Mad Men 7.11 “Time & Life”

Time and Life grupo

¿Y qué hay en un nombre?

El tiempo se acaba, y la vida continúa. En “Time & Life“, apropiado título que hace referencia al mítico edificio neoyorquino donde residen las oficinas de Sterling Cooper & Partners, los publicistas de Mad Men se encuentran con una nueva encrucijada que amenaza con derribar lo que han construido a lo largo de estos años. Como ha sido la tónica habitual en los más recientes episodios de la serie, asistimos aquí a una nueva repetición de ciclo, un patrón reiterado que pone a nuestros personajes en situaciones análogas al pasado, y que nos sirven para evaluar el estado en el que se encuentran en estos momentos. Hemos visto a Don intentando iniciar otra relación precipitadamente, a Betty recibiendo la visita de su vecino enamorado, Glen, o a Roger reavivando la llama con la madre de Megan. Pero en esta ocasión, la prueba que el tiempo impone a los personajes tiene un efecto mayor, casi cósmico, una repercusión en la agencia al completo, desde sus socios hasta la última secretaria.

La noticia de que el gigante publicitario McCann-Erickson está a punto de asimilar a SC&P pilla a todos por sorpresa. No es que no hayan tenido indicios, pero estaban demasiado ocupados en sus vidas como para reconocerlos a tiempo. De esta manera, como decíamos, la agencia vuelve a encontrarse en una tesitura parecida a la de tantas veces en el pasado. Cambiando de nombre, de socios, llevando a cabo retorcidas estrategias internas, practicando el poaching, mudándose de oficinas… de una manera u otra, SC&P ha evitado su propia desaparición, reencarnándose una y otra vez hasta la próspera situación de la empresa en la actualidad. Nada más enterarse, Don, Ted, Roger, Pete y Joan se ponen manos a la obra, y encienden el modo automático “Salvar SC&P”. Pero lo hacen sin plantearse realmente qué supondría este cambio o por qué luchan esta vez.

Peggy Time and Life

Como en “Shut the Door, Have a Sit” (3.13), episodio espejo en el que se refleja “Time & Life” (dirigido por Jared Harris, aka Lane Pryce), o el reciente “For Immediate Release” (6.06), los socios forman equipo para derrotar al enemigo. Matthew Weiner regresa a la coralidad de este tipo de episodios (“Time & Life” está repleto de magníficos y emocionantes planos de grupo para la posteridad catódica), acelerando el ritmo de los acontecimientos para dar como resultado un capítulo agitado, y en definitiva otro punto de inflexión en la serie, quizás el último. Al margen del plan de los socios, el rumor de la absorción se propaga rápidamente por las oficinas (provocando como siempre momentos de comedia exquisita), donde vemos el efecto que tiene en sus trabajadores.

Peggy teme por un momento perder todo lo que ha conseguido y tener que volver a partir de cero, por lo que empieza a rondar otras agencias, pero McCann-Erickson la quiere a ella también, y esa es una oferta que nuestra Peggy no puede rechazar. Claro que ella tiene otras preocupaciones. En “Time & Life” la vemos rodeada de niños, dejando claro que no tener instinto maternal no está reñido con tener instinto de protección y sentido común. Por primera vez, Peggy se sincera con respecto al pasado y habla del hijo que dio en adopción hace 8 años. Lo hace pronunciando un revelador y valiosísimo discurso al compañero de trabajo que, aunque nunca lo haya dicho, es evidentemente su mejor amigo, Stan. “Debería ser posible tomar una decisión así y poder seguir con tu vida, como los hombres”, le dice Peggy a Stan, que la entiende, y la apoya, como nosotros. Queremos que Peggy siga con su vida y que su decisión, perfectamente justificada y válida, no pese sobre ella. Otra cosa es que lo logre.

“Time & Life” también nos devuelve en todo su esplendor a Pete Campbell, presencia hasta ahora pasajera durante esta temporada. Antes, Pete era una pobre copia de Don Draper, un niño repelente con el sueño desesperado de convertirse en un hombre. A base de esfuerzo e imitación, Pete ya se comporta de manera (casi) natural como ese hombre, y aunque conserva su aire de patetismo y su condición de caricatura, ahora actúa como un caballero justiciero, defensor de su territorio y de su manada, y salvaguarda del honor de su apellido. En “Time & Life” es él quien propina los puñetazos a aquellos que lo ofenden. Que experimentemos la misma satisfacción catártica, o incluso mayor, que cuando es él el recipiente del golpe, indica que Pete ha cambiado. Lo comprobamos también en las escenas que comparte con Joan y Peggy, cálidas conversaciones en las que Pete tranquiliza y demuestra su apoyo y admiración por ambas colegas de profesión, lo que nos deja ver una vertiente más amable del personaje. Por último, Trudy también parece haber notado que Pete es un hombre más íntegro, quizá incluso el cabeza de familia que intentó ser sin éxito cuando eran matrimonio.

Pete puñetazo

Volviendo a la agencia, las secretarias de SC&P están comprensiblemente inquietas ante el inminente cambio en la empresa. Ellas son en principio las trabajadoras más prescindibles (aunque, por regla general, sean las responsables directas de mantener el orden mínimo en las vidas de sus jefes), por lo que temen por su futuro laboral. Dawn cree que su puesto en la empresa no es esencial y Shirley cree que serán reemplazadas fácilmente por “otra secretaria negra”. Por otro lado, la atolondrada (y siempre descacharrante) Meredith decide encararse con su jefe, Don, que pretende hacer como si no pasara nada. Cuando este, más afectuoso de lo habitual y con un poco convincente “sweetheart”, le pide un Alka-Setzer, ella responde con osadía: “¡No! No me llames ‘cariño’. No es un día normal”. Meredith pide que se le trate por una vez con respeto, que Don sea justo y sincero con ella en lugar de dorar la píldora, que es básicamente lo que están haciendo los socios y creativos de SC&P entre ellos mismos. Roger le dice a Don que todo irá bien agarrándole la cara con dulzura (gesto paternal que pilla desprevenido a Don), Pete calma a Joan con respecto al futuro (no sabe por qué, pero tiene un buen presentimiento), y Stan también tranquiliza a Peggy prometiéndole que las cosas saldrán como ella quiere. Sin embargo, nadie puede estar seguro de ello, nadie sabe lo que el tiempo les tiene preparado.

Los socios de SC&P por fin se enfrentan a McCann-Erickson con la intención de informar del plan que han diseñado para conservar la agencia. Han llegado a una solución perfecta para todos y están seguros de poder salvar el día por enésima vez. Pero cuando Don da comienzo a su presentación, preparada como si fuera un pitch publicitario para un cliente, ellos le paran los pies. La decisión ya está tomada, no pueden hacer nada para cambiarla. En esta ocasión, las cosas no saldrán como ellos quieren y lo que funcionó en el pasado ya no sirve para nada en esta nueva vuelta, rompiéndose así el ciclo. Todo ha cambiado. Entonces, el representante de McCann-Erickson les hace reevaluar su posición. La absorción significa preservar sus puestos, mantener su solvencia económica, a lo que se suman más viajes y la tranquilidad de no tener en sus manos el destino de la agencia. ¿El precio a pagar? Su nombre. Pero, como dice Don citando a Shakespeare en Romeo y Julieta, “¿Qué hay en un nombre?“. La estrofa continúa, “¡Lo que llamamos rosa / exhalaría el mismo grato perfume / con cualquiera otra denominación!” ¿Por qué están luchando esta vez? ¿Por la empresa y lo que esta simboliza en sus vidas o por un mero nombre?

Time and Life

“Time & Life” nos habla pues de la importancia de los nombres, de lo que estos significan, sobre todo en un momento decisivo como el que tiene lugar en este episodio. Los personajes deben decidir entre aferrarse a la identidad que les ha proporcionado SC&P o asumir el cambio y abandonar ese nombre para dar la bienvenida a una nueva era. A lo largo del episodio se nos insiste en el valor de los nombres para los personajes en diferentes ámbitos. Por ejemplo, el altercado de Pete con el director de la escuela que ha rechazado matricular a su hija, tiene su (absurdo) origen ni más ni menos que en los antepasados de sus familias históricamente enfrentadas, los Campbell y los MacDonald. Por otro lado, el argumento decisivo para convencer a los socios de SC&P de que se rindan a la absorción consiste en cuatro “simples” nombres, una lista de titanes empresariales para los que trabajarán en su nueva etapa profesional. Joan es más consciente que nadie de la importancia de esos nombres cuando McCann-Erickson menciona una empresa para todos los asistentes menos para ella (“No ha nombrado una cuenta para mí. No me tomarán en serio”). Por si eso fuera poco, Joan acaba de ver cómo Don abandona sin reparos a Jaguar, el cliente que ella consiguió para la agencia sacrificado su integridad en “The Other Woman” (5.07), para Draper solo un nombre más en la lista. Por último, los demás, particularmente Don, acaban dando su brazo a torcer al escuchar un nombre pronunciado con la gravedad y la resonancia que merece la ocasión: “Coca Cola“. No hace falta más, esas dos palabras mágicas son suficientes para desarmarlo en una batalla que en realidad nunca había existido.

De una manera u otra, todos acaban persuadidos, convencidos de que el cambio puede que les depare algo mejor más allá del nombre bajo el que se refugian, quizá la posibilidad de, como soñaba Peggy en “The Forecast”, crear algo más grande que afecte a muchas personas y dure para siempre. No tienen más remedio que celebrarlo, aunque el éxito no sepa como tal y el brindis venga patrocinado por el enemigo. Los cinco socios reunidos en el bar parecen más resignados que victoriosos. Se trata de un precioso instante de relajada confraternización (nos encanta ver a estos personajes juntos demostrándose el aprecio que se tienen), pero también un momento de calma agridulce, de felicidad apática, de vacío antes del siguiente capítulo en sus vidas. Joan se despide de todos con dulzura, mañana será otro día. En todos los sentidos. Reina la incertidumbre y la decepción a pesar de la promesa de un futuro resuelto. En una escena de “Time & Life”, Peggy se pregunta en voz alta “¿Qué más hay ahí fuera?“, y más tarde, en el desenlace del episodio, Don intenta apaciguar desesperadamente a sus empleados después de hacer el anuncio de la absorción en la oficina: “¡Esto es el principio de algo, no el final!“. Sin embargo, nadie le cree, nadie quiere quedarse a escuchar esas palabras, porque aunque él esté convencido de ellas, suenan precisamente a eso, a un final. El final. El cambio que les obligue a descubrir qué más hay ahí fuera. Los versos de Shakespeare se ponen en tela de juicio. Como bien sabe Don Draper, en un nombre hay una vida entera, y cambiarlo supone sacrificar una identidad, y por tanto, dejar esta vida atrás. ¿O no?

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