Crítica: Ted 2

Ted 2

Cuando lo cuentas demasiadas veces, el chiste pierde la gracia. De acuerdo, esto no siempre se cumple, hay chistes que funcionan y funcionarán bien no importa las veces que los oigas. Pero lo habitual en comedia es que cuando algo se vuelve repetitivo o expone al espectador a más de lo mismo, su eficacia acaba disminuyendo. De esto sabe mucho Seth MacFarlane, creador de éxitos animados como Padre de familiaPadre Made in USA, irreverentes sitcoms cuyo humor cafre más allá de la incorrección política ha sido trasladado por el autor a sus películas de acción real, donde las aventuras de sus protagonistas no se distancian demasiado de las de Peter Griffin o Stan Smith. Ted sorprendió en 2012 por su eficacia como comedia gamberra y su éxito en taquilla, pero la carrera de MacFarlane como director de cine no ha hecho más que decaer con sus siguientes películas. Mil maneras de morder el polvo fue recibida con indiferencia y desidia (algo injustamente, he de decir), y con su último film, Ted 2, no ha conseguido repetir el éxito de su predecesora. El humor de MacFarlane no ha evolucionado, pero el público sí, y llega un momento en el que lo mismo de siempre no es suficiente.

Ted 2 continúa las andanzas de los “compitruenos” (“thunder buddies”) John Bennett (Mark Wahlberg) y su osito de la infancia, Ted (voz de MacFarlane), vulgar y blasfemo peluche que cobró vida para convertirse en una de las personalidades corrosivas más famosas del país. Después de su primera aventura, Ted vive una existencia mediocre y vacía como cajero de supermercado y su reciente matrimonio atraviesa problemas, por lo que decide tener un hijo para superar el bache. Sin embargo, su vida se complica aun más al descubrir que no puede adoptar, ya que no es oficialmente una persona, sino una propiedad. Con la ayuda de John, deprimido después de su reciente divorcio y una peculiar abobada novata con debilidad por la marihuana (Amanda Seyfried en sustitución de Mila Kunis), Ted lucha ante los tribunales para ser legalizado como humano y así poder disfrutar de los derechos civiles que garantiza la constitución. Mientras, el viejo amigo de John, Donny (Giovanni Ribisi), traza un plan junto a la compañía Hasbro para hacerse con Ted, con la intención de desguazarlo para descubrir por qué ha cobrado vida y realizar réplicas del osito en cadena.

ImprimirA pesar de tener un argumento lineal y un objetivo claro que da forma a la historia y evita que se vaya demasiado por las ramas, Ted 2 continúa la tradición narrativa de las comedias de MacFarlane, con una película que más que otra cosa es una acumulación de gags que conducen a un clímax. Los hay muy buenos (la visita de John y Ted al club de comedia improv, la aparición de Tom Brady, el chiste recurrente sobre los ojazos de Seyfried, ya utilizado en Mil maneras…, la comparación que hace Ted de sí mismo con Kunta Kinte), muy malos (demasiados para enumerar), muy meta y pop (el regreso de Flash Gordon, la mini-historia de Liam Neeson que alcanza su conclusión en la escena post-créditos, todo lo que ocurre en la Comic-Con de Nueva York durante el acto final), y por supuesto muy ofensivos, escatológicos, gratuitos y soeces (se lleva la palma la visita al banco de esperma y el ataque a Kim Kardashian). Lo bueno es que, funcionen o no los chistes, algo que permanece intacto con respecto a la primera parte es la química de Wahlberg y MacFarlane (el primero sigue demostrando que se le da bien la comedia y el segundo que es un excelente actor de doblaje). Como el que no quiere la cosa, Ted 2 nos habla muy oportunamente de la lucha por los derechos de aquellos considerados “ciudadanos de segunda” a ojos de la ley, pero sin dejar de ser la misma simpática y deslenguada buddy-film sobre dos amigos que darían la vida el uno por el otro (algo que ya vemos desde su póster, reminiscente de otros carteles del género, como este, este o este).

Sin embargo, este bromance no es suficiente para sostener la película, que presenta un cuadro clásico de secuelitis agudaTed 2 está hecha a desgana, motivada más por la necesidad de seguir explotando la popularidad del personaje que por el deseo de continuar la historia (algo habitual en Hollywood que algunas franquicias saben disimular mejor). Además, su metraje se alarga más de la cuenta, llegado casi a las dos horas, con lo que la película se acaba resintiendo en su predecible recta final. Y es que Ted 2 es sobre todo una comedia blockbuster rutinaria y previsible, igual a tantas otras, una película de verano con suficientes buenos momentos para ser disfrutada, pero al fin y al cabo diseñada para ver y olvidar.

Valoración: ★★½

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