Veep: Dios salve a Selina Meyer

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Texto escrito por David Lastra

25 de febrero de 2015. Hete aquí me encontraba una vez más muerto y desvalido: otra de mis comedias había muerto. Parks and Recreation abandonaba las pantallas de la NBC para no volver nunca más (vale, el episodio doble final se emitió un día antes, pero ya saben cómo funcionan los torrents y las diferencias horarias). Leslie Knope me dejaba tirado del mismo modo que Liz Lemon un par de años antes y que Nancy Botwin el aciago verano de 2012. Solo y abandonado frente a la astenia primaveral, sin una buena comedia de cabecera que llevarme a los ojos. El panorama se presentaba deprimente cuanto menos: mis sista de Broad City no volverían hasta 2016, Childrens Hospital me decepcionaba con su temporada más floja, Community daba algún que otro destello, Silicon Valley avanzaba (o no) a trompicones,… La confirmación del fin del mundo vino de la mano de la conclusión de Mad Men, que no es una comedia al uso como las anteriormente citadas, pero la serie de Matthew Weiner ha demostrado durante sus siete temporadas que puede ser lo que quiera y más. ¿Y ahora qué?

El vacío. Tanto en el USB, como en la cabeza. Mil series por visionar, revisionar, binge watching o lo que sea, pero yo lo que quería era una comedia de 24 minutos. Esa cita semanal con un mundo loco y absurdo que haga que mi cabeza explote y me ría como un gilipollas. Todo era desesperación hasta que una tarde cualquiera volvió a mis manos mi pack de la primera temporada de Veep. Cuando se estrenó, la serie de Armando Ianucci había sido una de mis apuestas fuertes que quedó en nada, en mi agenda, claro está). Para obligarme a verla, compré ese pack, pero aquellos/as que me conozcan sabrán que ese hecho no conlleva la seguridad de que vaya a verlo de inmediato (o en la década siguiente). Pero, oh, Dios de Muchos Rostros, el reencuentro ha sido homérico. Bienvenidos a la historia de amor más grande jamás contada. Este es el relato del atracón que me he pegado de las cuatro temporadas de Veep en menos de un mes y cómo ha pasado a ser una de las mejores comedias de la historia sin morir en el intento. No estoy siendo exagerado, pero entiendan que no es amor lo que siento por esta comedia de HBO, es pura obsesión.

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Lo primero es preguntarse quién está detrás de Veep. Como ya hemos apuntado, un viejo conocido, Armando Ianucci. Creador de The Thick of It (BBC) y candidato al Oscar por el guión de In The Loop. Mientras afrontaba el remake estadounidense de la primera y tras una negativa por parte de ABC, Ianucci decidió dar una vuelta de tuerca a la propuesta original creando un nuevo piloto. No se alejaría de la temática en la que más a gusto se siente: la sátira política; pero sí que llevaría a cabo un cambio en cuanto a la gran protagonista de la serie.

El planteamiento de Veep es sencillo: cual nimio becario, seguimos el día a día de la oficina de la señora vicepresidenta de los Estados Unidos de América. Pero lejos de lo que pueda parecer, el glamour de la política es pasajero y lo que prima en el día a día de la administración política son las cagadas, tanto las que trascienden como las que no. Episodio a episodio, veremos el ascenso de Selina Meyer, desde el “ostracismo” del segundón a la primera plana en plan princesa por sorpresa. ¿Méritos? Tener mucho aguante y sobrellevar como puede los mil y un errores tanto de su equipo (no se salva ni la cuadriculada Sue, su secretaria personal), como de los demás habitantes del ala oeste (Jonah, ese hombre), de su familia (exmarido e hija bocazas) y de ella misma, que Selina no es ninguna santa.

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Hija directa de la Sarah Palin de Tina Fey en Saturday Night Live y del absurdo de Arrested Development y, especialmente, 30 Rock, también con la citada Fey, Selina Meyer es el epítome del cáncer de la política. Despreciable e interesada, logra seducirnos desde el primer minuto para cometer todo tipo de crímenes contra quien sea con tal de que ella consiga lo que quiere: la presidencia de los EE.UU. Julia Louis-Dreyfus, icónica Elaine de Seinfeld, es la encargada de dar vida a esta gran mujer. Gracias a Meyer, lleva un más que merecido pleno (tres de tres) en los Emmy a la mejor actriz de comedia. Como curiosidad, cabe destacar que ella ha participado en las tres anteriores referencias: fue la traicionera abogada cegarruta Maggie Lizer en Arrested, la doble de cámara de Liz Lemon en el episodio en directo de 30 Rock, y cómica mil y un veces en SNL.

Selina es el centro del universo. Todo lo bueno y lo malo orbita a su alrededor. Ella es el Sol. Ella es Beyoncé, como dice el propio Gary, bagman y esclavo oficial. ¿Es la señora Meyer el paradigma de la nueva mujer? ¿El feminismo era esto? Rotundamente sí. Esta serie es feminista 100%, sin atisbo alguno de hembrismo. Meyer se suma a la cada vez más larga lista de mujeres con un par de ovarios que pueblan la pequeña pantalla. Féminas como Alicia Florrick, Hannah Horvath, Carrie Mathison, Meredith Grey, Olivia Pope, Melisandre de Asshai o Claire Underwood. La fuerza feminista de Veep radica en mostrarnos que una mujer es tan mala como un hombre, que una mujer es capaz de aplastar toda resistencia y manipular a toda una nación, pero sin caer en la estereotípica correlación entre los conceptos de mujer malvada y poder.

Pero no olvidemos en ningún momento que estamos hablando de una comedia, cosa que Ianucci y su equipo de guionistas se encargan de recordarnos en cada escena. El chanchulleo de Meyer & co. es tan grotesco que hace que no perdamos la sonrisa en ningún momento, si acaso únicamente para ser sustituida por una cara de asombro o una sonora carcajada. Tampoco caigamos en el cateto error de menospreciar la verosimilitud de Veep por ser una comedia. realmente el esperpento que muestra esta serie es mucho más realista que el dramón shakespiriano de House of Cards. Partiendo del hecho que tanto la producción de HBO como la de Netflix son dos obras de ficción basadas en acontecimientos reales, me creo más los tejemanejes, cagadas y ascensos de Meyer que las enrevesadas conspiraciones ultradramáticas de los Underwood.

Ese citado esperpento es la mejor manera de mostrarnos la deformidad de la situación política de los últimos años. Aunque tristemente podríamos extrapolar las líneas argumentales y situaciones de Veep a cualquier momento de la historia moderna, tanto pasado, presente como futuro. Realmente, la atemporalidad en esta serie podría haber funcionado tan bien como la decisión de no mostrarnos en ningún momento el partido político que defiende Meyer (aunque en la conclusión de la cuarta temporada vemos el color de formación en los gráficos televisivos).

Veep. Dios salve a Selina Meyer

Veep es una serie que combina perfectamente el humor elegante con lo extremadamente burdo y cafre. En cada episodio podemos experimentar la riqueza de la expresión dialéctica del idioma anglosajón, gracias a los mil y un gags sexualmente vejatorios, chistes y comentarios machistas, antisemitas, homófobos, racistas, etc. Pero aunque los gags verbales primen sobre los visuales, son los pequeños gestos de los personajes los que protagonizan los momentos más memorables de la serie. No podríamos comprender a Selina Meyer si no presenciásemos su cara de asco. Esa deformación facial no solo provoca risotadas, sino que despierta una compenetración total del espectador para con la vicepresidenta. Al igual que la cara petrificada de pánico de Amy Brookheimer (increíble Anna Chlumsky, mi personaje favorito), la desconfianza desde la distancia de la cara de pez de Gary (Tony Hale no repite su Buster Bluth, va más allá), la media sonrisa nerviosa de Dan (despreciablemente cautivador Reid Scott), la boca medioabierta del icónico Jonah Ryan (Emmy para Timothy Simons, por favor), las cejas de Tom Janes (un resucitado Hugh Laurie) o la increíble sumisión y languidez en segundo plano de la mismísima Primera Hija de los Estados Unidos, Catherine Meyer (impecable e infravalorada Sarah Sutherland. Robaescenas que junto a Chlumsky merecen otro par de galardones).

Uno de los aspectos más destacables de Veep es el poco amor de Ianucci hacia sus personajes. No me malinterpreten, lo que quiero decir es que, al más puro estilo George R. R. Martin, aquí nadie tiene su posición asegurada. En cada una de las cuatro temporadas de la serie, todos los personajes son puteados hasta la saciedad y empujados hacia una infinidad de callejones sin salida, que nos desesperan tanto como a ellos y nos hacen temer por su futuro. Una angustiosa situación que podría haber dañado a a serie, pero que gracias a una planificación de personajes impecable, los guionistas no tienen que recurrir a ningún deus ex machina que valga para seguir sorprendiéndonos.

Habemus comedia del siglo. Habemus Veep. Ahora toca esperar un largo año para conocer las nuevas desventuras de la administración Meyer en esta su quinta temporada, la primera temporada sin Ianucci como showrunner. No hay miedo, siempre que Selina Meyer tenga el maletín con los códigos para autorizar el uso de armas nucleares.

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Comentarios (1)

 

  1. leonardo dice:

    al fin una revision que le hace justicia a esta GRAN comedia.

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