Crítica: Pixels

Pixels Arcaders

Fui a ver Pixels dispuesto a pasármelo bien sin comerme demasiado el coco. Quería que me gustase, os lo prometo. Incluso momentos antes de verla, y aunque mi subconsciente me hacía la contra, guardaba una pequeña esperanza de que no fuera el desastre que parecía. Me equivocaba. Y mucho. Pixels supera todas las expectativas negativas depositadas en ella. Podría excusarla su aire desenfadado y alocado, o el hecho de que es perfectamente consciente de sus limitaciones y le da igual (o no, que quizá hasta la esté sobrevalorando), pero ni con esas. Pixels es mala con saña y avaricia, no hay más. No hay excusa que valga. “Es que es fantasía y no hay que tomársela en serio”. “Es que es para los más pequeños”. “Es que no hay que buscarle lógica a una película así”. ¡Es que nada! El film dirigido por Chris Columbus (que no es garantía infalible de calidad, pero tiene su mano con el cine familiar) se vende como aventura nostálgica de los 80 dirigida a varias generaciones, pero la realidad es bien distinta: Esto es simple y llanamente una película de Adam Sandler, con todo lo que conlleva el infra-género sandleriano. Es más, es una película de Adam Sandler en horas bajas y desganado, que es ya el acabose.

Basada en un cortometraje independiente de 2010 (que podéis ver aquí) , Pixels nos cuenta una invasión extraterrestre a lo Independence Day versión (más) disparate en la que los alienígenas toman la forma de varios personajes de las máquinas recreativas clásicas. La historia da comienzo en los 80, durante una competición de jugadores de Arcade. Los extraterrestres reciben señales de estas máquinas que malinterpretan como una declaración de guerra intergaláctica, lo que les lleva treinta años después a atacar nuestro planeta utilizando los juegos Gálaga, Pac-Man o Space Invaders como modelos para diseñar varias ofensivas a las ciudades más importantes del mundo. Para acabar con los invasores, el presidente de los Estados Unidos (Kevin James) recurre a su amigo de la infancia (Sandler), campeón de videojuegos en los 80, así como a varios “expertos” en la materia, con los que forma un equipo de “Arcaders” en los que depositará el futuro de la Tierra.

Pac-Man in Columbia Pictures' PIXELS.

La premisa de los 8-bits cobrando vida a escala interplanetaria (que, como muchos aficionados señalan, ya se utilizó en Futurama en 2002) sirve para llevar a cabo una comedia de aventuras que intenta recuperar el espíritu ochentero de cintas como Los Cazafantasmas (con su toque de Juegos de guerra) y explotar el valor icónico que los videojuegos “prehistóricos” tienen para nuestra generación (similar a lo que hizo con mejores resultados ¡Rompe Ralph!). Sin embargo, no logra destacar entre tantas otras propuestas morriñosas al ser incapaz de trascender el homenaje vacío y facilón: el peinado mullet de Peter Dinklage (que es quien más se esfuerza del reparto, y ni así puede evitar caer en el ridículo más chirriante), la banda sonora con clásicos de Zapp, Loverboy, Tears for Fears o el original “We Will Rock You”, que suena dos veces (cansinos), y las transmisiones a la Tierra de los alienígenas, que hablan a través de Nixon, Madonna o Hall & Oates en grabaciones antiguas de televisión (la única ocurrencia remotamente graciosa de la película). Todo es para nada, ya que los guiños caen en saco roto por culpa de la ineptitud absoluta del film para hacer reír o hallar el componente emotivo necesario para conectar con el espectador.

Por otro lado, Pixels juega otra vez con la idea del friki que fue paria durante los 80 y pasa de loser cuarentón a nuevo héroe del siglo XXI, donde ser geek ya es lo normativo. No obstante, desaprovecha todas las posibilidades que esto brinda con un guion enclenque y sin rastro de lógica interna (en serio, cada escena es más increíblemente estúpida y absurda que la anterior) con el que no parece haber voluntad de ir más allá del humor de encefalograma plano y la aventura casposa a la que nos tiene acostumbrado el cine de Sandler. Todo cobra sentido cuando comprobamos que detrás del libreto está el guionista de confianza del actor (qué pena ser el “loquesea” de confianza de Adam Sandler), Tim Herlihy, artífice de regurgitaciones fílmicas como Mr. Deeds o la reciente Niños grandes 2 (la película con la que Sandler debería haberse convertido en persona non grata en todo estudio de Hollywood). Para más inri, la presencia de la pareja “artística” de Sandler, el repulsivo Kevin James, como presidente de los Estados Unidos (sin comentarios) corrobora lo que estamos viendo: un nuevo vehículo de lucimiento para que estos dos comicastros sin talento ni gracia sigan riéndose de nosotros desde sus mansiones de Malibú.

Peter Dinklage;Josh Gad;Ashley Benson

Lo más lamentable de Pixels (además de todos y cada uno de los chistes que Sandler estrella contra el suelo) es que desaprovecha una idea buenísima, un concepto que podría haber dado mucho de sí de haber caído en las manos adecuadas. Pero no, tenía que acaparar el proyecto el actor que envenena todo lo que toca (con permiso de Vince Vaughn). Sandler convierte Pixels en un nuevo festival de comedia abyecta y penosas interpretaciones, en el que además hace gala del machismo y la misoginia más flagrante (con rastros de homofobia y racismo para aderezar el pastel). Michelle Monaghan, que interpreta a una experta en armas de la Casa Blanca, es una profesional capacitada que está ahí únicamente para ser “la chica de la película”, cayendo víctima del nauseabundo cortejo de Sandler, que, cómo no, se busca un “pibón” como trofeo para su baboso personaje (increíble la desfachatez ególatra del actor). Pero es que el papel que desempeñan las demás mujeres de la película (que juntas deben sumar 4 minutos en pantalla) es para llevarse las manos a la cabeza: Ashley Benson es la protagonista del videojuego ficticio Dojo QuestLady Lisa, sueño pajillero de Josh Gad (más irritante que nunca, por cierto) cuyo papel se reduce al de objeto hipersexualizado que no pronuncia una sola palabra (mientras la “mascota” Q*bert sí habla al cobrar vida); Jane Krakowski es la Primera Dama, personaje sin entidad (como todos los demás) que solo tiene “diálogo” en una escena en la que está adornando una tarta con el presidente; y Serena Williams hace un cameo para cumplir los deseos sexuales del personaje de Dinklage (que ningún héroe se quede sin su premio). Es un verdadero asco ser mujer en el Universo Sandler, y estas actrices (y deportista) mirarán hacia atrás dentro de unos años para recordar esta película como uno de los momentos más bajos de su carrera.

La única cualidad remotamente redentora que posee Pixels es su apartado visual (diría que esto es lo que enganchará al público infantil, pero no quiero insultarlo). El Columbus más efectivo aflora en las escenas de acción (destacan la fantástica secuencia de Pac-Man y el enfrentamiento final con Donkey Kong), y los efectos digitales nos dejan imágenes muy llamativas, gracias al curioso efecto físico del pixelado y los coloristas diseños de los personajes animados, no solo bien hechos, sino también excelentemente integrados en los escenarios reales. Pero que Pixels entre bien por los ojos no es suficiente para compensar el incoherente e insultante despropósito que ha resultado ser en todo lo demás. Una auténtica pena haber tirado una idea con tanto potencial a la basura.

Valoración: ★½

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Comentarios (1)

 

  1. Reyna dice:

    Que asco de película. Gracias por la advertencia.

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