Crítica: La profesora de parvulario (Haganenet)

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Texto escrito por David Lastra

En su segundo disco, Los Fresones Rebeldes entonaban una bonita canción sobre la ilusión de ser profesora: “¡Qué alegría! Hoy vuelvo al cole, ya estoy lista, ya es la hora. Este año soy mayor y ahora soy la profesora”. Pero como de todos es sabido, la situación del sistema educativo dista de ser tan idílica, y un par de estrofas más, con su laciedad punk habitual, nos muestran la amarga realidad: “Esto no es tan divertido como me creía yo, estos críos me tienen frita, me estoy quedando sin voz”. Esa canción resume el día a día de Nira, protagonista de La profesora de parvulario (Haganenet), que vive atrapada en la monotonía laboral (y familiar) hasta que un buen día todo cambia radicalmente gracias a un fortuito descubrimiento: uno de sus pequeños compone sus propios ripios, y no lo hace nada mal.

Lejos de sonar infantiles, el renacuajo rima de una manera violenta, complicada y muy ágil, al más puro estilo beatnik. Las creaciones del pequeño Yoav se convierten en el mantra de su profesora de párvulos, despertando en la mujer un ansia atroz por conocer y poseer todos sus poemas, muriéndose por dentro por los que el niño esputa fuera del horario escolar. La fascinación de la profesora crece de tal manera que termina convirtiéndose en pura obsesión. Pero tranquilos, el director Nadav Lapid no quiere incomodarnos en ningún momento con escenas Cartel_LA_PROFESORA_DE_PARVULARIO_Altaque denoten ni un ápice de pederastia o mal gusto. La relación entre profesora y alumno está rodada de una manera aséptica, al más puro estilo hanekiano. El vínculo está basado en la devoción de la primera por el arte del segundo. Nada más. Es en esa ausencia de sensacionalismo y carnaza, añadida a la impecable interpretación de Sarit Larry, lo que hace que la capacidad empática del espectador para con la lucha de la profesora sea casi plena o cuánto menos comprensiva.

La profesora hace propio el dicho maquiavélico por excelencia: la proclamación de la poesía de su protegido a escala mundial justifica el más que probable daño a la inocencia del infante y los mil y un problemas morales que acarrean sus acciones. Pero no solo es esa necesidad de salvar al mundo de la ignominia de la estupidez humana la razón de sus actos, también encontramos rastros de la clásica autorrealización del adulto ahogado en su mediocridad a través de un menor prometedor, pero lo dicho, gracias al trabajo de la actriz protagonista, justificamos en gran medida ese crimen.

La profesora de parvulario (Haganenet) es una oda a la creación y al progreso de la humanidad a través de la labor de los educadores pero llevado al extremo, con grandes dosis de enajenación, pero sin perder su carácter realista.

Valoración: ★★★

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