Crítica: Victoria

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Texto escrito por David Lastra

Tras un verano de excelentes blockbusters (Jurassic World y Mad Max: Fury Road), es el momento de ponernos intensos. El otoño supone el advenimiento de los títulos que los afortunados pudieron ver en los grandes festivales. El primer en llegar ha sido El club de Pablo Larraín, que cumple con la cuota de película polémica de la temporada, ya no queda nada para Dheepan, la injusta Palma de Oro de Jacques Audiard y ahora nos llega la triunfadora de los Lola (los Goya alemanes) Victoria, la que debería ser la gran película de este último cuatrimestre de 2015.

Antes que nada, vamos a hablar del plano secuencia que ocupa todos los titulares sobre Victoria. Si todavía hay algún despistado que no se haya enterado, Sebastian Schipper ha tenido el arrojo de realizar esta película en una sola toma, sin ningún tipo de corte oculto, artimaña en la que sí incurrieron Alfred Hitchcock en La soga o, más recientemente, Alejandro González-Iñárritu en Birdman. La toma única de Victoria es real, increíble y, por qué no decirlo, acojonante. Schipper consigue la sensación más emocionante y agobiante de la temporada gracias a esa continuidad en el plano, así como a una inteligente utilización del tono de los diálogos y los idiomas (el uso del alemán como lenguaje en clave ante la extranjera española). Gracias a la violenta e infinita cámara en mano, la opresión causada por Victoria en el espectador supera increíblemente a la combinación del score de Disasterpeace y el coco invisible de It Follows.

poster_victoria_A4Cámara en mano, conocemos sin cortapisas el devenir de Victoria durante una noche cualquiera en Berlín. Minuto a minuto, paso a paso, vamos descubriendo y (des)conociendo a su nuevo grupo de amigos. Como voyeurs conservadores por naturaleza (a.k.a. espectadores de cine), no sabemos qué hace una chica como ella confiando en unos desconocidos de semejante calaña. Victoria es un híbrido entre la canción de Burning y el modus operandi de Blanche DuBois. Sus decisiones provocarán que la noche termine… Me niego a contar nada más del argumento. La mejor baza para estar en tensión durante todo el metraje de Victoria es el desconocimiento total de su argumento. Gracias a esa ignorancia, podremos identificarnos aún más con la ingenuidad y pureza de la protagonista. En esa ocasión es un crimen saber de antemano de qué va la película, por lo que es de vital importancia abstenerse de sinopsis, tráilers y/o críticas descriptivas. El único atisbo de spoiler lo haré con un recurrente juego de referencias e influencias: lo que comienza siendo una disertación en tiempo detenido al más puro estilo de los hermanos Dardenne termina siendo un vendaval salido de la factoría de Romain Gavras con espídicos toques del Tom Tykwer (no obstante, Schipper es un habitual de su cine, en ese caso como actor).

Demasiado he tardado en hablar de la gran triunfadora del film: Laia Costa (de actualidad también por ser María de Habsburgo en la serie Carlos, Rey Emperador). Su tarea era harto difícil ya que es ella la que soporta el peso del film de manera casi exclusiva, al más puro estilo de la Rosetta de los Dardenne o la Lola de Corre Lola, corre (por seguir utilizando los mismos referentes) y lo logra consiguiendo una interpretación que únicamente merece ser catalogada como ejemplar. Espero que a ese Lola (primera ocasión en que una extranjera es galardonada con ese premio a mejor interpretación femenina) le acompañe el Goya en 2016.

 Victoria. Una mujer. Una ciudad. Una noche. Una toma. Una pasada.

Valoración: ★★★★★

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