Pilotos 2015-16: Quantico

Quantico Run

Ya está. No busquéis más. Ya tenemos nueva adicción televisiva para el otoño-invierno, nuevo mejor guilty pleasure si lo preferís. Quantico, una serie que es tan TAN Shondaland que se os quedará el culo torcido cuando os enteréis de que no forma parte del #TGIT ni está creada por la todopoderosa Shonda Rhimes. Claro que la confusión es más que normal. Quantico es uno de esos dramas marca ABC con dosis elevadas de soap opera y comedia picarona, un tipo de serie que por supuesto Rhimes ha contribuido a definir (Mujeres desesperadas mediante). Lo tiene todo: gente guapa, reparto multiétnico, personajes con millones de secretos, transgresión, feminismo, y banda sonora a base de temas de radiofórmula pop con sensibilidad indie (no importa si se trata de una escena que nos muestra el mayor atentado en Estados Unidos desde el 11-S, un alegre temazo pop nunca está de más; esa ABC siempre intentando ser moderna a toda costa).

Quantico es por encima de todo una serie sexy y atractiva. Lo más importante es que sus bellos y jóvenes protagonistas, un grupo de novatos de la academia de formación del FBI en Quantico (Virginia), van vestidos siempre como Dexter Morgan (menos cuando van semi-desnudos o en ropa interior mormona). El uniforme de la academia es unisex, muy pertinentemente, y está pensado para acentuar bustos y perfilar musculaturas varias (el número de botones desabrochados te dirá quién es cada uno), invitando a ver la serie un poco con la entrepierna, que tampoco está de más. Y luego, ya de manera secundaria, tenemos su historia. Una que nos recuerda inevitablemente al inicio de Anatomía de Grey (hace ya más de una década) y que es demasiado loca y divertida como para resistirse. La premisa de Quantico es exactamente igual a la de Grey’sHTGAWM, un ecléctico grupo de estudiantes perfectamente maquillados luchan en un competitivo entorno académico para ser el primero de la clase. Y el resto de ingredientes son los que cabe esperar de una serie así: todos guardan algún secreto, los profesores y superiores tampoco son lo que parecen (más secretos), y las alianzas y enemistades no tardan en formarse. Solo que aquí tenemos un telón de fondo mucho más osado (para tratarse de una serie en abierto): el terrorismo islámico.

Como decía, el piloto de Quantico, titulado “Run“, comienza como el de Grey’s, con la protagonista (Priyanka Chopra, muñeca viviente) acostándose con un rollo de una noche (o de una mañana) para luego descubrir que este también es uno de los nuevos reclutas de la academia del FBI, con el que estará forzada a convivir (un detalle inteligente en este sentido es que ella diga delante de todos y desde el principio que se ha acostado con él, en lugar de ocultarlo o hacer de ello un drama meredithiano). Y continúa como el de HTGAWM, dividiendo la acción en dos tiempos que nos muestran por un lado el primer día de clase y por otro el atentado terrorista a la estación Grand Central de Nueva York seis meses más tarde, y el inicio de la investigación para descubrir cuál de los novatos está detrás de él. Porque Quantico también tiene ese regusto a reality, a juego en el que el espectador debe intentar averiguar quién seguirá en el FBI, quién se quedará fuera, y por supuesto, quién es el topo (la presencia de una de las protagonistas de UnREAL, Johanna Brady, potencia esta sensación). Y para que entremos en este juego desde el principio, el piloto nos desborda con una cantidad ingente de información y character background que se antoja excesiva para una primera hora (pilotitis total) pero que resulta indudablemente jugosa y sorprendente, además de servir para llevar a cabo una sólida caracterización de personajes tipo ya desde el comienzo.

Quantico Brian J Smith

Las primeras revelaciones (la del gay, Simon, o los dos rubios niños bien, Shelby y Caleb) no son nada comparadas con lo que nos espera en los últimos 10 minutos del episodio, un no parar de WTFs (se lleva la palma el rocambolesco giro que tiene que ver con la recluta musulmana, Nimah, con el que clamé mi primer “¿Pero qué invento es esto?”, pero la escena más impactante la protagoniza nuestro Brian J. Smith de Sense8). El clímax de “Run” nos deja con la sensación de que se han jugado demasiadas cartas en el primer capítulo, pero si lo pensamos, se han planteado tantos misterios y se han abierto tantas tramas de personajes, que esto tiene cuerda para rato. Y no esperamos otra cosa. Con su estreno, Quantico nos promete diversión culebronesca y giros argumentales para marear, y aunque caiga en el error de los productos que imita al tomarse demasiado en serio (con un tema como el que trata no puede permitirse otra cosa), se presta al visionado “ligero”, al igual que otras series pasadas de rosca como Empire o (salvando mucho las distancias) UnREAL. Lo dicho, ya tenemos nueva cita semanal obligada (mejor en grupo) con el novelón de la temporada. ¿Os apuntáis?

Por qué he visto el piloto: No pensaba hacerlo, pero visto el revuelo que ha causado en Twitter, me he visto obligado a verlo. Y me alegro de haberlo hecho.

Recuerda aAnatomía de Grey, How to Get Away With Murder y cualquier cosa que salga de la mente de Shonda Rhimes, fusionado con Homeland y 24, (su lado “serio” y “adulto” quiere que la veamos como un thriller tipo juego del gato y el ratón), Chicago Fire (por el reparto de jóvenes sacados de un catálogo de ropa interior), The Blacklist, varios reality showsUnREAL.

Nota del piloto: 6,5 (todavía no nos vamos a volver locos del todo, aunque podríamos).

VeredictoQuantico es un batiburrillo de ideas que hemos visto en muchas otras series, pero sabe cómo optimizar sus virtudes y no se anda con rodeos. Va directa a entretener, seduce con sus personajes (en más de un sentido) y busca reclutar adictos que estén dispuestos a entregarse a su irresistible propuesta. Conmigo lo ha conseguido.

Pilotos 2015-16: Heroes Reborn

Heroes Reborn

Texto escrito por David Lastra

Mi primera reacción ante la noticia del retorno de Heroes fue una mezcla de estupor y temblores que recorrió todo mi cuerpo… pero en ningún momento relacionada con alegría o felicidad alguna. Hace ya cinco años que enterramos la serie primigenia tras una aberrante y espantosa aventura circense sin pies ni cabeza. La cuarta temporada fue un descalabro máximo, lo cual no fue una sorpresa para nadie. Heroes nació siendo una golosina pop con estética cómic y más buenas intenciones que buenos guionistas. Tras un notable arranque, la serie se fue desplomando capítulo a capítulo, haciendo que hasta el más fan perdiese los papeles ante tanto personaje alargado (duplicado), tramas sin sentido y (aquí viene el mayor crimen) traicionando la naturaleza y el potencial de personajes icónicos como Sylar, Hiro Nakamura o la brutal comanda “Save the cheerleader, save the World“. Es normal que mi posición ante esta nueva entrega fuese cuanto menos negativa… pero aquí estoy, la curiosidad me puede y me siento en el deber de visionar cuanto menos los dos primeros episodios de Heroes Reborn. ¿Será esta una nueva serie para el apartado de hate-watching o un sorprendente reencuentro?

Dar al play de Brave New World me estomagaba más que una voz en off de Mohinder Suresh, pero había que ser valiente y sobreponerse a las adversidades, porque de todos es sabido que todo el mundo es un héroe (a su manera). Cinco minutos después, una premisa, que no muy original, sí muy propia de los orígenes de Heroes, hacía que me callase la bocota de hater: un misterioso atentado terrorista en Odessa vuelve a poner en jaque la paz entre humanos y mutantes, perdón, evos. Nos volvemos a encontrar con un viejo conocido, Noah Bennet. Acompañamos a él y a sus gafas a través de la investigación sobre los hechos de Odessa y lo que es más importante SPOILER quién mató a Claire cheerlader Bennet FIN DEL SPOILER.

De igual manera, conocemos los puntos de partida de los nuevos de la clase. Esta era la asignatura más difícil para su creador, Tim Kring, crear una nueva plantilla de héroes que nos hiciese olvidar a los antiguos, tanto a los añorados (los citados Sylar, Claire, Hiro) como por los pesados (Niki, Matt). Aún guiándose por estereotipos harto conocidos, los recién llegados aprueban con creces. Tenemos al adolescente que no encuentra su lugar y se ve abrumado por los cambios (a.k.a. adolescente a secas), el vengador latino enmascarado (y su relevo insospechado), la damisela en apuros, la pareja mala malísima, el gamer y la nerd, el(los) padre(s) coraje(s). Nada nuevo bajo el sol, pero bastante bien llevado todo… por el momento.

Zachary Levi Heroes

Tim Kring sabe de sobra lo mal que evolucionó su creación y lo descontentos que terminamos los fans con ella. Por esa razón, ha querido realizar un homenaje no solo a los inicios de la serie, sino a nosotros, los fans. El tributo no viene solamente de la mano de las apariciones de viejos conocidos (el haitiano, Noah) o el prometido retorno de Hiro o la señora Petrelli (a nadie le interesa el de Matt), sino del ambiente de la serie. Heroes Reborn recupera el toque fantasioso de la primera temporada de Heroes. Grácil, sin tomarse demasiado en serio. Un verdadero disfrute tanto para los fans como para los nuevos telespectadores. ¿Qué espero para los once episodios restantes? Un ritmo más acelerado sería más propicio para una serie de esta naturaleza, las reiteraciones y explicaciones en Heroes nunca vinieron bien. De igual manera, confío en que no se vuelva a desaprovechar un hito/amenaza, como fue el caso del eclipse en la anterior serie, que los personajes progresen por el buen camino (Tommy, Carlos, la pareja de villanos) y que la capacidad creadora de catchphrases e iconos mejore (Molly Parker no es una fiel heredera de la animadora y “Save your father, the sword is the key” palidece ante el “Save the cheerleader, save the World”).

La gran pregunta es si Heroes Reborn nos decepcionará tanto como Heroes. Por ahora, no seamos agoreros y esperemos al próximo jueves a ver cómo va yendo la cosa.

Por qué he visto el piloto: La curiosidad mató al gato.

Recuerda a: La primera temporada de Heroes y Sense8. No caigamos en la catetada de obviar que la serie de los Wachowski le debe mucho a Heroes.

Nota del piloto: 7.

Veredicto: Notable punto de partida y buena revitalización de la saga. Expectativas bastante altas para esta serie-evento.

Crítica: Irrational Man

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A estas alturas de la película, denominar un trabajo de Woody Allen como “menor” es no decir nada. El director neoyorquino insiste en estrenar una película al año, por eso cuando nos llega a las salas de cine su “último” film, ya está rodando el siguiente. Allen hace películas como churros, y aunque siempre fue un cineasta fértil e hiperactivo, su etapa creativa más importante queda muy atrás, así que ya es hora de reajustar definitivamente nuestro baremo para valorarlo. A pesar de ocasionales destellos de genialidad que le han reconciliado momentáneamente con la crítica (Match PointMidnight in ParisBlue Jasmine), sus películas de la última década se antojan mecánicas, realizadas por inercia, y ya no poseen la repercusión de antaño. Sin embargo, Allen sigue conservando el favor de su fiel público, acostumbrado a encontrar en su cine una serie de elementos que, esté más o menos inspirado, siempre se las arregla para ofrecer. Esto quiere decir que, por muy menor que sea una película de Woody Allen, siempre va a haber algo “mayor” en ella. Y su estreno más reciente, Irrational Man, vuelve a dar cuenta de ello.

Siguiendo con su costumbre de trabajar varias veces seguidas con una nueva y joven musa (generalmente actrices en boga o estrellas desprestigiadas de las que se encapricha para luego ir reciclando), Allen cuenta una vez más con la nominada al Oscar Emma Stone (que entra en la primera categoría, claro), a la que dirigió en su anterior película, la olvidable Magia a la luz de la luna. Stone comparte cartel en Irrational Man con el resucitado Joaquin Phoenix, que da vida al hombre irracional del título. Ninguno de los dos ofrece precisamente una de las mejores interpretaciones de su carrera, pero les sobra encanto y carisma, que teniendo en cuenta la naturaleza poco exigente de la película, es más que suficiente.

Irrational Man es una elegante comedia romántico-existencial sobre la relación entre un profesor de filosofía, Abe Lucas (Phoenix), y una de sus alumnas aventajadas, Jill Pollard (Stone). Jill es una niña bien que tiene al novio perfecto, pero su personalidad inquieta le lleva a obsesionarse con su nuevo profesor, una figura enigmática y atormentada con problemas con la bebida y fama de acostarse con sus alumnas. Profesor y estudiante entablan una amistad y pasan el tiempo discutiendo cuestiones filosóficas, arreglando el mundo mientras pasean por el campus y explorando la raíz de la crisis existencial de Abe, que ha tocado fondo a nivel emocional y no es capaz de encontrar aquello que le dé sentido a su vida. Durante uno de sus encuentros, Abe y Jill escuchan una conversación de unos desconocidos que lleva al profesor a coger las riendas de su vida y tomar una decisión con la que por fin poder marcar la diferencia en el mundo y salir del hoyo de desesperación en el que está sumido. Sin embargo, la decisión de Abe desencadena una serie de acontecimientos incontrolables que afectan a ambos y demuestran que el supuesto filosófico en el que él se ampara no funciona en la práctica.

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Con Irrational Man, Allen incide de nuevo en algunos de los temas más recurrentes de su cine: el crimen perfecto, el azar, la definición del romanticismo y por supuesto la ciencia indescifrable de las relaciones entre hombres y mujeres. El genio antropólogo sigue ahí, pero para darle pábulo a sus agudas observaciones, esta vez ha optado por un velo de filosofía barata que empaña el conjunto. Las diatribas morales de Irrational Man parecen sacadas de un libro de texto de secundaria, recitadas mediante diálogos que suenan reciclados (Allen ha escrito el guion de su última película igual que el 70% de su cine reciente, mientras dormía) y name-dropping de los filósofos más conocidos. Las pobres conclusiones que se ofrecen en el epílogo terminan poniendo en evidencia el poco trabajo que lleva el libreto (seguramente un primer borrador que necesitaba muchos retoques, claro que ya nadie espera que Allen se los dé).

Y aun con todo, un Allen menor como este sigue teniendo alicientes de sobra para ser disfrutado. Hay que destacar, como le corresponde, a la gran Parker Posey, infalible fuente de comedia que llega a ponerse por encima de los dos protagonistas en múltiples ocasiones -no era muy difícil, Stone no controla sus mohínes, chirriando en los momentos más dramáticos, mientras que Phoenix deja que su incipiente barriga (la gran robaescenas de la película) actúe a ratos por él. Tampoco sería justo pasar por alto la facilidad con la que Allen engaña al espectador transformando su comedia romántica en una inesperada y divertida comedia negra que culmina en una inquietante secuencia “de acción” (en términos relativos al cine de Allen) que se encuentra entre lo mejor que el director ha filmado en los últimos años. Irrational Man es Woody Allen en su faceta más robótica, sí, pero no por ello deberíamos menospreciar su capacidad para realizar este tipo de películas tan agradables y efímeras. No a todos les sale tan bien como a él.

Valoración: ★★★½

Pilotos 2015-16: The Muppets

The Muppets ABC

Madonna tiene (o tenía) la fama, pero Los Muppets cardan la lana. Los populares personajes de Jim Henson son los verdaderos reyes de la reinvención. Llevan cuarenta años (sí, cuatro décadas) con nosotros, y han logrado sobrevivir a varias etapas del cine y la televisión, adaptándose a los tiempos y resurgiendo periódicamente. Sus regresos no siempre han cosechado los mejores frutos, pero se las han arreglado para volver al candelero una y otra vez, manteniéndose siempre fieles a sí mismos y por supuesto respetando la visión original de su creador. Después de un reboot cinematográfico de éxito (Los Muppets, 2011) y una secuela que demostraba que el efecto Muppet pega fuerte pero dura poco (El tour de los Muppets, 2014), los Teleñecos regresan al medio que los vio nacer, la televisión. Y lo hacen precisamente también como Madonna, apuntándose a una moda que acabó hace ya varios años, en este caso el mockumentary.

El comeback de los Muppets a la televisión es el resultado de un proceso ante todo orgánico. El hábitat natural de los Teleñecos es la tele, y que vuelvan a protagonizar su propia serie (después de un revival fracasado del Show de los Muppets en los 90) era el siguiente paso para garantizar su supervivencia en el nuevo siglo. Los Muppets eran meta antes de que cualquier serie lo fuera, tenían su propia versión del live-tweet ya en los 70 (los comentarios críticos de los vejestorios Waldorf y Statler), nos mostraron lo que ocurría entre bambalinas de un programa de variedades antes de que Tina Fey hiciera lo propio en una de las mejores telecomedias de la historia, 30 Rock, e hicieron del cameo un arte antes de que se convirtiera en un reclamo publicitario más. Por eso su nueva serie para ABCThe Muppets, les viene como anillo al dedo. Un falso documental estilo workplace comedy que nos invita a mirar tras las cámaras de un talk show presentado por la Srta. Peggy y producido por su ex, la rana Gustavo.

The Muppets room

La campaña publicitaria de la serie se puso en marcha este verano a toda máquina con el anuncio de la separación de Peggy y Gustavo, la clave más importante de esta nueva reencarnación de los Teleñecos. Lo que nos prometía ABC con esta serie era una mirada más adulta y moderna al universo de los Muppets, sus neuras, miedos e inseguridades tanto en el ámbito romántico como en el laboral. Y eso es justo lo que adelanta el piloto. Este nuevo enfoque no debería pillar por sorpresa a nadie, sin embargo, como era de esperar, las asociaciones familiares de Estados Unidos ya han puesto el grito en el cielo por su contenido picante y “pervertido”. A este respecto, hay que aclarar una cosa muy importante: Los Muppets nunca han sido personajes infantiles. Los habitantes de Barrio Sésamo o los Fraggle Rock sí, pero los Muppets no. Ellos siempre han estado ligados al prime time, al show de variedades y los cómicos del late night, de hecho, antes de estrenar su propio programa, formaron parte de Saturday Night Live durante su temporada 1975-76 (con una encarnación previa llamada The Land of Gorch). Sí, Los Muppets siempre han sido kid-friendly (también es verdad que la nostalgia se ha encargado de potenciar esta dimensión de los personajes), pero Henson los creó pensando en el público adulto. Así que aquí no se ha pervertido nada, al contrario.

A juzgar por el piloto, The Muppets ABC pretende ser una serie menos familiar y más orientada (aunque no de forma excluyente) al público que no ve a estos personajes como simples muñecos para niños. La intención es crear un programa rico en reflexividad que se sume a la tradición  de la meta-comedia laboral. Y ahí está el primer problema de la serie, que para darle una nueva vuelta de tuerca a los Muppets han tenido que echar mano de un género que, a pesar de pertenecerles por derecho propio, ya había dado sus últimos coletazos. Por tanto, las comparaciones con The OfficeParks and Recreation 30 Rock (que no era falso documental, pero se adscribe a la misma corriente de comedia de culto y es con la que más tiene en común) le hacen flaco favor. The Muppets arranca de forma irregular, pero recordad cómo fueron los primeros episodios de Parks and Rec 30 Rock. Ambas tardaron en encontrar su personalidad, y cuando lo hicieron se convirtieron en auténticas maravillas. El piloto de The Muppets es una carta de presentación desigual, en ocasiones desafinada, pero si el progreso de las series mencionadas sirve como ejemplo, podría llegar a ser una digna sucesora de las mejores workplace comedies.

MISS PIGGY, KERMIT THE FROG

Para conseguirlo le hace falta sobre todo pulir el humor. En el piloto se puede detectar un tira y afloja continuo entre el tipo de comedia más blanca que popularizó El show de los Muppets en los 70 y un humor más moderno y arrojado que en cierto modo reconfigura a los personajes para incluirlos en la nueva televisión del siglo XXI. Las payasadas, mini-gags y juegos de palabra bobalicones de Animal, Pepe the King Prawn o la rata Rizzo chocan con escenas como la de Fozzie conociendo a los padres de su nueva novia, Riki Lindhome (parodia de Adivina quién viene esta noche en la que el conflicto racial da paso a uno interespecie; zoofilia, vaya), las reuniones del equipo (donde a la serie se le ve más el Rockefeller), las bromas sexuales (la nueva cerda chupando la pajita mientras Gustavo da a entender que se han acostado) o las secuencias de carga dramática, como las conversaciones serias de Peggy y Gustavo al final del episodio, en la más pura tradición de los “momentos robados” por la cámara de The Office. Si The Muppets quiere encontrar su lugar en el firmamento de la comedia televisiva, debe primero hallar el punto medio entre ambas sensibilidades. Y mi sugerencia es menos slapstick y chistes malos, y más drama y atrevimiento, aunque esto suponga reducir un poco la esencia Muppet.

Por lo demás, la serie empieza con muy buen pie, presentando la historia con eficacia, con agudas observaciones sobre el mundo del espectáculo, moviendo a los Muppets con una fluidez y naturalidad que hace que se te olvide que son de fieltro (como siempre, pero incluso mejor), y dejando bien claro el rol de cada uno de los personajes principales (Gustavo es Liz Lemon, Peggy es Jenna Maroney/Tracy Jordan, Scooter es Kenneth Parcell o Pete Hornberger, todavía no está claro, y el águila Sam representa el poder del piso de arriba, a lo Jack Donaghy). Además, el primer cameo es de lujo, la omnipresente Elizabeth Banks (otro nexo de unión con 30 Rock). Se me hace la boca agua imaginando las posibles estrellas invitadas que nos esperan en  la serie. Compartiendo techo con Disney y Marvel no nos extrañaría ver desfilar por ella a Chris Pratt, los agentes de SHIELD o Kristen Bell, por nombrar unos pocos. Y espero que ningún contrato impida que Tina Fey, Amy Poehler o Jane Krakowski se pasen por “Up Late With Miss Piggy“. Daría lo que fuera por ver un reencuentro entre Gustavo y la directora de la prisión serbia Nadya (Fey) o una batalla de egos protagonizada por Peggy y Jenna Maroney. Sé que es cuestión de tiempo, justo lo que The Muppets necesita para alcanzar su máximo potencial.

Por qué he visto el piloto: ¿Me conocéis? ¡Son los Muppets! Una de mis mayores obsesiones desde pequeño. Yo tengo esto en mi habitación, ¿vale?

Animal y Fuertecito

Recuerda a: Ya lo hemos dicho todo. The Office, Parks and Rec y 30 Rock, de las cuales la última encuentra su origen precisamente en El show de los Muppets.

Nota del piloto: 7

Veredicto: Un piloto correcto que dispone las cartas de manera que se pueden ver bien sus ases. Aun no los ha usado, pero si todo sale bien, lo hará en los próximos episodios. Me quedo porque tiene todo lo que necesito para disfrutar de una comedia: corazón, contenido meta y marionetas.

Pilotos 2015-16: Scream Queens

Emma Roberts SC

Scream Queens (Fox)

Era uno de los estrenos más esperados de la temporada, una de las series que los analistas daban como éxito seguro. Sin embargo, Scream Queens se dio un batacazo considerable en las audiencias el día de su presentación. Puede que el estreno de doble duración tuviera que ver con el desinterés de la audiencia, puede que quizá esta serie sea más para el público de Internet (los datos de seguimiento en redes sociales fueron impresionantes), con lo que seguramente estemos ante un producto de la nueva era de la televisión norteamericana, en la que Nielsen ya no corta el bacalao. Pero bueno, vamos a lo más importante: ¿Qué tal estuvo el comienzo de Scream Queens? Pues mal, bastante mal. Un fail, para qué nos vamos a engañar.

No es que no supiera qué me iba a encontrar en ella. Más bien lo contrario. Resultó ser exactamente lo que imaginábamos que sería, del más grande al más nimio detalle, solo que nada llegaba a cuajar. El problema principal puede ser el agotamiento de la fórmula de Ryan Murphy (y Brad Falchuk), que creía estar inventando con esta serie “un nuevo género”, concretamente la comedia de terror (hay que ser arrogante), y lo que estaba haciendo era meter GleeAHS en una batidora a máxima potencia a ver qué salía, nada más. Scream Queens es la fórmula y estética de Ryan Murphy llevada al extremo, un pastiche meta y autoconsciente que se limita a repetir esquemas, ideas y motivos sin preocuparse de darles la forma adecuada (lo de siempre, vamos). Murphy no está inventando nada, lo que está haciendo es reafirmarse en el subgénero televisivo que él mismo ha creado. No es poco, pero para muchos ya no es suficiente.

Scream Queens cuenta con muchos aciertos y está salpicada (nunca mejor dicho) de escenas memorables y contundentes golpes de humor, pero de forma muy puntual: los asesinatos son divertidísimos, la escena de Ariana ‘Donut Licker’ Grande y Twitter es una locura maravillosa (Popular en estado puro), Deaf Taylor Swift es una genialidad, la agente de seguridad interpretada por Niecy Nash parece sacada directamente de Scary Movie, la ex-SNL Nasim Pedrad lo borda (la explicación de por qué viste como si estuviera en 1995 es antológica), el look bubble-gum y la BSO a base de sintetizador ochentero son una auténtica gozada, la carnaza es de calidad (Nick Jonas sabe cómo coger por los huevos a su público gay) y por supuesto, Jamie Lee Curtis está fantástica (haciendo de Sue Sylvester, por cierto). Pero aun así, por alguna razón, el conjunto no está a la altura de los aciertos individuales.

SQ

En teoría, la serie es lo suficientemente petarda y mamarracha como para funcionar, pero en la práctica falta chispa y gracia, y se antoja excesiva hasta para el canon de Murphy. Y la culpa la tiene sobre todo el tono de la serie. Comedia y parodia exageradísima que desorienta y carga sobremanera en su primer episodio (por cada momento cómico que funciona, cinco se estrellan) y cuyo calculado cinismo se acaba volviendo en su contra. Es un caso clásico de “trying too hard”, que en términos murphyanos es ya rozar el paroxismo. Por último, pero no por ello menos importante, cansa ver otra vez a Emma Roberts interpretando al mismo personaje antipático y viperino. La sobrina de Julia hace de zorra como nadie, parece llevarlo en la sangre, pero su Chanel Oberlin se queda lejísimos de otras Queen Bitch, como la gran Regina George, sobre todo porque no es capaz de encontrar el equilibrio entre hijaputez y cachondeo con el que sí daba Rachel McAdams. Al final, en vez de divertir, el personaje simplemente irrita y satura (cazadora de cartas). Vamos, como la serie en general.

Por qué vi el piloto: ¿Cómo no iba a verlo? Me gusta mucho American Horror Story (yo defiendo Coven, temporada de AHS con la que SQ tiene más en común) y esta serie era una de las imprescindibles del otoño seriéfilo.

Recuerda aAHS, GleePopular (es una fusión matemática de las tres, Ryan Murphy al cubo), Scream the Series (en el segundo capítulo, SQ se convierte directamente en la serie de MTV); y por supuesto, todos los slashers, teen movies y películas de hermandades de los que bebe (Heathers, Mean Girls, Jawbreaker, Clueless, Scream 2, Sorority Row…).

Nota del piloto: 5 (primera parte), 6 (segunda parte)

Veredicto: Comedia (muy) negra, descaro e incorrección política a raudales (el racismo y la homofobia de Chanel rozan lo temerario, ¡bien!), guiño constante al público LGBTQ y freak, narcisismo, hormonas desatadas y culto al cuerpo masculino (Glen Powell lo da todo), templo a la cultura pop (especialmente la de los 90), estética irresistible (la música me volvió loco)… Los ingredientes son de primera (Murphy 100%), pero el resultado final no da con la nota adecuada. Quizá influya que su reparto esté tan desequilibrado (Abigail Breslin está fatal y Lea Michele no termina de encajar) o que acabe convirtiéndose muy pronto en lo que parodia (un slasher convencional con protagonista blanca mojigata como punto de vista principal). Una decepción que, sin embargo, solo acaba de empezar. Scream Queens podría convertirse en la serie que esperábamos si es capaz de ajustar el tono (algo que por suerte ya empieza a ocurrir en el 2º capítulo, algo más centrado y fluido). Por eso me quedo, para ver si consigue ser algo más que una mina de gifs.

Pilotos 2015-16: Blindspot

Blindspot Jaimie Alexander

Como todos los años, en septiembre da comienzo la temporada alta de series, estallando por completo durante la segunda quincena, con un desorbitado número de pilotos que cada año cuesta más abarcar. Andy Samberg dijo más verdades que un santo en su número de apertura de los Emmys de este año. Too many shows, too little time!

Por eso, para superar la bulimia seriéfila, el año pasado ya inicié mi rehabilitación cuando decidí no ver todas las nuevas series del otoño (más vale tarde que nunca). No me arrepiento nada de aquella decisión, y este año pienso seguir por el mismo camino. Por eso no voy a cubrir todos los pilotos de la temporada 2015-16, solo aquellos que me llamen la atención, ya sea por su argumento, factura, buzz, creador o reparto. Con esto quiero decir que este especial de pilotos no será un recorrido completo por los estrenos de otoño ni una guía para serieadictos (dejo esa labor a otros blogs, que lo hacen mucho mejor y la mayoría tienen más redactores), sino una selección personal en la que dejaré mis impresiones sobre las series que empiece.

Habrá sobre todo series de network, las cadenas generalistas que renuevan sus parrillas en otoño y nos dejan el mayor aluvión de estrenos televisivos del año. Aunque también tendrán cabida los estrenos de cable, premium y plataformas online, claro. De hecho ya he inaugurado la temporada de pilotos en el blog hablando de The Bastard Executioner.

Bueno, al grano.

Blindspot - Season Pilot

Blindspot (NBC)

Solo fue necesaria una imagen para vender BlindspotJaimie Alexander (conocida por interpretar a Lady Sif en las películas de Thor), completamente desnuda y con el cuerpo cubierto de tatuajes saliendo de una maleta en medio de Times Square. La curiosidad por saber qué ocurría después y qué la llevó hasta ahí hizo que el estreno de Blindspot esta semana fuera un auténtico pelotazo en los índices de audiencia. Y no me extraña, la serie tiene una premisa muy atractiva (que no original) y su historia tiene todo lo necesario para enganchar a los espectadores: intriga y conspiraciones, acción, buena factura y una protagonista interesante (además de bellísima, hemos de añadir).

Sin embargo, la carta de presentación de Blindspot es de lo más formulaico que vamos a encontrar en la nueva remesa de estrenos. Es un piloto de manual que nos (sobre)explica la premisa de la serie (una mujer amnésica con el cuerpo lleno de tatuajes que son la clave para descifrar un plan malvado y con toda seguridad una conspiración mayor) y nos da un ejemplo de lo que vamos a poder encontrar en sus capítulos posteriores (y así hasta que se canse la audiencia). De hecho, al final del primer episodio se llega a pronunciar la frase “A alguien le gustan los juegos y esto es solo el principio“, toda una declaración de intenciones que hemos oído en muchos otros pilotos (The Blacklist por nombrar uno reciente). Uno de los tatuajes de esta Jane Doe sirve para resolver el primer caso y evitar una tragedia, y la protagonista “tiene el cuerpo lleno de ellos”, así que ya sabéis lo que podéis esperar de esta serie. Mucho “Caso de la semana” (o “Tatuaje de la semana”), investigación criminal (escenas de especialistas vomitando datos oportunos frente a un ordenador) y todo lo que suelen ofrecer los procedimentales de network, solo que con un arco central más atractivo y el gancho que supone descubrir la identidad y el pasado de la protagonista.

Por qué vi el piloto: Por Jaimie Alexander y la curiosidad que me daba la premisa (aumentada por la respuesta positiva de la audiencia).

Recuerda aPrison Break (por lo obvio), Dollhouse (porque Jane Doe es muy Echo y el misterio que la envuelve muy parecido, de entrada, al de la serie de Joss Whedon), el cine de David Fincher y en general las películas sobre asesinos y megalómanos que orquestan sus crímenes como juegos para el FBI.

Nota del piloto: 5,5

Veredicto: Lo siento pero yo me bajo ya. Jaimie Alexander es un buen reclamo y el piloto entretiene, pero no deja de ser la misma policíaca de network de siempre, con sus personajes tipo, sus tramas de investigación de usar y tirar y sus diálogos de stock. Uso mínimo de vuestra capacidad cerebral garantizado. Pereza.

The Bastard Executioner: La degeneración de las series “para adultos”

Bastard Executioner

FX quería su propia Juego de Tronos, y ya la tiene. Se llama The Bastard Executioner y viene de la mano de Kurt Sutter, creador de uno de los mayores éxitos de audiencia de la cadena, Sons of Anarchy. Había mucha expectación en torno al estreno de esta serie la semana pasada, pero no se tradujo en cifras espectaculares para la cadena. El piloto, de doble duración (90 minutos), fue la retransmisión original de cable más vista de la noche, pero quedó por debajo de varias reposiciones de The Big Bang Theory Family Guy, con un discreto 0.8 en la demográfica de espectadores entre 18 y 49 años (Sons of Anarchy se solía poner por encima del 2.0 en su última temporada, para que os hagáis una idea). Las reacciones del público ante el estreno no fueron muy positivas, así que se espera que la audiencia siga cayendo en próximas semanas.

Y no será sin razón. The Bastard Executioner es un producto televisivo muy pobre en casi todos los sentidos, una serie que, a juzgar por su piloto (y esto podría cambiar, pero lo dudo), no tiene nada que ofrecer que no podamos encontrar en muchas otras ficciones. TBE es una historia medieval ambientada en la tumultuosa Gran Bretaña de Eduardo I (siglo XIV) protagonizada por un leal caballero del rey, Wilkin Brattle (el australiano Lee Jones), que después de recibir un mensaje divino decide dejar atrás su vida de sangre derramada en la batalla para, azarosos caprichos del destino, acabar convirtiéndose en verdugo en el pueblo del enemigo (oscura e impersonal figura, secundaria en este tipo de historias, que Sutter pretende explorar en la serie). TBE cuenta con un reparto que mezcla actores desconocidos con populares rostros televisivos, como Stephen Moyer (True Blood), Matthew Rhys (The Americans), y por supuesto la musa y esposa en la vida real de Sutter, Katey Sagal, que interpreta a la curandera mística Annora, personaje que debería haber ido a parar a alguien que al menos supiera imitar el acento galés, destreza que Sagal claramente no domina (viva el nepotismo).

The Bastard Executioner no está basada en ninguna novela, pero es exactamente igual que todas las historias medievales pseudo-fantásticas que hemos visto en los últimos años (intrigas políticas, héroes grises, castas, batallas, torturas y “magia”), recordando sobre todo a la mencionada Juego de TronosOutlander (aquí también hay villano degenerado con el que parece vincularse sadismo y prácticas homosexuales), pero mucho más cutre que cualquiera de las dos. Y aunque prometí no abusar del adjetivo “gratuito” en mis críticas (es un concepto delicado que varía según el producto y el consumidor), es imposible no hacerlo al hablar de esta serie, probablemente la más desvergonzadamente gratuita del año (no nos extraña viniendo de quien viene). La historia y los personajes de TBE son mediocres, sus diálogos parecen copiados de un manual anticuado, uno tipo “frases de stock para historias medievales”, y las interpretaciones son planas. Pero lo peor es que la serie es básicamente un continuo de “shock value”, es decir, sexo y sobre todo violencia gráfica cuyo único propósito es impactar.

Katey Sagal Bastard

El piloto de The Bastard Executioner es uno de los más cafres que hemos visto recientemente en una cadena no premium (está a la par con lo más explícito que se puede ver en HBO, Showtime o Starz). La violencia es tan sensacionalista y frecuente que acaba saturando demasiado pronto. Sutter y su director, Paris Barclay (uno de los realizadores televisivos más prolíficos de la era dorada de la TV), no han reparado en gore, y la orgía de sangre, huesos rotos y vísceras de TBE incluye: [spoilers] cuchillos y espadas atravesando cráneos como si fueran mantequilla caliente, un niño degollado on camera, las imprescindibles decapitaciones, un hombre aplastando la cabeza a pisotones a otro (sí, como en IrreversibleEl Laberinto del Fauno), y el plato fuerte, una embarazada destripada con el feto fuera, aun unido por el cordón umbilical, en lo alto de una pila de cadáveres, salvaje asesinato que por supuesto también hemos presenciado antes [fin de spoilers]. Todo un alarde descerebrado de casquería (como Spartacus pero menos digital) que entierra por completo la historia y que además, como explica la historiadora Kathleen E. Kennedy, poco tiene que ver con la realidad de la Edad Media.

Seguramente el piloto de The Bastard Executioner haya potenciado su lado más brutal y depravado para enganchar al espectador ávido de televisión “para adultos” (si lo hacen en GoT, nosotros también), creyendo que ahí reside la clave para hacer una serie moderna y de prestigio. Pero The Bastard Executioner no es adulta, al contrario, es una ficción profundamente inmadura (y encima aburrida) que, si tiene pensado crecer en algún momento, no contará conmigo para presenciar su rito de paso.

Crítica: La cabeza alta

LA TÊTE HAUTE  de Emmanielle Bercot LES FILMS DU KIOSQUE

Si creíais que el Steve O’Connor de Mommy o los chavales de Short Term 12 eran adolescentes problemáticos, esperad a conocer a Malony FerrandotLa cabeza alta (La tête haute) tiene mucho en común con esas dos joyas del cine reciente, de ahí la comparación por proximidad en el tiempo, pero el film de Emmanuelle Bercot (El viaje de Bettie) entronca en realidad con la mayor parte del cine social europeo que toca el tema del sistema educativo y los jóvenes inadaptados, un subgénero que suele buscar el origen y posibles soluciones pragmáticas -sin hallar nunca nada definitivo- a una cuestión muy delicada.

Malony lleva desde los 6 años visitando el despacho de la jueza de menores Florence Blaque (Catherine Deneuve), para rendir cuenta de su comportamiento delictivo (el adolescente se especializa concretamente en el robo de coches y la circulación temeraria sin permiso). Ya que su madre no pone de su parte para rectificar la trayectoria de su hijo (a pesar de que existe el amor y el instinto de protección entre ellos), son las leyes y los educadores sociales los responsables de llevar a Malony por el buen camino, una tarea particularmente complicada debido al temperamento inestable y los episodios nerviosos de violencia que experimenta. Malony es una bomba que estalla con apenas rozarla, afectando a todos a su alrededor, familia y profesionales a su cargo. En uno de los reformatorios por los que pasa, Malony conoce a una chica que podría ser la razón que necesitaba para intentar cambiar.

En lugar de construir su película como un melodrama de superación al uso, Bercot la mantiene anclada a la realidad en su mayor parte, evitando aspavientos sentimentales y dejando claro que la esperanza de cambio para estos niños existe, pero no es tan fácil de alcanzar como suele pintarlo la ficción. La cabeza alta puede llegar a resultar una experiencia enervante y agotadora, al ver cómo su protagonista cae una y otra vez en los mismos errores y no parece tener voluntad de mejorar su conducta. Es lo más parecido a ver a alguien cercano atravesando un problema psicológico o una enfermedad y no poder hacer nada por él, porque ese alguien se resiste a cooperar sin importar la destrucción que se está provocando a sí mismo y a los demás. Ese sentimiento de frustración que a muchos resultará tristemente familiar es justo el que Bercot quiere transmitir con su película, un ejercicio de resistencia física y emocional en el que Malony araña la piel del espectador, que no tiene más remedio que ponerse en la situación de aquellos que le intentan ayudar.

LA TÊTE HAUTE  de Emmanielle Bercot LES FILMS DU KIOSQUE

La cabeza alta inauguró el pasado Festival de Cannes provocando indiferencia generalizada. Es cierto que la cinta de Bercot tiene cierto aire a vídeo institucional o capítulo ficcionalizado de Hermano mayor, pero bajo su apariencia de drama social convencional se esconde un relato comprometido y calibrado sobre la desesperación que aborda con respeto e imparcialidad todos los frentes del problema (los adolescentes, la familia, las autoridades legislativas y los educadores); una historia cruda y difícil que, a pesar de lidiar con las leyes de regulación de la responsabilidad penal de menores concretas al estado francés, resuena de manera universal para obligarnos a reflexionar sobre su funcionamiento.

Por último, es en el apartado interpretativo donde La cabeza alta sobresale de forma incontestable. Bercot dirige con tenacidad a un magnífico elenco de actores del que destacan Sara Forestier (descubierta en aquella joya que fue La escurridiza, o cómo esquivar el amor) y Benoît Magimel, que da vida al “hermano mayor” de Malony. Pero el pilar esencial que sostiene en pie La cabeza alta es la relación que se establece entre el protagonista y Florence, una preciosa dinámica que Bercot no necesita prostituir para conmover. La sola mención de Catherine Deneuve lleva implícito el elogio a la actriz, pero es necesario destacar cómo su interpretación adquiere mayor profundidad en presencia de esa fuerza de la naturaleza que ha resultado ser Rod Paradot. En una brevísima pero elocuente escena, Malony está acostado en su cama oliendo un pañuelo que le ha robado a la jueza. Con este hermoso gesto de deferencia casi onanista, Bercot sintetiza la compleja relación entre los protagonistas a la vez que reivindica (aunque no haga falta) el eterno magnetismo escénico de la Deneuve.

Valoración: ★★★★

Crítica: Everest

Everest

Hace dos años, Alfonso Cuarón nos llevó al espacio con su imprescindible Gravity, una película casi interactiva en la que el espectador se sumergía en la pantalla de cine y vivía en primera persona la emocionante odisea de la astronauta Ryan Stone (Sandra Bullock). Este año, Baltasar Kormákur (2 Guns) nos propone algo parecido con Everest, film también rodado con la últimas técnicas en 3D que busca crear una experiencia inmersiva en la sala de cine (donde esta película alcanzará su mayor potencial), en la que formaremos parte de una expedición para llegar a la cima de la montaña más alta del mundo.

Everest lleva al cine la mayor tragedia acontecida en el legendario monte del Himalaya, cuando en 1996 una fuerte tormenta de nieve sacudió a varias expediciones que trataban de alcanzar la cima. El guion, escrito por William Nicholson (nominado al Oscar por ShadowlandsGladiator) y Simon Beaufoy (ganador del Oscar por Slumdog Millionaire) está basado en varios libros y entrevistas con los supervivientes, con el ensayo Into Thin Air (Mal de altura) como fuente principal. Su autor es el periodista Jon Krakauer, aquí interpretado por Michael Kelly (House of Cards), que vivió de primera mano la tragedia y sirve aquí como uno de los hilos conductores de la película.

En un principio, Everest iba a estar protagonizada por Christian Bale, pero éste la rechazó para participar en Exodus: Dioses y reyes. Su marcha y sustitución por el menos conocido Jason Clarke (El amanecer del Planeta de los Simios, Terminator Génesis) provocaba un cambio importante en la película, que pasaba a ser más coral. En efecto, Everest nos presenta un amplio elenco de actores (entre ellos muchas caras conocidas de Hollywood: Josh Brolin, Emily Watson, Jake Gyllenhaal, Keira Knightley, Robin Wright, John Hawkes) que se reparten el tiempo en pantalla equitativamente. Clarke ejerce de guía de la expedición en la que se centra la película (Gyllenhaal hace lo propio con la secundaria), pero esta no adopta un solo punto de vista, sino que salta de uno a otro, ofreciendo retales de historias personales que solo llegamos a conocer superficialmente. Y ese es el principal problema de Everest, que no logra (quizá no quiera) profundizar realmente en sus personajes, y por tanto se queda corta en los momentos en los que aspira a ser un drama humano.

Everest cartelEn una de las escenas centrales de Everest, Krakauer pregunta a los montañistas (la mayoría turistas de aventura con los bolsillos llenos) por qué arriesgan sus vidas para llegar a la cumbre. Ninguno sabe contestar, y lo cierto es que Kormákur no está interesado en darnos respuestas a esa pregunta (quizá no existan, quizá no sean necesarias en la vida real, pero claro, esto es cine). La mayor parte del tiempo, el director evita la ficcionalización hollywoodiense, anteponiendo la técnica a la emoción (a excepción del desenlace, donde la historia se permite entrar en terreno lacrimógeno). Esta aproximación metódica nos deja un trabajo centrado y sobresaliente en el apartado visual que sin embargo resulta excesivamente frío y distante en todo lo demás. En consecuencia, los personajes no llegan nunca a formarse del todo, lo que hace que el vínculo que se establecía con Ryan Stone no se repita con los montañistas del Everest.

Everest se podría adscribir al cine de catástrofes de los 70 o la corriente de telefilms noventeros que instigó ¡Viven!, con la principal diferencia de que en este caso, el espectáculo y el reparto son de primera. Kormákur filma las escenas de acción con inteligencia y precisión, eludiendo la pirotecnia y sobredramatización propias del blockbuster, para mantener el realismo en todo momento (a ratos coqueteando con el documental sobre alpinismo). Cuando arrecia la tormenta, a 45 minutos del final, Everest nos sacude con fuerza. Se puede sentir el vértigo, la desesperación y la angustia de los alpinistas, incluso la falta de oxígeno. Tristemente, el nudo en el estómago es más parecido a lo que podemos sentir en una atracción o simulador de realidad virtual (por eso es recomendable en la pantalla de cine más grande posible) que a una experiencia cinematográfica plena. Como película de catástrofes, Everest sobresale por encima de la media, como drama se queda sepultado bajo la nieve.

Valoración: ★★★

Crítica: B (La película)

Bárcenas

Texto escrito por David Lastra

Mal que nos pese, Luis Bárcenas es uno de los grandes iconos pop de la política española de estas dos primeras décadas del siglo XXI. Sus archiconocidos sobres repletos de billetes se han convertido en un símbolo renovado de la añeja España de la pandereta y el chanchulleo. “¡Ay, mi Bárcenas, que está hecho un mangante!”, que gritaba Carmina Barrios a su pajarraco enjaulado, bautizado en honor al extesorero del Partido Popular, en Carmina y amén. Los papeles de B (inicial de Bárcenas) mostraban la financiación en B (bajo cuerda, vamos,  dinero negro de toda la vida) del PP desde comienzos de los noventa hasta finales de 2008. Gracias al descubrimiento de las metódicas y parcas anotaciones del tesorero, conocimos las cantidades monetarias que circularon mediante sobres por la sede de la calle Génova y, lo que es aún más jugoso, quiénes fueron los receptores de aquellas sumas de dinero. Escondidos detrás de iniciales, el expresidente J.M., el presidente M.R., el exministro R. Rat, entre otros miembros de la plana mayor de la derecha española, aparecieron en los dichosos papeles. Durante los primeros años del caso, B negó y rechazó la existencia de esa financiación en B más veces que P a J. Pero todo cambió el 15 de julio de 2013, fecha en la que B comenzó a rajar y soltar toda la verdad. B (La película) recoge el momento justo de la comparecencia de B sobre B ese día ante el juez Ruz en la Audiencia Nacional.

B (La película) forma parte de la nueva corriente de cine político pero a diferencia de sus coetáneas, decide aparcar la ficcionalización de la realidad sustituyéndolo por una dramatización de los hechos reales. Allí donde J.C. Chandor (Margin Call) o Curtis Hanson (Malas noticias) deciden hacer una obra cinematográfica al uso, David Ilundain opta en su opera prima por realizar una exposición desnuda de las declaraciones más destacadas de la comparecencia de Luis Bárcenas a través de la réplica y contrarréplica de dos actores en un escenario realista. Manolo Solo (El laberinto del faunoCelda 211) es el encargado de dar vida al juez Ruz, mientras que el televisivo Pedro Casablanc (Motivos personales, Isabel) tiene la papeleta de domar al personaje de Luis Bárcenas. Su físico, su capacidad de contestar con la misma entereza (a.k.a. sinvergonzonería) y, especialmente, su dicción de metralleta, le convierten en la perfecta personificación del extesorero.

B la película

La película triunfa en su demostración de que la realidad siempre supera la ficción. Un giro como el acontecido el 15-J es tan sorprendente que ningún guionista se hubiese atrevido a llevarlo acabo en una obra de ficción por miedo a ser tachado de poco creíble o, simplemente, de gilipollas. La osada decisión de Ilundain de aparcar la ficción para abrazar sin concesiones al hecho real se encuentra con un grave escollo: cualquier espectador/a que haya leído la más simple cronología sobre el caso B ya conoce lo destapado en este film, si además ha indagado en la famosa comparecencia la denuncia de B se desvanece. Sin esa supuesta emoción, B puede perderse bajo la simplista denominación de dramatización de los hechos. Una práctica sin ningún tipo de interés fílmico, que sí contextual.

B (la película) es el selfie #nofilter del estereotipo político español.

Valoración: ★★★

Crítica: El corredor del laberinto – Las pruebas

THE SCORCH TRIALS

[Esta entrada contiene algún detalle de la trama que puede ser considerado spoiler]

En el mundo de las adaptaciones cinematográficas de novelas juveniles, o te mueves rápido, o caducas. Si no, fijaos en el caso de El corredor del laberinto. El año pasado se estrenó la primera entrega de la saga basada en la trilogía literaria The Maze Runner (ahora tetralogía con la incorporación de una precuela), escrita por James Dashner. La película cosechó el éxito suficiente en taquilla, por lo que el estudio a cargo de ella (20th Century Fox) no perdió el tiempo en anunciar la secuela y ponerse manos a la obra con su producción. En tiempo récord, el mismo director que se ocupó de la primera parte, Wes Ball, ha sacado adelante Las pruebas (The Scorch Trials), que se estrena exactamente un año después que la primera. El impacto de las producciones teen es efímero e imprevisible por naturaleza, además, el público más joven tiende a pasar muy rápidamente de una cosa a otra (el segundo capítulo de Divergente se capuzó en taquilla porque tardó relativamente demasiado en llegar, algo que sin embargo no ha ocurrido con Los juegos del hambre), por eso se entiende que el proceso de conversión en franquicia se haya acelerado en este caso.

Sin embargo, Las pruebas no parece un producto hecho con prisa, sino más bien todo lo contrario. Lo más sorprendente de la película es lo trabajada que está desde el punto de vista técnico, teniendo en cuenta lo poco que han tardado en hacerla. Fox ha tirado la casa por la ventana y se nota, pero de nada serviría un aumento de presupuesto si detrás no hubiera gente capaz de transformarlo en una película estimulante, y aquí hay un equipo muy eficiente que tiene claro lo que hay que hacer para que esto ocurra (otra cosa es que la historia esté a la altura, pero vayamos por pasos). El acabado visual de Las pruebas es excelente, con una fotografía, diseño de producción y efectos digitales de primera. Hay en ella planos verdaderamente hermosos, siluetas recorriendo áridos paisajes postapocalípticos y enormes estructuras de metal que captan a la perfección el espíritu más épico de la continuación. Y no solo eso, el trabajo de cámara de Ball sigue resultando solvente fuera del Laberinto, sabiendo cómo filmar escenas de acción tensas y trepidantes sin sacrificar coherencia.

Efectivamente, la secuela de El corredor del laberinto aumenta considerablemente las dosis de acción y violencia (leve), encadenando set pieces por lo general muy bien ejecutados (destaca la huida de CRUEL que tiene lugar en la primera sección del film o la destrucción de la guarida de Jorge, interpretado por Giancarlo Esposito). De la misma forma, y como mandan los cánones del cine young adultLas pruebas es más oscura e intenta ser más adulta que su predecesora, llegando a asemejarse por momentos a una película de zombies (aquí llamados “Raros”) o pandemias al estilo de Guerra Mundial Z. Pero la saga no solo busca la mayoría de edad en sus escenas de acción y terror (estas últimas no aptas para los más pequeños), sino que también incorpora motivos de sexo y drogas, especialmente durante una secuencia alucinógena en un burdel donde el protagonista, Thomas (nuestro querido Muppet de carne y hueso Dylan O’Brien), se convierte en la Sarah de Dentro del Laberinto mientras intenta escapar del sueño lisérgico en el que está atrapado (pasaje en el que nos encontramos a un bizarrísimo Alan Tudyk por cierto). Aun así, nada que deba preocupar a los padres que dejan solos a sus niños en el cine.

THE SCORCH TRIALS

Por lo demás, Las pruebas sigue al pie de la letra los patrones impuestos por Los juegos del hambreDivergente. El año pasado, El corredor del laberinto se distanciaba ligeramente de dichas sagas gracias a que jugaba con otros elementos, siendo ideada más bien como un ejercicio de misterio, un puzle que nos recordaba a cosas como Cube o la serie Perdidos. No obstante, la salida de Thomas y sus Niños Perdidos del Laberinto hacia el mundo exterior, la Quemadura, ha conllevado la homogeneización de la saga, que con su segunda parte ya apenas muestra diferencias con las franquicias mencionadas. Eliminado el Laberinto de la ecuación la cosa pierde gracia, y lo que nos queda es la enésima aventura distópica en la que un “elegido” y su grupo de jóvenes aliados oponen resistencia a un totalitario ente gobernante y luchan por sobrevivir -superando fases como en un videojuego– mientras se gesta una revolución. La idea es la misma de siempre, la juventud como única esperanza de futuro (aquí se convierten literalmente en la cura de la humanidad), pero aunque siga siendo pertinente, Las pruebas no consigue hacerla interesante; sobre todo porque opta por el camino fácil y apenas se molesta en desarrollar a sus más bien planos personajes tal y como la historia requiere (algo que pasa factura cuando los giros importantes no parecen lo suficientemente justificados).

El corredor del laberinto nos presentaba un enigmático universo construido y contenido por unas reglas que se destruían al final. Las pruebas construye una mitología mucho más amplia y abierta a partir de las piezas que quedaron de esa primera parte, abandonando a sus protagonistas a su suerte en un escenario más grande, hostil e impredecible, donde se topan con mil y un nuevos personajes en cada parada de la odisea en la que se han embarcado (como ocurre en toda fantasía itinerante clásica). Esto resulta ocasionalmente emocionante (sobre todo durante su primera mitad y cuando entra en escena Brenda –Rosa Salazar), pero la narración episódica se acaba resintiendo por culpa del excesivo metraje (131 minutos), y la recta final de la película pone de manifiesto la falta de originalidad y profundidad del nuevo enfoque (más de lo mismo elevado al cubo). Claro que lo que no se puede negar (y no lo hemos hecho) es que Ball ha realizado una notable cinta de aventuras y acción, un pasatiempo más bien superficial, que aun con todo, sigue siendo de lo más destacado dentro de su género. Ojalá para la tercera y última entrega no se conformaran solo con eso, porque material hay de sobra (y no me refiero a las novelas) para hacer algo que se salga de la norma de una vez por todas. No deja de resultar paradójico que estas películas que nos hablan constantemente de romper el molde y oponerse al sistema acaben haciendo siempre justo lo contrario.

Valoración: ★★★

¡Concurso! Consigue la segunda temporada de THE BLACKLIST

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

The-Blacklist-Spader

Ya está a la venta en España la segunda temporada de la exitosa serie The Blacklist, editada en Blu-ray y DVD de la mano de 20th Century Fox Home Entertainment y Sony Pictures.

El ganador de tres Premios Emmy, James Spader (The PracticeBoston Legal), protagoniza el que ya se ha consolidado como uno de los thrillers criminales de acción más vistos esta temporada en la televisión norteamericana en abierto (en su segundo año sigue siendo una de las series de mayor audiencia de NBC, con 17 millones de espectadores acumulados). Spader interpreta a Raymond Reddington, un fugitivo buscado por el FBI, que de pronto decide entregarse a las autoridades y ofrecerse a colaborar con ellos dándoles una lista de los criminales más peligrosos del mundo.

En esta segunda temporada, Red continúa teniendo a su lado a la agente Elizabeth Keen, a la que enseñará a pensar como ellos para poder anticiparse a sus movimientos. Pero surge otra mujer que le puede hacer la competencia como antagonista de Reddington, Tamar Katzman, ex agente del Mossad y muy intuitiva.

Para celebrar este lanzamiento y agradeceros vuestro apoyo continuado a fuertecito no ve la tele queremos regalaros un pack gratis de la segunda temporada en DVD, cortesía de Fox.

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a esta sencilla pregunta (lo vamos a poner bien fácil):

¿POR QUÉ QUERÉIS LLEVAROS EL PREMIO?

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook
 de fuertecito no ve la tele

Si contestáis en ambos sitios tenéis participación doble (podéis repetir respuesta).

 

Bases

blacklist s2– De entre todos los participantes elegiremos a un ganador (via Sortea2) que se llevará totalmente gratis 1 pack de The Blacklist – Temporada 2 en formato DVD. El ganador lo recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el miércoles 23 de septiembre de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

Alerta nueva mejor peor serie: ZOO

ZOO

Pues nada, otro verano seriéfilo que toca a su fin. La cosecha televisiva estival de este año nos ha deparado un par de sorpresas, pero en general han sido unos meses más bien tranquilos (algo que yo he aprovechado para ponerme al día con muchas series atrasadas y hacer maratón de otras pendientes; seguro que vosotros también). Mientras True Detective decepcionaba hasta a los que no ven True Detective, eran dos cadenas menores, no conocidas precisamente por la calidad de sus ficciones, las que daban el campanazo con dos de las mejores nuevas ficciones del año: Mr. Robot (USA) y UnREAL (Lifetime). Estos grandes descubrimientos nos han alegrado la temporada, pero no sería verano sin una de esas series que son tan tan malas, que, como dirían Rebecca y Enid:

Y este año esa serie es Zoo, thriller de aventuras y ciencia ficción que ha emitido CBS en su temporada baja, porque en la alta habría sido despellejada viva. Zoo se ha estrenado esta semana en España (concretamente en Cuatro), así que, aunque yo no veo la tele, me ha parecido oportuno hablaros de ella, ya que los que hemos seguido la serie al día (cuatro gatos, nunca mejor dicho), estamos en su recta final y tenemos una visión más completa de ella (tranquilos, no hay spoilers en la entrada). El último episodio de la primera temporada de Zoo se emite la semana que viene en Estados Unidos, y yo ya lo tengo claro: estamos ante la nueva mejor peor serie del verano, un producto tan increíblemente ridículo que no queda más remedio que disfrutar de él sin complejos. Es una modalidad algo más sana que la del hate-watching y menos auto-excusadora que el guilty pleasure, ver algo que sabes que es un desastre, y apreciarlo precisamente por eso. Zoo es camp sin ser tan consciente de ello como True Blood, pero lo suficiente como para que no le importe que la veamos irónicamente.

Billy Burke Kristen Connolly Zoo

Zoo está basada en la novela homónima de James Patterson y Michael Ledwidge, y nos narra el inicio de una revolución animal a escala mundial durante la que un joven biólogo de misión en África, Jackson Oz (James Wolk), se une a un equipo de especialistas para investigar e intentar detenerla. Pero mejor que os lo cuente con sus propias palabras su camarada, Abraham Kenyatta (Nonso Anozie), que se encarga de la narración del opening, muy a lo años 90 (como Xena, Farscape o la primera temporada de Buffy), una premisa que explicada así (y encima tan en serio, con voz grave y solemne) ya provoca la risa:

“Durante siglos, la raza humana ha sido la especie dominante. Hemos domesticado a los animales, los hemos enjaulado, matado por deporte. Pero, ¿y si a lo largo y ancho del mundo, los animales decidieran que YA BASTA? [con el “no more” siempre me río, no falla] Por eso fuimos contratados para formar un equipo de personas de diferentes procedencias, con habilidades distintas: un experto en comportamiento animal, una periodista, un guía de safari, una agente del servicio exterior de inteligencia y un patólogo veterinario. Nuestra misión: averiguar qué les está pasando a los animales, por qué está ocurriendo, y cómo detenerlo”.

Resumiendo, Zoo es una mezcla entre Los pájarosJurassic Park, una historia muy noventera de ciencia ficción con toques de aventura, acción y terror que en su primera temporada plantea un desastre global empleando los lugares comunes propios del subgénero de pandemias: la propagación de un virus y la conspiración detrás del mismo. Pero además posee ese aire CBS a historia de investigación procedimental, con un equipo de especialistas muy Marvel de saldo (los Animal Avengers que los llaman ya algunos) que cada semana lidian con el ataque de un animal diferente (leones, murciélagos, pájaros, osos) mientras intentan destapar la verdad sobre Reiden Global (la compañía biotecnológica detrás del virus) en el arco principal de la serie. Por otro lado, Zoo también puede recordar a la corriente de series que versan sobre un inexplicable evento ¿natural? que afecta a una comunidad y/o a la humanidad al completo, como Under the Dome (de la misma cadena) o The Leftovers.

James Wolk

Pero Zoo se distancia de otras series de naturaleza similar por haberse arriesgado a colocar a los animales en el centro del relato, aun a sabiendas de que esto es algo que solo puede salir bien en el cine. CBS no se ha achantado por las dificultades que esto conlleva, y a pesar del insistente mensaje ecológico y animalista de la serie, ha recibido las esperables quejas de PETA y otros defensores de los derechos de los animales. La preocupación es normal, pero a excepción de un par de escenas ligeramente cuestionables, Zoo emplea sobre todo animales creados por ordenador. Y esta es precisamente una de las fuentes de comedia involuntaria más infalibles de la serie, que con su triste despliegue CGI (mejor que hace años, pero todavía escaso) y torpes trucos de cámara y montaje para simular los ataques animales a los humanos nos deja escenas muy divertidas que provocan el efecto contrario al deseado.

La caspa reina en Zoo, pero como adelantaba antes, hay un leve aroma a autoparodia sobrevolando la serie. La mayor parte del tiempo se toma en serio a sí misma, pero de vez en cuando se permite hacer chistes que, no sabemos si intencionadamente, nos parecen estar diciendo: “Eh, que sabemos que esto es una chorrada y nos lo estamos pasando muy bien, apuntaos a la fiesta”. Y es que Zoo es un absurdo continuo, repleto de giros rocambolescos, agujeros de guion y deus ex machina, con terribles diálogos expositivos y situaciones sin sentido. Todo rematado por unas interpretaciones muy acartonadas, especialmente las de Nora Arnezeder (francesa irritante como pocas) y el leading man James Wolk, que me da pena porque es muy (muy) guapo, pero tiene la expresividad de una goma de borrar -se salvan un simpático Billy Burke, que suele tener las mejores líneas de guion, y en menor medida Kristen Connolly, con la que tiene bastante química. Sin embargo, Zoo compensa sus taras cumpliendo la primera máxima del cine (que no la TV) de catástrofes, no importa lo malo que sea: entretener (como cuando ves un accidente, es imposible apartar la mirada de Zoo). ¡Es el Apocalipsis Animal! La idea da miedo, de acuerdo, pero la han convertido en tal mamarrachada que es imposible no reírse.

Crítica: American Ultra

American Ultra

Texto escrito por David Lastra

Es 2015 y seguimos en plena edad de oro de la comedia… y a juzgar por los futuros proyectos de cara a 2016 (el hype de Cazafantasmas III tiene gran parte de la culpa), esta parece no tener fin. En estos últimos años, a los consagrados Judd ApatowPaul FeigRicky GervaisTina Fey, se les han unido nombres como Lena DunhamSimon PeggAmy SchumerDan HarmonEdgar Wright o la dupla Phil LordChristopher Miller. Gracias a los maestros y a las recientes incorporaciones, hemos disfrutado de momentos cinematográficos impagables (el duelo de discursos de damas de honor en La boda de mi mejor amiga, el personaje de McLovin en Supersalidos o cualquier escena en la que compartan plano Channing TatumJonah Hill en la saga de Infiltrados en…) y productos televisivos de alta escuela (30 RockGirlsThe Office), pero como toda nueva ola, también tiene su reverso oscuro. Es el caso de la infinidad de comedietas que intentan adherirse a la moda pero que no tienen ni puñetera gracia… ¡alguna hasta con Adam Sandler como protagonista! Con American UltraNima Nourizadeh (director del taquillero Project X) intenta apuntarse al grupo de cabeza, pero fracasa y además comete el mayor crimen posible a la hora de hacer una comedia: aburrir.

Aunque él no se acuerde, Mike ha sido entrenado bajo el programa Ultra para ser un arma infalible. Desde la cancelación del proyecto y gracias a un lavado de cerebro al más puro estilo Jason Bourne, su existencia se reduce a ver la televisión, colocarse con/sin su novia, esbozar un cómic que nunca hará y trabajar en un pequeño supermercado. Todo cambia el día en que uno de los jefecillos de la CIA organiza una operación secreta para terminar (a.k.a. exterminate) con Mike. Tan secreta no es porque, gracias a un chivatazo, la que fuera encargada del extinto programa Ultra, la agente Lasseter, se entera y decide actuar como una madre coraje y proteger a su pequeño, procediendo a la activación del protocolo de ataque del antiguo agente. La caza ha comenzado. Bonito punto de partida, no muy novedoso, pero sí apto para la consecución de una buena película de sábado por la noche o hasta de una cult movie en toda regla… pero no. Todo en American Ultra son medias tintas, no terminando de explotar en ningún momento, bueno, de manera literal sí, en varias ocasiones.

American Ultra

El gran error de American Ultra es el incluirse motu proprio dentro de la vertiente gamberra de la nueva comedia, cuando sus bazas cómicas no están a la altura. Naturalmente no está al nivel de la generacional Supersalidos, pero es que su pretendido despiporre argumental no se acerca en ningún momento a la muy reivindicable Juerga hasta el fin. El tándem formado por Nourizadeh y uno de los nuevos niños bonitos de Hollywood, Max Landis (guionista de Chronicle), fracasa a la hora de construir la incoherencia necesaria para el desarrollo argumental de una buddy movie de este tipo. Los dos personajes centrales no son nada más que meros esbozos del personaje tipo de adolescente perpetuo, sin llegar a ser los héroes que deberían ser. Aprovecho el momento para salvar de la quema a Kristen Stewart, que más que menos logra salvar su personaje y sigue con buen pie su rehabilitación cinematográfica tras la saga Crepúsculo. Al no hacernos reír, ni conmovernos, American Ultra termina funcionando mejor como película de acción. Resultando como una especie génesis de una saga de aventuras con Mike como agente secreto emporrado. Pero si entonces la incluimos en el nicho de las nuevas comedias de acción, sería devorada al instante por obras maestras como Infiltrados en clase.

Acompañando a Kristen Stewart, tenemos a otro de los actores jóvenes más odiados en internet y antigua pareja de Kristen en AdventurelandJesse Eisenberg. Jesse vuelve a demostrar las dotes miméticas que nos deslumbraron en La red social, convirtiéndose completamente en Michael Cera. Es imposible no pensar en Cera (el Michael Cera personaje) durante la película, especialmente al ver y escuchar al Mike pre-activación. Completan el reparto los televisivos Topher Grace, de buen chico en Aquellos maravillosos 70 a malo de la peli, Connie Britton (en un papel que iba a ser para Sharon Stone) repitiendo el rol de mujer luchadora que ya vimos en Friday Night LightsAmerican Horror Story, y Tony Hale, haciendo de un Buster Bluth con el trabajo de Gary Walsh (nota del autor: su papel de Arrested Development con el oficio de su personaje en Veep).

American Ultra es el segundo strike para Nima Nourizadeh en su intento por entrar en el gran club. En su defensa está que su videoclip para LDN de Lily Allen molaba bastante.

Valoración: ★★

Crítica: La visita

La visita

Érase una vez hace muchos años un director de cine hechizó al público con una historia sobre un niño que veía gente muerta. Se llamaba M. Night Shyamalan, y no tardó en convertirse en uno de los nombres propios más importantes del cine de Hollywood. Shyamalan siguió haciendo películas, pero el público respondía cada vez más desfavorablemente a sus propuestas, sintiéndose frecuentemente engañado y traicionado por él. El agotamiento de su fórmula y dos incursiones estrepitosas en el blockbuster de aventuras y ciencia ficción se saldaron con lo que parecía un billete de ida al ostracismo cinematográfico. El cuento de Shyamalan lo conocemos todos. Muchos dieron por finalizada su carrera después del batacazo de After Earth, pero el realizador de Filadelfia se ha negado a aceptar la derrota, escribiendo este año un nuevo capítulo en su historia. Y lo hace precisamente con uno (otro) de sus cuentos familiares, La visita (The Visit), una suerte de Hansel y Gretel retorcida que supone su sensacional regreso a la forma.

Para volver a encontrarse a sí mismo y llevar a cabo este comeback, Shyamalan ha tenido que sacrificar parte de su identidad artística (obviemos que ya se anuló a sí mismo con sus dos anteriores trabajos) y amoldarse a la nueva corriente comercial de terror norteamericano. La visita es una cinta de bajo presupuesto (seguramente no había otra opción para él) y reparto semi-desconocido con la que Shyamalan se aproxima al hastiado género del found-footage, asociándose con Blumhouse, la productora detrás de éxitos como Insidious o Paranormal Activity. Sin embargo, lejos de ser fagocitado por el formato, Shyamalan ha encontrado en él un vehículo idóneo para orquestar su retorno. Y es que La visita puede parecer a simple vista otra película más en la línea de los títulos mencionados (con sus sobresaltos, crujidos en la noche y visitas al sótano), pero no hay más que fijarse un poco para comprobar que en realidad lleva el sello personal de Shyamalan estampado en sus planos.

Al director de El bosque no solo le gusta contar historias, sino que también le gusta contar cómo cuenta esas historias. Con La visita, Shyamalan da rienda suelta a su predilección por la meta-narración, convirtiendo la película en un documental filmado cámara en mano por dos niños, una cineasta en ciernes, Becca (Olivia DeJonge), y su hermano pequeño, Tyler (Ed Oxenbould). De esta manera, Shyamalan esquiva atolladeros del tipo “¿por qué no dejan de grabar?” o “¿por qué encuadran tan bien mientras huyen de la muerte?”. Es una forma ingeniosa y práctica de darle la vuelta al “metraje encontrado” para poder dirigir y planificar a su antojo (con dos cámaras además), sin tener que marear al espectador por obligación. Becca quiere hacer una película, y Shyamalan se pone en su piel para ayudarle a sacarla adelante, pase lo que pase. Esta comunión entre personaje y director, en la que la protagonista se convierte en el demiurgo que explica su creación, da como resultado un trabajo muy interesante en el apartado visual que nos habla constantemente de cómo el cine da forma a la realidad utilizando las herramientas de la ficción. Y esa es una de las ideas que Shyamalan emplea para caracterizar y transformar a sus pequeños protagonistas, personajes con enjundia y trayectoria, interpretados por dos jóvenes actores fantásticos (Oxenbould ya apuntó maneras en Alexander y el día terrible…), que se distancian considerablemente de los arquetipos del found-footage.

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Sobre el argumento de La visita es mejor no profundizar demasiado. La premisa es simple pero muy solvente: Becca y Tyler viajan a Pensilvania para conocer a sus abuelos, que viven en una remota granja sin saber nada de su hija desde que un fatídico día se marchó de casa. Los hermanos se disponen a pasar una semana con ellos, pero durante la estancia empiezan a observar un comportamiento inquietante en los ancianos, especialmente en Nana, que actúa de forma particularmente extraña al caer la noche… Y bueno, el resto es mejor descubrirlo sobre la marcha, al compás de los hermanos. Porque La visita será mejor cuanto menos se sepa de ella. Y ya no únicamente por su giro final (importante y necesario en cualquier relato de suspense, no solo en el cine del autor en cuestión), sino por las retorcidas y espeluznantes sorpresas que nos esperan en el camino.

La visita es un cuento de miedo, pero también es una comedia negra. Se podría decir que ambas cosas por igual. Afortunadamente, Shyamalan tiene muy claro que la clave de los dos géneros reside en la sorpresa, y se ha empleado a fondo para tratar de desconcertar en todo momento tanto con los sustos (muy buenos y sin abusar) como con el humor, intentando no subordinar una cosa a otra. En ocasiones, el film recuerda al terror de Sam Raimi, cachondo, exagerado, sin temor a volverse un poco (o bastante) loco. Pero a diferencia del director de Arrástrame al infierno, Shyamalan evita adentrarse del todo en la senda de la parodia empleando abundantes dosis de mal rollo y terror psicológicoLa visita puede llegar a ser una experiencia muy enervante y aterradora gracias al excelente trabajo de cámara de Shyamalan (el mejor ejemplo es la secuencia del escondite), pero sobre todo por la espectral figura de Nana, interpretada por una espectacular Deanna Dunagan (sin desmerecer a Pop Pop, magnífico y turbador Peter McRobbie). La “adorable” abuelita de la casa de dulces promete acecharnos en nuestros subconscientes de ahora en adelante (yo ya he sufrido mi primera noche después de conocerla) tras protagonizar algunas de las escenas más escalofriantes del cine reciente.

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Aunque La visita supone el regreso de Shyamalan al terror, no es exactamente una vuelta a los orígenes. Lo que nos encontramos aquí es a un realizador de Hollywood acostumbrado a trabajar con presupuestos elevados y grandes estrellas convertido en un “director de género” realizando una pequeña (que no modesta) y extraña película de festival de cine fantástico. Esta transformación nos deja una obra inspirada y creativa, un film oscuro, divertido y sorprendentemente macabro con el que Shyamalan se reafirma en su cine, utilizando muchos de sus instrumentos habituales para edificar en un terreno diferente: el fuera de campo, el cuidado minimalismo visual, el manejo de las expectativas y el misterio, su detallismo en la puesta en escena y el guion (en ocasiones excesivo, como en la recta final, donde el afán por atar cabos y conectar guiños y bromas juega en su contra), y la repetición de algunos de sus temas recurrentes, como el aislamiento, la familia rota o la importancia de la figura del niño como agente del cambio en el adulto. Si La visita funciona tan bien es porque está contada a través de los ojos de dos niños (que por suerte no resultan insoportables), y saca partido de una idea muy potente, llevándola a un contexto de fábula enloquecida: lo que ocurre en el mundo de los adultos al anochecer, mientras los más pequeños están en la cama, y lo que estos podrían encontrarse si decidieran abrir la puerta de su habitación.

Valoración: ★★★★

Crítica: Ma Ma

Penélope Cruz Ma Ma

Hay cine que es necesario, pero no por ello es necesariamente bueno. Ma Mala nueva película de Julio Medem sería un buen ejemplo para ilustrar esta idea. El director vasco regresa para contarnos la historia de Magda (Penélope Cruz), mujer a la que se le diagnostica un cáncer de mama en el que no es precisamente el mejor momento de su vida. Está en el paro y su marido, profesor de filosofía en la universidad interpretado por Àlex Brendemühl, la ha dejado por una alumna. A pesar de todo, Magda no deja de sonreír (y qué sonrisa más bonita). Lo hace principalmente por su hijo, pero también por ella. Es una mujer fuerte, en el sentido menos politizado de la expresión, y tiene ganas de vivir.

Ma Ma es la historia de Magda, pero Medem ha querido que sea la historia de todas (el film está dedicado “a todas ellas”), y también la de todos. Quizá por eso el realizador haya optado por una aproximación más convencional al drama para contarla, en lugar de abusar de la escritura con la que se labró ese estilo críptico y lírico, reconocible gracias a películas como Los amantes del círculo polar o Lucía y el sexo. Hace tiempo que Medem dejó atrás esta adolescencia narrativa, y en Ma Ma se enfrenta al reto de escribir un melodrama para todos los públicos, una película más accesible y menos idiosincrásica (aunque aquí sigue habiendo una importante carga onírica y poética que nos recuerda a sus trabajos tempranos). El problema es que el director no ha sabido darle forma a las emociones que laten (nunca mejor dicho) bajo el relato, y su película se pierde en un guion tópico, blando y sentimentaloide.

En ocasiones, Ma Ma parece estar escrita y realizada por un director novel (algunos dirán que ese es el sello de Medem y no les faltará razón). No hay más que ver la forma en la que el director utiliza la cámara en algunos de los pasajes más dramáticos del filme, increpando a sus protagonistas en arrebatos sensacionalistas, como si la CARTEL MA MA OK 3(bella) partitura de Alberto Iglesias no supusiera ya acentuación suficiente. Pero lo peor son los forzados diálogos, de una cursilería que a ratos roza lo insoportable (las intervenciones del hijo de Magda, que tiene 12 años pero está escrito como si tuviera 5, son de lo más irritante). Una película como Ma Ma debería resultar dura por el tema que trata, más que por la forma en la que lo trata. Medem ha optado por mantenerse en todo momento en el lado luminoso de la historia y se le ha ido de las manos, resultando en un film ridículamente sensiblero que pierde el norte demasiadas veces -especialmente todas las que Asier Etxeandía se pone a cantar. Por eso, Ma Ma acaba siendo una experiencia incómoda por las razones equivocadas.

Sin embargo, hay una fuerza capaz de levantar la película a pesar de todo lo expuesto anteriormente. Su nombre es Penélope Cruz. La actriz está sencillamente espectacular, en todos los sentidos, irradiando luz y belleza en cada plano, haciendo suya la cámara y todo a su alrededor. Cruz realiza un trabajo sobresaliente como la optimista y vivaracha Magda, aportando toda la naturalidad que le falta al guion de Medem. Y es que, aunque supera con nota los grandes gestos dramáticos de su personaje, es en los momentos pequeños cuando la actriz brilla con más fuerza. Destacaré dos en concreto: el precioso beso espontáneo que da a la enfermera interpretada por Silvia Abascal (el instante más elocuente de la película, sin usar una sola palabra) y la celebración de los goles del final de la Eurocopa sola en casa, probablemente el recital más conmovedor que ofrece Cruz en toda la cinta. Y tiene unos cuantos. Uno compartido con Àlex Brendemühl (hay que ver el rostro de Penélope perdonando a su ex marido) y todos los demás con un tremendo Luis Tosar, siempre a su altura interpretativamente hablando, pero dejando elegantemente que sea ella quien ocupe el centro del objetivo en todo momento.

A Medem le sobran buenas intenciones, eso está claro. Ma Ma nos habla de una enfermedad muy común y trata de concienciarnos (durante la primera media hora como si estuviera realizando un vídeo educativo, con sus datos y estadísticas) sobre su efecto en las mujeres que la padecen, las que la superan y las que no. El montaje intercalado de secuencias aporta dinamismo, y como hemos dicho, los actores están soberbios, pero el exceso de remilgo y poesía barata (ese corazón en CGI… *arcadas*) termina truncando sus intenciones y llevando la película al terreno de la parodia involuntaria. Aunque puntualmente sobrecogedora y hermosa, Ma Ma es un trabajo de grandes desequilibrios (como todo el cine de Medem, claro) al que le habría venido bien una o dos reescrituras. Por suerte, siempre nos quedará Penélope.

Valoración: ★★½

Crítica: Anacleto: Agente secreto

Anacleto agente secreto

Texto escrito por David Lastra

Ahora que Steven Spielberg ha vaticinado el final de la hegemonía de los superhéroes en la gran pantalla, el cine español estrena su mejor película de ese género hasta la fecha. “Spain is different”, que se decía antaño. ¿Podemos considerar al personaje creado por Vázquez como un superhéroe? Dadas sus extraordinarias condiciones como espía, elegancia y porte, está claro que podemos situar a Anacleto en una posición más cercana a la comitiva de los Vengadores que a la del funcionariado del CNI. Su primera aventura cinematográfica, de la mano de Javier Ruiz Caldera (Tres bodas de másPromoción fantasma), no ha hecho nada más que confirmarlo: Anacleto es el superhéroe español por antonomasia, con permiso del Superlópez de Jan, claro está (adaptación a la que también echará el diente el propio Ruiz Caldera).

Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, el Capitán Trueno, Makinavaja, el botones Sacarino, … uno a uno, la plana mayor del noveno arte español ha ido pasando por la pequeña o la gran pantalla. Unos con algo de suerte (el primer acercamiento de Javier Fesser a los personajes de Ibáñez no estaba nada mal, aunque con tanto reboot à la Spider-man han terminado por enturbiar la saga), pero la mayor parte han contado con unos estrepitosos resultados tanto de crítica como de público. ¿A alguién le gustó El Capitán Trueno y el Santo Grial? Mejor dicho, ¿alguien la ha visto? Con el anuncio del proyecto de traslación de Anacleto al celuloide, volvió el miedo. Otra cagada más se avecinaba. Pero el resultado final difiere con creces a lo proclamado por los agoreros.

Anacleto: Agente secreto es una notable adaptación de las viñetas de Vázquez y una excelente película de acción. El film está hecho tanto para contentar a los entendidos del cómic (que la primera imagen sea el protagonista caminando por el desierto es una pasada y la SPOILER de Anacleto también) como a los tragablockbusters más exquisitos. Si bien el Anacleto original era un híbrido cañí entre James Bond y Maxwell Smart, su doble cinematográfico se crece, añadiendo a ese cóctel la resistencia y la lucha por la supervivencia de Jason Bourne y el carácter de héroe de acción de Ethan Hunt. El endiablado ritmo de Anacleto sorprende y hace que se despegue de la anquilosada estructura narrativa casposa que puebla el cine español. Como si de una entrega de la saga de Misión: Imposible se tratase, la sobredosis acción comienza desde el primer minuto con la contundente fuga de Vázquez, némesis oficial del agente secreto, que se encontraba bajo la custodia de Anacleto. La lucha y persecución entre el bien y el mal se complementa con la necesidad del agente de proteger a su vástago, que hasta la fecha no tenía ni idea de que su padre era un superespía. La gran novedad es que el chaval no es un adolescente, sino un treintañero calzonazos que trabaja por las noches de agente de seguridad en un gran almacén y cuyo mayor vicio son los videojuegos. En resumen, el paradigma del superhombre nietzscheano de nuestra generación.

Anacleto agente secreto

A pesar de ser una película dirigida al gran público, se agradece que Anacleto: Agente secreto no sea pacata o conservadora. Su trama y resolución de problemas puede ser sencilla, de tebeo podríamos decir, pero no por ello trata al espectador como un estúpido. El villano de turno, el gran Vázquez es un hijo de puta de manual (Carlos Areces en su mejor papel no televisivo) y no porque haya niños en la sala va a coartarse. Es justamente en los momentos más proclives a realizar concesiones al respetable, donde el film se pone más violento. Todo ello sin perder su tono absurdo por ello. El buen hacer de Ruiz Caldera tras la cámara y el notable guión de Pablo AlénBreixo Corral Fernando Navarro (los dos primeros repiten con el director tras Tres bodas de más) dotan de consistencia al film, pero es la labor de los dos protagonistas la que engrandece el resultado. 

El Anacleto de Imanol Arias debería servirle para colocarse en la lista de sucesores de Daniel Craig en la saga de 007, por encima de Tom Hardy o Idris Elba. Es un placer volver a encontrarse con Imanol en la gran pantalla y recordarnos que él no es solamente Don Antonio Alcántara (que no sería poco), sino que es toda una leyenda del cine español. No debería extrañarnos que le cayese su quinta candidatura a los Goya por este papel. Hace tiempo que Quim Gutiérrez dejó de ser la gran esperanza blanca del cine español, para ser la realidad. Payaso oficial de Daniel Sánchez Arévalo, ya nos demostró su suerte como héroe en la infravalorada Los últimos días, epopeya apocalíptica de los hermanos Pastor. En Anacleto, Quim se supera. No solo pega porrazos como el que más, estando a la altura en todas sus escenas de acción, sino que se confirma como un verdadero maestro del humor físico. Su característico tartamudeo nervioso y su condición de “pobre hombre” con un toque cafre, dotan al personaje del realismo necesario, llevándose como premio las carcajadas más sonoras por parte del respetable.

Va a ser verdad el dicho de que “Anacleto nunca falla”, porque vaya peliculón que nos ha traído.

Valoración: ★★★★

Crítica: Dark Places

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Gilles Paquet-Brenner (La llave de Sarah) nos invita a adentrarnos una vez más en ese macabro escenario cinematográfico que puede ser la América profunda con Dark Places, adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn, la autora responsable de Gone Girl

Libby Day (Charlize Theron) es la única superviviente de la masacre que acabó con la vida de su madre y sus hermanos en una pequeña localidad del estado de Kansas. La niña tenía 8 años cuando ocurrió la tragedia y, presionada por la prensa, acabó testificando en contra de su hermano Ben (Corey Stoll), adolescente problemático ligado en su día al culto satánico que cuando da comienzo la historia sigue cumpliendo condena en prisión.

El caso de Libby Day se convirtió en uno de los crímenes más conocidos de Norteamérica, y la huérfana recibió la ayuda económica de cientos de desconocidos que se solidarizaron con ella. Treinta años más tarde, cuando la “popularidad” de su historia se ha desvanecido, Libby es una mujer que sobrevive a duras penas, rascando dinero de donde puede, sin carrera, sin familia o amigos. Sin embargo, el caso de la familia Day sigue interesando a unos pocos. Concretamente, al “Kill Club“, sociedad secreta encabezada por Lyle Wirth (Nicholas Hoult), un joven aficionado a la criminología que se dedica en su tiempo libre a resolver misteriosos asesinatos junto a otros fans de lo macabro.

Desesperada por su situación económica, Libby acepta acudir al Kill Club como invitada de honor a cambio de un poco de calderilla (tal y como asistiría una vieja gloria televisiva a una convención de fans de segunda), y allí descubre que Lyle y su grupo están interesados en desenterrar las contradicctorias pruebas del caso para ajusticiar a su hermano, el cual creen que es inocente. De esta manera (mediante una narración salpicada de flashbacks), Libby revivirá los días cercanos al fatídico día, se enfrentará a sus fantasmas y reconstruirá el misterio para encontrarse a sí misma en las “zonas oscuras” de su pasado y descubrir la horrible verdad sobre su familia.

Esta truculenta historia en clave de thriller whodunit contiene los ingredientes que cabe esperar de un misterio ideado por la autora de Perdida, sin embargo, Paquet-Brenner se queda muy lejos de lo que David Fincher consiguió hacer con su material, introduciéndose de lleno en el terreno TV movie de sobremesa que siempre suelen rondar este tipo de historias. Dark Places no es lo suficientemente oscura y no termina de sacar provecho del elemento tétrico que recorre el relato, como si le diera miedo a ponerse demasiado desagradable o excesiva (algo que está claro que no preocupó a Fincher).

Dark Places pósterNo obstante, la falta de riesgo y visión se ve compensada por la relativa buena mano del director para ir desgajando el relato y medir con acierto los momentos en los que se presentan al espectador las revelaciones que irán dando forma a la película. Los enigmas que difuminan el pasado de Libby Day conforman una trama que capta el interés hasta que el sorprendente (o no) giro final da paso al intenso clímax en el sótano que es el subconsciente de Libby. Pero es el estupendo reparto lo que acaban salvando la función, aunque en el fondo no sea más que un telefilm con estrellas en el que las circunstancias no están a su altura. Sin obviar a los eficaces Nicholas Hoult (qué bien está evolucionando su carrera), Tye Sheridan (una de las mayores promesas actuales de Hollywood) y Corey Stoll (de los actores más ubicuos del momento), son las mujeres las que sostienen la película.

Charlize Theron compone un personaje que puede resultar excesivamente antipático y huraño, pero la actriz lo aborda desde la perspectiva adecuada, con una intensidad contenida que encaja perfectamente con la psicología y la traumática historia de Libby (ella sigue siendo una niña, una niña perdida). Y desde los flashbacks al pasado refuerzan el film las intensas interpretaciones de Christina Hendricks, que da vida a otra madre coraje ahogada en deudas muy en la línea de su personaje en Lost River, y Chloë Grace Moretz, más convincente que de costumbre en un papel poco complaciente que le permite explorar otros registros interpretativos. Este trío de ases es sin duda lo mejor de Dark Places, un film que extraña no ver en la cartelera de cine aprovechando el tirón de la exitosa Perdida.

Por último, un consejo: ya que Dark Places se estrena en vídeo en Internet, haceos el favor de verla en V.O.S., porque su terrible doblaje en castellano puede enterrar su mayor (quizá único) punto fuerte, las interpretaciones.