Crítica: Una dama en París

Una dama en París

Texto escrito por David Lastra

Por muchos manuales, posts y artículos de revistas que existan, el axioma es impepinable (valga la redundancia): se nace mujer parisina, no se llega a serlo. Catherine Deneuve, Juliette Binoche, Isabelle HuppertJulie DelpyIsabelle AdjaniAnouk Aimée, Brigitte BardotEva GreenMarion CotillardEmma Watson son mujeres parisinas (sí, Hermione nació en la Ciudad de la luz). Esa tópica amalgama antropomórfica de elegancia, inteligencia, erotismo y rebeldía es algo inalcanzable para el resto de l@s mortales. Pero sobre todas estas mujeres parisinas, existe una figura que gobierna a todas: la Dama de París. Mujeres de París hay muchas, pero Dama solo hay una y esa es Jeanne. Madame Moreau reina sobre todas ellas desde que sus patitas nos encandilasen a ritmo de Miles Davis mientras deambulaban noctámbulas por las calles de París en Ascensor para el cadalso. “La mejor actriz del mundo” (según Orson Welles y yo) nos ha regalado objetos de deseo (El proceso), carreras por el Louvre (Jules y Jim), sirvientas advenedizas (Diario de una camarera) y se ha especializado en solitarias mujeres burguesas ahogadas en sus relaciones (Los amantesModerato cantabile, La noche). Ahora, a sus ochenta y muchos, Jeanne nos uestra otra etapa de esa mujer solitaria en Una dama en París, bajo la dirección de Ilmar Raag (Klass), demostrándonos que una mujer de la tercera edad no es un ficus, sino que sigue sintiendo como el primer día.

Pero no nos adelantemos, la protagonista oficial de esta historia es Anne, mujer estoniana divorciada, que tras la muerte de su madre, acepta un trabajo como cuidadora de una anciana en París. Lejos de cumplirse sus sueños de babysitter, se encuentra conque el panorama es muy diferente al que esperaba: Frida, la mujer en cuestión, no es una inválida impedida, solo está un poco torpe, y no acepta de buena gana la llegada de ayuda. Pero esta película no muestra la típica historia de choque entre anciana reguñona, pero con buen corazón, y su  pobre criada, en la que una aprende de la otra y al final todos se funden en un abrazo y son felices. Aunque Anne aprende bastante sobre ser una señorita de París (cambio de vestuario, maquillaje, pose) gracias a Frida, los mazazos de la octogenaria duelen y le recuerdan a Anne que siempre será una cateta estoniana. La evolución del personaje interpretado por Laine Mägi (que repite con Raag tras Klass, y cuyas facciones recuerdan a las de mi querida y añorada  Susanne Lothar, rostro oficial de la mujer sufridora centroeuropea) es bastante típica (mujer que se redescubre al salir de su casa y conoce un nuevo mundo), pero es su partenaire la que salva la película.

Una dama en París

Al igual que Anne, Frida es de origen estoniano, pero lleva viviendo toda la vida en París. Utilizando el tópico de mujer hecha a sí misma, ha sabido subir desde los bajos fondos hasta lo más alto, convirtiéndose en una mujer parisina. Sí, esto desmontaría la regla expuesta en el primer párrafo, pero es que esta Frida está interpretada por Jeanne Moreau (a.k.a. la Dama de París), haciendo que todo resulte coherente. Nadie como ella podría llevar esos Chanel. En su día a día, mata el tiempo leyendo, tomando té, sufriendo sus desamores y siendo una perra, porque siempre lo ha sido y no siente necesidad alguna de cambiar. La redención es un invento de las películas y del cristianismo. Jeanne compone una interpretación notabilísima, robando todas las escenas en las que aparece (y siendo añorada en las que no está) y protagoniza uno de los momentos cinematográficos del año: tumbada en la cama, abrazada a su antiguo amante (mucho más joven que ella, ¿algún problema?), le abre la camisa, comienza a palparle el pechoy baja hasta la entrepierna de él. Él le pregunta que qué está haciendo, respondiendo ella con un certero “Recordando”. Esta visión de la sexualidad en la tercera edad rezuma buen gusto y realidad, pareja a la de los dos protagonistas de esa joya llamada Le week-end y alejada completamente del despiporre cacaculopedopis de la saga Marigold.

Una dama de París es la crónica crepuscular de una mujer que sigue con ganas de ser arrollada por el torbellino de la vida (pun intended), aunque la sociedad se empeñe en que ya ha llegado al final de su camino.

Nota: ★★★½

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