la vez que intenta evitarlo. Ya veremos cómo se va ampliando la historia (tenemos 2ª temporada confirmada), y si en algún momento acabará incorporando el resto del canon, pero para empezar, todo correcto.

Como decía, Ash vs Evil Dead es un festival de homenajes y guiños a las películas originales, así como una (otra) celebración del icono de culto en el que se ha convertido Bruce Campbell. Por momentos, el piloto toma prestadas algunas ideas de aquella fallida meta-comedia que fue My Name Is Bruce (2007), retomando la premisa de un Ash/Bruce retirado de su vida como exterminador de las fuerzas del mal y enfrentándose a los achaques de la edad que se ve obligado a volver a enfundarse la motosierra para salvar el mundo. Y bueno, el desencadenante que Raimi ha pensado para despertar a las tinieblas es todo lo estúpido que cabía esperar: Un Ash fumadísimo le enseña el Necronomicón a la chica que se ha llevado a su trailer y ambos acaban leyendo un pasaje que desata de nuevo el terror. ¿Para qué complicarlo más? A partir de ahí, Ash vs Evil Dead no pierde el tiempo y nos ofrece justo lo que pedíamos: humor insolente (y algo zafio), mucho camp, los demonios con máscara de látex de siempre, gore por todos los lados (demasiado digital en algunas escenas, con resultado más bien pobre), sobresaltos a la vieja usanza (en esta serie sí hay sustos de verdad, del tipo casa del terror), espíritu hard rock y autoconsciencia para parar un tren.

Ash vs Evil Dead posterEl piloto de AvsED (dirigido por Raimi) abre varias tramas para la temporada y presenta personajes secundarios para que Campbell no cargue con todo el peso de la serie (se agradece, porque mucho Campbell puede ser demasiado). Hay trama policial (pereza), pero la investigación en el primer capítulo no tarda en ser interrumpida (menos mal) por el violento ataque de varios deadites, secuencia en la que la serie ya despliega todo su arsenal hemoglobínico, con una atmósfera inigualable y sustos de muerte. Luego están los jóvenes compañeros de trabajo de Ash, Pablo (Ray Santiago) y Kelly (Dana DeLorenzo), con los que Campbell tiene buena química -rollo mentor de pacotilla y viejo verde- aprovechando bien el salto generacional que da la franquicia. Y, aunque solo aparezca unos segundos, nos emocionamos al ver a nuestra adorada Lucy Lawless, guapísima de blanco nuclear, que nos deja con la miel en los labios para los próximos episodios. Estamos deseando presenciar el reencuentro entre Xena y Atolycus.

Pero lo más destacable del piloto no son sus nuevos personajes o su arco central, sino las escenas en las que la serie se vuelve más loca, violenta y deliciosamente absurda. Por destacar dos (además de la mencionada lucha “polis vs. evil dead”), el grandioso ataque de la muñeca diabólica (secuencia cartoon pasada de rosca 100% Raimi en la que un objeto inanimado cobra vida) y su enfrentamiento final con la entrañable vecina del trailer park, Mrs. Johnson, perfecto broche de oro a esta divertidísima carta de presentación. En un glorioso plano a cámara lenta, Ash “vuela” para fundirse con su motosierra y aceptar su identidad. Él es Ash Williams, “El Jefe“, el gran héroe de Evil Dead, la estrella de la función. Llevábamos tiempo esperando su regreso. Y, aunque reticente al principio, este acaba asumiendo su destino, ya con esa característica camisa azul (como Superman, lleva siempre el uniforme bajo la ropa) y pronunciando la palabra más esperada del capítulo: “Groovy!”

Ash vs Evil Dead es un proyecto de amor, a la saga, a Campbell y a los fans. Raimi no se ha roto demasiado la cabeza, porque no hacía falta. Se ha mantenido fiel al material original y nos ha dado lo que queríamos, algo clásico e icónico, la Evil Dead que conocemos y adoramos (qué alegría reencontrarse con esa cámara reptante y la música de Joseph LoDuca), tan disparatada como siempre y con ese aroma a serie B guasona que nos encanta. Una secuela en toda regla que, casualmente, nos ha llegado en formato serial, pero que sabe a sesión golfa o noche de maratón de cine de terror en VHS.