Crítica: Lejos del mundanal ruido

Carey Mulligan Lejos del mundanal ruido

Lejos del mundanal ruido (Far from the Madding Crowd), célebre novela del escritor inglés Thomas Hardy, ha sido llevada al cine en varias ocasiones. La adaptación más conocida es quizá la de 1967, dirigida por John Schlesinger, con Julie Christie y Terence Stamp, aunque la versión televisiva de 1998 también está bien considerada. Thomas Vinterberg (Celebración, La caza) es el último director encargado de llevar de nuevo la historia a la gran pantalla, con el debido tiempo prudencial entre adaptaciones (que cada vez se respeta menos) y una sensibilidad quizás más modernizada, que da mayor énfasis al tema del empoderamiento femenino (aunque no esté interesada en profundizar demasiado en él) y condensa las casi 500 páginas del libro en un film pensado para todos los públicos.

La joven y testaruda Bathsheba Everdene (Carey Mulligan) hereda la finca de su tío, una de las mejores granjas en kilómetros a la redonda, convirtiéndose así en una mujer acaudalada. En lugar de contratar a un superindentende, Bathsheba decide gestionar ella misma el lugar, demostrando así su autonomía y competencia como mujer de negocios en una sociedad que no está habituada a ver una mujer al mando. La granja sale adelante gracias a la perseverancia de la muchacha y a la familia de empleados y asistentes de la que se ha rodeado. Sin embargo, mientras la cabeza de Bethsheba está ocupada en menesteres administrativos, los pretendientes se amontonan a sus pies.

Lejos del mundanal ruido está vertebrada por la relación que Bathsheba entabla con tres hombres completamente distintos entre sí, que desean casarse con ella por diferentes motivos. Gabriel Oak (Matthias Schoenaerts), honesto pastor de ovejas que, tras perder su rebaño, entra a formar parte del personal de la granja de Bathsheba, un tiempo después de ser el primero en pedirle matrimonio sin éxito. Su vecino, William Boldwood (Michael Sheen), maduro y adinerado solterón que, aterrado por la idea de acabar solo, trata por todos los medios de que la joven se case con él. Y por último, Frank Troy (Tom Sturridge), apuesto y turbio sargento que, gracias a su magnetismo sexual, gana terreno a los pretendientes rechazados y logra llevarse a Bathsheba al bosque. Básicamente, Lejos del mundanal ruido es la Sexo en Nueva York del siglo XIX, la historia de una mujer orgullosa y recelosa de su independencia, cuya vida sin embargo gira en torno a los hombres.

Lejos del Mundanal Ruido_PosterComo cabe esperar de toda película de época avalada por un gran estudio, la factura de Lejos del mundanal ruido es excelente. Vestuario, fotografía, diseño de producción, todos los aspectos estéticos del film están cuidados con suma exquisitez, lo que hace de ella una visita obligada para los amantes del género. Pero Lejos del mundanal ruido es algo más que un envoltorio bonito o un ejercicio de estilo. Vinterberg peca ocasionalmente de conducir este romance victoriano hacia terrenos colindantes al universo Nicholas Sparks, pero a rasgos generales, lleva a cabo una labor equilibrada y sumamente elegante que mantiene el tipo durante las dos horas que dura la película. El director acomete la historia de Hardy con voluntad academicista, pero a la vez la actualiza levemente, dotándola de un ritmo y espíritu más contemporáneo.

Claro que ese espíritu también tiene nombre propio: Carey Mulligan. La actriz está luminosa (hay que ver lo mucho que transmite esta mujer con esa media sonrisa suya) y es el principal pilar de la película. Desafortunadamente, su trío de pretendientes la secundan de forma desigual. Schoenaerts se reafirma tras Suite francesa como nuevo galán clásico de Hollywood, pero se mueve por inercia en su ya cómodo papel de macho sensible. Sturridge no es mal actor, pero es sin duda el mayor error de casting de la película, una suerte de Robert Pattinson era Twilight que no pinta nada aquí y aporta la nota discordante en un reparto por lo demás atinado. Y finalmente, a pesar de nuestra afinidad por Schoenaerts y de que hay verdadera química entre él y la protagonista, es Sheen el único que está realmente a la altura del magnífico trabajo de Mulligan. No obstante, ninguno de ellos se acerca remotamente a eclipsar el protagonismo absoluto de la actriz. Mulligan es quien lleva sobre sus hombres hombros todo el peso de la historia, sobresaliendo en todo momento gracias a una interpretación cálida y llena de vida, pero además compuesta con mesura e inteligencia.

Valoración: ★★★½

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