Crítica: La mujer de negro – El ángel de la muerte

00761-WiB AOD-Photo Nick Wall.NEF

La mujer de negro (The Woman in Black) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, una discreta cinta de terror clásico basada en la novela de Susan Hill y protagonizada por Daniel Radcliffe, recién salido de la saga Harry Potter. La película llegó a ser número 1 en la taquilla norteamericana, y aunque se desinfló rápido (quizás porque los adolescentes devora-terror-PG-13 esperaban algo más “moderno”), recaudó lo suficiente a nivel global para garantizar una secuela. Y es que poco hace falta hoy en día para que una de terror, por escasa repercusión que disfrute, tenga continuación e incluso se convierta en una saga. La mujer de negroEl ángel de la muerte retoma la espeluznante historia de Alice Drablow años después de los acontecimientos de la primera entrega, y nos invita a regresar a la mansión del pantano, esta vez acompañados de una caterva de niños de la guerra, una enamoradiza profesora y la siempre fantástica Helen McCrory.

La gran baza de la primera Mujer de negro era su excelente ambientación: esos imponentes parajes neblinosos y ese pantano que, además de proporcionar un recurso narrativo muy valioso y bien aprovechado (la subida de la marea al caer la noche hace desaparecer la calzada que une la mansión con la aldea adyacente, Crythin Gifford), generaba imágenes de absoluta belleza gótica. Afortunadamente, esto no ha cambiado en El ángel de la muerte, a pesar del cambio de realizador y director de fotografía. Tom Harper y George Steel toman el relevo de James Watkins y Tim-Maurice Jones y llevan a cabo un buen trabajo de estilo que, si bien no termina de alcanzar el nivel de la primera parte (se nota que hay menos presupuesto), nos vuelve a dejar imágenes de sensibilidad onírica dignas de los mejores cuentos de fantasmas victorianos.

La mujer de negro El Ángel de la muertePero es que además de su destacable factura técnica (aspecto que se suele descuidar en este tipo de subproductos), El ángel de la muerte también suple un defecto de la primera parte, su práctica ausencia de argumento. La mujer de negro era básicamente una sucesión de secuencias en las que Daniel Radcliffe deambula con cara de desasosiego (o más bien de palo) por la mansión Eel Marsh mientras se preparaban los diversos sustos para el espectador. No había mucho más. El ángel de la muerte sigue siendo una suerte de casa del terror cinematográfica, una lujosa atracción de feria con un sobresalto a cada vuelta de la esquina, pero hay mayor interés en contar una historia. La de Eve Parkins (Phoebe Fox), institutriz a cargo de ocho niños evacuados de Londres durante la Segunda Guerra Mundial y trasladados a Crythin Gifford, donde encuentran refugio en Eel Marsh; la de Harry Burnstow (Jeremy Irvine), un piloto de la RAF con un tormentoso secreto; y por supuesto, la de Alice Drablow, la temible mujer de negro, cuya leyenda, digna del más prototípico J-horror, es desarrollada en mayor detalle en esta secuela.

Al igual que la primera película, El ángel de la muerte opta por el suspense en lugar de recurrir a la violencia y la sangre, para elaborar un cuento de miedo que visita todos los lugares comunes del género de mansiones encantadas y recupera de nuevo el espíritu de la Hammer, productora de la franquicia. La mujer de negro nos propone por tanto otro regreso al terror de los 60, con ecos (y escalofriantes susurros) a clásicos como The Haunting The Innocents, una vuelta a un tipo de cine más inocente, deudor de los relatos góticos en la línea de Edgar Allan Poe u Otra vuelta de tuerca de Henry James. Sin embargo, como adelantábamos antes, la película pierde gran parte de su encanto por culpa de su atosigante insistencia en sobresaltar al personal cada dos por tres, con una agotadora sesión de sustos que acaba sacándonos del trance que provocan sus imágenes.

Valoración: ★★★

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