Supergirl: ¡Pelea como una chica!

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¿Es un pájaro? ¿Es un avión? ¿Es un hombre? ¡No! Ninguna de las tres cosas. Es una mujer, o mejor dicho, una chica. Es Kara Zor-El, alias Kara Danvers (casi Carol Danvers), más conocida en el universo de los cómics DC como Supergirl, la prima del Hombre de Acero. Kara es la protagonista de uno de los estrenos televisivos más esperados de este otoño, una serie que viene a llenar un importante vacío en el panorama superheroico actual. La primera serie en 40 años protagonizada por una superheroína. Que se dice pronto.

Desde los 90, no es raro ver a una mujer o a una adolescente como protagonista de su propia serie, especialmente dentro del tradicionalmente masculino género fantástico. Xena, Buffy, Sydney Bristow o Veronica Mars allanaron el camino para que otras heroínas poblaran la televisión. A día de hoy, una mujer puede protagonizar una serie sin que su posible fracaso sea achacado o relacionado a su género. Sin embargo, no ha ocurrido lo mismo en el cine. Estamos en 2015 y los grandes estudios todavía no se “arriesgan” a colocar a una mujer en el centro de sus superproducciones. Warner Bros. aseguró hace unos años que no iba a hacer más películas protagonizadas por mujeres (qué vergüenza), la muy feminista Mad Max: Furia en la carretera tuvo que venderse como una película de hombres, cuando es casi al 100% de y sobre mujeres, y el éxito de Lucy se ve como un caso aislado. Cómo no, los fracasos pesan más. Al filo del mañana lo tenía todo para triunfar, pero no cumplió las expectativas, y por supuesto, nadie olvida los batacazos de ElektraCatwoman. Pero, ¿cuántas superproducciones protagonizadas por hombres fracasan al año sin que nadie se plantee dejar de hacerlas?

Y esto nos lleva al género de superhéroes, que este año se está tomando una suerte de descanso en el cine (no lo parece, ¿verdad?) para estallar en 2016 con un bombardeo de estrenos sin precedentes. Curiosamente, el cine va varios pasos por detrás de la tele en cuanto a representación de género, orientación sexual y raza. De ahí que aun no hayamos tenido una película de superhéroes protagonizada por una mujer dentro de la nueva era del cinecómic (Wonder Woman y Capitana Marvel llegarán en 2017 y 2019 respectivamente para ver si es posible cambiar el panorama). Pero es que en lo que respecta a este género, no hay tanta diferencia entre ambos medios.

Marvel Television se ha puesto antes las pilas. Tenemos a la estupenda Peggy Carter protagonizando su propia serie, Agent Carter, un perfecto alegato feminista que por desgracia no tiene mucha audiencia, a los Agentes de S.H.I.E.L.D., con gran representación femenina dentro de sus filas (Daisy es casi la protagonista de la serie, y May, Simmons y Morse son personajes bien desarrollados y de gran presencia) y muy pronto a Jessica Jones protagonizando su propia serie en Netflix. En la facción televisiva de DC la cosa va un poco peor en este sentido: Arrow, The Flash, Gotham y próximamente Legends of Tomorrow son series protagonizadas por héroes masculinos. En definitiva, las superheroínas televisivas actuales tienen que conformarse con secundar al héroe titular o formar parte de un elenco coral. Al menos hasta la llegada de Kara Danvers.

Supergirl

Supergirl es una serie feminista, y así es como se presenta al público en su piloto, una origin story en toda regla en la que las mujeres ocupan un lugar muy destacado (aquí, ellos son los que desempeñan el rol de “chico de” o “amigo de”). En la serie convergen cuatro líneas principales, y en las cuatro nos encontramos a una mujer: Kara, su hermana Alex Danvers (Chyler Leigh), Cat Grant (Calista Flockhart), fundadora del conglomerado multimedia CatCo, y la sorprendente (o no) villana de la función, que redactamos para no hacer spoilers. Supergirl es muy consciente de su papel y su responsabilidad en la sociedad, y así lo deja caer en su piloto: Con Kara, las niñas ya tienen una superheroína a quien admirar, un modelo a seguir. La serie no esconde su naturaleza femenina para no espantar al público alérgico a la acción protagonizada por mujeres (ese público que rechaza la nueva Cazafantasmas por sistema o comparaba despectivamente el trailer de Supergirl con el falso trailer de la comedia romántica de la Viuda Negra). Supergirl está orgullosa de ser una serie superheroica protagonizada por una chica. Y esa chica aprende en el piloto que no hay nada malo en ser eso, una chica. Una lección que se apoya indirectamente en aquella magnífica campaña publicitaria de Always, #LikeAGirl y que viene a decirnos a todos que para ocupar el lugar de un hombre, una mujer no tiene por qué actuar como él (gracias por todo, Joan Holloway).

“El mundo te necesita, Kara”.

Ese es el mayor acierto de Supergirl, haberse mantenido fiel a la naturaleza del personaje y no haberlo transformado en lo que no es. Kara Danvers es una chica joven buscando su lugar en el mundo, tiene intereses románticos, es coqueta, femenina, y ha optado por conservar la falda (y también la capa, por cuestiones “aerodinámicas”) en su uniforme de superheroína. No es un personaje sexualizado para satisfacer al público masculino, pero tampoco asexual. Kara es lo que es, la representación paradigmática de un tipo concreto de chica (una que lucha por hacerse hueco entre rudos y carismáticos héroes musculosos sin sacrificar su identidad), una “super chica”. Y en este sentido, Melissa Benoist encaja como anillo al dedo en el personaje. Enérgica, awkward, un poco atolondrada (como la Buffy de las primeras temporadas, Kara habla como si le faltara un hervor), y con un punto de adorabilidad que hará temblar a Zooey Deschanel. Benoist no es muy buena actriz (todavía), pero sí es una Kara Danvers perfecta.

Y a pesar de todo lo expuesto anteriormente, el piloto de Supergirl no llega a ser gran cosa en ningún momento, quedándose en simple prima de Smallville. Se agradece lo que esta serie supone para el género, pero se echa de menos un resultado a la altura de la ocasión. Al final, Supergirl es lo mismo de siempre, una historia de orígenes altamente formulaica y más bien sosa en la que todo ocurre tal y como se espera, en la que los giros se ven venir a la legua, los diálogos están calcados del resto de series y películas de superhéroes y los temas resultan demasiado rutinarios (la identidad secreta, la responsabilidad superheroica, la manipulación de los medios para que la “justiciera” parezca una amenaza…). Y es que la historia de Kara Danvers por ahora es prácticamente igual que la de su primo.

La factura de la serie está por encima de la media (la secuencia del avión es de lo más espectacular que hemos visto nunca en una ficción televisiva), como adaptación engloba el espíritu y los ideales de Superman mucho mejor que El hombre de acero (Kara sí hace honor al emblema de su familia), y sus intenciones son más que loables, como ya hemos visto. Pero lo que hay en juego requiere un poco más de esfuerzo y creatividad por parte de las personas detrás del proyecto, y no otra producción de Greg Berlanti que encajaría mejor en la parrilla de la CW (alerta peligro “serie de planchar”). Puede que esperase demasiado de ella, y demasiado pronto, pero sigo pensando que Supergirl podría volar muy alto si se lo propusiera. Necesitábamos esta serie, ahora necesitamos que sea buena.

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