Mad Men 7.09 “New Business”

Mad Men Betty Don New Business

El hombre del millón de dólares

“Nostalgia es una palabra delicada, pero potente. En griego, ‘nostalgia’ significa literalmente ‘el dolor de una vieja herida’. Es una punzada en el corazón más poderosa que el recuerdo en sí. No se trata de una nave espacial, sino de una máquina del tiempo. Viaja hacia atrás y hacia adelante… y nos lleva hacia el lugar al que anhelamos regresar. No lo llamamos rueda, sino carrusel. Nos hace viajar como a un niño, dando vueltas sin parar, llevándonos de vuelta a casa, a un lugar donde sabemos que se nos quiere”.

Este célebre discurso pronunciado por Don Draper durante una presentación de Kodak en “La rueda” (“The Wheel”, 1.13) sin duda engloba a grandes rasgos la esencia de Mad Men, pero resulta especialmente pertinente a la hora de hablar de su episodio más reciente, “New Business”, en el que la nostalgia ha jugado un papel central y han abundado los guiños a la trayectoria de la serie. Tanto este como “Severance” nos han mostrado a un Don haciendo balance de su vida, recordando lo que fue y lo que no pudo ser. Mientras todos a su alrededor avanzan (o creen que avanzan), logran sus propósitos, o simplemente ingresan en la siguiente etapa de sus vidas dejando atrás la anterior, Don sigue atrapado por el pasado. Y no es que no esté poniendo de su parte por salir de su sombra y empezar de nuevo, pero quizás ese sea el problema, que “empezar” para Don significa “repetir”. Continuando el tema del episodio anterior, “New Business” es un desfile protagonizado por las mujeres más importantes de Don Draper que arroja algo de luz sobre esa sombra y nos ayuda a comprender mejor el enigma que es Don Draper.

Mad Men Megan Don New Business

El episodio comienza con una cálida escena familiar en la que vemos a Don en la cocina preparando un batido para sus hijos junto a Betty. Pero no es más que una ilusión, una de muchas ventanas al pasado que se abren en “New Business” (el título es otra ilusión, ya que no hay prácticamente nada en el capítulo que no sean “viejos asuntos”), por las que Don mira nostálgico desde fuera. Otra de esas ventanas nos muestra a Sylvia (Linda Cardellini), que coincide con su ex amante y su “nueva morena” en el ascensor, ese lugar suspendido en el espacio y el tiempo en el que Don se pierde y se encuentra a menudo. Pero el regreso más importante de esta semana es el de Megan, que vuelve a Nueva York para finalizar su divorcio con Don. Megan lleva en una escena el mismo vestido azul que lució espléndida en “Time Zones” (7.01), pero su luz se está apagando y culpa de ello a Don: “No iba a darte la satisfacción de que supieras que me has arruinado la vida. ¿Por qué se me está castigando por ser joven? Renuncié a todo por ti, porque creí en ti. Pero no eres más que un mentiroso, un egoísta chapucero que se está haciendo viejo”. Aunque Megan tiene motivos de sobra para reprender así a Don, sus palabras no solo dejan entrever el dolor por las infidelidades y las mentiras, sino la frustración de una mujer resentida por no haber conseguido todo lo que quería (la fama y una vida acaudalada entre otras cosas). Cuando Don le ofrece un cheque por un millón de dólares porque quiere que Megan tenga “la vida que merece”, y también porque ha llegado al punto en el que tiene que pagar para obtener el perdón (de nuevo Don dando dinero a sus mujeres), ella lo acepta sin rechistar, le devuelve su anillo (el de Anna Draper) y se marcha. Es sin duda una puntilla amarga y desagradable para un personaje que no debía haber regresado a la serie, ya que tuvo su perfecta despedida durante aquella preciosa conversación telefónica en “Waterloo” (7.07).

“New Business” nos habla por tanto de la naturaleza cíclica de la vida, de lo difícil de evitar determinados patrones de comportamiento (con Megan también regresa su madre, que reincide en “actos” pasados junto a Roger), de caer de nuevo en los mismos errores, así como de la imposibilidad de cerrar algunas heridas. En este episodio, Matthew Weiner parece menos interesado en enhebrar el habitual tejido de significados y subtextos por el que es conocida su serie, y más preocupado por explorar el lugar donde se encuentran y al que se dirigen sus personajes en la recta final. Si en el capítulo anterior recuperamos la historia de Ken Cosgrove, en este son otros dos empleados de SC&P los que por un momento pasan a primer término, Harry Crane y Stan Rizzo. Ambos protagonizan dos tramas que no aportan demasiado en este punto de la historia, pero que sirven para acompañar los temas principales del capítulo, sobre todo la de Stan (olvidémonos cuanto antes de ese gusano asqueroso que es Harry Crane). La visita a la agencia de una reputada fotógrafa (interpretada por Mimi Rogers) agita a Rizzo al recordarle su profesión frustrada, y también a Peggy, que una semana más se ve obligada a pensar en el precio de su escalada profesional y en un futuro al que ha llegado a costa de sacrificios personales.

Mad Men New Business

Como decía, en “New Business” las dosis de simbolismo se rebajan (a pesar de los múltiples guiños al pasado), y el carácter onírico del episodio anterior se abandona, dando paso a la cruda realidad. Diana (Elisabeth Reaser), la camarera convertida en la nueva obsesión de Don, resulta ser real. Pero que ella no sea un constructo de la imaginación de Don no quiere decir que no cumpla el mismo propósito que todas las mujeres de su vida, llenar el vacío que dejó su madre y proporcionarle una oportunidad para empezar de nuevo, algo para lo que Pete tiene una reflexión muy oportuna: “Piensas que vas a empezar tu vida otra vez y hacerlo bien esta vez. Pero, ¿y si no consigues pasar del principio nunca más?” En cierto modo Diana sigue siendo solo un concepto fabricado en la mente del protagonista, un paliativo de su dolor que resulta no cumplir los requisitos para una nueva vida manufacturada, ya que tiene sus propias heridas imposibles de cerrar. Como ella misma dice, su propia “punzada en el pecho“: la pérdida de sus dos hijos, uno fallecido y el otro abandonado.

Si algo nos ha enseñado la historia con Diana, es que Don realmente quiere ser feliz, y quiere hacer feliz a alguien; que está en constante búsqueda de compañía, de intimidad, de cariño, algo que lo ponga en contacto con la realidad que por sí solo no es capaz de encontrar. De ahí que, a pesar de ser un mujeriego con un extenso historial de adulterio y mentiras, siempre haya tratado a sus mujeres con reverencia y profundo afecto. Don es tan enamoradizo y suele precipitarse con la mujer de turno porque está desesperado por encontrar y no perder ese vínculo, por calmar de una vez por todas el dolor de esa punzada en el corazón. Aunque esto suponga vivir en un interminable ciclo de nuevos comienzos y no bajarse nunca del carrusel.

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Comentarios (2)

 

  1. la malou dice:

    como siempre tus análisis son perfectos…
    imprescindibles para mí
    gracias
    m

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