Crítica: Nightcrawler

Nightcrawler Jake Gyllenhaal

Texto escrito por David Lastra

 

Atendiendo a los principios, valores y obligaciones del periodismo, podemos destacar cinco puntos fundamentales a cumplir para lograr la excelencia dentro del ámbito comunicacional.

1. Un periodista siempre tiene que buscar la verdad, o por lo menos ser preciso.

2. La voz del periodista tendrá que ser siempre independiente.

3. El periodista tiene que buscar siempre la imparcialidad en sus noticias.

4. El periodista debe ser un ejemplo de humanidad.

5. El periodista debe asumir su responsabilidad ante sus noticias.

Si nos atenemos a esos cinco mandamientos deontológicos, podemos afirmar sin lugar a dudas que Louis Bloom es un empleado modelo. A fuerza de profesionalidad y trabajo, Bloom se convierte en uno de los más reputados nightcrawlers de Los Ángeles. Para aquel o aquella que no lo sepa, los nightcrawlers son los reporteros que se encargan de recoger en sus cámaras las imágenes más sórdidas de los accidentes de tráfico más estrambóticos, reyertas entre bandas con heridos y persecuciones policiales. El híbrido perfecto entre los paparazzi de La dolce vita y los curas y demás demonios burgueses de Saló o los 120 días de Sodoma. Nightcrawler es el cómo se hizo de la mierda que sale en los telediarios estadounidenses (realidad completamente extrapolable a los españoles). Nightcrawler es la historia de Louis Bloom, una historia de amor entre un hombre y su cámara.

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Morador habitual de la noche oscura del alma, Bloom (personaje interpretado por Jake Gyllenhaal) va a la deriva ante una desasosegada realidad sin pareja, trabajo, ni ningún motivo para levantarse cada noche (que no mañana) que no sea la televisión. Esa realidad cambia ante el descubrimiento del empleo de sus sueños: nightcrawler. El comienzo del devenir noctámbulo del protagonista encuentra numerosos lugares comunes con una de las obras cumbres del cine postmoderno, Crash. La gran diferencia es que allí donde el maestro canadiense se regodeaba en el impacto físico de los accidentes automovilísticos en la libido del ser humano, el director de esta, Dan Gilroy (debutante tras las cámaras, y guionista de The Fall. El sueño de Alejandría y El legado de Bourne), prefiere mostrarnos las consecuencias en la economía de nuestro protagonista. La fascinación de Louis Bloom va pareja a la posibilidad del éxito financiero y el reconocimiento profesional y no al de la carnalidad metálica de las vaginas crurales como era el caso de James Ballard. El voyeurismo genético de Bloom como ser humano muta hasta niveles insospechados. En esta ocasión, la base desquiciada del personaje interpretado por Gyllenhaal es un cimiento importante para la creación del ave de rapiña definitivo, el merodeador perfecto, el Peter Parker del hombre del saco. Antes de abandonar la referencia cronenbergiana, destacar la inclusión en varios pasajes del score de James Newton Howard de riffs de guitarras eléctricas cuyas disonancias recuerdan a la partitura que Howard Shore compuso para la cinta de David Cronenberg.

Tras un titubeante comienzo, Nightcrawler impone su desquiciamiento al espectador más exigente, aparcando los ejercicios onanoestilísticos que prometía la frase promocional del cartel con aquello de ‘De los productores de Drive’, acercándose más a los infiernos propios del ya citado Cronenberg que a los placeres visuales de Nicolas Winding Refn. La disección elegantemente sucia de la noche profesional perfecta de Bloom agobia, emociona y embriaga como si fuésemos sus copilotos/cómplices. Esta hora final larga, es una lección de narración sin igual, un ejercicio fílmico que debía haber contado con mayor suerte en las nominaciones a los premios de la Academia (el film se encuentra presente en un solo apartado, mejor guión original).

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El Bloom ideado por Gilroy encuentra su reencarnación idónea en Jake Gyllenhaal. Protagonista de las carpetas de todo adolescente errático y maldito gracias a su Donnie Darko, sigue explotando el rol que mejor casa con su mirada lánguida y su media sonrisa psicópata. Si bien, su modus operandi en este film recuerda más a su Robert Graysmith en Zodiac, aunque a un nivel más esquizoide. Otro placer es encontrarse a Rene Russo en el papel de la jefa de noticias de la cadena donde Bloom vende sus piezas de arte (a.k.a. vídeos de accidentes). Russo resurge de sus cenizas tras una década en el ostracismo profesional (a pesar de haber sido la mismísima madre de Thor en las nuevas producciones cinematográficas asgardianas de Marvel). Su resurrección recuerda a la que hace poco protagonizó Kristin Scott-Thomas en Solo Dios perdona. Dos monstruosas interpretaciones también obviadas por los galardones, pero que engrandecen ambas películas.

Nightcrawler no gozará con el culto inmediato de cintas como la citada Drive, pero su calado en las próximas décadas aventuramos a decir que podría ser mayor al no perder ni un gramo de vigencia su propuesta. ¿O es que alguien alumbra el comienzo del fin de la telebasura?

Valoración: ★★★★

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