Crítica: Sexo fácil, películas tristes

Sexo fácil

Sexo fácil, películas tristes es una historia a caballo entre España y Argentina, entre la ficción y la realidad, entre el drama y la comedia. El segundo largometraje de Alejo Flah (Taxi), co-producción hispano-argentina con reparto internacional, cuenta dos historias que son en realidad la misma.

En Madrid, Marina (Marta Etura) y Víctor (Quim Gutiérrez) están hechos el uno para el otro, y aunque ella es reacia al principio, acaban dando una oportunidad a la vida en común que parecen destinados a compartir, a pesar de que las circunstancias se empeñen en hacerles la contraria. En Buenos Aires, Pablo (Ernesto Alterio), un reputado escritor y profesor de universidad que atraviesa una crisis sentimental con su pareja de muchos años, recibe el encargo de escribir el guión de una comedia romántica. Marina y Víctor no existen, son dos personajes de ficción creados por Pablo, los protagonistas de la película que tiene que escribir. Ellos funcionan como válvula de escape y auto-terapia del autor, que acepta el reto de escribir una historia de amor convencional justo cuando ha perdido la fe en él.

Sexo fácil películas tristesA lo largo de la película, Pablo (es decir, Flah) se dedica a deconstruir los lugares comunes de la comedia romántica, desglosando la relación de Marta y Víctor mientras estos pasan por las distintas fases de su historia de amor. El “meet cute” (adorable primer encuentro de la pareja), las dudas y los consejos de los respectivos mejores amigos (Carlos Areces y Bárbara Santa-Cruz), la primera crisis, y finalmente, el último reto antes del happy ending o la separación definitiva. De esta manera, el director opone el idealismo de la ficción (donde todo se detiene en ese final feliz y los siguientes capítulos, mucho más amargos, no existen) a la mucho más cruda realidad, en la que Pablo se enfrenta a sus problemas sin la ayuda divina del autor que maneja los hilos, valiéndose únicamente de su propio sentido común.

Sexo fácil, películas tristes contiene reflexiones atinadas si bien algo simplistas sobre las relaciones heterosexuales modernas y consigue funcionar como drama y comedia sobre todo gracias a su excelente reparto y unos diálogos más naturales de lo habitual en nuestro cine (Ernesto Alterio y Julieta Cardinali están fantásticos, y Gutiérrez y Etura enamoran con su frescura). Por otro lado, el vaivén entre España y Argentina, lejos de perjudicar el ritmo de la película, saca el máximo partido a su naturaleza meta-narrativa. Flah contrasta el Buenos Aires gris de Pablo con el idílico paisaje urbano de Madrid (la librería 8 y medio, el Retiro), capturando a la perfección el espíritu de Malasaña al convertir sus calles en un escenario nocturno casi mágico donde nace y vive el amor de sus personajes.

Sin embargo, a la propuesta le falta mucho gancho y resulta demasiado predecible, convirtiéndose en lo que en teoría critica. Al final, la película se revela como una comedia romántica mucho más convencional y conservadora de lo que se nos quiere hacer creer (aunque algo velada, ofrece una anquilosada crítica a los estilos de vida no tradicionales en defensa de la monogamia). Absténgase aquellos que se encuentran en medio de una crisis de pareja o los que creen que la única meta en la vida es encontrar el amor y no lo han hecho aún. Según esta película, un final feliz solo es posible en pareja y en la ficción.

Valoración: ★★★

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