Crítica: Un día perfecto

un día perfecto

Texto escrito por David Lastra

Se podría decir que el 14 de diciembre de 1995 fue uno de aquellos días que podemos denominar como perfecto. En esa fecha se firmaron los Acuerdos de Dayton, el tratado de Paz que supuso el final de la Guerra de Bosnia. Contienda que en no menos de tres años, se saldó con más de cien mil muertos, miles de mujeres violadas y casi dos millones de desplazados. Aunque ignorada (por no decir manejada) por las grandes potencias en su época, este acontecimiento bélico ha provocado unas cuantas obras fílmicas notables (la oscarizada En tierra de nadie de Danis Tanović y el Oso de Oro de Jasmila Žbanić por Grbavica) o En tierra de sangre y miel de Angelina Jolie. El último en unirse a este selecto club ha sido Fernando León de Aranoa con Un día perfecto.

En lugar de abordar alguno de los grandes hitos del conflicto, como podrían ser la masacre de Srebrenica o las violaciones masivas de mujeres musulmanas por parte de las fuerzas serbias, Un día perfecto se centra en un hecho cotidiano, que no nimio: un cadáver de un hombre gordo (el tamaño de la mole es un dato argumental importante) aparece en el fondo de un pozo; si en menos de un día no se saca el cuerpo, quedará contaminado, dejando sin suministro de agua a varias poblaciones de la región. En vez de idear una investigación sobre las causas del asesinato o las identidades de la víctima y el asesino, Fernando León de Aranoa sigue fiel a su perfil de cronista de historias mínimas. Tan ágil como el primer día (o como en su primer largometraje), demuestra que lo suyo es construir historias de ficción con una tremenda base real. En esta ocasión se sirve de la labor de los cooperantes en zona de conflicto que ha conocido de primera mano y, especialmente, en la novela de Paula Farias sobre el conflicto de Kosovo. En esta ocasión, el cambio geográfico no importa, ya que estamos ante la misma mierda de guerra con distinto nombre.

Los cooperantes de Un día perfecto ven la evacuación del gordo como un mero trámite en su agenda. La acción transcurre sin imprevistos hasta que la cuerda con la que han construido la polea se rompe. Es justo en ese momento en el que los espectadores nos unimos a la historia. A priori, la solución parece fácil: encontrar una cuerda nueva y así poder continuar con la evacuación del cabrón del gordo (sic). A lo largo de estas veinticuatro horas, nuestros protagonistas verán que no están en un lugar cualquiera, sino en medio de un(os) país(es) roto(s). Un dato conocido por ellos, pero que no por ello deja de sorprenderles.

Pese a estar situados en un contexto internacional, los personajes de Un día perfecto siguen los cánones del cine de León de Aranoa. Estos cooperantes comparten el sustrato irónico ante las adversidades de los parados de Los lunes al sol, la esperanza idealista de las princesas de Princesas o el mismo rechazo a las convicciones de las autoridades de los chavales de Barrio. Estos ingredientes comunes desembocan en una de las marcas de autor más loables del realizador: la creación de un sentimiento de comunidad entre sus personajes tremendamente creíble para el espectador. Esta creación ficticia, pero puramente real, hace que los personajes esta película funcionen, sino a la perfección (calificativo que vendría a cuento por el título), sí de manera notable siendo estos momentos de unión (y confrontación) de los miembros del equipo lo más certeros del film.

un día perfecto

Ni una sola gota de sangre se muestra durante el metraje, si acaso algún resto sanguinolento reseco. León de Aranoa prefiere mostrarnos los restos del naufragio. Las ruinas, los perros hambrientos, los cuerpos en descomposición. El realizador defiende la necesidad de mostrarnos el horror de la guerra a través de un ejercicio de ficción realista, alejada del recurso poético. Una decisión loable si no fuese por el empeño de acompañar una escena dramática con otra contemplativa con un hit musical .Un esquema demasiado burdo y que repite a lo largo del film.

La naturaleza internacional del reparto de Un día perfecto queda como un simple dato anecdótico, ya que León de Aranoa no cambia ni un ápice su manera de hacer cine ante ese dato. De todos es sabido que un gran nombre al frente del cartel (o dos actores oscarizados, como es este caso), suele hacer que el modus operandi del director español de turno se tambalee y roce la prostitución fílmica. Este no es el caso, y se agradece. Los citados oscarizados actores son Benicio del Toro (Traffic) y Tim Robbins (Mystic River), que encarnan a los perros viejos, cooperantes curtidos en varios conflictos que no les tiemblan las manos ante los horrores de la guerra, pero que no han perdido su toque idealista y sensible. Completan la expedición una cooperante recién llegada (Mélanie Thierry, objeto de deseo en el último Terry Gilliam hasta la fecha, The Zero Theorem), un intérprete (Fedja Stukan, que ya apareció en En tierra de sangre y miel), una analista de conflictos (Olga Kurylenko, chica Bond en Quantum of Solace y chica Cruise en Oblivion) y un niño en busca de un balón nuevo.

Un día perfecto es una fábula que aunque diste de ser perfecta y pueda o no gustar, es completamente necesaria, como toda la filmografía de Fernando León de Aranoa.

Valoración: ★★

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Comentarios (2)

 

  1. Rosa dice:

    No sé si es por olvido o por no considerarla suficientemente notable, pero creo que “La vida secreta de las palabras” se podría añadir a la lista de películas sobre esta guerra. Por cierto, con Tim Robbins también.

  2. paco dice:

    Mala, floja, tragicomica un tanto irreverente con un conflicto tan reciente como doloroso. Banda sonora fuera de lugar. Me ha defraudado tanto la pelicula como la novela en que se basa. LA autora de novela jamas piso el conflicto serbobosnio y menos aun el director. Salva minimante la historia la actuación de Benicio.

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