Crítica: Regresión

"Regression" Day 32 Photo: Jan Thijs 2014

Minnesota, 1990. Angela (Emma Watson), la benjamina de una problemática familia de la zona, acusa a su padre de cometer abusos sexuales contra ella para a continuación buscar refugio en la parroquia local, donde se esconde del mundo. El detective Bruce Kenner (Ethan Hawke) se encarga de investigar el caso, que no tarda en dar un giro cuando el padre de la adolescente admite la culpa, pero asegura no recordar haber cometido el crimen. Para llegar al fondo del misterio, Kenner cuenta con la colaboración del reconocido psicólogo Dr. Raines (David Thewlis), que ayuda al sospechoso a recuperar sus recuerdos reprimidos mediante la regresión hipnótica. Esto no hace sino destapar una siniestra conspiración mucho mayor detrás del caso, una secta satánica que realiza rituales macabros y horribles sacrificios en el pueblo, y cuyo desenmascaramiento se convertirá en una obsesión cada vez más personal para el detective.

Regresión es la vuelta de Alejandro Amenábar al cine después de seis años de ausencia en la silla del director (sin contar un videoclip para las Nancys Rubias o el cortometraje publicitario Vale, sus únicos trabajos tras las cámaras en este tiempo), y a su vez supone su regreso al género de terror desde que estrenara Los otros en 2001. Para su nuevo largo, Amenábar aparca la ambición de sus anteriores proyectos (el dramón bigger-than-life Mar adentro y el péplum Ágora) y nos ofrece un thriller psicológico a la vieja usanza, un film sin otra pretensión más que la de narrar una historia de suspense y terror de las de antes, concretamente como las que se hacían hace veinte años (es más, como las que hacían otros, no él).

RegresiónEstamos ante una película noventera en todos los aspectos. La mera presencia de Ethan Hawke como protagonista ya otorga al film ese regusto a 90s que va intrínseco al actor de Texas, pero es que el ejercicio de regresión que nos propone el director va más allá de lo meramente circunstancial o estético. Regresión pide al espectador que se traslade atrás en el tiempo y firme el pacto de la ficción que habría firmado entonces (y ojo, no porque haya muchos agujeros, sino porque no pretende impactar o sorprender al público más resabiado). Amenábar, que también firma el guión (escrito por él solo), ha dibujado un contundente relato pre-Internet basado en hechos reales que juega con la idea del miedo aislado y magnificado dentro de una comunidad; una historia muy americana (no busquéis rastros de españolidad aquí tampoco) con la que también explora el lugar común del paleto yanqui (magnífica Dale Dickey como siempre en este tipo de papel) que lleva sus férreas creencias retrógradas al fanatismo más perturbador. El director nos recuerda que la ola de satanismo de los 90 es algo que ocurrió de verdad (y no solo en la América profunda), dando pie a un contexto fascinante en el que indaga en busca del origen del mal. Y lo hace evitando excesos efectistas y sin pasarse de listo (como sí ocurría en el cine temprano del autor), construyendo una película críptica y engañosa en su justa medida que mantiene en vilo hasta el final.

Regresión es en cierto modo una cura de humildad para Amenábar y a la vez una llamada a abrir los ojos para aquellos que lo tienen en un pedestal sin saber exactamente por qué (relax, por favor). No es un regreso por todo lo alto, no recuperamos a aquel director obsesionado con estar a la altura de lo que la crítica y el público esperaban de él (se le llegó a llamar muchas veces “el Kubrick español“, paraos a pensar en tamaña tontería). Regresión es el trabajo de un cineasta que ha decidido volver al trabajo, sin presiones, sin agobios. Y resulta que, mientras nos rasgamos las vestiduras porque no ha hecho una obra maestra o nos jactamos de nuestro excelente criterio porque “no es para tanto”, él nos está recordando lo más importante, que es un realizador muy solvente y eficaz (claro que a muchos esto ya no les vale). Regresión es la prueba, un trabajo asequible, bien contado (con un desenlace valientemente anticlimático y coherente con la idea que vertebra la película), un perverso juego de sugestión con una atmósfera turbia que envuelve magníficamente toda la película. Este es el Amenábar que yo quiero ver, no el que necesita conservar a toda costa su lugar en el Olimpo, sino el que recuerda por qué empezó a hacer cine.

Valoración: ★★★½

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