Galavant: Cantando bajo el sol

Galavant Joshua Sasse

“Way back in days of old, There was a legend told, About a hero known as Galavant. Square jaw and perfect hair, Cojones out to there, There was no hero quite like Gaaalavaaant.
Naná nanananá naná nanananá nana nanananá nanaa naná!!”

La primera temporada de Galavant ya terminó, pero es imposible sacarse de la cabeza esta canción, tema oficial de nuestro apuesto héroe de mirada penetrante y barba recortada por las ninfas. Con esta pegadiza cantinela comenzó su aventura la miniserie de ABC, y con ella navegó hacia aguas desconocidas ocho escasos episodios más tarde. Esta comedia musical de 20 minutos, empeñada en que la conozcamos muy convenientemente como “Comedy Extravaganza!” y despachada en cuatro semanas, no ha cumplido las expectativas en cuanto a índices de audiencia, pero sí ha enamorado perdidamente a un fiel y entregado público, haciendo las delicias sobre todo del fan más obsesivo-compulsivo del mundo (por encima de comiqueros, directioners y cumberbitches): el aficionado a los musicales.

Galavant está protagonizada por un gallardo caballero de armadura reluciente, interpretado por Joshua Sasse, cuyos atributos físicos lo convierten básicamente en un príncipe animado de Disney que ha cobrado vida en carne y hueso. Autoconvencido de su papel como héroe de la historia, Galavant emprende un viaje hacia el reino de Valencia, para enfrentarse al rey Richard (un inconmensurable Timothy Omundson), que además de conquistar el lugar, le ha “robado” al amor de su vida, Madalena (igualmente genial Mallory Jansen). Le acompañan su escudero, Sid (Luke Youngblood, aka Pop Pop! de Community) y la princesa de Valencia Isabella (Karen David), compenetrado trío cómico, constantemente asediado por peligros y giros inesperados en su camino. Porque Galavant hace de la ruptura de expectativas y estereotipos la norma general, insistiendo en que las cosas no salen siempre como en los cuentos, aunque nuestro héroe se empeñe en que así sea. Por eso, Galavant se adscribe indudablemente a la nueva ola de cuentos reinventados que se empeñan en conquistar el cine y la televisión. Y aunque lo cierto es que los chistes basados en lo inesperado se acaban haciendo repetitivos y por tanto predecibles, Galavant es un soplo de aire fresco en la televisión en abierto, por su desenfadado aire guasón, su alto contenido en picante, sus excelentes personajes, y por supuesto, sus canciones, ingredientes perfectamente amasados que convierten a la serie en una fiesta continua.

TIMOTHY OMUNDSON, MALLORY JANSEN

Galavant está creada por Dan Fogelman (responsable de The Neighbors y guionista de varias películas de Disney como BoltEnredados) y producida entre otros por el ganador de ocho Oscars Alan Menken, compositor de muchas de las canciones más célebres de la segunda época dorada de Disney, los inolvidables temas de La Sirenita, Pocahontas, La Bella y la Bestia, Hércules o El jorobado de Notre Dame. Con la inestimable ayuda de Menken, Galavant traslada a la televisión la esencia de los clásicos cuentos medievales e historias de príncipes y princesas de Disney, con sus números musicales narrativos y ese toque de autoparodia y meta-humor (aquí llevado un paso más allá) que no puede faltar en ningún producto de estas características desde que la casa de Mickey Mouse nos regalase esa pionera que fue Encantada (2007). Y además, lo adereza todo con una pizca de La princesa prometida y comedia absurda de los Monty Python para dar como resultado un espectáculo sin parangón, diseñado -como todos los referentes mencionados,- para ser visto una y otra vez, hasta habérnoslo aprendido de memoria.

La corta duración de Galavant, a pesar de dejarnos un poco a medias, sirve para que el ambicioso proyecto no se vaya de las manos. Imaginaos si Menken tuviera que escribir canciones originales para 24 episodios al año (seguro que podría, pero la calidad disminuiría considerablemente). Los temas de Galavant cumplen con los estándares disneyanos, y aunque hay algunos más inspirados que otros (reconozcámoslos, Menken podría haber escrito muchos durmiendo), los 160 minutos de serie (que es lo que van durando las funciones de Broadway) nos dejan un puñado de secuencias musicales para la posteridad, como el citado número de apertura -y sus reprises, de los cuales el mejor toma forma de previously on-, la canción de Madalena ante los espejos, “No One But You” (muy Úrsula en La Sirenita), o el macabramente divertido dueto entre Gwynne (Sophie McShera) y el Chef (Darren Evans), “If I Could Share My Life With You”, que da rienda suelta al humor negro en la serie, mucho más presente de lo que esperábamos.

Y es que por suerte, Galavant sabe perfectamente cómo complacer al público adulto: personajes de verborrea incontrolable propensos a soltar tacos (censurados, claro) como si fueran víctimas de síndrome de Tourette, carnaza para todos los gustos (escotes que desafían la gravedad y una desvergonzada y autoconsciente explotación del físico de Joshua Sasse, como por ejemplo en la escena que acompaña este párrafo), detalles perversos y retorcidos de naturaleza sexual y hormonas desatadas en todos los rincones del castillo. Tampoco faltan los cameos de lujo (Ricky Gervais, Rutger Hauer, Hugh Bonneville, Anthony Stewart Heat, John Stamos, Weird Al Jankovic), ni los huevos de pascua para el fan de Disney, como la melodía de “Bajo el mar” de La Sirenita, que suena durante un genial gag. Todos estos elementos responden indudablemente a una máxima: hacer pasar el mejor rato posible. Para ello, Galavant no se corta en volverse loca, surrealista, incluso camp, cargando sus afilados diálogos de ingenio, y una energía absolutamente contagiosa. Pero nada de esto funcionaría tan bien si no fuera por el excelente casting de la serie, repleto de robaescenas (a Sasse le falta un punto de carisma al principio, y los ya mencionados secundarios lo eclipsan), como la diva Madalena (estereotipo de la damisela en peligro convertido en mujer fuerte que toma el control, se convierte en villana y nos da la mejor motivación posible para su maldad: “Me encantan las cosas”), el adorable y destartalado Chef (al que queremos ver bailar todo el rato), y sobre todo, sobre todo, el Rey Richard, la auténtica revelación de la serie, que junto a su mano derecha Gareth (Vinnie Jones) forma una de las amistades más retorcidamente bonitas de la tele.

La primera temporada de Galavant posponía su final feliz y terminaba sorprendentemente sin cerrar la historia, con cliffhangers por todos los frentes y el deseo explícito (en forma de canción) de contar con una segunda temporada para resolverlos, una decisión arriesgada que nos tiene a todos en vilo. Esperemos que ABC entienda que la historia no se puede quedar así y a pesar de los datos de Nielsen (el verdadero villano de Galavant), encargue cuanto antes una segunda parte, para la que probablemente Menken ya habrá escrito doce canciones sentado en “el trono”.

Gracias por leer, ya podéis seguir cantando esto mientras dobláis la ropa, os ducháis (con cubeta), o lo que sea que estabais haciendo:

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Comentarios (2)

 

  1. RICARDO dice:

    mamasita qué calor

  2. Laura dice:

    Deliciosamente absurda, se ganó mi corazoncito desde el trailer. Estoy totalmente de acuerdo con lo que escribes, tiene puntazos muy cachondos y los cameos son de altura. Personalmente he podido descubrir a ese talento llamado Timothy Odmundson (a sus pies King Richard).

    Es de agradecer que de vez en cuando salgan a la luz este tipo proyectos arriesgados y que haya cadenas que apuesten por ellos. Ojalá que ABC la renueve para una segunda temporada.

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