Crítica: Ma Ma

Penélope Cruz Ma Ma

Hay cine que es necesario, pero no por ello es necesariamente bueno. Ma Mala nueva película de Julio Medem sería un buen ejemplo para ilustrar esta idea. El director vasco regresa para contarnos la historia de Magda (Penélope Cruz), mujer a la que se le diagnostica un cáncer de mama en el que no es precisamente el mejor momento de su vida. Está en el paro y su marido, profesor de filosofía en la universidad interpretado por Àlex Brendemühl, la ha dejado por una alumna. A pesar de todo, Magda no deja de sonreír (y qué sonrisa más bonita). Lo hace principalmente por su hijo, pero también por ella. Es una mujer fuerte, en el sentido menos politizado de la expresión, y tiene ganas de vivir.

Ma Ma es la historia de Magda, pero Medem ha querido que sea la historia de todas (el film está dedicado “a todas ellas”), y también la de todos. Quizá por eso el realizador haya optado por una aproximación más convencional al drama para contarla, en lugar de abusar de la escritura con la que se labró ese estilo críptico y lírico, reconocible gracias a películas como Los amantes del círculo polar o Lucía y el sexo. Hace tiempo que Medem dejó atrás esta adolescencia narrativa, y en Ma Ma se enfrenta al reto de escribir un melodrama para todos los públicos, una película más accesible y menos idiosincrásica (aunque aquí sigue habiendo una importante carga onírica y poética que nos recuerda a sus trabajos tempranos). El problema es que el director no ha sabido darle forma a las emociones que laten (nunca mejor dicho) bajo el relato, y su película se pierde en un guion tópico, blando y sentimentaloide.

En ocasiones, Ma Ma parece estar escrita y realizada por un director novel (algunos dirán que ese es el sello de Medem y no les faltará razón). No hay más que ver la forma en la que el director utiliza la cámara en algunos de los pasajes más dramáticos del filme, increpando a sus protagonistas en arrebatos sensacionalistas, como si la CARTEL MA MA OK 3(bella) partitura de Alberto Iglesias no supusiera ya acentuación suficiente. Pero lo peor son los forzados diálogos, de una cursilería que a ratos roza lo insoportable (las intervenciones del hijo de Magda, que tiene 12 años pero está escrito como si tuviera 5, son de lo más irritante). Una película como Ma Ma debería resultar dura por el tema que trata, más que por la forma en la que lo trata. Medem ha optado por mantenerse en todo momento en el lado luminoso de la historia y se le ha ido de las manos, resultando en un film ridículamente sensiblero que pierde el norte demasiadas veces -especialmente todas las que Asier Etxeandía se pone a cantar. Por eso, Ma Ma acaba siendo una experiencia incómoda por las razones equivocadas.

Sin embargo, hay una fuerza capaz de levantar la película a pesar de todo lo expuesto anteriormente. Su nombre es Penélope Cruz. La actriz está sencillamente espectacular, en todos los sentidos, irradiando luz y belleza en cada plano, haciendo suya la cámara y todo a su alrededor. Cruz realiza un trabajo sobresaliente como la optimista y vivaracha Magda, aportando toda la naturalidad que le falta al guion de Medem. Y es que, aunque supera con nota los grandes gestos dramáticos de su personaje, es en los momentos pequeños cuando la actriz brilla con más fuerza. Destacaré dos en concreto: el precioso beso espontáneo que da a la enfermera interpretada por Silvia Abascal (el instante más elocuente de la película, sin usar una sola palabra) y la celebración de los goles del final de la Eurocopa sola en casa, probablemente el recital más conmovedor que ofrece Cruz en toda la cinta. Y tiene unos cuantos. Uno compartido con Àlex Brendemühl (hay que ver el rostro de Penélope perdonando a su ex marido) y todos los demás con un tremendo Luis Tosar, siempre a su altura interpretativamente hablando, pero dejando elegantemente que sea ella quien ocupe el centro del objetivo en todo momento.

A Medem le sobran buenas intenciones, eso está claro. Ma Ma nos habla de una enfermedad muy común y trata de concienciarnos (durante la primera media hora como si estuviera realizando un vídeo educativo, con sus datos y estadísticas) sobre su efecto en las mujeres que la padecen, las que la superan y las que no. El montaje intercalado de secuencias aporta dinamismo, y como hemos dicho, los actores están soberbios, pero el exceso de remilgo y poesía barata (ese corazón en CGI… *arcadas*) termina truncando sus intenciones y llevando la película al terreno de la parodia involuntaria. Aunque puntualmente sobrecogedora y hermosa, Ma Ma es un trabajo de grandes desequilibrios (como todo el cine de Medem, claro) al que le habría venido bien una o dos reescrituras. Por suerte, siempre nos quedará Penélope.

Valoración: ★★½

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