American Horror Story Hotel: No se aceptan devoluciones

Kathy Bates Hotel

Quien hace check-in en el Hotel Cortez para empezar la quinta temporada de American Horror Story es, muy probablemente, porque sabe qué se va a encontrar en sus pasillos y habitaciones. Por eso la huraña recepcionista interpretada por Kathy Bates se apresura a advertirnos que no hay “refunds”. Lo siento, si habéis llegado hasta aquí (suponiendo que habéis visto o al menos catado las cuatro temporadas anteriores), no tiene mucho sentido quejarse del servicio de habitaciones o el olor que sale del cuarto de baño. American Horror Story es una de esas series que dan exactamente lo que anuncian. Se trata de una ficción de Ryan Murphy, una de las identidades autorales más asentadas y reconocibles del medio televisivo (si no la que más), así que no le pidamos peras al olmo. A otras series les podemos exigir que todo tenga sentido, a las de Murphy (por ahora) no.

American Horror Story le podemos pedir espectáculo, sangre, sudor y culos. Le podemos pedir que nos ponga cachondos y nos revuelva el estómago, que nos escandalice (aunque cada vez cueste más) y que nos haga cuestionarnos la moralidad de lo que estamos viendo (para luego concluir que todo da igual mientras haya espectáculo, sangre, sudor y culos). Y eso es exactamente lo que nos da el primer capítulo de AHS HotelShock value a borbotones, iconoclastia para parar un tren, estilo, garbo y sobre todo sexo, drogas y rock ‘n rollAHS vuelve más segura de sí misma que nunca, pisando si cabe más fuerte, pavoneándose e importándole una mierda lo que los demás piensen de ella. Hotel nos agarra por las partes pudendas, las masajea, las lubrica, les da una descarga eléctrica, y no las suelta en ningún momento. Esta serie se experimenta por los ojos y por la entrepierna, que en el caso de la serie de Murphy vienen a ser lo mismo.

Wes Bentley

La carta de presentación de AHS Hotel es, como lo han sido las temporadas anteriores, una oda (algo tosca y evidente, claro está) al cine y la cultura pop. Ahí tenéis a Lady Gaga y Matt Bomer “viendo” Nosferatu (eligiendo presas) en un cine al aire libre mientras suena Joy Division, su evidente homenaje a El pueblo de los malditos con los “niños perdidos” del Cortez, sus inconfundibles ecos al Overlook de El resplandor o la muy pertinente/obvia inclusión del “Hotel California” de los Eagles. “Cheking In” es giallo, es torture porn, es terror expresionista, un cuento neogótico de fantasmas, vampiros y crímenes, una serie de viñetas de horror intercaladas por videoclips de Chris Cunningham o Floria Sigismondi (las apariciones espectrales dan yuyu de verdad). La puesta en escena es más erótica y carnal que nunca. La cámara recorre los pasillos del Hotel Cortez abusando del objetivo de ojo de pez incluso más Coven, haciendo que el ya de por sí suntuoso y escalofriante escenario art déco sea aun más fascinante, más extraño y retorcido, como una casa de los espejos de la que no se puede escapar. Y dentro de un solo capítulo, los saltos entre atmósferas están más acusados que en cualquier otra temporada. El ambiente sucio y macabro de la habitación 64 (como sacada de Hostel), el neón de la sala de torturas, la ostentosidad de la suite de Gaga y Bomer (“la vida de los ricos y famosos”), el hogar fincheriano de Wes Bentley y Chloë Sevigny (en las escenas policiales, Hotel se divierte jugando a ser Se7en), o el retro-futurismo de la recámara secreta donde se esconden los niños. No forman un todo coherente, pero ni falta que hace.

Y ya que mencionamos a Gaga tantas veces, respondamos a la pregunta que ha preocupado a muchos seguidores de AHS desde que se anunció su incorporación a la serie: ¿da la talla la cantante? Pues de momento sí. Como cabía esperar, encaja como un guante (nunca mejor dicho) en su universo, comparte su estética, su actitud, su seguridad, su compromiso con la demencia y el exceso. Claro que por ahora no ha tenido que “actuar” demasiado, se ha limitado a ser Lady Gaga, una marciana barroca y mamarracha que ha respondido a la llamada de su planeta y se encuentra en él como en casa. Los demás personajes ayudan a que la artista no desentone, al estar concebidos en su mayoría como estrellas malcriadas de Hollywood, personalidades extravagantes y caprichosas perdidas en un paraíso de sexo, estupefacientes y humo de tabaco. Sarah Paulson como la yonqui Hypodermic Sally (esta serie sigue siendo la mejor poniendo nombres), Max Greenfield como la diva ochentera Gabriel (otro yonqui), Denis O’Hare como un empleado travestido del Cortez que se hace llamar Liz Taylor, y sobre todo la otra mitad de Gaga, Donovan (Bomer), con quien forma una pareja de vampiros modernos que claramente emulan a Catherine Deneuve y David Bowie en El ansia (The Hunger). Toda una exhibición de talento interpretativo puesta al servicio del escándalo y la provocación en la que (perdónenme) de momento no echo de menos a Jessica Lange.

Gaga Bomer

Murphy y Falchuk querían elevar el listón de lo que se puede mostrar en televisión, jalear e impactar más incluso que los cuatro años anteriores. Y con “Checking In” lo han conseguido, dando el pistoletazo de salida a la temporada más violenta y depravada hasta la fecha. Una escena del crimen en la que un hombre (aun vivo y sin ojos) sigue estando erecto dentro de su pareja muerta (Grey’s Anatomy Extreme), una violación anal al personaje de Max Greenfield por parte del Addiction Demon (no se han pensado mucho el “monstruo” oficial de la temporada) con un dildo-taladro cónico de metal drilldo (escalofríos y Kegel anal involuntario viendo esta escena), y la pieza estrella de esta exposición de horrores pop, la orgía sangrienta de Gaga y Bomer, brutal secuencia en la que la pareja se deja la piel para deleite de nuestros morbosos ojos (Bomer además se pasa el capítulo en cueros – Murphy, gorrión, muchas gracias). Y aun con todo, Hotel no llega a los niveles de sensacionalismo y gratuidad de otra serie de la cadena, The Bastard Executioner. Aquí, al fin y al cabo, la violencia está enmarcada en un contexto casi de comedia autoconsciente, de terror de medianoche en el que todo vale… de (risas) ARTPOP. (El sexo no tenemos que justificarlo).

Con Hotel, AHS se rinde por completo al estilo por encima de la sustancia, al estímulo sensorial por encima de la lógica narrativa (en esto último Murphy nunca ha estado demasiado interesado). No nos debería sorprender, este es el camino que emprendió con la (infravalorada y divertidísima) Coven. Temporadas como Asylum nos han demostrado que AHS puede ser algo más si se lo propone, pero si seguimos aquí a estas alturas es porque sabemos y aceptamos que no siempre se lo propone. De momento, Hotel es un contenedor de ideas inconexas, trazas de historias y tramas aun por definir, de personajes llamativos, secuencias eróticas y (ya era hora) terroríficas de verdad (el cadáver saliendo del colchón, wow), de imágenes diseñadas para atrapar (por la vista y la entrepierna, recordad), y sublimes momentos musicales. Aun es pronto para saber si todo acabará teniendo sentido o relación. Pero sería de ingenuos esperarlo. De momento, os recomiendo disfrutar de lo que Hotel nos ofrece. Es clara y no engaña a nadie. Si hasta os lo dice en luces de neón, por si no estaba ya claro el mensaje: “Why are we not having sex right now?” Hacedle caso. AHS no se ve, se folla. Si no vais a follar con ella, no os molestéis en hacer check-in.

Ahs Hotel

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Comentarios (3)

 

  1. Ricardo dice:

    claro que sí. a gaga se la ha visto un poco hierática en las dos frases que ha dicho, esperemos que esto cambie.

    a mí también me ha encantado y precisamente por lo que dices tú. es una delicia visual (y orgiastica, como la quieras llamar), y eso es precisamente lo que es AHS

  2. Miriack dice:

    Magnífico post que resume todo lo que sentí mientras veía el primer episodio. Hotel es todo lo que dices y así te lo dicen en la carta de presentación. Y si eso no gusta, mejor no seguir entrando. Por cierto, brillante conclusión esa de follar o no hacer check-in. Mis felicitaciones

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