Crítica: Camino de la cruz

camino de la cruz

Texto escrito por David Lastra

Yo tengo un gozo en el alma (grande), gozo en el alma (grande) con esta nueva corriente de cine religioso. No hablo del espectáculo gore  de Mel Gibson en La pasión de Cristo, ni mucho menos del trasfondo cristiano o cienciólogo de alguna que otra nueva superproducción hollywoodiense à la Cecil B. DeMille. Más bien me regocijo en el nuevo cine que se ha atrevido a ahondar en los entresijos y demonios de los fundamentalismos del Cristianismo. Hablamos de los latigazos emocionales de pena y culpa de la segunda entrega de la trilogía de Paraíso de Ulrich Seidl, de la radiografía del origen de la nueva Europa de La cinta blanca de Michael Haneke, del sexo anal virginal de La niña santa de Lucrecia Martel, de la injustamente infravalorada Noé de Darren Aronofsky (carne de película de culto) o de la fallida (según mi punto de vista) aunque valiente Camino de Javier Fesser. Este final de año, nos llega una gota más a este río de agua viva de películas santas: Camino de la cruz de Dietrich Brüggemann. Al igual que las anteriores, esta nunca se programará en televisión durante la Semana Santa, pero yo no descarto recuperarla de vez en cuando en tan señalada festividad.

La historia de Maria es la de una niña normal. A sus catorce años, pasea entre la naturaleza con su familia, se escaquea de las clases de Educación Física, conoce a su primer amor, va a catequesis, le gusta la música de Bach, sufre un control férreo sobre sus amistades por parte de su madre, … ella es una adolescente cualquiera, ella es un soldado de Jesús. Camino de la cruz nos presenta el viacrucis de esa niña, desde su Confirmación hasta la Extremaunción, pasando por la Penitencia y la Anorexia. Sirviéndose de las Estaciones del camino de Jesucristo al monte Calvario, Brüggemann nos expone sin cortapisas el cómo una niña creyente normal toma la determinación de convertirse en una mártir con todas las de la ley (cristiana católica, por supuesto) por el bien de su familia… y esta, lejos de asustarse, decide aplaudir a su pequeña.

Cartel 70x100 Camino de la Cruz trz.aiCamino de la cruz es una agobiante disección completamente aséptica que encuentra su fortaleza en sus espartanos planos fijos de diez minutos que muestran a los personajes completamente desnudos, sin ningún tipo de ambigüedades. Pero todo podía haber fracasado si la elección de Maria no hubiese sido acertada. La decisión de casting de la desconocida Lea Van Acken como protagonista recuerda a la de Florence Delay por parte de Robert Bresson para encabezar el reparto de El proceso de Juana de Arco (Delay no era una actriz profesional cuando se enfundo las ropas de hombre, ni se convirtió en ello tras el film). Ese no es el único paralelismo que podemos encontrar entre la Doncella de Orléans y la niña santa de Brüggemann. Desde el homenaje a la versión de Dreyer en su impactante póster oficial, a su peculiar modus operandi a la hora de contactar con Dios. Si bien, el tuteo de Maria es mucho más correcto y respetuoso que el de la Santa de Bresson, más directa y cañera.

Con Camino de la cruz, Brüggeman ha conseguido una doble victoria (y no hablo de sus galardones en la Berlinale y en la SEMINCI): el escandalizar a los creyentes más timoratos y los aplausos de la Iglesia (con i mayúscula) en Alemania. Parece ser que los organismos eclesiásticos germánicos no son tan catetos como los de estos lares.

Valoración: ★★★★

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