Crítica: Horns

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Horns (Cuernos) es la adaptación cinematográfica de la segunda novela de Joe Hill. La película, dirigida por Alexandre Aja (Alta tensión, Piraña 3D), cuenta la historia de Ig Perrish (Daniel Radcliffe), joven habitante de una pequeña localidad que, acusado de asesinar brutalmente a su novia de toda la vida, Merrin (Juno Temple), se despierta un día con cuernos creciéndole de las sienes. De repente, todo el mundo empieza a confesar sus secretos ocultos y pulsiones más oscuras a Ig, que descubre que tiene el poder de persuadir a los humanos para que escojan la senda del mal (como el diablillo que aparece en los dibujos sobre el hombro), arma que utilizará finalmente para intentar averiguar quién es el verdadero asesino de su chica. 

Horns está compuesta de muchos elementos que por separado funcionan perfectamente, pero que Aja no consigue unir de forma cohesiva, como si no pudiera decidirse sobre qué tipo de película quiere hacer. ElHORNS_SPAIN_ONESHETT68X98 film se puede adscribir a muchos géneros y tendencias: es un misterio whodunit, una fábula, un romance sobrenatural, una cinta de terror gótico, una comedia negra, un drama coming-of-age con aire Sundance… Aunque Aja se aplica al máximo en todos los géneros, no puede evitar la confusión tonal, ni que por momentos parezca que estamos viendo trozos de varias películas pegadas.

Y aun con todo, Horns divierte e incluso llega a emocionar; y su misterio, aunque muy predecible, atrapa, como si se tratara de una Gone Girl fantástica. Aja ha creado un trabajo con voluntad iconoclasta (si la película hubiera tenido más repercusión, el estilo de Ig marcaría tendencia) y ha puesto en él más corazón del que cabía esperar, algo que se nota en todo momento. A pesar del batiburrillo de ideas y estilos (y del presupuesto televisivo), Horns es un film visualmente atractivo y vibrante que plasma el imaginario fantástico y bestiario con bastante gracia.

Por otro lado, el reparto está estupendo, destacando a James Remar, el padre de todos los personajes de la televisión, y a Juno Temple y su hipnótica voz nasal -aunque su personaje no sea más que un macguffin, y represente el pobre papel de las mujeres en esta película (víctimas, chistes o meras herramientas narrativas sin apenas caracterización). Y por último, Daniel Radcliffe en concreto brilla con luz propia en su papel de oveja negra de la familia y paria del pueblo, exudando auténtica desesperación y rabia adolescente (y además el muy cabrón, nunca mejor dicho, está sexy, lo sabe, y Aja lo explota). En resumen, una película irregular en su conjunto pero muy disfrutable igualmente.

Valoración: ★★★½

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