El poder de Empire

Empire-Fox

La primera vez que leí sobre un nuevo drama familiar de Fox titulado Empire, pensé que la alicaída cadena de Rupert Murdoch estaba buscando su nueva serie de calidad para competir con la avanzadilla de la ficción de cable. Con los primeros previews, me reafirmé en esta teoría. La serie parecía tener una factura impecable, más propia de HBO que de una generalista, y se presentaba como el proyecto televisivo de un cineasta semi-consagrado, como tantas otras ficciones de pago (ya quedan pocos directores de cine que se hayan apuntado a hacer su propia serie). Empire está creada por Lee Daniels, en tándem junto a Danny Strong, nuestro Jonathan de Buffy (habitual colaborador de Daniels, y ganador de dos Emmys por la TV movie Game Change). Por tanto, cuando la serie se estrenó hace apenas dos meses en Estados Unidos, esperaba un drama serio de cocción a fuego lento, como es tendencia en la quality television desde hace lustros. Qué sorpresa la mía al encontrarme algo totalmente opuesto: un culebrón dinástico musical de ritmo vertiginoso, divertidísimo y pasado de rosca que ha resultado ser un auténtico huracán en los índices de audiencia.

En retrospectiva, creo que tenía que habérmelo olido al menos un poco. Aunque vaya disfrazado de cine serio, la obra de Daniels, de Precious: Based on the Novel ‘Push’ by Sapphire (hay que decir el título entero siempre) hasta El mayordomo, pasando por la fallida pero hipnótica The Paperboy, muestra un claro gusto por el melodrama telenovelesco, la mal llamada “baja cultura” y el kitsch. Y Empire es justo eso, la recuperación de la gran telenovela americana en prime time (Dallas, DynastyFalcon Crest), la sofisticación del entretenimiento para las masas (una ciencia mucho más complicada e impredecible que la del cine y la tele de autor), y la celebración de la filosofía y la estética hip hop, con sus cordones de oro de 7 kg, sus estilismos imposibles (estampados animales, vestidos fundidos con la piel para resaltar el atributo estrella del siglo XXI: el culo, cuanto más gordo mejor), su machismo intrínseco y su música estancada en los 90. Las canciones de Empire (la mayoría mediocres, pero endiabladamente pegadizas, con algún temazo suelto, como “You’re So Beautiful“) llevan el inconfundible sello Timbaland, el productor responsable del sonido de moda de mediados de la década pasada, y encajan a la perfección en el estilo retro de la serie (su próximo objetivo: que vuelva el gospel). El despliegue semanal es impresionante, las estrellas y leyendas de la música negra ya se pelean por salir en ella (Jennifer Hudson, Rita Ora, Patti LaBelle), y gracias a esto, el hip hop vuelve a ser de todos, como hace 20 años, y lo hace además sonando exactamente como hace 20 años. Tiene su mérito.

empire-jamal

Pero Empire hace mucho más que convertir un estilo de vida en serie, y es mucho más que el éxito más reciente de la nueva ola de series musicales. Daniels y Strong aprovechan los tópicos del hip hop y la comunidad negra para transgredir y romper esquemas, para continuar la tendencia de la televisión actual hacia el progreso y la ruptura de los valores tradicionales más anticuados. Por eso, aunque no suponga gran revuelo ya ver personajes LGBT normalizados en otras series, es importante que haya uno en Empire, y que además sea uno de los protagonistas más centrales y más populares de la serie: Jamal (el Frank Ocean de Empire Records). Es cierto que el tema de la orientación sexual de Mal también se ha tratado con sensibilidad noventera, tirando de tópicos que chirrían bastante hoy en día y que pueden resultar obsoletos y dolorosamente obvios (como todas las letras de las canciones que interpreta), pero es que el tema de la homosexualidad en la comunidad negra, y sobre todo en el mundo del hip hop, está muy lejos de ser normalizado, así que hay que empezar por algún lado, y Empire sabe exactamente por dónde hacerlo, explotando el talento de Jussie Smollett para que todos vean que con quién se va a la cama es lo de menos (“I’m gaaaay, so whaaaat?”, canta Jamal en una batalla de freestyle).

Y luego está Cookie Lyon. No hay palabras suficientes para describir al Torbellino Cookie, la nueva e indiscutible Reina del Prime Time. El personaje, interpretado por una inconmensurable Taraji P. Henson, se convirtió desde su primerísima aparición en el piloto de la serie en uno de los mayores reclamos de Empire. Madre coraje, productora musical con toque mágico, diva incontestable y spirit animal (énfasis en lo de “animal”), Cookie representa la lucha contra el patriarcado en el mundo del hip hop. Mientras la empresa de su ex marido, el Diablo personificado, Lucious Lyon (Terrence Howard, haciendo un arte de la mala interpretación), se prepara para hacerse pública y entrar en la Bolsa, y sus tres hijos varones (los cachorros de león Jamal, Hakeem y Andre) se disputan el cetro del “Imperio” (muy a grandes rasgos, la premisa de la serie), la fiera Cookie demuestra que, a pesar de ser un caos incontrolable y meter la pata a menudo, es quien lleva los pantalones -figuradamente, porque lo suyo son los vestidos ceñidos de animal print, como no podía ser de otra manera, las pieles y las uñas que ríete tú de los cuchillos Ginsu. Cookie es Empire, Empire es Cookie. Pero también es mucho más. De hecho es tantas cosas que no tienen cabida en una simple entrada de blog.

Cookie Lyon

Empire es exceso, es ridículo, es opulencia, es un no parar. Y todo en tan solo 12 episodios, que conforman la primera temporada que acaba de tocar a su fin en EE.UU., pulverizando récords de audiencia y convirtiéndose en el programa de entretenimiento más visto de la temporada 2014-15. Todo es tan rocambolesco y barroco en esta serie que no da lugar a la crítica. Es cierto que algunos medios norteamericanos hablan de “guetificación” (qué palabra más fea), entre otras cosas porque en la serie hay pocos blancos, y estos desempeñan papeles de villanos (Judd Nelson), ejecutivos silenciados, zorras calculadoras o estrellas de rock drogadictas (necesitamos más Courtney Love). Pero es que en Empire nadie es precisamente un ejemplo moral intachable (solo Jamal). Otros (la mayoría) ven un ejercicio loable de representación que ya era hora de que tuviera lugar en televisión (donde desde los 90 apenas veíamos series con elencos negros), y que va a resultar en un boom de “series negras” la próxima temporada. Pero a lo que iba, debates ideológicos aparte, como producto de entretenimiento Empire es absolutamente irreprochable.

Lo que Empire cuenta en un episodio sirve para rellenar dos temporadas de cualquier otra serie de network. Las tramas avanzan a la velocidad de la luz, a veces tanto que se olvidan de muchas de ellas, pero no nos da tiempo a darnos cuenta y sinceramente, no nos importa demasiado. Los personajes son redondos (porque son arquetipos hiper-simples perfectamente caracterizados), hay giros y sorpresas a cada paso de la enrevesada historia de los Lyon, y no hay un solo minuto de la serie en el que no pase nada. Empire es un culebrón desmesurado, a menudo burdo y chanchullero, pero lo sabe y resulta que eso es exactamente lo que quiere ser. Solemos menospreciar este tipo de productos masivos, favoreciendo los dramas “serios”, y no nos damos cuenta de lo difícil que es hacer una serie como esta. Empire es un fenómeno televisivo y discográfico que ya está haciendo mella en la cultura popular. No sabemos cuánto durará el efecto, pero todos somos susceptibles de caer bajo el influjo de su poder. Una recomendación: no opongáis resistencia.

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Comentarios (3)

 

  1. bertoff dice:

    Yo estoy encantado de la vida!!
    Cierto es, como ya te he comentado en más de una ocasión, que reconocía tramas, personajes e incluso escenas sacadas directamente de Dynasty (soap que controlo bastante bien) pero ¡qué bien hecho! ojalá segunda temporada la semana que viene ya!!

  2. herb_b dice:

    No es una serie de calidad, peroo si un gran entretenimiento, aunque tengo mis dudas de que pueda mantener ese nivel de diversion en futuras temporadas lo que dices del enfoque retro, no estoy muy de acuerdo: el hip hop nunca ha dejado de ser popular alli, y tu mismo comentas como tenemos personajes que pueden tonarse como versiones de artistas tan en voga con Frank Ocean, a lo que añadiria esa seudo Rihana que es Tiana. Esta claro que el objetivo de la serie no es innovar musicalmente, asi que tiran de producciones que sean facilmente identificables por el publico mas general como parte del cliche al que reperesenta cada personaje, pero no creo que sea buscando ser retro.

    • Imagen de perfil de fuertecito fuertecito dice:

      La cualidad de retro está sobre todo en el sonido de la música, producida por Timbaland. Claro que el hip hop nunca ha dejado de ser popular en Estados Unidos, pero las canciones de ese estilo dejaron de sonar así hace ya unos años. Ahora Rihanna, Rita Ora, Kanye West, Jay Z o Beyoncé apuestan por sonidos más innovadores y rupturistas (aunque al final acaben sonando todos muy parecidos, pero esto es lo que pasa siempre), y lo que pega es la fusión con el EDM y otros estilos modernos. No digo que la serie quiera ser deliberadamente vintage, sino que presenta un corte más clásico en la música, en consonancia con su naturaleza de culebrón dinástico de los 80-90, quizás por lo que tú bien señalas, para llegar a un público más amplio y clásico.

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