Grace and Frankie: Todo empieza ahora

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Hay vida en Netflix más allá de Frank y Claire Underwood, Kimmy Schmidt, las presas de Litchfield, Matt Murdock o los sensates. Y también hay vida más allá de los 70. Para demostrar ambas afirmaciones, llega(n) a la popular plataforma Grace and Frankie, comedia creada por una de las productoras de Friends, Marta Kauffman, y uno de los productores de Un chapuzas en casa, Howard J. Morris. La serie nos presenta a Grace Hanson y Frankie Bergstein, interpretadas por dos actrices en la flor de la vida (perdonadme el topicazo), Jane Fonda y Lily Tomlin, amigas que después de 40 años de matrimonio con sus respectivos maridos, Robert (Martin Sheen) y Sol (Sam Waterson), reciben la noticia de que estos son homosexuales, están enamorados y las dejan para irse a vivir juntos.

Grace and Frankie nos cuenta a través de 13 episodios cómo estas dos mujeres aprenden a desenvolverse en la vida de soltera a los 70, mientras luchan con/contra la idea de que las últimas cuatro décadas de su vida han sido un engaño. Paralelamente, vemos cómo sus ex maridos inician una relación de forma pública, enfrentándose al escrutinio de sus conocidos y tratando de minimizar daños y mantener un vínculo cordial con sus ex mujeres a pesar de todo. El motor de Grace and Frankie es la tormentosa amistad entre las dos protagonistas, una artista hippie de espíritu libre y personalidad mística (Frankie) y una mujer de negocios estricta, organizada y algo más conservadora (Grace), es decir polos opuestos que chocan en todos los aspectos, pero que se verán obligadas a ser “compañeras de piso” (como en Las chicas de oro, en un entorno vacacional con la playa como telón de fondo y metáfora de sus vidas). Inevitablemente, ambas acabarán siendo indispensables apoyos mutuos a la hora de navegar “solas” las aguas de la tercera edad y la vida moderna, tarea para la que todos sus años de experiencia no siempre serán suficientes. Sin embargo, la serie también dedica mucho tiempo a los ex maridos, además de incluir a los hijos de ambas parejas, cuatro treintañeros demasiado inmersos en sus propios traumas, neuras y problemas sentimentales como para sentirse realmente afectados por lo que están viviendo sus padres.

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La primera temporada de Grace and Frankie tiene un comienzo más bien desatinado. Fonda y Tomlin están espléndidas desde el minuto uno, pero durante los primeros cuatro o cinco episodios Kauffman y Morris no tienen muy claro qué hacer con sus personajes, ni qué tipo de comedia quieren realizar. Algunas situaciones y chistes caducos evidencian sus formaciones en sitcoms multi-cam tradicionales y el humor no termina de despegar, es predecible y va a medio gas. Sin embargo, más allá de eso parece haber cierta voluntad de realizar una comedia seria, una dramedia que además de divertirnos con las monerías de Fonda y Tomlin nos permita reflexionar sobre cosas importantes como el paso del tiempo, la familia y la amistad desde otro punto de vista. A la serie le cuesta encontrar el equilibro entre ambas ideas, entre ambos tonos, pero afortunadamente, hacia la mitad de la temporada da con él, y de ahí al final Grace and Frankie se convierte en la serie que quiere ser.

Grace and Frankie podría catalogarse junto a Transparent, otra ficción televisiva con familia disfuncional que nos habla de un nuevo comienzo a edad tardía, de aceptar una realidad propia y atreverse a dársela a conocer al mundo. Y aunque no alcanza el nivel de transcendencia y profundidad de la serie de Jill Solloway (tampoco es que le haga falta), Grace and Frankie nos deja momentos de revelación, angustia y ternura que nos ayudan a conectar con sus personajes y tomarnos más en serio sus conflictos personales a medida que avanza la serie. Incluso los hijos (Ethan Embry, Brooklyn Decker, June Diane Raphael y Baron Vaughn), que en un principio están ahí únicamente para llenar la cuota millennial, acaban encajando, tras varios episodios aportando más bien nada.

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Hacer binge-watching de una serie como esta nos permite ver de manera más clara el ensayo y error de los primeros episodios y nos ayuda a apreciar mejor cómo va tomando forma y encontrando su voz. Aun hay muchas cosas que pulir (aunque no sabemos si habrá intención de hacerlo). Por ejemplo, hay algo que no encaja en las escenas entre Sol y Robert (no son Cam y Mitch, pero se percibe cierto aire de falsedad, aunque en este caso tiene más sentido por su situación), y las caracterizaciones de Grace y Frankie, aunque divertidas, son a veces excesivamente caricaturescas e idiosincrásicas (se podría decir fácilmente que Grace es una Monica y Frankie una Phoebe). Eso sí, el cuarteto protagonista está en plena forma interpretativa (y física, todo hay que decirlo, que la aerobática Fonda no levanta la pierna y la apoya en la encimera de la cocina para que luego vayamos y no lo comentemos), Fonda y Tomlin son un dúo cómico excelente (Tomlin además está especialmente conmovedora en la recta final de la temporada), y Waterson está sublime (Sheen es quizá a quien más le cuesta salir de su cascarón, aunque de nuevo, encaja con su personaje y situación).

A pesar de no escapar de los convencionalismos de la sitcom canónica y resultar anticuada en algunos aspectos, Grace and Frankie supone un soplo de aire fresco en el panorama televisivo al presentarnos los dilemas existenciales y ritos de paso habituales de las series “jóvenes” (primeras citas, sexo, miedo al compromiso y al futuro, dependencia emocional, fracaso sentimental) personificados en personajes setentones setentañeros, y envueltos en un emotivo halo de redescubrimiento y alegría de vivir (algo que no es nuevo, claro, pero que ya se empezaba a echar de menos). Fonda, Tomlin & co. nos hablan con franqueza del sexo a los 70 (trama sobre la sequedad vaginal incluida), aprenden a desenvolverse en el universo 2.0, vuelven a la “escena de citas”, exploran la vida nocturna… Y con todo ello contribuyen a dar mayor visibilidad y reivindicar a los mayores en la tele, demostrando que la vida de los actores, y en especial de las actrices, no tiene por qué acabar a los 40, que son capaces de salirse de sus papeles esporádicos de abuelo, mentor o alivio cómico senil, y sobre todo, que también pueden ser muy divertidos.

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Comentarios (1)

 

  1. James Cole dice:

    De acuerdo en todo, me merece la pena pasar por ese montón de situaciones sin demasiada gracia por unos cuantos momentos realmente acertados. Lo que no sé es por cuánto tiempo podré mantenerme así, porque realmente necesito una mejora mayor.

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