Cómo Parks and Recreation nos ha hecho ser mejores

Parks and Recreation

Parks and Recreation dio comienzo en 2009 como un reemplazo tardío de midseason, y se postuló con tan solo 6 episodios (al más puro estilo British) como la nueva The Office. Las comparaciones eran lógicas e inevitables: se trataba de una workplace comedy sobre la vida oficinil de los empleados del departamento de parques y tiempo libre de una pequeña ciudad de Indiana, Pawnee; estaba rodada al estilo falso documental y su humor se basaba en gran medida en la observación del comportamiento humano, con extrañas interacciones sociales y momentos de “tierra trágame” (aunque nunca tan incómodos como los que tenían lugar en Scranton); por si eso fuera poco, su protagonista, Leslie Knope (la incomensurable Amy Poehler) era una especie de Michael Scott en versión mujer, una jefa bienintencionada y entusiasta que solía ponerse a sí misma en situaciones ridículas todo el tiempo. Ah, una cosa más, el creador de Parks and Recreation es Greg Daniels (junto a Michael Schur), que también produjo The Office. Qué casualidad, ¿no? Sin embargo, en el transcurso de las siguientes temporadas, Parks and Recreation salió progresivamente de la sombra de su “hermana” de NBC para encontrar su propia identidad y dar con su fiel audiencia, convirtiéndose en una de las series más queridas de los últimos años.

Como suele ocurrir con las mejores series, si Parks and Rec se convirtió en una de las comedias favoritas de la audiencia fue sobre todo gracias a sus personajes, uno de los repartos corales mejor compenetrados de la televisión. Y sobre todo gracias a su entrañable e hiperactiva protagonista, Leslie, icono catódico y modelo a seguir que nos ha proporcionado un pulso moral y ha marcado el camino para muchos y muchas a lo largo de 7 temporadas (tanto dentro como fuera de la serie). Pero tampoco podemos olvidar al resto de ciudadanos, funcionarios y “profesionales” de Pawnee, que han conformado un impresionante plantel de personajes recurrentes y han contribuido a que la ficticia ciudad de Pawnee (la mejor ciudad del mundo) pase a la historia de la televisión junto a Cicely, Stars Hollow o Springfield. Por eso, como no podía ser de otra manera, el final de Parks and Rec, “One Final Ride” (7.012-13), es un homenaje a los habitantes de Pawnee y la “familia” de Leslie Knope, una emotiva despedida en la que nuestra heroína (y aquí me estoy refiriendo tanto a Knope como a Poehler) se toma la molestia de decir adiós a todos, uno a uno, con lágrimas en los ojos; un “hasta pronto” lleno de abrazos y caricias que nos ha provocado un enorme nudo en el estómago.

Parks and Recreation

“One Final Ride” es prácticamente un “clip show” en forma y fondo, solo que los clips están formados por flash-forwards. Al más puro estilo Six Feet Under (salvando las distancias), el final de Parks and Rec nos conduce de la mano hacia el futuro de sus personajes, los principales y los secundarios más importantes, para desvelarnos el destino que les aguarda a todos. Este emocionante viaje nos lleva más lejos de lo que esperábamos y nos depara muchas sorpresas: April y Andy se convierten en papás (brillante gag el del parto de April maquillada para Halloween), Ann y Chris regresan con buenas noticias, Ron halla su trabajo ideal como solitario guarda del parque natural de Pawnee gracias a Leslie, Garry (¡Girgich!) es elegido alcalde de Pawnee hasta el final de sus días, Tom se convierte en orador motivacional y escritor de éxito, y mención aparte merece Craig -que estuvo a punto de cargarse la serie el año pasado, y ha sido reenfocado con éxito gracias a su terapia para controlar la ira. A lo que iba, Craig se casa con Typhoon, junto al que pasa el resto de su vida. No sé si sabíamos que era gay, pero lo dábamos por sentado. Y el hecho de que los personajes no se lo hayan cuestionado abiertamente ni se haya hecho referencia explícita al tema, para pasar directamente a su historia de amor con el peluquero de Ron, es uno de los detalles más fáciles de pasar por alto (porque se ha hecho bien, de forma totalmente natural), y por tanto más encomiables de la serie.

Esta series finale es sin duda el broche de oro perfecto para una historia que nos ha dado momentos inolvidables, lecciones de vida y reaction gifs para parar el mundo. “One Final Ride” está repleto de guiños (“I’m ready”), cameos (Joe Biden, el borracho del tobogán del piloto) y “huevos de pascua” (¡Star-Lord!), referencias ocultas y no tan ocultas a la trayectoria de la serie y el universo que ésta ha creado (Treat Yo Self, Gryzzl), que conforman un elaborado agradecimiento a sus seguidores y con el que se cierra ciclo tras una temporada que se ha dedicado casi exclusivamente a despedirse. Y es que la séptima no ha llevado el sobrenombre de “Farewell Season” a la ligera. Siguiendo el espíritu de Leslie Knope, Parks and Rec ha organizado los 13 episodios de la última temporada con “binders” e itinerarios estudiados minuciosamente, para llevarnos, con la excusa de una última misión del equipo de Parks, en un recorrido final por Pawnee en el que hemos podido ver por última vez al concejal Jamm, Joan Callamezzo, Jean-Ralphio y Mona-Lisa, Jennifer Barkley, Brandi Maxxxx, Shauna Malwae-Tweep, Perd Hapley, Ethel Beavers, etc; sin olvidar a Johnny KarateBurt Macklin Janet Snakehole.

Parks and Recreation

Lo cierto es que Parks and Rec se ha preocupado tanto este año de sellar el destino de sus personajes y no dejar ningún cabo suelto que le ha quedado una temporada algo deslavazada y distraída desde el punto de vista narrativo (muchas ideas y golpes geniales como siempre, pero poca forma en las historias), a lo que no ha ayudado que NBC la haya despachado en un abrir y cerrar de ojos, a razón de dos episodios por semana. El (brillante) final de la sexta temporada daba un salto hacia el futuro, y la séptima ha transcurrido principalmente en el año 2017 (geniales las perlas sobre el futuro de nuestra tecnología y cultura), una decisión arriesgada que no ha terminado de dar los frutos que se esperaba. Lo más curioso es que entre una temporada y otra, parece que también han pasado 3 años en la vida real. Sobre todo en los primeros episodios, en los que da la sensación de que Parks se está esforzando demasiado en ser Parks (como le ocurrió a Community sin Dan Harmon), o, en sus peores momentos, que regresa para una temporada de gracia después de ser cancelada hace tiempo (como Arrested Development). 2014 fue un año muy importante para varios actores de la serie, sobre todo para Poehler y en especial para Chris Pratt, que ha saltado al estrellato mundial gracias a Guardianes de la Galaxia. Tanto ha pasado fuera de Pawnee en un año, que a Parks se le ha olvidado un poco cómo ser Parks y a Pratt cómo ser Andy Dwyer. Afortunadamente, la temporada va recuperando poco a poco la magia (el precioso “Leslie and Ron”, 7.04, empieza a corregir la trayectoria), para despedirse de nuevo desde lo más alto, impidiendo que la serie acabe desvirtuándose, como le ocurrió a la propia The Office y tantas otras series.

Entre otras cosas, Parks nos ha hablado durante siete temporadas sobre la realización personal a través del trabajo, y las conclusiones principales del desenlace tienen que ver directamente con esto. Uno de los objetivos de la temporada final ha sido situar a todos sus personajes en el camino profesional adecuado. Y para ello, April, Andy o Ron se han puesto en manos de su/nuestra gurú, Leslie Knope. Ojalá todos tuviéramos una Leslie que nos dijera por dónde tenemos que ir para cumplir nuestros sueños y encontrarnos a nosotros mismos en el trabajo que realizamos. Si lo pensamos bien, esto es un arma de doble filo. El ambicioso mensaje aspiracional de Parks and Rec es muy valioso, pero también se puede malinterpretar en ocasiones: si no llegáis a lo más alto, no sois nadie. Afortunadamente, la serie nos sugiere diversos modos de triunfo a distintas etapas de la vida, y nos viene a decir que nunca es tarde para reencauzar nuestra carrera. Y lo hace además sin moralina, dejando que sus personajes resuelvan sus destinos por iniciativa propia -o eso es lo que ellos creen, Leslie maneja los hijos y los lleva a todos donde ella cree que tienen que ir, que, por supuesto, es siempre la decisión correcta.

Parks and Recreation

Porque todos pondríamos nuestro futuro en manos de Leslie Knope, una de las mujeres más fascinantes de la historia de la televisión. Como decía al principio de este texto, Leslie pasó de pazguata hiper-entusiasta que nadie se tomaba demasiado en serio a infalible modelo de comportamiento, una heroína moral que nos ha proporcionado ideales de conducta y ejemplo a seguir en todos los aspectos de nuestra vida, incluida la alimentación (todos sabemos que los gofres son la base alimenticia más imprescindible y las ensaladas son el mal). Como dicen, “Sé la Leslie Knope de todo lo que hagas“. Gracias a la trayectoria ascendente de Leslie (a pesar de los absurdos obstáculos y ridículos obstructores que trataban de achicarla), Parks and Rec se convirtió una de las series más feministas de la televisión, pero esto no ha impedido que sus lecciones vitales se apliquen a todos y cada uno de nosotros. Lo más destacable del discurso de Parks es que la serie ha encontrado la manera de “educar” al espectador sin resultar sermoneadora o condescendiente en ningún momento. No hay “agenda política” en su mensaje liberal, solo una propuesta: enriquecer nuestra sociedad fomentando la igualdad, el entendimiento y la colaboración, y apostando por encima de todo por la senda del bien: Parks no es la victoria de la mujer trabajadora que puede tenerlo todo (porque eso se sobreentiende), es simplemente el triunfo de las buenas personas.

Por eso, nos encomendamos a la filosofía Parks and Rec para ser la mejor versión posible de nosotros mismos y abogar por un mundo más justo y equilibrado. Aunque suene exagerado, Parks nos ha regalado una guía para la vida y una baliza moral en la figura de Leslie Knope, empleémosla a partir de ahora. El final de Parks and Rec deja abierta una cuestión que nos llevamos planteando desde hace tiempo: ¿Llegará Leslie a ser presidenta de los Estados Unidos? La respuesta es ambigua (si lo fuera Ben, también estaría bien, puesto que el respaldo mutuo es esencial en el knopismo), pero nosotros sabemos a ciencia cierta que su destino no es otro que la Casa Blanca. Porque queremos pensar que un mundo gobernado por Leslie Knope es posible.

Crítica: Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia)

Michael Keaton Birdman

Texto escrito por David Lastra

Michael Keaton dará vida a Batman en la gran pantalla”. Si a finales de los ochenta Twitter hubiese existido, estaríamos ante un #breaktheinternet en toda regla. Hasta ese momento, Keaton había encontrado un nicho laboral acorde a sus aptitudes interpretativas: la comedia. Por lo que la decisión de Tim Burton (que acababa de trabajar con él en Bitelchús) sorprendió a más de uno e indignó a otros muchos más. Meses después, Batman arrasó en taquilla recaudando más de 400 millones de dólares, premios para Jack Nicholson y alabanzas a su interpretación como Bruce Wayne. Una excelente secuela, un porrón más de dinero en entradas y dos sucesores sosos a más no poder (¿alguien se acuerda de Val Kilmer en Batman Forever o de algo más que de los pezones de George Clooney en Batman & Robin?) no solo dieron la razón a Burton, sino que convirtieron a Keaton en Batman. Esa identificación con el murciélago y la ausencia de proyectos sugerentes en las décadas siguientes (Mis dobles, mi mujer y yo o Jack Frost, Medidas desesperadas, por citar alguno de los bodrios de su filmografía de aquellos años) hicieron que la carrera de Keaton se hundiese en el ostracismo.

Cuando Christian Bale le arrebató la máscara de cara a las nuevas generaciones, al protagonista de Recién graduada junto a Alexis Bledel no le quedó ni la posibilidad de dedicarse a convenciones de fans. Solo quedaba una carta que jugar: una resurrección kamikaze. Una estrategia que muchas estrellas venidas a menos habían utilizado con anterioridad y que podía estar basada en la elección de papeles más arriesgados (Matthew McConaughey o Ben Affleck, cuyo caso es más especial al dar el paso también al otro lado de la cámara) o desnudándose encima de un escenario teatral (no necesariamente de manera literal como fue el caso de Daniel Radcliffe). En Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia), Michael Keaton recurre a esos dos caminos: como actor acude a los brazos de Alejandro González Iñárritu (Babel), para dar vida a un actor que decide adaptar, producir e interpretar a Raymond Carver en Broadway.

Birdman

El bucle à la Escher ideado por Iñárritu es un golpe de fuerza a la anquilosada narrativa cinematográfica. El descalabro podría haber sido mayúsculo, pero a su buen hacer a la hora de contar historias múltiples que lleva demostrando desde su debut en Amores perros, ha sabido hacerse acompañar de un elegante y agobiante Emmanuel Lubezki que no solo ha sido capaz de materializar todos los artificios e ideas imposibles del realizador, sino que le ha ayudado a ir aún más allá, logrando resultados como los de la espectacular escena realizada en Times Square, una secuencia que hace que todos los manuales de Historia del Cine deban ser actualizados. Pero no se engañen, Birdman no es solo una golosina técnica, la verdadera fuerza del film viene de un ejército de actores y actrices que responden ante los extremos conflictos ideados por Iñárritu con unas interpretaciones tan convulsas y violentas que compiten en intensidad con la batería de Antonio Sánchez.

Keaton acierta de pleno en su papel de estrella de cine venida a menos jugándosela en Broadway logrando el rol de su vida. Ahora solo queda ver si ha vuelto para quedarse o estamos ante un caso como el de Mickey Rourke con El luchador. La mímesis Riggan y Keaton es total, de la misma manera que la de Edward Norton y su Mike Shinner. El actor que nos volviese locos con Las dos caras de la verdad y El club de la lucha, aceptó proyectos horrendos y se redimió con Wes Anderson, nos da con este Mike una verdadera lección. Que existe la posibilidad de que Norton sea un capullo sabiondo ególatra y genial como Shiner y únicamente se esté haciendo de sí mismo es muy probable, pero da lo mismo. Una interpretación como la suya hace que el Cine siga siendo Arte.

Emma Stone Birdman

Durante los diferentes viajes por el teatro, nos encontramos a una siempre solvente Naomi Watts, a un Zach Galifianakis más calmado de lo habitual (aunque esté histérico, no es un vendaval como en Bored to Death o la saga de Resacón), a una despiadada Lindsay Duncan como crítica del New York Times contraria al intrusismo de los actores de cine en el teatro y a una omnipresente Emma Stone. Decir que Stone es una estrella emergente no es una boutade, es una completa estupidez. Dotada de un talento innato para la comedia y para enamorarnos con sus big eyes, Stone clava su papel de juguete roto, hija de un loser hollywoodiense. Sus últimos roles y los proyectos en los que anda inmiscuida para lo que queda de década hace que podamos afirmar que esta chica no tiene nada que ver con su Sam, ni con otra actriz pelirroja con la que se le comparó al principio de su carrera.

El cine es espectáculo y Birdman es cine, de la misma manera en que Riggan es Michael Keaton y su relación con Birdman es la misma que la que tiene el actor (real) con Batman, porque la película de Iñárritu muestra la vida de los actores y actrices mientras hacen teatro, que no es otra cosa que la vida normal pero encima de un escenario con gente declamando y abriéndose en canal con los mismos cambios de vestuario y esto se está empezando a convertir en una frase muy larga, sin pausas evidentes, repleta de obviedades, golpes de efecto y verdades como puños que eclipsan todos sus defectos que haberlos haylos pero no importan mucho porque ya hemos dicho que la película de Iñárritu es cine y el cine es espectáculo.

Crítica: Foxcatcher

FOXCATCHER

En The Office, Michael Scott era un hombre alejado de la realidad, con una percepción de sí mismo muy distinta a la que los demás tenían de él y una tendencia a ponerse en situaciones ridículas con el propósito de demostrar su valía como líder y como persona. En Foxcatcher, John du Pont es un cincuentón rico que se ha construido (pagado) una imagen como patrón y gurú, y dedica su tiempo y energía a convencer al mundo de lo mismo que él ya se ha convencido. Lo que a simple vista ambos personajes tienen en común es al tremendo Steve Carell. Lo que los separa, a pesar de sus muchas similitudes, es que mientras el trastorno psicológico de Michael Scott provenía de una bondad intrínseca y el deseo de ser querido, el de John du Pont es simple y llanamente una psicopatía.

La historia de Foxcatcher, basada en hechos reales, da comienzo cuando Du Pont invita al ex-campeón olímpico de lucha libre Mark Schultz (Channing Tatum) a su finca, donde el ocioso ricachón pretende entrenarlo junto a otros jóvenes luchadores, de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988. Mark, que vive solo, arruinado, y siempre a la sombra de su hermano David (Mark Ruffalo), también medallista olímpico que ahora se dedica a entrenar en su ciudad natal, acepta la oferta de Du Pont para escapar del vacío existencial en el que está sumido. Schultz se convierte así en el nuevo juguete (figura de acción sería más apropiado teniendo en cuenta el imponente físico de Tatum) de Du Pont, su nuevo amigo comprado por catálogo sin el permiso ni la aprobación de su madre (Vanessa Redgrave), con la que todavía vive muy a pesar de ella. Schultz entra en el juego de Du Pont, no porque éste sepa esconder su verdadero rostro, sino porque el pobre muchacho no tiene ni dos dedos de frente. Confinado en la granja “Foxcatcher”, donde se somete a un sonrojante entrenamiento de mentira, Schultz verá cómo la extraña amistad que el caudillo Du Pont ha confeccionado para ellos se va transformando en una grotesca pesadilla de la que es muy difícil escapar.

FOXCATCHER

Con Foxcacther, Bennett Miller (Truman CapoteMoneyball) realiza un potente retrato de la América más patética, un fresco empapado de tristeza sobre la idiotez más profunda, lleno de personajes que, lejos de poseer cualidades redentoras o psicologías verdaderamente complejas, son o bien rematadamente tontos, o directamente trastornados. Pero Miller no está especialmente interesado en mostrar a sus personajes como típicos antihéroes cinematográficos. Incluso cuando estos se desnudan emocionalmente (véase la potente escena en la que Tatum rompe el espejo con la cabeza), no dejan de ser en ningún momento seres extremadamente idiotas y pusilánimes, lo que quizás resulte en una película difícil de digerir. Lo que el realizador quiere es que sus impedidos intelectos queden al descubierto en todo momento, que no haya verdugos y víctimas, sino distintas representaciones del paleto yanqui, algo que la película logra con creces gracias a las soberbias interpretaciones de sus actores -en especial la de Carell, que se come la cámara con su inquietante presencia. Mark es un tarugo con cerebro de mosquito (Tatum está excelente, dicen que porque el papel está hecho a su medida), David es el paradigma de la simpleza suburbana (Ruffalo cumple, pero su nominación al Oscar es excesivo) y Du Pont, probablemente el más cateto de los tres, se cree cualificado para ejercer de guía espiritual de estos brutos, desechos del sueño americano. Todo un cuadro.

Foxcatcher es un film apasionante en su empeño por destapar las miserias de estas personas aburridas e insignificantes, un trabajo de dirección preciso e impecable que recoge con maestría el espíritu oscuro y decadente del relato, así como esa sensación de “tierra, trágame” de la que aquí uno no se puede liberar riendo como en The Office. Mediante un ritmo pausado y contemplativo en el que la tensión se va acumulando hasta su explosivo final y una ambientación opresiva y enfermiza (potenciada por el tenso score de Rob Simonsen y la imponente fotografía de Greig Fraser), Foxcatcher nos va introduciendo, y encerrando, en el embuste de Du Pont, y la pesadilla de Schultz, hasta que un ensordecedor disparo nos despierta y nos permite escapar hacia una realidad que, aunque parezca mentira, no dista demasiado de lo que acabamos de ver.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Nightcrawler

Nightcrawler Jake Gyllenhaal

Texto escrito por David Lastra

 

Atendiendo a los principios, valores y obligaciones del periodismo, podemos destacar cinco puntos fundamentales a cumplir para lograr la excelencia dentro del ámbito comunicacional.

1. Un periodista siempre tiene que buscar la verdad, o por lo menos ser preciso.

2. La voz del periodista tendrá que ser siempre independiente.

3. El periodista tiene que buscar siempre la imparcialidad en sus noticias.

4. El periodista debe ser un ejemplo de humanidad.

5. El periodista debe asumir su responsabilidad ante sus noticias.

Si nos atenemos a esos cinco mandamientos deontológicos, podemos afirmar sin lugar a dudas que Louis Bloom es un empleado modelo. A fuerza de profesionalidad y trabajo, Bloom se convierte en uno de los más reputados nightcrawlers de Los Ángeles. Para aquel o aquella que no lo sepa, los nightcrawlers son los reporteros que se encargan de recoger en sus cámaras las imágenes más sórdidas de los accidentes de tráfico más estrambóticos, reyertas entre bandas con heridos y persecuciones policiales. El híbrido perfecto entre los paparazzi de La dolce vita y los curas y demás demonios burgueses de Saló o los 120 días de Sodoma. Nightcrawler es el cómo se hizo de la mierda que sale en los telediarios estadounidenses (realidad completamente extrapolable a los españoles). Nightcrawler es la historia de Louis Bloom, una historia de amor entre un hombre y su cámara.

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Morador habitual de la noche oscura del alma, Bloom (personaje interpretado por Jake Gyllenhaal) va a la deriva ante una desasosegada realidad sin pareja, trabajo, ni ningún motivo para levantarse cada noche (que no mañana) que no sea la televisión. Esa realidad cambia ante el descubrimiento del empleo de sus sueños: nightcrawler. El comienzo del devenir noctámbulo del protagonista encuentra numerosos lugares comunes con una de las obras cumbres del cine postmoderno, Crash. La gran diferencia es que allí donde el maestro canadiense se regodeaba en el impacto físico de los accidentes automovilísticos en la libido del ser humano, el director de esta, Dan Gilroy (debutante tras las cámaras, y guionista de The Fall. El sueño de Alejandría y El legado de Bourne), prefiere mostrarnos las consecuencias en la economía de nuestro protagonista. La fascinación de Louis Bloom va pareja a la posibilidad del éxito financiero y el reconocimiento profesional y no al de la carnalidad metálica de las vaginas crurales como era el caso de James Ballard. El voyeurismo genético de Bloom como ser humano muta hasta niveles insospechados. En esta ocasión, la base desquiciada del personaje interpretado por Gyllenhaal es un cimiento importante para la creación del ave de rapiña definitivo, el merodeador perfecto, el Peter Parker del hombre del saco. Antes de abandonar la referencia cronenbergiana, destacar la inclusión en varios pasajes del score de James Newton Howard de riffs de guitarras eléctricas cuyas disonancias recuerdan a la partitura que Howard Shore compuso para la cinta de David Cronenberg.

Tras un titubeante comienzo, Nightcrawler impone su desquiciamiento al espectador más exigente, aparcando los ejercicios onanoestilísticos que prometía la frase promocional del cartel con aquello de ‘De los productores de Drive’, acercándose más a los infiernos propios del ya citado Cronenberg que a los placeres visuales de Nicolas Winding Refn. La disección elegantemente sucia de la noche profesional perfecta de Bloom agobia, emociona y embriaga como si fuésemos sus copilotos/cómplices. Esta hora final larga, es una lección de narración sin igual, un ejercicio fílmico que debía haber contado con mayor suerte en las nominaciones a los premios de la Academia (el film se encuentra presente en un solo apartado, mejor guión original).

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El Bloom ideado por Gilroy encuentra su reencarnación idónea en Jake Gyllenhaal. Protagonista de las carpetas de todo adolescente errático y maldito gracias a su Donnie Darko, sigue explotando el rol que mejor casa con su mirada lánguida y su media sonrisa psicópata. Si bien, su modus operandi en este film recuerda más a su Robert Graysmith en Zodiac, aunque a un nivel más esquizoide. Otro placer es encontrarse a Rene Russo en el papel de la jefa de noticias de la cadena donde Bloom vende sus piezas de arte (a.k.a. vídeos de accidentes). Russo resurge de sus cenizas tras una década en el ostracismo profesional (a pesar de haber sido la mismísima madre de Thor en las nuevas producciones cinematográficas asgardianas de Marvel). Su resurrección recuerda a la que hace poco protagonizó Kristin Scott-Thomas en Solo Dios perdona. Dos monstruosas interpretaciones también obviadas por los galardones, pero que engrandecen ambas películas.

Nightcrawler no gozará con el culto inmediato de cintas como la citada Drive, pero su calado en las próximas décadas aventuramos a decir que podría ser mayor al no perder ni un gramo de vigencia su propuesta. ¿O es que alguien alumbra el comienzo del fin de la telebasura?

Valoración: ★★★★

Sorteo dos ejemplares del libro ‘DE LA ESTACA AL MARTILLO’ (sobre Joss Whedon)

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

sorteo whedon

Los que seguís fuertecito no ve la tele estaréis al tanto, pero para los que hayáis estado hibernando estos últimos meses:

¡Sacamos libro sobre Joss Whedon!

Se trata de un recorrido completo por la obra de este autor de culto, que abarca desde sus inicios hasta sus trabajos más recientes, y que lleva por título De la estaca al martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon, de Buffy Los Vengadores.

La fecha de lanzamiento en España es el viernes 27 de febrero, y edita Diábolo Ediciones, casa editorial conocida sobre todo por sus cómics y sus libros sobre cultura popular, que publica en España y Estados Unidos.

De la estaca al martillo contará con 280 páginas a todo color, y estará ilustrado con cientos de fotos. Viene encuadernado en tapa dura (cartoné), y os puedo asegurar que es una edición muy cuidada que hará las delicias de los coleccionistas, los fans de Whedon, y también los aficionados a las series y los libros sobre cine y TV. Además, el precio es más que asequible teniendo en cuenta la extensión y la fantástica presentación: 19,95€ (IVA incluido).

WhedonversoYo (fuertecito) me he encargado de coordinar el libro junto a Irene Raya Bravo, de la Universidad de Sevilla, y el proyecto nace de nuestra admiración por los trabajos de Whedon y el Whedonverso. En el libro encontraréis capítulos sobre todas las obras del autor; sus series (Buffy, Angel, Firefly, etc.), sus películas como director (Serenity, Los Vengadores, Mucho ruido y pocas nueces) y como productor y guionista (La cabaña en el bosque, In Your Eyes), además de sus incursiones en el cómic como guionista de las prolongaciones del Whedonverso y de varias series de Marvel (Fray, Astonishing X-Men, Runaways).

Todos firmados por un fantástico equipo de autores con los que hemos trabajado más de un año para poder ofreceros el mejor resultado posible. En De la estaca al martillo encontraréis información, análisis y reflexión, todo a través de una pluralidad de voces que viene a reflejar lo ecléctico de los mundos que conforman el Whedonverso.

Para más información y novedades sobre el libro, seguid la página oficial de Facebook de De la Estaca al Martillo.

Y bueno, al tema: Para celebrar este gran lanzamiento, Diábolo Ediciones me ha mandado dos ejemplares para sortear entre todos los seguidores de fnvlt. ¿Qué os parece?

 

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL CONSIDERAS QUE ES EL MEJOR TRABAJO DE JOSS WHEDON?*

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

*Podéis elegir cualquiera de sus series, películas, guiones, trabajos de dirección en series que no sean suyas, cómics, incluso bandas sonoras, canciones, o un capítulo en concreto de alguna de sus series.

 

Bases:

– De De la estaca al martilloentre todos los participantes elegiremos DOS ganadores que se llevarán totalmente gratis 1 ejemplar de De la Estaca al Martillo cada uno. Los ganadores recibirán el premio en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el viernes 27 de febrero de 2015 (fecha de lanzamiento de De la Estaca al Martillo) a las 23:59 (hora peninsular española). Los ganadores serán anunciados a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

De la estaca al martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon, de Buffy a Los Vengadores

En toda generación hay un elegido.

Buffy Summers, Angel, el capitán Mal Reynolds o Dr. Horrible son sólo algunas de las aportaciones de Joss Whedon a la cultura popular, personajes que se unen a los grandes superhéroes de Marvel y los mitos del cine y la literatura para conformar una influyente obra de ya casi dos décadas.

Este libro, el primero en español sobre el autor, realiza un recorrido completo por los universos de ficción de Whedon, desde su primera gran creación, Buffy, cazavampiros, a sus últimas incursiones en el cine, incluyendo la película que le ayudó a pasar de autor de culto a director reconocido por el gran público: Los Vengadores.

Preparaos para un viaje a través de galaxias y dimensiones donde descubriremos por qué el de Joss Whedon es uno de los nombres más importantes de la industria del entretenimiento.

“Bienvenidos a vuestro mundo”

Autores: Pedro J. Garcia, Irene Raya
Editorial: Diábolo Ediciones
Formato: Cartoné, 280 páginas, 17×24
Fecha edición: 27.02.2015

Crítica: The Imitation Game

THE IMITATION GAME

The Imitation Game (Descifrando Enigma) es la historia de Alan Turing (Benedict Cumberbatch), el matemático británico conocido por descifrar el código imposible de Enigma, la máquina que los alemanes usaban para enviar mensajes en clave con sus estrategias y avances durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno británico puso a Turing al mando de un grupo de académicos, lingüistas, oficiales de inteligencia y expertos en juegos de ingenio matemático (interpretados por Mathew Goode, Allen Leech, Matthew Beard y Keira Knightley) para desentrañar el funcionamiento de Enigma y poder así adelantarse a los movimientos del enemigo y salvar miles de vidas. A pesar de las fricciones en el grupo (según la película provocadas por el carácter áspero y la inestabilidad mental de Turing) y las constantes interferencias de las autoridades, que desconfiaban de lo que este mad mathematician estaba haciendo, la operación tuvo éxito y la Liga de Hombres (y Mujer) Extraordinarios de Turing logró resolver el misterio, acortando así la guerra considerablemente.

Sin embargo, poco después de esta hazaña, Turing fue arrestado por “indecencia grave” debido a su homosexualidad, lo que le llevó a cumplir una condena que ensombrecería sus logros históricos. Hoy en día, Turing es considerado una de las figuras clave del siglo XX, el genio pionero de la informática actual que para resolver Enigma diseñó la máquina que se convertiría en la precursora del primer ordenador; una inteligencia artificial creada para funcionar lo más fielmente posible como el cerebro humano, y que además poseía alma propia, la del primer amor de Turing. The Imitation Game transcurre en tres tiempos narrativos diferenciados: la operación Enigma (de 1939 a 1942), el sombrío “futuro” de Turing a comienzos de los 50 (donde lo vemos solo y mentalmente deteriorado) y sus años como colegial en una academia para chicos (Alex Lawther brilla con luz propia como el Turing pubescente), donde conoció a Christopher (Jack Bannon), su único amigo hasta el inicio de la guerra. Alan, a menudo víctima de acoso en la academia por ser “diferente”, se enamora de Christopher, la única persona capaz de mirar más allá de su trastorno obsesivo compulsivo y su comportamiento alejado de la norma, y ver a Alan de verdad: “A veces son las personas de las que no imaginas nada las que hacen las cosas que nadie podría imaginar”.

The Imitation Game póster españolTuring es retratado en The Imitation Game como un prodigio con indicios de síndrome de Asperger’s (una de las muchas licencias dramáticas para hacer más comercial el biopic), lo que ha provocado las inevitables (y justificadas) comparaciones con el Sherlock de Cumberbatch. No es de extrañar, el solicitado actor británico lleva a cabo una interpretación que pone énfasis en los tics del personaje, dibujando a Turing como un ser excéntrico a base de mohínes. A Cumberbatch le cuesta un poco hacerse con el personaje, rozando la sobreactuación y la caricatura sobre todo en la primera mitad de la película, para finalmente dominarlo y ofrecernos un muy emotivo desenlace junto a Keira Knightley (que cumple de sobra, precisamente porque ella sí rebaja su habitual histrionismo). En definitiva un trabajo dramático irregular que, a pesar de los laureles, no es ni de lejos el más destacado de un actor por otro lado de talento incontestable.

The Imitation Game es un biopic de manual, y esto salta a la vista en todo momento. Su director, Morten Tyldum, sigue al pie de la letra los dictados del género para acomodar la visión de la Weinstein Company en su empeño anual por tener presencia destacada los premios de la Academia. Estamos ante una de esas películas que hacen ruido en la carrera de los Oscars pero no poseen lo necesario para perdurar en el imaginario colectivo más allá de la ceremonia (¿Recordáis Una mente maravillosa?). El problema en parte es esa visión encorsetada y hollywoodiense del biopic, lo que provoca por ejemplo que la homosexualidad de Turing solo se aborde de soslayo (es cierto que nos da una historia de amor preciosa con la analogía entre Christopher y la máquina de Turing, pero siempre entre líneas) y evite explorar la carnalidad del personaje escudándose en su carácter y en la mentalidad del momento con respecto al tema. Pero este no es el principal problema de The Imitation Game -que al menos no sucumbe al drama almibarado y grandilocuente propio de este tipo de cine-, sino la monotonía que conlleva su naturaleza de película diseñada matemáticamente para los premios. The Imitation Game es un film inteligente y correcto pero demasiado frío y calculado, un trabajo “académico” bien presentado, pero al que le falta compromiso, pasión, y, sobre todo, alma.

Valoración: ★★★

Crítica: La señal (The Signal)

THE SIGNAL

Raro es que nos llegue a la cartelera española una película de ciencia ficción que no sea una superproducción de Hollywood con reparto de estrellas. Sin embargo, todos los años, del Festival Internacional de Cinema Fatàstic de Sitges suele escaparse alguna cinta con ganas de ser descubierta por el gran público. Es el caso de La señal (The Signal), segunda película de William Eubank (Love), que fue galardonada en el mencionado certamen con el premio a Mejores Efectos Especiales. El film, cuyo guión está co-escrito por el propio Eubank, nos propone un viaje lleno de enigmas y preguntas, una historia que se transforma constantemente hasta culminar en un imaginativo final caracterizado por el estupendo uso de los efectos digitales, un gran trabajo de economía de medios con el cual Eubank se las arregla para sacar el máximo partido de un presupuesto más bien ajustado (apenas 4 millones de dólares).

La señal es la historia de Nic (Brenton Thwaites), un estudiante universitario que emprende un viaje de una punta a otra del país para llevar a su novia, Haley (Olivia Cooke), a su nueva casa, Cartel La señaldonde estudiará durante un año separada de él. Les acompaña el mejor amigo de Nic, Jonah (Beau Knapp), con el que comparte su afición y talento informático. La mudanza sufrirá un cambio de itinerario para que Nic y Jonah traten de localizar a un genio cibernético que se ha infiltrado en los sistemas del prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), sin embargo, las pistas que tienen les acabarán llevando por un camino totalmente inesperado. Y es que La señal es sobre todo eso, un viaje lleno de bruscos giros que van cambiando la historia y componen un misterio que va adquiriendo un carácter de conspiración cada vez mayor, y del que es mejor no saber demasiado de antemano.

De esta manera, La señal es en realidad varias películas en una. Lo que comienza como un road trip con cierto aroma a Friday Night Lights sobre jóvenes en una importante encrucijada personal pasa a ser enseguida una suerte de film de found footagecon la llegada de los amigos a la cabaña remota desde la que surge la “señal” de baliza que les lleva a emprender su aventura. Dentro de la espeluznante casa-búnker en el bosque, la cosa se vuelve bastante Proyecto de la Bruja de Blair, con referencia incluida. Pronto el terror (que dura poco pero es bastante efectivo) da paso a la ciencia ficción, cuando Nic se despierta en unas asépticas instalaciones hospitalarias después de haber sido atacado por un E.B.E. (ente biológico extraterrestre). Allí será sometido a pruebas, dirigidas por el críptico Damon (Laurence Fishburne), e irá descubriendo poco a poco los secretos del lugar, del hombre que lo observa oculto en su traje de aislamiento, y de la organización que lo mantiene en cuarentena. Así hasta el explosivo desenlace, que parece pensado para la director reel que Eubank acabará mandado a Marvel.

La señal es cine joven, hecho con ilusión y ganas de sorprender. Quizás Eubank peque de ingenuo en el desarrollo de su historia, mucho más predecible y convencional de lo que él cree, y se vuelque demasiado en el aspecto visual y técnico de la película (impecable la composición de planos) en detrimento de la coherencia, pero este es uno de esos casos en los que la intención cuenta tanto como el resultado. En un género en el que, paradójicamente, cuesta mucho innovar, se agradece que haya jóvenes talentos con el entusiasmo y la pericia técnica para al menos intentar marcar la diferencia. Le seguiremos la pista.

Valoración: ★★★

Crítica: No llores, vuela

No llores vuela

Avalada por varios premios y reconocimientos por sus primeras películas, Madeinusa (2006) y La teta asustada (2009), la peruana Claudia Llosa firma su tercera obra como realizadora, No llores, vuela (Aloft en versión original), un desgarrador drama familiar rodado en la nevada Manitoba (Canadá) con el que consolida su talento y sensibilidad tras la cámara. La película abre con una peregrinación para visitar a un sanador, y cabalga entre dos tiempos narrativos, un enigmático pasado que Llosa construye a base de intriga y con cierto aire a futuro desolado(r) (excelentes fotografía y banda sonora), y un presente en el que la directora explora las consecuencias de los trágicos acontecimientos de ese capítulo del pasado. Dominando el equilibrio entre tensión y contención dramática, con una dirección de actores impecable, y desentramando el relato con suma delicadeza, Llosa consigue que sus personajes nos afecten y su historia nos envuelva hasta su catártico desenlace.

No llores, vuela es la dura y poética crónica del distanciamiento de una madre y un hijo, la evolución de un dolor insondable y la exploración de la posibilidad del perdón. Todo comienza cuando Nana (Jennifer Connelly), mujer con dos hijos, se encuentra con el sanador conocido como El Arquitecto, una figura misteriosa que le lleva a creer que ella también esconde un gran poder, convirtiéndose así en su mentor espiritual. Durante una de las visitas de Nana al Arquitecto, ésta descuida a sus hijos, que deciden marcharse sin avisarla utilizando su todoterreno, lo que resultará en la pérdida de uno de los niños, y la ruptura abrupta de los lazos de cariño entre Nana y su otro hijo, Ivan (Zen McGrath, interpretado en el futuro por Cillian Murphy). Después de una infancia FRESCOTA_NO LLORES 14marcada por la soledad y el resentimiento mutuo, madre e hijo emprenden caminos separados. Mientras ella continúa su formación hasta convertirse en la famosa Nana Kunning, una fascinante y esquiva artista aislada en un paradero remoto, él, incapaz de entender el cambio de su madre y la decisión de abandonarlo, se convierte en cetrero y vive una vida de reclusión psicológica en la que su mujer (Oona Chaplin algo desaprovechada) intenta mantener unidas a duras penas las piezas rotas de su marido. Una joven periodista (Mélanie Laurent), fascinada por la historia de Nana y Ivan, organiza un encuentro entre ambos, 20 años después de su separación.

Estamos acostumbrados a las interpretaciones cargadas de intensidad trágica de Jennifer Connelly, una actriz que ha enfocado su carrera casi exclusivamente dentro del drama y que con cada papel parece buscar la purga a través de la experiencia actoral. Y esta Nana Kunning, sin duda el personaje más complicado de la película, no es excepción. Con ella, Connelly construye a una mujer, una madre que ha cometido un acto universalmente reprobable e injustificable, y lo hace sin apenas concesiones al espectador, sin buscar en ningún momento la compasión (atención a la brutal escena en la que reprocha al niño el accidente en su habitación), con una firmeza implacable y dolorosa que envuelve toda la película -y que choca con ese inapropiado título tan a lo Coixet. Llosa se niega a adentrarse en el terreno del melodrama convencional, y evita complacencias que suavicen esta terrible historia en la que sin embargo no pretende señalar víctimas o culpables. La gelidez con la que se aproxima a sus personajes puede resultar en una experiencia cinematográfica incómoda, incluso alienante, pero los actores aportan la humanidad necesaria para que los perdonemos, y anhelamos el perdón entre ellos. El trío protagonista de No llores, vuela ofrece un recital interpretativo memorable (Laurent se mantiene en segundo plano, pero su presencia es imprescindible). Murphy y Connelly están sublimes, y se abandonan por completo al dolor al que Llosa los expone sin miramientos, hasta culminar en un encuentro final tenso, triste y hermoso que, nos dé o no lo que buscamos, es justo lo que necesitamos todos, personajes y espectadores.

Valoración: ★★★½

Crítica: Blackhat – Amenaza en la red

Blackhat Chris Hemsworth

Nicholas Hathaway (Chris Hemsworth) es un brillante hacker que cumple condena en una prisión federal por delitos de carácter cibernético a gran escala. Tras un ataque terrorista a una planta nuclear de Hong Kong y la manipulación por parte de un pirata informático del mercado de futuros para causar un aumento en los contratos de la soja, el FBI recurre a Hathaway, el único hombre capaz de descifrar el enrevesado código para dar con la amenaza que se esconde en la red. El convicto llega a un acuerdo con las autoridades para salir de la cárcel y adquirir inmunidad total si la operación de búsqueda y captura del terrorista tiene éxito. Para ello, nuestro héroe (la moralidad de Hathaway nunca se cuestiona, ya que sus delitos sólo dañaron a las grandes empresas y bancos, nunca al ciudadano de a pie) se une al capitán especializado en la guerra digital Chen Dawai, su hermana Lien y los agentes del FBI en Los Ángeles, liderados por Carol Barrett, la omnipresente Viola Davis. La misión, supervisada por los gobiernos chino y estadounidense, llevará a Hathaway en una odisea en la que se verá constantemente amenazado por un peligro invisible y comprobará cómo las nuevas relaciones personales que ha forjado reescriben el código de su futuro.

Este es el argumento de la nueva película de Michael Mann, director que ha demostrado con creces su valía en el thriller de acción gracias a aclamadas cintas como Heat, El dilemaCollateral (su última gran película). Blackhat (a la que no le falta su genérico subtítulo explicativo en español, ese intercambiable Amenaza en la red) es un cíber-thriller clínicamente austero que evita a toda BLACKHAT_Spain_Cartel 68x98cmcosta los grandes aspavientos de las superproducciones de Hollywood, optando por un enfoque más frío y analítico que pone de manifiesto el interés de Mann por mantener el relato anclado a la realidad en todo momento. Blackhat nos habla de la amenaza ciberterrorista intentando siempre que ésta sea percibida como algo real, a pesar de su intangibilidad. El antagonista de Blackhat no es una figura identificable, no es un megalómano con cara al estilo de Jungla de cristal (al menos no hasta el desenlace), es un ente abstracto que representa al enemigo que nos vigila y nos controla sin que seamos conscientes de ello.

Viendo Blackhat salta a la vista que a Mann le apasiona el tema, le fascina ese mal que viaja a través de cables y chips informáticos, y por eso se encarga de darle forma (indefinida) en numerosas e innecesarias secuencias digitales de transición en las que nos adentramos en el universo 2.0. Sin embargo, el buen hacer de Mann como realizador no es suficiente para que el meticulosamente técnico guión del desconocido Morgan Davis Foehl (el de Blackhat es su primer libreto, tras varios proyectos como montador) resulte en una experiencia cinematográfica emocionante, que es lo que debe ser por encima de todo un thriller de estas características. Para sorpresa de nadie, Mann maneja la cámara con un pulso virtuoso, creando una fluidez visual excelente y dominando como pocos los espacios en los que transcurre la acción y los personajes que se mueven en ella. Pero como decía, ni la pericia técnica de Mann salva a la película de caer en el más absoluto de los tedios, causado por la monótona naturaleza procedimental de la historia, la falta de enjundia de los personajes y en última instancia un alargado final (o finales) que acaba aplastando el relato. Es una pena que una coalición de talentos como los de Mann y Hemsworth (siempre lo diré, mucho mejor actor de lo que parece) haya resultado en un film tan anodino y prescindible.

Valoración: ★★

Crítica: Bob Esponja – Un héroe fuera del agua

SpongeBob SquarePants, the world's favorite sea dwelling invertebrate, comes ashore to our world for his most super-heroic adventure yet in SPONGEBOB: SPONGE OUT OF WATER, from Paramount Pictures and Nickelodeon Movies.

Nadie esperaba demasiado del regreso de Bob Esponja a las salas de cine, más de una década después del estreno de la primera película protagonizada por el risueño personaje animado. Y sin embargo, la sorprendente recaudación en taquilla de su primer fin de semana (unos impresionantes 56 millones de dólares, el doble de lo que se estimaba, y casi el triple de lo recaudado por El destino de Júpiter) ha demostrado que la franquicia televisiva de Nickelodeon, que comenzó su andadura en 1999, aún despierta el interés del público masivo, a pesar de que hace tiempo que Bob, Patricio y sus amigos dejaron paso a las siguientes modas animadas para niños y niños grandes. Lo que confirma el exitazo de Bob Esponja: Un héroe fuera del agua (The SpongeBob Movie: Sponge Out of Water) es el perdurable poder de Bob Esponja como favorito de los niños, demostrando además que todos, incluidos los adultos que nos pirramos por estos dibujos supuestamente para peques, seguimos necesitando de vez en cuando un poquito de azúcar, y también una pizca de psicodelia y diversión desbarrada, absurda y demente demencial, de la que solo nos puede dar esta adorable esponja marina.

Dirigida por Paul Tibbitt, productor de la serie original y guionista de la primera película, Un héroe fuera del agua nos devuelve a casi todos los personajes de Bob Esponja (notables las ausencias de Perla y la Sra. Puff, que sí aparecen en los créditos finales) y nos da la bienvenida una vez más a Fondo de Bikini, lugar en el que nada ha cambiado desde que empezó la serie. De hecho, esta segunda película es más bien un reinicio de la saga, un relanzamiento diseñado para satisfacer tanto a los que ya conocen la historia como a las nuevas generaciones (porque no olvidemos que Bob tiene ya 16 años). Así, la película se sumerge en el fondo del mar para presentarnos de nuevo a los personajes uno a uno y exponernos de cero el conflicto central de la historia desde que ésta comenzó: Bob Esponja es un dicharachero adolescente empleado en el restaurante que sirve las deliciosas Burger Cangreburger, manjar y opio del pueblo cuya receta secreta es ansiada por el malvado Plankton para su propio negocio, el cuchitril Cubo de Cebo.

SpongeBob posterBob Esponja es conocida entre otras cosas por incorporar elementos de acción real en la historia. Así pudimos disfrutar de uno de los cameos más brillantes de la historia del cine, el de David Hasselhoff en la primera película, y por eso tenemos en esta no-oficial Bob Esponja 2 a Antonio Banderas interpretando (dos notas más alto de lo que debería) al malvado pirata Barba Burger, que además de ejercer como nuevo narrador, es el encargado de poner en marcha la trama y sumir Fondo de Bikini en el caos (postapocalíptico y madmaxista) al robar la receta de la Cangreburger. Esta fechoría desencadena una serie de acontecimientos, a cada cual más loco -¡máquina del tiempo incluida!-, que desemboca en nuestros héroes acuáticos pisando tierra firme. Cierto es que Bob y Patricio ya salieron del agua en la primera película, pero esta vez es distinto, porque, 1º) no van solos, sino que les acompañan el señor Cangrejo, Calamardo, Plankton y Arenita 2º) un mago interdimensional con forma de delfín llamado Burbujas les da la capacidad de respirar oxígeno al lanzarlos a través de su espiráculo. Y eso es probablemente lo más normal que ocurre en la película.

Los puristas de la animación en 2D de Bob Esponja pueden respirar tranquilos, puesto que la película transcurre la mayor parte del tiempo en la Fondo de Bikini que todos conocemos, ese alucinado y multicolor lugar de acuarela en el que las reglas de la física se inventan sobre la marcha. La animación por ordenador sólo ocupa el tercio final del metraje, y no sólo no desvirtúa el material original, sino que funciona perfectamente como clímax, gracias a unos magníficos diseños en 3D y una sobresaliente integración en los escenarios reales -también ayuda que se hayan conservado todas las voces originales en castellano. Por todo ello, Un héroe fuera del agua supone la consolidación definitiva de Bob Esponja a la vez que pone un pie en el futuro sin alterar su esencia ni un ápice. Puede que en ocasiones los chistes solo funcionen a medias, pero Bob Esponja mantiene intacta su capacidad para sorprender con los giros más aleatorios, cantidades de surrealismo para para un tren (o un barco pirata) y metahumor del bueno (“los personajes secundarios que me sigan”), sin olvidar los guiños (nada ocultos) para el adulto, como el Sr. Cangrejo vestido de S&M o el cameo más significativo de la película: el Arcoíris.

Bienvenido de nuevo, Bob Esponja, contigo hasta lo confines del espacio-tiempo, o la playa más cercana.

Valoración: ★★★½

Un repaso a la 2ª temporada de ‘The Americans’

Phillip Elisabeth The Americans

“Esta guerra se ha vuelto personal”

La tercera temporada de The Americans acaba de dar comienzo en Estados Unidos (la emite la cadena FX, cuya oferta de ficción es cada vez más sólida e interesante), así que antes de ponerme con ella he decidido hacer un repaso a la segunda temporada en DVD, que Fox Home acaba de editar en España. Estamos ante una de las ficciones más destacables del momento, una serie que pasa más desapercibida de lo que debería, y que en un año se ha afianzado como uno de los dramas más impecables de la televisión.

The Americans, creada por Joseph Weisberg, es la historia de Phillip y Elisabeth Jennings (Matthew Rhys Keri Russell), un matrimonio de espías rusos infiltrados en Estados Unidos durante los primeros años de la década de los 80, y nos introduce de lleno en la Guerra Fría, mostrándonos el desarrollo del conflicto desde los puntos de vista de estadounidenses y rusos en suelo norteamericano. Una de las mayores bazas de The Americans desde que comenzó es su intachable aproximación a las cuestiones morales del enfrentamiento. En esta serie no hay héroes y villanos, no hay malos malísimos y buenos beatificables. The Americans transcurre en todo momento en la zona gris, evitando proclamas ideológicas y presentando a todos sus personajes -espías, agentes del FBI, informantes, diplomáticos- como seres complejos con motivaciones y conflictos internos reales.

En este sentido (y en todos), la segunda temporada supone un considerable salto de calidad con respecto a la primera. Weisberg eleva el listón y todo el segundo año de la serie adquiere mayor empaque e impacto. Para empezar, los actores están más entregados a sus papeles (Rhys y Russell se implican al máximo) y los personajes empiezan a lidiar de verdad con las consecuencias de sus actos (sus dobles identidades se están confundiendo y ya no tienen tan claro quiénes son o cuál es su vida real), lo que resulta en escenas sorprendentes y desconcertantes a lo largo de toda la temporada. En ella vemos cómo el matrimonio y la familia de los Jennings se empieza a resquebrajar, paradójicamente cuando Phillip y Elisabeth comienzan a desarrollar sentimientos genuinos de amor, deseo y pertenencia, lo que hace que los golpes sean más brutales y el miedo aumente. En estos episodios, The Americans nos habla de los inevitables daños colaterales de sus trabajos como espías, y de cómo la familia que confeccionaron como coartada para vivir en América sin levantar sospechas se convierte poco a poco en la prioridad, incluso por encima de la patria por la que luchan.

Elisabeth Jennings

Otro de los aspectos en los que la segunda temporada ha mejorado con respecto a la primera es en la estructura de los episodios. El primer año de la serie funcionó, salvando las distancias, como un procedimental en el que los Jennings se enfrentaban a una amenaza distinta en cada episodio (una misión de la semana podríamos decir), sin embargo la segunda temporada está construida de forma más lineal (aunque igualmente llena de giros a cada paso), introduciendo progresivamente el conflicto en el futuro (ordenadores y aviones invisibles se introducen en el relato), y rebajando lo episódico para dar énfasis a los grandes arcos narrativos de la serie: la investigación por parte del agente del FBI Stan Beeman (Noah Emmerich) y su relación furtiva con la espía de la KGB Nina Sergeevna Krylova (la fantástica Annet Mahendru da vida a uno de los personajes femeninos mejor caracterizados de la tele), el conflicto internacional al que se suman otros “jugadores” como la contra nicaragüense, el desarrollo de las identidades falsas de los Jennings, especialmente el matrimonio de Phillip y Martha (Alison Wright), o la cada vez más difícil tarea de mantener la fachada familiar de la pareja, sobre todo cuando su hija, Paige (Holly Taylor) empieza a sospechar del extraño comportamiento de sus padres.

El primer capítulo nos da el hilo conductor de la temporada, con el asesinato de un matrimonio de espías con el que los Jennings han trabajado en varias ocasiones, y que como ellos, tenían dos hijos (un niño y una niña). El brutal homicidio siembra el terror y la incertidumbre en Phillip y Elisabeth, y hace que el espectador sienta que el peligro al que se exponen ellos y exponen a sus hijos es mayor que nunca. Así, los 13 episodios de la temporada exploran las ramificaciones del asesinato (la búsqueda del culpable y las represalias) y nos proporcionan una historia absorbente y emocionante que crece hasta llegar a un clímax lleno de revelaciones y sorpresas. El excelente último episodio, “Echo“, augura un futuro lleno de posibilidades para la serie (no desvelaré por qué para no estropearos el final a lo que no la habéis visto).

Y hablando de los hijos de los Jennings, Paige y Henry (el adorable Keidrich Sellati) también adquieren mayor presencia en la segunda temporada. Lejos de resultar irritantes, como la mayoría de hijos prepúberes y adolescentes de los dramas norteamericanos, los dos niños (más naturales y sensatos de lo que nos tienen acostumbrados las series) aportan equilibrio y son indispensables para construir una de las ideas centrales de The Americans: ¿Conocemos realmente a las personas que tenemos a nuestro lado? Paige en concreto es quien empieza a unir las piezas, lo que le lleva a plantearse quiénes son sus padres en realidad, a la vez que se encuentra en la etapa de su vida en la que se pregunta quién es ella misma. Las implicaciones personales son cada vez mayores, y los Jennings no pueden educar a sus hijos con éxito sin que su trabajo como espías salga perjudicado, y viceversa.

The Americans Henry Phillip Jennings

Por último, The Americans puede presumir de ser uno de los dramas más detallistas y consistentes actualmente en emisión. Una serie de estas características tiene que andar con mucho cuidado de los agujeros de guión, y The Americans mima este aspecto con lógica y suma atención al detalle (si algo os chirría, no os preocupéis, tendrá su explicación). Por otro lado, se agradece que en esta segunda temporada no se haya explotado el juego del gato y ratón con el que comenzaba la serie. Sería simplemente insostenible poner continuamente a los protagonistas en la situación de estar a punto de ser pillados por su vecino (el agente Beeman), y si no que se lo digan a Dexter, que explotó este recurso hasta perder por completo su credibilidad. The Americans no solo es verosímil, sino que, como nos asegura Weisberg en el making of que incluye el DVD, también es real. Y es que lo que vemos en la serie, por muy rimbombante que pueda parecer, está basado directamente en casos que tuvieron lugar durante la guerra secreta en los años 80.

En resumen, la segunda temporada de The Americans ha consolidado una ficción que ya comenzó con pies de plomo, pero que el año pasado supo llevar su historia al siguiente nivel, convirtiendo esta serie inteligente, emocionante, y por qué no decirlo, sensual, en una de las imprescindibles del panorama catódico.

 

The Americans DVD T2En esta nueva temporada, la pareja protagonista supera en cierta manera sus diferencias y está más unida que nunca, son sus hijos los que empiezan a estar fuera de control. A esto se le une, el asesinato de dos compañeros de la KGB, Phillip y Elisabeth intentarán dar con los asesinos de sus amigos.

Audio: Castellano DD 5.1, inglés DD 5.1, francés DD 5.1
Subtítulos: Castellano, inglés para sordos, danés, holandés, finés, noruego, sueco

Contenidos adicionales del DVD

– Escenas eliminadas
– Bobina de tomas falsas
– Operación “Historias de fantasmas”: El verdadero directorio “S”
– Los tonos de rojo: La moralidad de The Americans

¡Concurso! Regalo 3 DVD de GOD HELP THE GIRL

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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Después de su distribución en cines de la mano de Avalon, Cameo nos trae en DVD el irresistible musical de Stuart Murdoch God Help the Girl, protagonizado por Emily Browning, Olly Alexander y Hannah Murray, trío de jóvenes intérpretes que insuflan nueva vida a las canciones compuestas por el integrante de la banda Belle & Sebastian. La película ya está a la venta en España.

El proyecto surgió a finales de 2003 cuando Stuart escribió una serie de canciones que él mismo consideraba no eran para él porque tenían un sonido de “grupo de chicas”. Como narra el documental incluido en la edición española, en 2009, esas canciones terminaron convirtiéndose en el álbum God Help The Girl, precursor de la película. Ésta nos presenta la historia de Eve, una joven que escribe canciones para superar sus problemas emocionales, y de James y Cassie, dos músicos que, al igual que Eve, se encuentran en plena encrucijada vital. Los tres compartirán un verano mágico e inolvidable en Glasgow.

God Help the Girl es una de las películas más “fuertecitas” del año pasado; elegida por este blog como una de las 10 mejores películas y bandas sonoras de 2014, y reseñada en esta entrada. Una película que gana con cada visionado y cuyas perfectas canciones pop se quedarán con vosotros para siempre. Por eso, para celebrar el lanzamiento, Cameo nos manda 3 DVD de God Help the Girl para los lectores de fuertecito no ve la tele.

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL ES LA CANCIÓN QUE MÁS OS REPRESENTA?*

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

*Sirve cualquier canción o pieza musical, no tiene por qué ser de la película.

Bases:

c7a57ae7-6910-427c-bded-02a08d7bd7f4– De entre todos los participantes elegiremos TRES ganadores que se llevarán totalmente gratis 1 copia de God Help the Girl en formato DVD cada uno. Los ganadores recibirán el premio en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el miércoles 18 de febrero de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). Los ganadores serán anunciados a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

God Help The Girl, la ópera prima de Stuart Murdoch, vocalista de la banda indie pop escocesa Belle & Sebastian. La película está producida por Barry Mendel, varias veces nominado a los Oscar y conocido por ser el productor de películas como Academia RushmoreLos Tenenbaums: Una familia de genios o La boda de mi mejor amiga, entre otras.

El reparto de este musical, galardonado con el Premio Especial del Jurado en Sundance, está formado por jóvenes intérpretes con una indudable proyección como Emily Browning (Sleeping Beauty, Sucker Punch), Hannah Murray (Juego de Tronos, Skins), Olly Allexander (Grandes esperanzas, Le Week-End) o Pierre Boulanger (El señor Ibrahim y las flores del Corán).
Contenidos adicionales del DVD:

– Ficha técnica y artística
– Making of
– Videoclip “God Help the Girl”
– Otros títulos

Galavant: Cantando bajo el sol

Galavant Joshua Sasse

“Way back in days of old, There was a legend told, About a hero known as Galavant. Square jaw and perfect hair, Cojones out to there, There was no hero quite like Gaaalavaaant.
Naná nanananá naná nanananá nana nanananá nanaa naná!!”

La primera temporada de Galavant ya terminó, pero es imposible sacarse de la cabeza esta canción, tema oficial de nuestro apuesto héroe de mirada penetrante y barba recortada por las ninfas. Con esta pegadiza cantinela comenzó su aventura la miniserie de ABC, y con ella navegó hacia aguas desconocidas ocho escasos episodios más tarde. Esta comedia musical de 20 minutos, empeñada en que la conozcamos muy convenientemente como “Comedy Extravaganza!” y despachada en cuatro semanas, no ha cumplido las expectativas en cuanto a índices de audiencia, pero sí ha enamorado perdidamente a un fiel y entregado público, haciendo las delicias sobre todo del fan más obsesivo-compulsivo del mundo (por encima de comiqueros, directioners y cumberbitches): el aficionado a los musicales.

Galavant está protagonizada por un gallardo caballero de armadura reluciente, interpretado por Joshua Sasse, cuyos atributos físicos lo convierten básicamente en un príncipe animado de Disney que ha cobrado vida en carne y hueso. Autoconvencido de su papel como héroe de la historia, Galavant emprende un viaje hacia el reino de Valencia, para enfrentarse al rey Richard (un inconmensurable Timothy Omundson), que además de conquistar el lugar, le ha “robado” al amor de su vida, Madalena (igualmente genial Mallory Jansen). Le acompañan su escudero, Sid (Luke Youngblood, aka Pop Pop! de Community) y la princesa de Valencia Isabella (Karen David), compenetrado trío cómico, constantemente asediado por peligros y giros inesperados en su camino. Porque Galavant hace de la ruptura de expectativas y estereotipos la norma general, insistiendo en que las cosas no salen siempre como en los cuentos, aunque nuestro héroe se empeñe en que así sea. Por eso, Galavant se adscribe indudablemente a la nueva ola de cuentos reinventados que se empeñan en conquistar el cine y la televisión. Y aunque lo cierto es que los chistes basados en lo inesperado se acaban haciendo repetitivos y por tanto predecibles, Galavant es un soplo de aire fresco en la televisión en abierto, por su desenfadado aire guasón, su alto contenido en picante, sus excelentes personajes, y por supuesto, sus canciones, ingredientes perfectamente amasados que convierten a la serie en una fiesta continua.

TIMOTHY OMUNDSON, MALLORY JANSEN

Galavant está creada por Dan Fogelman (responsable de The Neighbors y guionista de varias películas de Disney como BoltEnredados) y producida entre otros por el ganador de ocho Oscars Alan Menken, compositor de muchas de las canciones más célebres de la segunda época dorada de Disney, los inolvidables temas de La Sirenita, Pocahontas, La Bella y la Bestia, Hércules o El jorobado de Notre Dame. Con la inestimable ayuda de Menken, Galavant traslada a la televisión la esencia de los clásicos cuentos medievales e historias de príncipes y princesas de Disney, con sus números musicales narrativos y ese toque de autoparodia y meta-humor (aquí llevado un paso más allá) que no puede faltar en ningún producto de estas características desde que la casa de Mickey Mouse nos regalase esa pionera que fue Encantada (2007). Y además, lo adereza todo con una pizca de La princesa prometida y comedia absurda de los Monty Python para dar como resultado un espectáculo sin parangón, diseñado -como todos los referentes mencionados,- para ser visto una y otra vez, hasta habérnoslo aprendido de memoria.

La corta duración de Galavant, a pesar de dejarnos un poco a medias, sirve para que el ambicioso proyecto no se vaya de las manos. Imaginaos si Menken tuviera que escribir canciones originales para 24 episodios al año (seguro que podría, pero la calidad disminuiría considerablemente). Los temas de Galavant cumplen con los estándares disneyanos, y aunque hay algunos más inspirados que otros (reconozcámoslos, Menken podría haber escrito muchos durmiendo), los 160 minutos de serie (que es lo que van durando las funciones de Broadway) nos dejan un puñado de secuencias musicales para la posteridad, como el citado número de apertura -y sus reprises, de los cuales el mejor toma forma de previously on-, la canción de Madalena ante los espejos, “No One But You” (muy Úrsula en La Sirenita), o el macabramente divertido dueto entre Gwynne (Sophie McShera) y el Chef (Darren Evans), “If I Could Share My Life With You”, que da rienda suelta al humor negro en la serie, mucho más presente de lo que esperábamos.

Y es que por suerte, Galavant sabe perfectamente cómo complacer al público adulto: personajes de verborrea incontrolable propensos a soltar tacos (censurados, claro) como si fueran víctimas de síndrome de Tourette, carnaza para todos los gustos (escotes que desafían la gravedad y una desvergonzada y autoconsciente explotación del físico de Joshua Sasse, como por ejemplo en la escena que acompaña este párrafo), detalles perversos y retorcidos de naturaleza sexual y hormonas desatadas en todos los rincones del castillo. Tampoco faltan los cameos de lujo (Ricky Gervais, Rutger Hauer, Hugh Bonneville, Anthony Stewart Heat, John Stamos, Weird Al Jankovic), ni los huevos de pascua para el fan de Disney, como la melodía de “Bajo el mar” de La Sirenita, que suena durante un genial gag. Todos estos elementos responden indudablemente a una máxima: hacer pasar el mejor rato posible. Para ello, Galavant no se corta en volverse loca, surrealista, incluso camp, cargando sus afilados diálogos de ingenio, y una energía absolutamente contagiosa. Pero nada de esto funcionaría tan bien si no fuera por el excelente casting de la serie, repleto de robaescenas (a Sasse le falta un punto de carisma al principio, y los ya mencionados secundarios lo eclipsan), como la diva Madalena (estereotipo de la damisela en peligro convertido en mujer fuerte que toma el control, se convierte en villana y nos da la mejor motivación posible para su maldad: “Me encantan las cosas”), el adorable y destartalado Chef (al que queremos ver bailar todo el rato), y sobre todo, sobre todo, el Rey Richard, la auténtica revelación de la serie, que junto a su mano derecha Gareth (Vinnie Jones) forma una de las amistades más retorcidamente bonitas de la tele.

La primera temporada de Galavant posponía su final feliz y terminaba sorprendentemente sin cerrar la historia, con cliffhangers por todos los frentes y el deseo explícito (en forma de canción) de contar con una segunda temporada para resolverlos, una decisión arriesgada que nos tiene a todos en vilo. Esperemos que ABC entienda que la historia no se puede quedar así y a pesar de los datos de Nielsen (el verdadero villano de Galavant), encargue cuanto antes una segunda parte, para la que probablemente Menken ya habrá escrito doce canciones sentado en “el trono”.

Gracias por leer, ya podéis seguir cantando esto mientras dobláis la ropa, os ducháis (con cubeta), o lo que sea que estabais haciendo:

Crítica: La teoría del todo

theory of everything

Basada en el libro de memorias de Jane Hawking, titulado Hacia el infinitoLa teoría del todo (The Theory of Everything) es un recorrido por la vida del célebre astrofísico Stephen Hawking. La historia parte de la década de los 60, cuando Stephen y su entonces futura mujer, Jane Wilde, se conocieron y enamoraron en la Universidad de Cambridge, donde ambos estudiaban (él Cosmología, ella Arte). El brillante futuro de Stephen se tornaba oscuro cuando a los 21 años se le diagnosticaba esclerosis lateral amiotrófica (ELA, el mal de Lou Gehrig), enfermedad degenerativa que le haría perder paulatinamente su control neuromuscular. A pesar de que los médicos le dieron apenas un par de años de vida, Stephen sobrevivió, y gracias al apoyo incondicional de su mujer, continuó desarrollando su tesis en física para Cambridge, el punto de partida de un influyente cuerpo teórico que le llevó a ser proclamado el sucesor de Einstein.

Claro que los logros de Hawking en el campo de la astrofísica son por todos conocidos. Si bien el film nos muestra el proceso de pensamiento de Hawking mientras desarrollaba su teoría unificadora (una hipotética ecuación única que diese respuesta a todas las preguntas fundamentales del universo), La teoría del todo no profundiza excesivamente en ello, sino que hace sobre todo hincapié en la historia de amor del matrimonio, así como en la labor de la gran mujer detrás del gran hombre. Jane permanece junto a Stephen en cada paso de su lucha contra/vida con la enfermedad, La teoría del todo pósterrelegando a segundo plano su propia investigación doctoral (en poesía medieval española) para hacerse cargo de él y formar una familia con tres niños. Lo que sí hace el guión de Anthony McCarten es aunar las sensibilidades científica y artística del matrimonio, hallando la poesía en la ciencia y viceversa, en busca de una propia teoría unificadora que llega, aunque no de manera tan explícita, a la misma conclusión que la reciente Interstellar: la respuesta a la ecuación es el amor. Claro que en esta ocasión no se trata de un amor metafísico, sino de uno más poderoso y real, casi cuantificable, un amor puesto a prueba y abatido por las caprichosas adversidades de la vida y el universo.

La teoría del todo no pasa de puntillas por los episodios sentimentales más farragosos de los Hawking, sino que los explora con franqueza para que entendamos en todo momento a ambos personajes y aceptemos lo que ocurre entre ellos en la etapa final de su relación. Y lo más loable es que lo hace evitando en todo momento el amarillismo, con suma elegancia y respeto. La película de James Marsh halla un equilibrio perfecto, casi matemático, entre lo cerebral y lo emotivo, indagando en la intimidad de la pareja sin caer en ningún momento en las redes del telefilm a las que se exponen los biopics de este tipo. Todos los aspectos del film contribuyen a ese equilibrio, especialmente la preciosa música de Jóhann Jóhansson, que como la película en sí, se las arregla para conmover sin ser nunca manipuladora o sentimentaloide. Pero sin lugar a dudas, lo que hace que La teoría del todo sobresalga por encima de cualquier película biográfica es la prodigiosa interpretación de sus dos protagonistas. Eddie Redmayne nos deja impresionados no solo por su capacidad de mímesis y resistencia, sino por haber logrado que su apabullante transformación física no entierre los matices más sutiles de su trabajo. Y Felicity Jones deslumbra mientras aguanta estoicamente el peso de la historia durante gran parte del metraje, demostrando su poder para desvelar la respuesta a todas las preguntas de la película en la mirada.

Valoración: ★★★★