Crítica: Siempre Alice

Julianne-Moore Still-Alice

Texto escrito por David Lastra

Perder algo es la mayor catástrofe para el ser humano. Ya sea la pérdida de un ser querido por fallecimiento o el extravío de un guante o un bonobús. La desaparición duele y el temor a la posible pérdida paraliza y horroriza a cualquiera. Pero la merma más terrorífica no es ese vacío ante la ausencia del otro, la mayor debacle personal es cuando el que se pierde es uno mismo. No hablamos de alguna que otra conducta que se desvía del buen camino, sino de la pérdida absoluta de la identidad perfecta que hemos ido construyendo a base de acumular conocimientos y hostias. El bicho que termina con todo eso es el Alzheimer. Dicha enfermedad irrumpe y termina progresivamente con todo aquello, de manera inexorable. Poco a poco la persona se ve despojada de su bien más preciado: su identidad. No ser perfectos nos hiere. Una pérdida propia que afecta a los allegados, ya que no solo nos estamos perdiendo nosotros, sino que estamos haciendo que los demás nos pierdan a nosotros. Ese es el punto de partida de Siempre Alice, la nueva película de Richard Glatzer y Wash Westmoreland (directores de Quinceañera y La última aventura de Robin Hood), protagonizada por Julianne Moore (¿hace falta decir de qué conocemos a esta mujer?).

A través de las pautas de un melodrama social clásico, Siempre Alice muestra de forma detallada los estadios de una reputada lingüista profesora de la Universidad de Columbia desde el momento de su diagnóstico precoz de Alzheimer familiar hasta una de sus últimas etapas. Sin llegar a ser un producto magistral, se agradece el loable equilibrio a la hora de mostrar semejante drama, ya que en las manos equivocadas (Susanne Bier, por ejemplo) se hubiese convertido con total seguridad en un dramón lacrimógeno de sobremesa televisiva. El poso amargo y esperanzador bien construido recuerda al que nos dejó ¿Qué hacemos con Maisie? el año pasado, cinta que curiosamente también protagonizaba Julianne Moore.

Kristen-Stewart-and-Julianne-Moore

Como es normal, el buen hacer de la película encuentra su apoyo principal en su intérprete protagonista, que sabe cómo hacerse con esta compleja Alice desde el primer momento. Uno de los mayores miedos ante este proyecto era ver a una Julianne Moore sobreactuada y desbocada ante semejante huracán emocional. Por el contrario, Moore sabe medir y acotar su conocido dramatismo extremo y componer una Alice descarnada y terrena, completamente realista. Encarnando a su familia, encontramos a Alec Baldwin, que se reencuentra con Julianne después de su efímero romance en la serie 30 Rock, a un viejo conocido como Silas Botwin (Hunter Parrish) y Kate Bosworth, olvidada Lois Lane de la aún más olvidada Superman Returns. Mención aparte merece Kristen Stewart, la única capaz a la altura interpretativa de Moore en la cinta. La que fuera Bella Swan en la saga Crepúsculo vuelve a demostrar que cuando quiere (y le dejan, porque a ver quién lo hace bien con los guiones de sus aventuras con Edward Cullen), ella puede hacerlo muy bien. Esperamos que no quede mucho más para disfrutar de Camp X-Ray y Sils Maria.

La única pega de esta Siempre Alice es que la doctora Alice  Howland pasará a la historia como el personaje que hizo que Julianne Moore consiguiese su primer Oscar, cuando todos queríamos que ese honor lo tuviese Amber Waves de Boogie Nights.

Valoración: ★★★

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Comentarios (1)

 

  1. Anónimo dice:

    Por fin alguien que valora a Kristen Stewart… menos mal!

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