Crítica: Ex Machina

Ex Machina

Dicen que la mejor ciencia ficción es la que te hace pensar. No sé si esto es del todo cierto (a veces lo que buscamos en el género es precisamente lo contrario), pero parece que esa es la máxima a la que se ha encomendado Alex Garland, novelista autor de La playa y guionista de 28 días después y Sunshine, para la realización de su primer largometraje como director, la inquietante Ex Machina. Con su ópera prima, Garland propone una audaz fábula futurista sobre las posibles consecuencias del avance en el campo de la inteligencia artificial, una historia inundada de cuestiones morales acerca de la naturaleza de la consciencia, los límites de la ciencia y la responsabilidad del creador sobre su obra. El film de Garland está diseñado meticulosamente para provocar el debate, para hacernos partícipes de los acertijos sobre el ser humano a los que se enfrentan sus personajes, y para que salgamos del cine con más dudas existenciales que cuando entramos.

Ex Machina está narrada como un thriller psicológico con elementos de misterio. Nos adentramos en ella a junto a Caleb (Domhnall Gleeson), joven programador de una importante empresa informática que resulta ganador de un concurso cuyo premio es pasar una semana en la remota mansión del presidente de la compañía, Nathan (Oscar Isaac), una casa de última generación situada en medio de lo que parece un páramo inexplorado de la Isla Nublar. Caleb pronto descubre que la verdadera razón por la que está allí es someterse a un experimento conducido por Nathan, en el que debe interactuar con Ava (Alicia Vikander), la primera robot con cualidades verdaderamente humanas de la historia. Caleb va conociendo a la I.A. en una serie de sesiones privadas (monitorizadas por el Dios que todo lo ve, Nathan), lo que le lleva a involucrarse personalmente con ella y cuestionar la moralidad del proyecto y de su jefe. A medida que descubrimos al compás de Caleb más y más secretos sobre la fascinante Ava y su voluble y desconcertante “amo”, Ex Machina adquiere tintes cada ves más oscuros.

Ex machina pósterPara ser su debut en la realización, Garland hace gala de un temple absoluto en la dirección, manejando la tensión con soltura y aprovechando al máximo el restrictivo espacio en el que se mueve. La casa de Nathan proporciona un escenario minimalista y claustrofóbico de habitaciones sin escape y pasillos vacíos, cuyo diseño aséptico y práctica ausencia de mobiliario no le impiden llevar la historia hacia sus recovecos más ocultos. Con una planificación cerebral (como su excelente guión), y un gran trabajo de ambientación, Garland construye Ex Machina como un laberinto de secretos escondidos detrás de las puertas, en el que sus dos protagonistas masculinos se convierten en el gato y el ratón mientras nosotros nos perdemos irremediablemente a medida que nos acercamos a su extraño clímax. Un desenlace (reminiscente de Battlestar Galactica) que aunque peque de ambicioso y sacrifique sutilidad discursiva en busca de una moraleja más llamativa y efectista, nos ayuda a comprender mejor lo que hemos visto y pone en perspectiva los acontecimientos más ambiguos a los que hemos asistido. Al final, Ex Machina se revela como un relato cuasi-satírico sobre el deseo/derecho carnal y la manipulación sexual, pero por encima de todo todo una potente alegoría de la liberación de la mujer del yugo patriarcal.

En este sentido, es necesario destacar y elogiar el trabajo interpretativo del trío protagonista, que “personifica” las ideas fluctuantes y los postulados de la película en relación al power play del hombre y la mujer. Domhnall Gleeson es el perfecto sujeto pasivo del experimento que es este filme, es nuestros ojos, nuestra libido, nuestra voz, es tan vulnerable y está tan desprotegido como nosotros ante ella. El tremendo Oscar Isaac intimida con su magnética e hiper-masculina presencia física (atención a la desarmante escena de la coreografía). Y mención aparte merece Alicia Vikander, que da vida a la robot Ava. El trabajo de Vikander es de una sutilidad pasmosa, una interpretación de conmovedora belleza y gran delicadeza (la armoniosa fusión de su cuerpo con los efectos digitales es clave) con la que la actriz se va apoderando progresivamente de la película, hasta hacerla completamente suya. Ellos hacen que el guión de Garland funcione a tantos niveles, que lo artificial se torne humano, lo cuantificable insondable, y que nosotros nos planteemos si lo que sentimos y pensamos es nuestro, y sobre todo, si es aceptable o reprobable.

Valoración: ★★★★

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Comentarios (1)

 

  1. Mara dice:

    La tenía en la lista desde que leí la crítica. Ayer la vimos, por fin, y aquí vuelvo a releer y a darte las gracias porque te las debo!! (Es que antes de ayer vimos inside out también, pero no te voy a dejar más comentario que éste porque no quiero ser esa rarita)

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